GUERRA VIVIL ESPAÑOLA. 90 AÑOS. LA GUERRA EN MADRID. Del libro del General Dávila: «La Guerra Civil en el norte»

Franco había designado al general Fidel Dávila Arrondo, además de Jefe de la Junta Técnica del Estado, General Jefe de Estado Mayor General, lo que le exigió desde un primer momento estar al tanto de la situación de los distintos frentes y de la marcha general de las operaciones. El convencimiento en la España nacional al iniciar octubre de 1936, compartido ya en medios diplomáticos extranjeros y en muchas cancillerías, era la inminente caída de Madrid.
El Gobierno de Burgos tenía tomadas todas las medidas cautelares para hacer frente a los problemas que surgirían desde el momento de su ocupación. Una de ellas, decisión de la Junta de Defensa Nacional, fue dejar nombrado a D. Alberto Alcocer alcalde de Madrid (lo había sido con Primo de Rivera) que conocía bien los problemas de la Capital e incluso estuvo preparando y estudiando las necesidades que tendría la entrada inicial; hasta llegó a promulgarse la orden para la adquisición de camiones destinados a los servicios de limpieza de la capital de España.
Era pues ineludible tener acordado, y así se hizo, un volumen crediticio indispensable para su empleo inmediato y disponer así de los recursos necesarios. Tanto la Banca, como Cámaras, organismos y personalidades representativas del capital en sus diversas calidades pondrían a disposición del Gobierno las aportaciones suficientes para desde el primer instante tener fondos con los que subvenir a tan apremiante necesidad en los primeros días de ocupación de Madrid y localidades circundantes. Por lo que respecta al suministro de víveres para la subsistencia de la población se preveía adoptar medidas para establecer en las localidades más apropiadas por su situación de depósitos en los que se acumulasen los artículos alimenticios que «el desprendimiento y generoso auxilio con el que siempre respondían los pueblos partícipes, encauzando estos depósitos de forma que lograsen estar constituidos por artículos de primera necesidad de fácil y larga conservación».
La opinión del general Dávila respecto al conjunto de las operaciones de guerra, era atender todos los frentes dando prioridad al que en aquellos momentos era el objetivo principal: Madrid. El núcleo del Ejército del Sur podía desarrollar su actuación en forma de cooperación íntima a las fuerzas que marchaban sobre Madrid. El núcleo del Ejército expedicionario que había enlazado con el del Norte podía ser colocado bajo un Mando, y segregar de él un núcleo para la zona Teruel-Huesca, con potencia a desarrollar su misión especial de contención del adversario, y en vistas a un avance ulterior hacia Cataluña. El Ejército del Norte, con potencia adecuada, en Mando único, en acciones a desarrollar en las zonas del Cantábrico y de Aragón. Los servicios de retaguardia unificados a efectos de abastecimientos y de utilización de la industria, velando porque esta no se agotara en el esfuerzo de la guerra, por lo que era preciso una adecuada utilización conjunta mediante medidas administrativas enfocadas en esa dirección. Era todo un plan de Guerra concebido a un futuro que se prometía a más largo plazo del inicialmente previsto.
Desde el primer momento el general Dávila le planteó a Franco su criterio de que por ser diversos los objetivos, requerían esfuerzos independientes en adecuadas autonomías.
La esperanza de la inminente ocupación de Madrid estuvo presente cuando las cuatro columnas que subiendo desde Andalucía, maniobreras y ágiles venían batiendo, con relativa facilidad a las contrarias que solían
encerrarse en poblaciones al quedar rotas sus formaciones.
En un principio desde la Junta de Defensa de Burgos se tuvo como objetivo principal Madrid, con acción directa y rápida, pero Franco quiso primero liberar el Alcázar de Toledo, objetivo de gran valor moral y de gran eco internacional, pero que sin duda supuso un retraso de días, claves para llegar a entrar en Madrid con poca oposición de fuerzas.
El 14 de octubre habían cruzado el río Alberche: el 16 las columnas 1 y 3 a las directas órdenes del Coronel Yagüe ocuparon Valmojado y Casarrubios del Monte; el día 18, la número 2 del teniente coronel Barrón, ocupó Illescas y alcanzó la línea militar Ocaña-Borox. Ya el 6 de noviembre se había llegado a Villaverde, Carabanchel Alto, Ventorro del Cano.
Aplicando el principio de economía de fuerzas y la voluntad de vencer este pequeño Ejército Expedicionario el 15 de noviembre cruzaba el río Manzanares a los pies de Madrid, la Ciudad Universitaria, el Parque del Oeste, consolidada la posición el día 20.
En Madrid 18 unidades inferiores a una brigada cada una, pero fuertemente cohesionadas y mandadas con acierto y arrojo, se enfrentaban a masas en principio sin mandos ni cohesión, pero que recibían día a día importantes elementos de combate en hombres y material de procedencia francesa y rusa.
No cabe duda que hasta esa fecha se contaban como victorias en el bando nacional la del Paso del Estrecho, la unión entre las zonas norte y sur con el enlace de los dos ejércitos y, cómo no, la liberación del Alcázar de Toledo.
En cualquier caso su inferioridad de medios y la carencia de reservas fuertes con potencia de penetración y no tener el flaco sureste protegido, impidió profundizar en Madrid al amparo de la cabeza de puente establecida entre la Ciudad Universitaria y la Casa de Campo el 20 de noviembre.
La irrupción de las Brigadas Internacionales el día 17 con millares de combatientes, el mando de generales rusos y la poderosa aviación, artillería y carros, obligó a tomar la decisión de reorganizar el Ejército.
El teniente general Antonio Barroso y Sánchez-Guerra, Jefe de Operaciones del general Franco durante la guerra, declaraba en ABC el 23/7/1957 que Rusia, en septiembre de 1936, había acordado la urgente organización de una fuerza de choque eficiente que interviniese por sorpresa en la lucha de España para permitir reaccionar al bando Rojo, inclinando la lucha a su favor, enconando así la guerra y haciéndola más larga y sangrienta. El reclutamiento fue acelerado en muchos países por los partidos y entidades inspirados o relacionados con el komintern, pero especialmente en las poblaciones meridionales de Francia, y se constituyó en Albacete un Comité presidido por Andre Marty, del que formaban parte los comunistas italianos Mariano Nicoletti (Giuseppe de Victorio) y Luigi Gallo (Luigi Longo), el alemán Hans (Hans Kable) y otros muchos conocidos por nombres supuestos. El llamado comandante Vidal, organizador técnico de las Brigadas que, en realidad, era un militar francés, fue secundado en su misión por otros jefes militares franceses como el Coronel Vincente y los comandantes Teyss y Dumont, y el mayor belga Van den Bosch. Los mandos subalternos eran ejercidos por veteranos excombatientes de la primera guerra mundial. Los mandos superiores se confiaban a los comunistas. Eran fuerzas de buena calidad combativa. En octubre de 1936 estaba ya constituida en Albacete la XI Brigada Mixta, recayendo su mando en el llamado General Kleber y como Comisario Político Mario Nicoletti, que salió precipitadamente para Madrid a primeros de noviembre. Al salir con tal urgencia dejó su Batallón Garibaldi en Albacete como núcleo base para la siguiente Brigada internacional, la XII Brigada Mixta al mando del General Lukacs y como Comisario Político Luigi Gallo. Pocos días después pusieron en línea, en el mismo frente, a la XII Brigada Mixta, y así sucesivamente fueron organizando las cuatro restantes, con las que quisieron formar un Cuerpo de Ejército reforzado con unidades complementarias. El envío de las Brigadas Internacionales a España fue, en realidad, el primer acto de guerra comunista caliente contra el mundo.
En un estudio publicado en la Revista Ejército nº 200 de septiembre de 1956 el Coronel de Estado Mayor del Servicio Histórico Militar don Juan Priego López, aporta los datos definitivos de los Voluntarios extranjeros a favor de los rojos (Las Brigadas Internacionales). Llegaron a ser seis grandes unidades con los nombres de XI, XII, XIII, XIV, XV y LXXXVI Brigadas Mixtas que con el tiempo llegaron a estar constituidas por batallones de la misma nacionalidad o de nacionalidades afines. La XI, de alemanes; la XII, de italianos; la XIII, de eslavos; la XIV, de franceses y belgas y la XV, de ingleses y norteamericanos. Únicamente la LXXXVI, última en organizarse era más heterogénea.
Nos dice el coronel Priego que «de acuerdo con los diferentes estados de fuerza de dichas unidades que se conservan en el Servicio Histórico Militar el efectivo total de las mismas osciló según las épocas, entre los 30.000 y los 45.000 hombres. La diferencia entre estas cifras y el número total de voluntarios extranjeros reclutados para nutrir tales unidades a lo largo de nuestra guerra, que se ha estimado en 125.000, da la medida de las enormes bajas experimentadas por aquellas unidades en el curso de la lucha, donde fueron empeñadas sistemáticamente como fuerzas de choque, en todas las ocasiones comprometidas para el bando rojo».
Las Brigadas tienen su origen en la reunión celebrada el 26 de julio en Praga por el Comintern y el Profintern. En ella no es solamente significativo el que se decida asignar un fondo de mil millones de francos franceses a la defensa de la causa republicana española, sino sobre todo que sea el Partido Comunista español el encargado, junto con otras organizaciones comunistas, del control de esos fondos. Ro
La concepción inicial era formar con ellas una Gran Unidad tipo Cuerpo de Ejército, para de manera conjunta lanzar un ataque decisivo en dirección Mérida-Badajoz que dejase cortadas definitivamente las comunicaciones entre los ejércitos nacionales norte y sur para después batirlos separadamente. La presión sobre Madrid aceleró sus planes que tuvieron que cambiar para acudir a su defensa empeñando así sus Brigadas a medida que las organizaba. El día 7 de noviembre la XI Brigada tuvo que partir precipitadamente de Albacete hacia Madrid, elevando la moral de los defensores, propensos ya a la rendición o la huida. Fue empleada en el sector más importante de la Casa de Campo defendiendo la penetración por el Puente de los Franceses. Se notó.
A finales del mes de noviembre se intenta el asalto a Madrid por la Ciudad Universitaria, pero ya está la XI Brigada Internacional ocupando posiciones y es reforzada de inmediato por la XII Brigada que se encontraba en Chamartín a la espera de entrar en posición. A pesar de alcanzar algunas posiciones, como el Hospital Clínico y la Moncloa, se suspende definitivamente el ataque frontal dado el elevado número de bajas sufrido. Madrid se ponía difícil y se hacía necesario ampliar el frente intentando dejar el ataque frontal y presionar sobre los flancos del dispositivo de la defensa de la Capital, ahora con nuevas fuerzas y mayor disciplina y orden en la defensa.
Fueron muchos los que murieron por un ideal, respetado siempre, pero en su gran mayoría, como dejó dicho José María Gironella, «no murieron por la República española, que apenas si existía, ahogada por otras fuerzas revolucionarias mejor estructuradas, sino por el comunismo estalinista. […] Fueron unos cuarenta mil y procedían de los más diversos países. Los “padrinos” de la operación que consistió en defender Madrid, a punto de caer en manos de los “nacionales” hablan también por sí solos: por parte española, Federica Montseny, ¡el famoso y también héroe Durruti!, Largo Caballero, la Pasionaria, Líster, uno de los personajes más siniestros de aquella historia. El Campesino, quién más tarde huyó del “paraíso soviético”, el general Miaja, etcétera […]. Hacia Madrid se dirigieron majestuosos blindados rusos y por los cielos de la Ciudad Universitaria surcaron los aviones Katiuska, los Chatos, los Moscas, los biplanos Rasante y Natacha (Las Brigadas Internacionales. José María Gironella. ABC. Tribuna abierta 19-11-1996).
Entrar en Madrid, decía el teniente general Barroso (ABC el 23/7/1957), se hacía muy peligrosa operación porque el ataque muy en punta dejaba los flancos amenazadísimos y no había posibilidad de reiterar esfuerzos, o sea insistir en el empujón. La resistencia del enemigo fue vencida y se llegó a ocupar algunas calles, pero hubiese sido necesario actuar en un frente más amplio y tener los efectivos necesarios para consolidar las posiciones y no entrar en una guerra callejera de enorme desgaste de efectivos e inciertos resultados dada la escasez de tropas con las que se contaba.
La intervención en Madrid fue foco de atención de la prensa extranjera: Le Matin de París (4-11-36) desvelaba que el encargado de la defensa de Madrid era el general ruso Varalick.
Le Petite Gironde el día 6 publicaba nota del Gobierno de Moscú desmintiendo que el general Goriet, agregado militar de la embajada de Rusia en Madrid estuviere encargado de dirigir el aparato rojo de la defensa. Pero en el Parte Oficial de Guerra del Generalísimo del 13 de noviembre, sector Madrid, se informaba de que entre las víctimas del adversario figuraban muchos extranjeros, franceses, belgas y rusos, con órdenes firmadas por un general ruso, y ya el 29 de octubre se había comprobado la existencia de potentes elementos de aviación modelos franceses y rusos.
El Münchner Neuesten Nachrichten del 12 de noviembre reseñó que los rusos que combaten al servicio del gobierno rojo de Madrid son de unos nueve mil hombres, con otros cuatro mil belgas y franceses y trescientos ingleses. Que en la aviación había ciento veinte aviadores rusos, cincuenta franceses y algunos belgas y checos.
L´Expres del 12 de noviembre decía que el número de milicianos que defienden Madrid, es de cincuenta mil, que tenían gases, que pudieron utilizar ya que el Ejército nacional fue provisto de caretas antigases antes de finalizar el año 1936.
Le Jour de 15 de noviembre, noticia desde Constantinopla, de haber pasado durante aquellos días por el Bósforo, barcos rusos, procedentes de Odessa, que habían sido cargados en muelles aislados al público, con material de guerra e iban los barcos dirigidos a España, en donde una División rusa estaba formada de tropas técnicas, cuya organización se desconocía.
Le Figaro de ese día 15, reproducía crónica de su enviado en Madrid, expresiva de que la batalla era dirigida por Rusia.
L´Intransigent del 16, decía que el señor Largo Caballero se mostraba optimista del resultado de la lucha y que decía que la guerra era entonces cuando en realidad empezaba. Ello, aún cuando Le Matin, el día comentaba que los dirigentes marxistas de Madrid estaban dispuestos a la rendición de la capital, pero que los miembros de la CNT querían incendiarla antes de marchar. Que el general ruso Varalick exigía a los milicianos obediencia estricta de las órdenes.
El Daily Herald del día 20, hablaba sobre la existencia de contrabando de armas a los bolcheviques españoles y que las cuatro Brigadas
Internacionales eran de a cuatro mil marxistas cada una.
Madrid supuso una cierta derrota para las fuerzas nacionales que se vieron detenidas frente al objetivo principal. ¿Se había perdido la guerra?
El éxito de la defensa de Madrid se voceaba por sus calles viendo que las más veteranas y aguerridas tropas habían sido detenidas en las puertas de la Capital, pero quedaba en entredicho con la huida a Valencia del Gobierno encabezado por Largo Caballero y sus diferencias con la Junta de Defensa al mando del general Miaja. Ni unos ni otros se ven victoriosos y entre los mandos militares, que conocen la situación, persiste la certeza que es ahora cuando empieza la guerra.
Sin dejar la presión sobre Madrid el objetivo principal de las tropas de Franco iba a modificarse. Por Instrucción reservada fechada en Talavera de la Reina el 18 de noviembre de 1936 el general Mola señala que los refuerzos últimamente recibidos por el enemigo, su mejor encuadramiento por la presencia de oficialidad extranjera, y la paralización en las operaciones que circunstancias de momento imponen en el Sector de Madrid, pueden decidir a nuestros adversarios a intentar una acción sobre la línea de comunicaciones, especialmente en el sector comprendido entre Navalmoral de la Mata y Seseña y más especialmente todavía entre Talavera de la Reina y Toledo, pues están organizando columnas motorizadas en la regiones de Albacete y Ciudad Real. Todo lo expuesto obliga al mando a tomar medidas de precaución, empezando por Talavera que pudiera ser uno de los objetivos más codiciados y más fáciles de conseguir.
En otra Instrucción reservada, de la misma fecha, dice Mola que la resistencia que opone Madrid a ser ocupado, ha demorado la acción en otros frentes que debería haberse iniciado ya; sin embargo, la defensiva que se ordenó no ha sido interpretada bien por algunos mandos. La actividad defensiva no debe interpretarse nunca como absoluta, pues ello no puede conducir a nada práctico. La defensiva ha de ser activa para tener en constante jaque al enemigo.
El 23 de noviembre el Mando da la orden de suspender el ataque frontal a Madrid. Se precisó reorganizar las fuerzas porque era endeble la línea nacional en las alas de sus dispositivos del frente, y la defensiva en el Tajo era débil. Se creó la División Reforzada en Madrid, a las órdenes del general Orgaz, unidad que, en unión de las de Ávila y Soria, quedaron integradas en Cuerpo de Ejército al mando del general Saliquet, con misión de coordinar las operaciones en torno a Madrid. La División Reforzada se organizó en Secciones de Defensa y Fuerzas de Maniobra, estas al mando del general Varela, que siguió dirigiendo las operaciones del flanco izquierdo, reanudadas el 14 de diciembre, con sucesivas ocupaciones de Boadilla del Monte y Villanueva de la Cañada, siendo herido el día 25 por lo que asumió el mando el general Orgaz.
En el mes de enero de 1937 se pretendió romper el frente enemigo desde Pinto a Seseña y forzar el paso del río Jarama entre Vaciamadrid y San Martín de la Vega para alcanzar la línea Alcalá de Henares-Villalvilla-Pozuelo del Rey-Valdilecha-Perales de Tajuña, y así lograr interceptar las comunicaciones de Madrid con Levante y Andalucía. La operación se iba a realizar en tres tiempos y estaba señalada para el 24 de enero, pero el mal tiempo la retrasó al 6 de febrero con éxito; la segunda fase, con previos golpes de mano, se inició el día 11 y cuando el adversario creía que se iba a cercar Madrid se percató de la progresión por Arganda y Alcalá por lo que rectificó su despliegue taponando la brecha y deteniendo desde el día 17 la progresión de las fuerzas de los coroneles Barrón, Sáenz de Buruaga y Asensio, oponiendo 15 Brigadas Mixtas, poderosa aviación, carros y artillería. La dura contraofensiva roja finalizó a finales de febrero en la batalla del Jarama en cuyo balance las fuerzas nacionales lograron adelantar las líneas 15 km,s. apoyando el flanco derecho en el río Jarama e interceptando con fuegos la carretera general de Madrid a Valencia y secundaria del puente de Arganda a Colmenar de Oreja.
En esas fechas el general Franco declaraba al periodista de la agencia francesa Havas que en Madrid no se decidía el resultado de la guerra. «Lucharemos hasta echar de nuestro suelo las malas fuerzas del comunismo. El carácter internacional de nuestra guerra no es obra nuestra. Ni lo hemos querido ni deseado. Libraremos a nuestro país de una ideología que nos es en todos sus puntos extraña. Eso es lo que queremos y solo por eso nos batimos. La amistad que nos muestran algunas naciones es debida a nuestra actitud sin trampa. No tenemos que presentar ninguna reivindicación territorial. Solo deseamos rehacer nuestra patria aplastando el comunismo. Si nuestros ejércitos se benefician de un contado número de técnicos extranjeros, son los españoles los que caen en el frente. Excepto un puñado de voluntarios regularmente enrolados en nuestra Legión, son los españoles los que mueren por su patria. Madrid tiene una gran importancia política, pero no es en Madrid donde se decide el resultado de la guerra. Tomaremos la capital, no la destruiremos. De paso, considere que en la historia del mundo es la primera vez que un asaltante ha designado un barrio para aislar a los no combatientes. Y nunca cayó una bomba en ese barrio. Ganaremos la guerra militarmente, totalmente y en todo el territorio».
GUADALAJARA
Desde el comienzo del alzamiento el valor de la capital de España era indudable a pesar de su abandono y huida a Valencia del Gobierno del Frente Popular desde el mes de noviembre.
Su defensa era la imagen hacia el exterior con la que sustentar su relato y ofrecer un ejemplo de resistencia moral, en la que no participaba ninguno de sus dirigentes. Militarmente era necesario quitarse la presión y descongestionar el frente de Madrid para lo que el desarrolló ofensivas en Teruel, Villareal de Álava y Oviedo.
En el norte las tropas del general Mola seguían expectantes para continuar su avance hacia Bilbao.
Desde el mes de noviembre, todas las confidencias coincidían en que se preparaba una ofensiva seria sobre las líneas nacionales por lo que se reforzaron con vistas a rechazar un ataque contundente con carros de combate ya que así se anunciaba en la información adquirida.
De Bilbao llegaban constantes noticias de la presencia de personal ruso. El 7 de noviembre el Gobierno Vasco dio un banquete a la Embajada Rusa a cuyo frente estaba Josef Tumanov (Cónsul General que la Unión Soviética instaló en Bilbao, siendo Consejero de la Embajada Soviética en Madrid) y Struganov, junto al Agregado Militar, general de Brigada Kirill Ivanovich Janson. Después del almuerzo hubo un desfile de las Columnas de Larrañaga, Meabe y Gudaris, desfilando también 30 tanques.
La Escuadra roja había desaparecido de Bilbao sin saber muy bien las razones, aunque su presencia se incrementó en el Mediterráneo, a pesar de la llegada de barcos con material de guerra para el norte.
Mola mientras tanto atendía simultáneamente el frente de Madrid y el del Norte mientras se quejaba de no tener jefes suficientes hombres en el de Madrid y de desorganización en las columnas: «Todo va manga por hombro», decía a quien le quería oír.
El 30 de noviembre empieza el esperado ataque del Ejército Rojo por Mondragón y Vitoria. Se preparan las reservas que eran dos Compañías de Azpeitia y otras dos en Anzuola.
Se enviaron a Vitoria las fuerzas del coronel Camilo Alonso Vega (habilitado a Coronel sobre la marcha por orden del general Mola).
El general Álvarez Arenas pide reservas con verdadera urgencia para hacer frente al ataque sobre Vitoria, pero el norte está escaso de unidades para sacarlas de línea. La columna de Camilo Alonso Vega acude en su ayuda a pesar de que la línea de Mondragón está sometida a un serio ataque.
A mediados de diciembre empezó el ataque fuerte sobre Nafarrate y Cestafe. El coronel Alonso Vega, de acuerdo con Solchaga, decide contraatacar y el enemigo es arrollado en todo el frente. Si se hubiese contado con reservas suficientes se les podría haber expulsado de todo el frente al quedar muy quebrantados y desmoralizados, pero el problema de Vitoria estaba liquidado. Después de los reconocimientos a vanguardia de Cestafe y Saimendi se llegó hasta los pueblos de Acosta y Elosu recogiendo gran cantidad de material y armamento. Se contabilizan 6.000 bajas entre los rojos y 2.000 en el bando propio. El desgaste ha sido grande dados los pocos efectivos.
Se esperaba al general Mola. Llegó el día 27 de diciembre a Vitoria. Estaba muy dolido del frente de Madrid; lo habían enfocado mal y creía que, con un poco de empuje, se habría entregado. Su comentario era que faltó el mando y tenía que haber retirado a alguno de los jefes de columna.
En aquellos días se le plantea la necesidad de llevar a cabo la operación sobre Bilbao para lo que harían falta más unidades y municiones de artillería. Mola habla con su Estado Mayor sobre la necesidad de plantearle la situación a Franco, pero cree que aún no se ha olvidado de Madrid.
El 24 de diciembre el Ejército Rojo inició la acción enemiga sobre Teruel, por Corbalán y Gea de Albarracín, con la XIII Brigada Internacional que dirigía el titulado general Gómez, seudónimo del comunista alemán Ernst Zaiser, consiguiendo iniciales éxitos, pero quedaron detenidos y ocuparon Gea de Albarracín que se reconquistó en enero de 1937.
Ya en febrero de 1937, entre los días 21 al 26, unos 60.000 milicianos atacaron Oviedo ciudad defendida por el coronel Aranda que superó el ataque.
Finalizada la conquista de Málaga (8 febrero 1937) se proyectó la llamada Batalla de Guadalajara con el fin de atraer las reservas rojas del Centro y que las fuerzas nacionales del sector del Jarama progresasen en dirección a Arganda, Loeches y Alcalá de Henares. Bien planeada fracasó por diversas causas entre las que no se puede obviar el intenso temporal de lluvia y nieve que impidió el apoyo de la aviación y hubo grandes dificultades para el apoyo artillero que hizo que el adversario pudiese enviar sus reservas. Así mismo el movimiento de apoyo entre grandes unidades del despliegue y el contacto que debería efectuarse con las tropas del Jarama exigía una gran coordinación difícil de ejecutar. Las fuerzas legionarias del Corpus Truppe Voluntaire (C.T.V.) compuestas por 4 Divisiones con unos efectivos de unos 35.000 hombres al mando del general Mario Roatta (Mancini) tenían como misión avanzar por la carretera general de Aragón a Guadalajara, y así completar el cerco a Madrid, esbozado en la batalla del Jarama. La maniobra principal se realizaría en dos fases, una de ruptura entre Algora y Almadrones, y otra de explotación por fuerzas motorizadas. Se consideraba fundamental el factor sorpresa para evitar que el enemigo moviese sus reservas, pero después de los primeros días de avance sin detención, el mal tiempo permitió al enemigo reforzarse al no poder actuar la aviación ni la artillería. Las fuerzas italianas detenidas en Brihuega intentaron un relevo de unidades propias, pero se hizo bajo la presión enemiga y una contagiosa desmoralización abandonando posiciones ante los fuertes ataques del enemigo que se evitó en principio replegando unidades sobre la línea Lendaca-Cogollor-Abádenes el 19 de marzo, en donde resistieron hasta el día 23 en que quedaron relevadas por tropas españolas.
A partir de esta operación el mando nacional desistió del ataque a Madrid y trasladó el grueso de sus fuerzas al frente de Vizcaya dejando fortalecido el sector de Madrid.
El 11 de marzo y con motivo de estas operaciones en el sector de Guadalajara, el general Franco requirió la presencia en Salamanca del general Dávila, Jefe de Estado Mayor General, y el día 21 tomaba la decisión de emprender la operación sobre Bilbao, cursando orden al general Mola, Jefe del Ejército del Norte.
El esfuerzo principal de la guerra iba a volcarse sobre la cornisa cantábrica. Así Guadalajara, en contra de la opinión, que tanto se ha argumentado como un fracaso, sirvió para ganar la guerra. Se entraba en un momento decisivo donde las operaciones iban a tomar una mayor envergadura para lo que se requería una nueva reorganización y evitar diversificar las acciones entreteniendo hombres y material en Teatros de Operaciones no decisivos.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

2 octubre 2026

Deja un comentario