Durante siglos era relativamente sencillo reconocer una guerra. Había ejércitos enfrentados, fronteras atacadas y territorios ocupados. Hoy, sin embargo, los límites entre la paz y la guerra se ha vuelto deliberadamente difusa.
La niebla, que señalaba el estratega prusiano Karl von Clausewitz en su tratado De la guerra, también ha envuelto a las fronteras. Así la definió, en el capítulo 3 del libro I de su tratado:
“La guerra es el reino de la incertidumbre. Las tres cuartas partes de los factores en que se basan las acciones bélicas están envueltas en una niebla de mayor o menor incertidumbre. Se exige un juicio sensato y perspicaz, una inteligencia entrenada en desvelar la verdad”.
Un Estado puede ser atacado, en su soberanía e integridad territorial, sin que un solo soldado extranjero cruce formalmente sus fronteras. Sin embargo, existen otro tipo de agresiones. Puede sufrir ciberataques, sabotajes, campañas de desinformación, presiones económicas, espionaje o la utilización de movimientos migratorios como instrumento de coerción.
Es lo que conocemos como Guerra Híbrida.
No se trata de un concepto meramente académico. Como han explicado analistas y expertos en estrategia como los coroneles Pedro Baños, Francisco Rubio o Ángel Gómez de Ágreda, la confrontación moderna ya no se desarrolla exclusivamente en los dominios clásicos, tierra, mar y aire. También se libra en otros menos tangibles como el espacio, ciberespacio, economía, redes sociales y, sobre todo, en la mente de las sociedades.
La cuestión ya no es solamente quién tiene más tanques o mejores aviones.
La pregunta estratégica es otra: ¿Quién es capaz de condicionar la voluntad de un adversario sin necesidad de declararle la guerra?
¿QUÉ ES LA GUERRA HÍBRIDA?
Consiste en la utilización coordinada de diferentes instrumentos —militares y no militares, abiertos y encubiertos— para presionar, debilitar o condicionar la voluntad de un adversario.
Sus armas pueden ser muy variadas:
- desinformación;
- ciberataques;
- espionaje;
- sabotaje;
- presión económica o diplomática;
- empleo de actores interpuestos;
- ataques contra infraestructuras;
- instrumentalización de movimientos migratorios.
Lo importante no es cada acción por separado, sino la combinación de todas ellas para alcanzar un objetivo político. En este caso, es un concepto holístico, donde el todo es mayor que la suma de sus partes. Su escenario natural es la denominada Zona Gris.
Un espacio situado entre la paz y la guerra abierta. En ella, un adversario actúa cuidadosamente para obtener ventajas sin cruzar el umbral que provocaría una respuesta militar convencional
- Presiona
- Prueba
- Mide nuestra reacción.
- Siempre manteniendo una ambigüedad conveniente.
Ésa es su gran ventaja. Porque mientras el país afectado discute si realmente está siendo atacado, el adversario puede continuar avanzando.
El éxito de una agresión híbrida puede consistir, precisamente, en conseguir que la víctima no esté segura de haber sido agredida. Máxime, cuando, como en este caso, tiene un aliado incondicional en el gobierno del país agredido.
CEUTA: LA PREGUNTA QUE DEBEMOS HACERNOS
Los acontecimientos de Ceuta deben analizarse también desde esta perspectiva.
Naturalmente, la inmigración constituye ante todo un fenómeno humano y social. Pero una cosa es la inmigración y otra muy distinta utilizar a seres humanos como instrumentos de presión política contra otro Estado. Éste es uno de los mecanismos característicos de la Zona Gris.
Una presión masiva sobre una frontera puede saturar los servicios de seguridad, provocar alarma social, generar una crisis política y obtener una enorme repercusión internacional sin necesidad de utilizar una sola unidad militar.
Y aquí conviene distinguir dos situaciones:
Una cosa es provocar o facilitar materialmente una crisis.
Otra, muy diferente, es explotarla posteriormente mediante campañas de desinformación.
Rusia, Israel u otros actores pueden intentar aprovechar informativamente una crisis. No sería nada extraordinario en el actual contexto geopolítico. Pero que alguien amplifique un acontecimiento no significa necesariamente que lo haya provocado.
Por eso, ante Ceuta, no deberíamos preguntarnos solamente quién difundió mensajes en las redes sociales. La pregunta estratégica sería:
¿Quién tenía capacidad para crear o permitir las condiciones necesarias que hicieron posible la crisis?
No se trata de formular acusaciones sin pruebas. Se trata de no cerrar los ojos ante preguntas incómodas. Porque una frontera no desaparece por un simple mensaje de TikTok.
EL PELIGRO DE LA DEPENDENCIA ESTRATÉGICA
España necesita mantener una relación de cooperación con Marruecos. La lucha contra el terrorismo, el crimen organizado y la inmigración ilegal así lo aconsejan. Pero cooperación no puede significar dependencia ni, mucho menos, sumisión.
Cuando otro Estado posee capacidad para aumentar o reducir la presión sobre nuestras fronteras, estamos ante una vulnerabilidad estratégica que deberíamos corregir lo antes posible.
Sobre todo, cuando en una simple matriz DAFO, las Debilidades pueden ser explotadas en beneficio de terceros países. Ésta es una de las enseñanzas fundamentales de la Guerra Híbrida.
No hace falta recurrir a teorías sobre supuestos secretos o chantajes personales para explicar determinadas cautelas políticas. Existe una explicación mucho más preocupante:
La dependencia estratégica puede convertirse por sí misma en un instrumento de coerción.
¿COMO SE COMBATE UN GUERRA HÍBRIDA?
La respuesta no puede ser exclusivamente militar. Pero tampoco puede consistir en prescindir del instrumento armado.
Una amenaza híbrida debe ser respondida con todos los instrumentos del Estado: inteligencia, diplomacia, seguridad interior, economía, ciberdefensa y Fuerzas Armadas y un largo etcétera.
España dispone de excelentes capacidades para ello. Nuestros servicios de inteligencia, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS), el Mando Conjunto del Ciberespacio (MCCE) y las estructuras de mando y operaciones de nuestras Fuerzas Armadas poseen preparación y medios para detectar, analizar y afrontar amenazas complejas.
Como oficial de Estado Mayor y habiendo sido profesor en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), puedo afirmar que conozco la preparación, profesionalidad y capacidad de nuestros soldados, marinos y aviadores para hacer frente a cualquier contingencia que ponga en riesgo a nuestra querida España.
No tengo ninguna duda:
Las Fuerzas Armadas españolas están preparadas para contribuir, de forma eficaz y decisiva, a la respuesta frente a amenazas híbridas.
Pero existe una condición. Deben recibir una misión. Y deben tener autorización para cumplirla.
Las Fuerzas Armadas son un instrumento del Estado. No actúan por iniciativa propia. Su empleo depende de una decisión política.
En definitiva:
Pueden actuar. Saben actuar. Están preparadas para actuar. Pero requieren la orden política de luz verde para saltar.
SOLDADOS CON LAS MANOS ATADAS
Existe además una cuestión que debemos abordar. Las amenazas híbridas pueden transformar rápidamente una situación aparentemente pacífica en un escenario violento.
Una presión fronteriza puede derivar en emboscadas, lanzamiento de piedras, ataques con objetos contundentes o cócteles Molotov, como está sucediendo en nuestra ciudad de Ceuta.
Y entonces surge una pregunta fundamental:
¿Puede el Estado ordenar a un soldado proteger una frontera y, al mismo tiempo, no definir claramente cómo puede protegerse y defender a sus compañeros?
Nuestros militares no son agentes de la autoridad y, en determinadas circunstancias, como sucede con los compañeros de la Unidad Militar de Emergencia (UME), deberían asumir este estatus. Pero precisamente por eso necesitan un marco jurídico y operativo adecuado cuando son empleados en este tipo de situaciones.
- Misión clara.
- Cadena de mando definida.
- Reglas de enfrentamiento precisas.
- Medios adecuados.
- Y seguridad jurídica.
No se trata de otorgar impunidad. Se trata de no confundir legalidad con indefensión. Nuestros soldados no necesitan actuar fuera de la ley. Pero que la ley, no ponga trabas a la justicia.
Si las amenazas han cambiado, también deben evolucionar nuestra legislación, nuestra doctrina y nuestros procedimientos.
Porque no podemos enviar a hombres y mujeres uniformados a cumplir una misión peligrosa y después sorprendernos de que, ante la violencia, tengan las manos atadas. Con las consecuencias que estas situaciones pueden causar para la integridad física y moral de nuestras tropas.
CONCLUSIONES Y PROPUESTAS
La Guerra Híbrida es la guerra que nadie declara.
Su campo de batalla puede ser una frontera, una red social, un ordenador o una infraestructura crítica.
Ceuta debe servirnos como advertencia.
España necesita reforzar su capacidad para detectar estas amenazas, reducir dependencias estratégicas y coordinar todos los instrumentos del Estado.
Y necesita, sobre todo, asumir una realidad:
Las Fuerzas Armadas españolas están preparadas para defendernos frente a estas nuevas amenazas.
Disponemos de profesionales extraordinariamente cualificados, centros de inteligencia, capacidades cibernéticas y estructuras de mando capaces de afrontar escenarios multidominio.
Pero ninguna capacidad sirve de nada si no existe voluntad política para emplearla.
De ahí que, mi propuesta tenga los siguientes puntos:
Primero, reforzar la inteligencia y la alerta temprana frente a amenazas híbridas.
Segundo, considerar Ceuta y Melilla como espacios estratégicos especialmente sensibles a las acciones de Zona Gris.
Tercero, reducir cualquier dependencia que permita a terceros utilizar nuestras vulnerabilidades como instrumentos de presión.
Cuarto, mejorar la coordinación entre Inteligencia, Defensa, Interior, Exteriores y todos los recursos del Estado.
Quinto, adaptar el marco legal y operativo para que nuestros militares puedan cumplir eficazmente las misiones que el Estado les encomiende, con reglas claras y adecuada protección jurídica.
Porque la gran lección de la Guerra Híbrida es sencilla:
El adversario más peligroso no siempre es aquel que concentra sus ejércitos frente a nuestra frontera.
A veces es quien consigue utilizar nuestras propias debilidades como armas contra nosotros mismos.
Y mientras seguimos discutiendo si estamos o no ante una agresión o el sexo de los ángeles con los tertulianos de los platós de televisión, quizá convendría recordar una última cosa:
Las Fuerzas Armadas españolas están preparadas. Tan sólo necesitan una orden política para actuar en defensa de la soberanía e integridad territorial de nuestra querida España.
Todo lo demás, vendrá por añadidura.
Julio Serrano Carranza. Coronel de Aviación (R). Ejército del Aire y del Espacio
Blog: generaldavila.com
7 agosto 2026