Han pasado 83 años, pues fue en octubre de 1943 con solo 5 años, cuando llegué por primera vez a la ESCUELA CENTRAL DE EDUCACIÓN FÍSICA, vamos, la Escuela de Gimnasia de Toledo de toda la vida. Era el comienzo de su segunda época (1939-1960) y estaba mandada por el coronel de Infantería D. Ricardo Villalba Rubio.
Fueron los mejores años de mi vida, hasta que en 1957 por razones de estudio, tuve que marcharme a Zaragoza.
Antes de nada, quiero felicitar al Excelentísimo Ayuntamiento de Toledo a través de su Concejalía de Deportes por la brillante iniciativa tomada al querer mantener en pie, después de más de 106 años, este gimnasio San Lázaro, y dedicárselo al comandante Acevedo profesor de la Escuela y pionero en popularizar el atletismo en la Ciudad Imperial.
También agradezco a la Federación y al Club Toledano de Atletismo, el haberme invitado como antiguo atleta a ese acto. Sintiendo no haber podido asistir al mismo, hoy mando estas palabras, al cielo recordando a Federico y a Mari Carmen su mujer, a sus familiares y a todos los atletas toledanos que pasamos por sus manos. Aunque solo sea en mi pensamiento, vuelvo a Toledo, la verdad es que estaba esperando volver, de haberlo logrado, otra vez el deporte nos hubiera juntado de nuevo.
Vivía en el pabellón N.º4 de la Escuela, frente al Nº10, el que años más tarde ocuparía la familia Acevedo, Jugaba, corría…todos los deportes me gustaban y por eso muy pronto me hice amigo de todos los profesores, de los alumnos de los diferentes cursos, de los soldados…
En 1966 obtuve el título de profesor de Educación Física, donde tuve la suerte de tener al comandante como profesor de atletismo, y para no aburriros más, contaros que en septiembre de 1988, como entrenador y jefe del equipo español de Pentatlón Moderno, participé en los Juegos Olímpicos de Seúl.
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En todos esos años siempre me parecieron que los dos buques insignias de la Escuela Central de Educación Física de Toledo eran: el Gimnasio y la Pista de Atletismo.
La pista en sus inicios de ceniza con cuatro calles y 333 metros de cuerda, se amplió más tarde a seis, y desde junio de 2010 a ocho, ya con una cuerda de 400m, medidos como manda el reglamento a 30cm. del bordillo interior.
En 1974 se instaló el tartán azul, y hoy esta pista lleva el nombre de mi admirado Fernando Fernández Gaitán, con la calle n.º2 dedicada a otro gran atleta toledano, el que fuera doce veces internacional y campeón de España absoluto en 3.000 metros obstáculos, al maratoniano Ricardo Ortega Sánchez-Pinilla.
Paseando una tarde con Acevedo por los campos de deportes, ya estaba la pista con tartán, por las escaleras de la tribuna bajamos a verlo de cerca, mi sorpresa fue cuando el comandante se quitó los zapatos y se puso a correr por la calle 8, me dijo que así protegía las calles interiores que eran las más usadas.
El otro buque insignia era este gimnasio de la costanilla de San Lázaro, la primera instalación deportiva que se creó en la Escuela en 1920, y que a partir de hoy llevará el nombre de “Federico Acevedo Laborda”,
El toledano comandante Acevedo fue el precursor del atletismo en la Ciudad Imperial, entre otros de ahí salieron: Fernando Fernández Gaitán, Ricardo Ortega Sánchez-Pinilla, Jose María Isabel Gómez, Carlos Martín-Fuentes García, Martín Velasco Martín…, solo por citar a los atletas con mejores currículos atléticos. Soy consciente que faltan muchos, me falla la memoria, en mi descarga ¡que tengo ya mis años!. Todos ellos formaron parte de la primera hornada de grandes atletas toledanos que alcanzaría su punto álgido con el inigualable José Luis González.
Pero antes de todo esto, de lo que si me acuerdo, mi comandante, era cuando los domingos por la mañana, quedábamos una serie de chavales en una de las tres puertas de la Escuela, la de los campos de deportes, (las otras dos eran: la principal y la de los carros), y por ella pasábamos contigo a la pista de atletismo. Cada mañana la dedicábamos solo a una disciplina, al final salía un ganador y el premio era el bote de ECO que siempre traías, un compuesto de cacao para tomarlo con leche en el desayuno. Para nosotros las siglas del bote las traducíamos como: “Esfuerzo y Coraje Organizado”.
Una de esas mañanas de domingo el comandante Acevedo la dedicó al salto de longitud, nos contó los diferentes estilos y nos confesó que su técnica preferida era la del tres y medio en el aire, mostrando su admiración por el “Príncipe Igor”. Como no acabábamos de ver a ningún príncipe volando por encima del foso de saltos de la pista, nos aclaró que se trataba de Igor Ter-Ovanesyan atleta ucraniano, especializado en la prueba de salto de longitud, bronce en los Juegos de Roma y Tokio, con una marca de 8´05m.
Otro día lo empleamos en el lanzamiento de peso, la técnica única entonces era la lineal, y algo sobre ella nos dijo que todavía lo tengo presente. Se refería a la posición de partida agachado de espalda al lanzamiento, como la que adoptó tantos años nuestro capitán de la selección Manolo Martínez, que con un lanzamiento de 21´47m, quedó campeón mundial en pista cubierta y bronce olímpico en Atenas 2004,
—“El que se humilla será ensalzado”, nos decías.
Cuando hablamos de atletas famosos, siempre me acuerdo de la forma de correr de Fernando Fernández Gaitán y recuerdo la de un teniente del ejercito checoslovaco, la “locomotora humana” le llamaban, que la tenía parecida, y que en Helsinky, fue campeón olímpico en 5.000, 10.000 y maratón. El comandante Acevedo acertó al escribir sobre él, que corría como un hombre que hubiera sido acuchillado en el corazón. Y es que contemplar una carrera de Zátopek o de Gaitán era vivir una angustia permanente, eso sí con un final feliz.
Después de su exitosa carrera deportiva, Fernández Gaitán dio un paso al frente en el ámbito político, siendo el primer concejal de Deportes de Toledo en la democracia.
En uno de los descansos, me contó Acevedo, que durante unos campeonatos, el ayudante le comentó al coronel de la Escuela lo conveniente que era contar con su presencia en la inauguración, a lo que el coronel se negó por por las muchas obligaciones que ese día tenía. El ayudante volvió a insistir, esta vez solicitando su asistencia al día siguiente, el día de la clausura, y para ponérselo más fácil comentó que al menos presenciara la última prueba del campeonato, los 100m. lisos, a lo que el coronel contestó.
—“Bueno, ya que te empeñas, iré a la salida de esa prueba; pero no se si tendré tiempo para quedarme y ver el final de la misma”.
Al final el coronel aguantó los once o doce segundos de aquellos cien metros, pronunció unas palabras en la clausura de los campeonatos, estuvo en el arriado de las banderas, saludó a todos los jefes de delegación, felicitó a todos los vencedores y fue uno de los últimos en ausentarse de la pista de ceniza.
Por todo esto, cuando vuelvo a Toledo, la nostalgia y la memoria me devuelven aquellos años y aquellos amigos, en clave poética, y disfruto recorriendo los lugares en los que pasé la niñez, y donde más tarde, descubrí los colores y las emociones de la adolescencia. Siempre que vuelvo, y después de visitar las tumbas de mi familia, me acerco a esta puerta principal del gimnasio, y a partir de hoy al contemplar la placa con tu nombre mi comandante, me acordaré cuando nos acercábamos por acá, sobre todo las noches de verano, para oír los toques de silencio, primero el de nuestro vecino del Regimiento Ciclista Cantabria Nº39, acabado con su contraseña: “Ya tenemos bicicletas” y que rápidamente era contestado a este lado de la Costanilla de San Lázaro con el toque de la Escuela acabado con la suya: “Fuerza y agilidad”.
No, las cosas no son como hoy las veo, sino como las recuerdo, y aunque tenga que envolver estas palabras, ¿por que no?, en el celofán de la complacencia, se que no seré fiel a la realidad pues, aún queriendo contar las cosas como fueron, siempre acabo contándolas como las recuerdo, y no es lo mismo, pues el pasado nunca se cura.
Feliz evocación de un tiempo cuyo encanto y fascinación advertí cuando ya se me habían escapado entre los dedos. Pero mis amigos seguís siendo los de siempre y estáis donde siempre habéis estado, un poco más viejos, un poco más sabios pero igual de imprescindibles.
En palabras de uno de esos atletas, con este acto se reparará parte del olvido al que ha estado sometido estos años: Acevedo y la Escuela de Gimnasia, recobrando la verdadera memoria histórica, no la que algunos nos intentan colar a costa de los pelos y barbas sin cuidar.
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Mi comandante dicen que cuando uno se muere, se muere solo, pero tus amigos estamos tocados, y te resucitamos a menudo en nuestra memoria, cosa que nos resulta fácil, porque tu vida fue una parte muy importante de la nuestra.
Querido entrenador, querido profesor, mi querido comandante, mi respetado Coronel…. te recuerdo que no es mas grande quien mas sitio ocupa, sino quien mas vacío deja, y te aseguro que:
—“La ceniza y el tartán que pisamos vivió un día!”
¡Oh comandante, mi comandante!
Gracias por todo.
¡Nunca te olvidaré!.
Ángel Cerdido Peñalver Coronel de Caballería ®
Zaragoza 20 de septiembre 2026.
Blog: generaldavila.com