El viaje del Rey a Estonia, de Estado, y los oficiales a Letonia y Lituania, estaban preparados hace al menos tres meses. La razón era solo una: visitar a nuestras unidades allí desplegadas, transmitirles el apoyo de los españoles y expresar a las Repúblicas Bálticas nuestra solidaridad y disposición total en defensa de la democracia, incluso con la intervención armada si las circunstancias lo requieren. El mensaje era un mensaje de Estado, de los que se escriben con pocas letras y mucha firmeza, sin política que lo ensucie ni lo acomode a sus espurios intereses.
La ausencia del presidente del Gobierno o de alguno de sus ministros ha sido un error de gravedad o una ofensa poco meditada y de consecuencias dudosas para nuestros intereses. Desconozco lo que se habla en el campo internacional, pero desde hace muchos años hemos dejado de ser y tener peso específico en ese mundo de las relaciones internacionales, en lo económico y aún más en lo militar. La razón es muy sencilla: no se fían de nosotros. Hacen bien. Yo tampoco lo haría.
El viaje debería de haber terminado con al menos las disculpas por la ofensa que han recibido nuestros soldados. La dimisión o cese del ministro de Exteriores, un tal Albares, hubiese sido lo apropiado, ya que es ese ministerio el encargado de organizar estos viajes, y además ganábamos todos para cuadrar las negociaciones con el Reino Unido sobre Gibraltar que encabeza por parte española el personaje de lo exterior. Bien debería saber que no hay nada que negociar, sino todo que exigir.
Si. En contra de lo que mucha gente piensa, la ofensa por dejar solo al Rey, a España, no ha sido tal por la diferencia de peso y tamaño. Solo, de soledad, se ha quedado el que aquí lo ha hecho asistiendo a otros menesteres más apropiados con su talante y gusto. Para ponerse al frente de las unidades equipadas y preparadas para el combate no vale cualquiera. Han hecho muy bien en quedarse en casa. Hubiesen oscurecido la foto.
Pero eso no es escusa para resaltar que a quien realmente se le ha hecho un desprecio inmotivado, duro e incomprensible ha sido a nuestros soldados. Nadie ha caído y señalado la circunstancia, pero he ahí el fondo de la cuestión.
Las tropas sienten y padecen. No aspiran a nada más allá que cumplir con su deber y que una mano amiga les de unas palmaditas en la espalda. Con la del Rey tienen suficiente, pero toman nota y saben quien sí y quien no. Se ha ofendido a aquellos que se ha mandado a primera línea del frente. Era el momento de acompañarles, de mostrar nuestro afecto y apoyo y no se ha hecho. El Rey es suficiente, mientras otros son una rémora para que España sostenga a sus soldados.
El recuerdo me llega. Es del año 2014. Se pronuncia el señor Sánchez:
—¿Qué ministerio sobra y qué presupuesto falta?
—Falta más presupuesto contra la pobreza, la violencia de género… Y sobra el ministerio de Defensa.
¡Que vengan los militares! Allí están sonrientes, callados, firmes, conocedores de su trabajo, dando confianza.
A pesar de su presidente que se mueve como una sombra que dice y no dice nada coherente y bueno.
Se lo recordamos a ustedes. A él le trae sin cuidado.
Todo ha sido urdido con aviesa intención. Las consecuencias son graves: Si nuestro Gobierno no cree y apoya a nuestras Fuerzas Armadas sin duda el enemigo toma nota. Por el norte y por el sur.
¿Por qué será que ahora recuerde aquella frase de Umbral?: ‹‹Es vieja la teoría según la cual al cínico no se le combate con moralidades, sino con mayor cinismo››. Hay cinismos insuperables en el interior y en los que buscan el exterior. Invencibles.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
28 junio 2024