Sobre la igualdad. [Nada hay más injusto que tratar a dos personas igual.] Andrés Manrique. Teniente (R)

La naturaleza nos hizo a todos distintos. En la naturaleza no hay uniformidad alguna, la diversidad es su sello. Los árboles de un bosque no crecen alineados sino que somos nosotros quienes los plantamos en forma rectilínea. Las plantas crecen en la naturaleza sin orden alguno y, aunque nosotros las plantamos en surcos bien alineados en los huertos, no encontramos dos patatas iguales.

La raza humana se distribuye en etnias dispares con características externas de lo más variopintas, cada una con su origen distinto, con sus valores, creencias, historias y tradiciones comunes, distintas del resto de otras etnias. Pues bien, fuimos también los humanos quienes quisimos modificar esto soslayando a la sabia naturaleza e intentando modificar rasgos que veíamos más positivos que otros (en la actualidad lo hacemos con animales y plantas) todo ello para conseguir la perfección a través de la uniformidad y la igualdad. Esto sin duda alguna hay que calificarlo como error.

No somos iguales porque no podemos ni debemos serlo; solo hay una excepción en esto y es que únicamente somos iguales en DERECHOS y OBLIGACIONES, esto sí que debe de ser una línea roja de la que no debemos de apartarnos nunca, pero  para todo lo demás ¡Viva la desigualdad!

Hubo épocas en la historia de la humanidad en las que las sociedades eran más igualitarias. A partir de la sedentarización humana y de la división del trabajo todo cambió, distinguiéndose una “distribución de cometidos y responsabilidades, según las habilidades de cada uno”.

No cabe duda de que en cualquier sociedad democrática debemos de ser tratados todos por igual sin importar religión, raza, sexo, etc. Las desigualdades en aspectos económicos han de ser reguladas y la franja salarial entre los puestos mejor y peor remunerados ha de reducirse, sin duda. Es aquí  donde tendrá que intervenir la acción política y “regularizarlo” de la forma más justa para evitar fricciones, roces y tensiones que a nadie benefician.

La eliminación de la pobreza debería de ser una de las prioridades de esa acción política aun cuando los parámetros para medirla sean discutibles y llenos de subjetividad. En cualquier caso, la pobreza y la indigencia han de ser erradicadas.

Juan Soldado no pone en duda estas cuestiones y aboga por unos  mínimos de confort y bienestar social, pero sabe que el igualitarismo a ultranza es un tremendo error que nos llevaría a todos a formar parte de una masa humana homogénea en la que quedarían difuminadas nuestras peculiaridades personales despreciando el valor de la “meritocracia”. Esta hace referencia a diferencias adquiridas a través del mérito, el esfuerzo y las capacidades personales, nada más.

Juan Soldado es consciente de que no todas las personas tienen las mismas facultades ni la misma preparación ni realizaron los mismos esfuerzos para conseguir una determinada finalidad, de ahí que, piensa él, han de tener distintas recompensas a sus trabajos y sacrificios. El Estado ha de garantizar la “movilidad social” y que en ningún caso sean excluyentes determinadas condiciones desfavorables por nacimiento, que desgraciadamente vienen siendo recurrentes a lo largo de la historia.

Juan Soldado está abonado al concepto por el cual todos debemos de tener derecho al disfrute de unos SERVICIOS PÚBLICOS MÍNIMOS en cuanto a sanidad, educación, asistencia social y seguridad (¡ojo! no hay que olvidarla), pero para todo lo demás el “esfuerzo personal” marcará nuestro devenir en la vida. Vivimos en la desigualdad y en la imperfección siendo estas características las que propician la evolución de la raza humana en todos los sentidos.

Juan Soldado solamente está a favor de ese igualitarismo cuando particulariza situaciones y siempre que se tenga por bandera la igualdad de oportunidades y la “meritocracia”, a todo demás no se apunta, pues piensa que, con todo lo anteriormente expuesto, no hay nada más injusto que tratar a dos personas de igual manera. La sanción por un mismo delito no siempre es la misma para todos (circunstancias atenuantes, agravantes…), no todos los ciudadanos contribuyen a las cargas del Estado en la misma medida (según los ingresos  se tributa distinto IRPF), la asistencia social discrimina según el grado de discapacidad…etc. Y si en todo esto estamos de acuerdo, resolveremos así mismo que las remuneraciones en el mundo laboral habrán de ser distintas igualmente. Y esto por obvio que sea no ha de dejarse de recordar.

Ya se intentaron construir sociedades igualitarias cuyo resultado fue un rotundo fracaso pues las mismas nos devuelven a la tribu y anulan al individuo como persona. El Papa León XIII recordaba:

[…] la igualdad fundamental entre todas las personas deriva de su naturaleza humana y del común fin último, pero que sus diferencias legítimas deben ser la fuente de una sociedad armoniosamente jerarquizada […]

Un saludo.

Andrés Manrique.

Teniente (R.)

12 pensamientos en “Sobre la igualdad. [Nada hay más injusto que tratar a dos personas igual.] Andrés Manrique. Teniente (R)

  1. Totalmente de acuerdo con Juan Soldado, mi teniente: Hay que decirlo alto y claro. Solo somos iguales en derechos y obligaciones. Lo demás es pura falacia
    Adolfo Coloma

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  2. Efectivamente, Don Andrés:
    La igualdad es un valor humano muy importante y que la debemos buscar en la dignidad fundamental de la persona. Todas las personas, por el mero hecho de serlo, somos iguales en dignidad y tenemos los mismos derechos y deberes fundamentales; porque igualdad no es sinónimo de igualitarismo, sino de justicia.
    Las personas son desiguales y diversa en inteligencia, creatividad, intuición, salud, fuerza de voluntad; pero deben ser radicalmente iguales en su dignidad. Por ello, cuando el valor de la igualdad se resquebraja, la sociedad se vuelve injusta y pueden cometerse todo tipo de atropellos.
    Hombres y mujeres, creyentes y no creyentes, sanos y enfermos, negros, blancos y mestizos, niños y adultos, jóvenes y viejos,… son iguales en su dignidad básica; y esta igualdad fundamental vivida es un valor ético de capital importancia que dignifica nuestra sociedad.
    Luchar por un mundo más igualitario y justo es una noble tarea que nunca debemos descuidar, como hace Juan Soldado; pero no la influencia por la ideología de género, de índole feminista, que separa con radicalidad e imponen lo contra natura.
    Un fuerte abrazo.
    Pedro Motas

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  3. Empero, el que falla no es la igualdad, que sería lo justo, sino , el ser humano que está lleno de imperfecciones, y, que muy pocos tratan de corregirlas en su vida.

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  4. Una verdad como esta, tan de sentido común, es la que debe servir de guía a los políticos.
    Totalmente de acuerdo con usted.

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  5. Coincido con Juan Soldado y me encanta leer su pensamiento. ¡Por supuesto! Igualdad ante la ley, sin embargo el Creador tuvo el acierto de concebir al ser humano original e individual sin posible duplicidad.
    Considerando el valor del esfuerzo personal, que obtendrá un rendimiento diferente ante la misma dedicación pero con distinta capacidad, siempre cabe la solidaridad y el reconocimiento plausible para quien a pesar de su completa dedicación no alcanza el umbral que otros con menor ahínco. Eso sí, no olvidar lo que dijo un intelectual al otro lado del charco “una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas”.
    Juan Soldado es un magnífico pensador popular y encima tiene la fortuna de pertenecer a la Familia de la que hace casi 400 años una ilustre voz decía “Y sin mirar cómo nace se mira como procede”. Obviamente la igualdad es de Justicia, decía otro filósofo cordobés “el que no quiera vivir entre justos que se mude al desierto”. Enhorabuena a Juan Soldado y agradecimiento al Teniente Manrique por hacernos llegar su voz.

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  6. Me alegra que coincidamos en este asunto con tantas aristas como tiene. Sí que parece de sentido común, pero no todos opinan igual. Justicia, equidad, igualdad, igualitarismo, ……La reflexión de Juan Soldado no es otra que el poner en valor en el esfuerzo, el mérito y el sacrificio. Éstos valores nos hacen distintos y la recompensa obtenida por ellos no ha de ser igual.
    Efectivamente Don José Ignacio, hay que mirar “cómo se procede” que nos dijo Don Pedro Calderón de la Barca.
    Gracias a todos por estar por aquí y seguir a este personaje.

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  7. Totalmente de acuerdo, Don Andrés.¿ Cómo se juega alegremente con las palabras y los conceptos? Realmente suena bien. LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD. Esta trilogía constituía el principal lema masónico, apropiado, más tarde, por la Revolución Francesa. Al final agua de borrajas y el imperio de la burguesía. De la monarquía absoluta a la explotación del hombre por el hombre. ¿ Quién abusaba con más gracia?
    Pero, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, me gustaría hacer una breve referencia a dos personajillos que si no son iguales, sí tienen vidas paralelas. Naturalmente me refiero a dos aplaudidos ministros de Defensa: uno, Narciso Serra, presunto chorizo en La Caixa, y el otro, José Bono, insólito gestor de una enorme fortuna. Además, ambos coinciden en su afición por las armas de retrocarga. Visto esto, ¿ No sería emocionante , en mor de la tan cacareada transparencia política, realizar una rigurosa auditoría externa de la gestión en DEFENSA de estos dos famosos de la Política? Así sabríamos si se les pegó a la mano algún maravedí. Sin dejar de lado esa maravillosa empresa estatal de Defensa llamada ISEDEF o algo así

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  8. La lógica, es la lógica Señores y la verdad solo tiene un camino, que es el que nos indica esta.

    Otra cosa es la demagogia, que es en la que se basan la mayoría de los partidos políticos que tenemos.

    Gracias Mi Teniente, por este articulo tan audaz y sabiamente redactado.

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  9. El tema de la igualdad nos evoca la fraternidad y la filialidad: somos iguales en cuanto que formados a la imagen y semejanza de Dios, por lo tanto hermanos entre nosotros e hijos de un mismo Creador. Iguales en dignidad, derechos y deberes. En su consecuencia, la justicia en su parte distributiva exige dar a cada uno lo suyo, lo que legítimamente le corresponde, no meramente a todos lo mismo (en tal caso, ¿dónde quedaría el mérito, el esfuerzo y la capacidad?). En su parte caritativa, que evoca la bondad y misericordia de Dios, la justicia nos conduce de una forma natural a la alteridad, la gratuidad y la subsidiaridad, en la que unos actúan en favor de otros por amor a Dios y al prójimo.
    Como ven, nada tiene que ver la igualdad y la justicia con la lucha social ni con la dialéctica marxista.
    Hubo un tiempo pasado y mejor donde la Patria estaba cohesionada porque desde el Estado se servía a la Nación y a través de éste fluía una corriente de solidaridad entre los hombres y las tierras de España. El trabajo era título de honor suficiente para invocar la asistencia del Estado. Y todo ese capital espiritual, esa reserva moral, la hemos dilapidado para vergüenza propia y asombro de extraños. Los más débiles y desfavorecidos están llevando, como siempre, la peor parte.

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