CERRAR LA OTAN Y TIRAR LAS LLAVES POR AGUAS DE GIBRALTAR General de División Rafael Dávila Álvarez

 

«No existe en efecto ningún maestro de estas cuestiones más eficaz  que la necesidad, la cual a nosotros nos ha instruido incluso con demasida exactitud. Ellos se han entrenado también en la fatiga de llevar las armas, que han sido inventadas de modo que sean lo más manejable posible para todos los hombres, en cambio nostros, nos hemos visto obligados a caminar y correr con grandes cargas, de modo que a mi ahora me parce el peso de las armas más parecido  a alas que a una carga». (Ciropedia. Jenofonte).

Nunca hemos estado más necesitados de auténticos soldados como ahora; desde el empleo de soldado al de general se requiere vivir preparado para el combate que es la mayor de las obligaciones militares. Sin interferencias, sin admitir falsas o equivocadas vocaciones. Sin permitir el engaño político que trueque el oficio de la espada por el de las cañas (Troquemos las de veras por las de burlas…).

Europa se muere como tal y España se diluye tragada por un imparable vendaval que lleva detrás olas gigantescas. Solo hay que esperar a que la marea baje para invadirlo todo. Cuando las aguas lo hagan no habrá tiempo para el embarque.

La OTAN se ha desmilitarizado y ya se cantan canciones de jóvenes excurionistas de acampada. No hay una estructura militar combinada sino intereses políticos. El Atlántico norte no está amenzado por nadie. Mejor será atender el Atlántico sur, el Mediterráneo, el Mar Negro, el Báltico… y el estrecho de Gibraltar. Para este último la OTAN ha preferido que sean Fabián Picardo y José Manuel Albares los que jueguen a las cartas para que los ases los tenga el Reino Unido y sus misiles. En la OTAN nunca se habló español y Ceuta y Melilla suenan a lejanos lugares así, por tanto, jamás un militar español fue Presidente del Comité Militar de la OTAN. Convendría explicar por qué.

Ahora estaríamos más cerca de conseguir ese cargo cuando la OTAN cada vez es menos OTAN y más un azucarillo que se disuelve en la indefensión política de unos cuantos.

Las tensiones militares afloran por el Este y con ello alianzas militares de las de verdad.

En cuanto se ha oido el ruído de los cañones la OTAN ha ordenado retirada. De entrada en Irak. Palabra maldita para España; para su ministra de Defensa un alivio: retirada.

El ruido de los cañones o de los drones estaba demasiado cerca y era mejor la retirada. En eso tenemos unos polítios muy expertos y avezados en saber conducirse bajo presión enemiga.

En Europa nadie está al mando de la Defensa. Nadie. En España es peor. No es necesario repetirlo. Sabemos de qué hablamos. No lo que deberíamos defender. Eso lo saben, pero lo rehuyen.

La absoluta dejadez y entrega al enemigo en una contemplación que hace temblar los cimientos de la Defensa. ¿Para qué la necesitamos?

Comprendo las dificultades de los Jefes de nuestros  Ejércitos para conducir los suyos en momentos de tanta incertidumbre como los actuales. Soy consciente del esfuerzo que hacen para mantener vivo ese contacto entre ejércitos como el americano, el francés, el portugués… (no sé si hablan con los del Reino Unido en alguna de sus visitas a Gibraltar).

La influencia del mando en las tropas es de tal magnitud que de ello dependen ser o no ser. Convertirte en un Ejército con moral y capacidad o ser simplemente gente vestida con diferentes uniformes conlleva estar en condiciones de defenderse o no. Deberíamoss plantearnos la duda. ¿Nadie tiene agallas para hacerlo? ¿Qué enseñamos a nuestras tropas? .

El Mando es militar, pero ya no lo es. Ahora hasta el pelotón parece mandado por ese personaje que presume de querer mucho a los militares y predicar sus bondades, pero siempre sin pronunciar la palabrar guerra no sea que descubran su aversión a todo lo militar.

Leo con estupor y enorme tristeza en un diario digital la crónica de un oficial español que relata la retirada de las tropas OTAN, y entre ellas las españolas, de Irak. Ahora le llaman exfiltración, palabra que no veo en el Diccionario de la RAE y que jamás existió en la Doctrina militar española. No se atreven a llamar a las cosas militarmente por su nombre. De la crónica del oficial español me preocupa el lenguaje utilizado (¿relato?) que hasta ahora no conocía entre los soldados. Con dolor y rabia extraigo algunos párrafos de su artículo en el que se refiere a las tropas, entre ellas las españolas:

«Algunos empiezan a actuar extrañamente: dejan de dormir, empiezan a dormir en un búnker, se desplazan con el casco puesto hoy, con el fusil en la mano mañana, el brillo de sus ojos se apaga, deambulan un poco sin rumbo… Están nerviosos, asustados, ansiosos». […] «Un pequeño esfuerzo intelectual basta para caer en la cuenta de que seguimos sin ser objetivo de ningún actor, pero el cansancio y los nervios impiden a muchos hacer ese esfuerzo y crece su nerviosismo, su miedo, su ansiedad« […] «Más de una vez percibí arrobo en los ojos de los que le miraban y recibían su ayuda» […] «y las animaron, cuidaron y consolaron».

La negrilla es mía: ¿Asustados, nerviosos, miedo, ansiedad… entre soldados?

No reconozco este lenguaje en un soldado. Pero sí reconozco que el error es mío, que me he quedado anclado en aquello de «Jamás abandonar a un hombre en el campo hasta perecer todos»; y cosas así de raras.

¿La OTAN militarmente? Cerrarla y tirar las llaves por el estrecho de Gibraltar. De lo nuestro prefiero no hablar, aunque creo haber dicho bastante.

¡Ay! la necesidad.

General de División (R.)  Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

27 abril 2026

 

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