No hay forma de entender ni de calificar lo que ocurre en España. Se está juzgando por algo de una gravedad supina a miembros del Gobierno. Sí: del Gobierno de España que preside el señor Pedro Sánchez y sus allegados. Ministros, extraños personajes que pastaban por allí, familia presidencial; la lista es larga y contundente.
No pasa nada.
Según PSOE (Sanchista y zapaterista) y encamados, es un ataque del Poder Judicial que se ha dejado meter mano por la espalda para que hablen otros poderes ocultos que quieren acabar con este Gobierno. Los jueces hacen política, según este Gobierno y sus encamados. Hablan y administran no en nombre del Rey, de la Ley, de esa justicia que emana del pueblo, sino en nombre de ocultos intereses.
Pero los más grave del relato gubernamental no es eso. Lo grave es la paciencia, la complacencia de todos nosotros cuando las consecuencias de esta actitud del poder omnímodo del Gobierno va a traer consecuencias muy graves para el futuro.
Este Gobierno lo aguanta todo porque nadie le frena ni nadie ofrece alternativa. Están sin adversario que tenga el valor y la fuerza para derribarlos.
A la oposición que lidera el señor Feijóo se le ocurre tirar el lazo hacia otros delincuentes que controlan al Gobierno de España desde la impunidad política (claro que fue este Gobierno quien les indultó y luego amnistió desde su poder, mayor que el del Poder Judicial). Le han dado un puñetazo en lugar de una contestación.
Si quieres algo ven a Waterloo. ¿Nadie se ha dado cuenta de que no se puede tratar con delincuentes? Al que pregunta se queda de cuadra, máxime cuando has preguntado al enemigo.
Deslegitimados todos. Lo legítimo está en la Moncloa. Ni siquiera en el Parlamento que de nada se entera o quiere enterarse.
¿Cómo pretenden democratizar España dando la mano a la delincuencia condenada una, huída otra?
Ya vemos que la democracia en España es cosa de unos. ¿Qué se puede esperar cuando el Poder Ejecutivo vive y gobierna gracias a un partido dirigido por un delincuente buscado por la Justicia?
No pasa nada.
Ataques directos a jueces, con nombres y apellidos, llegando a lo personal. Ya todo da igual. En la política gubernamental ha entrado una auténtica crisis democrática que camina hacia la dictadura. La dictadura no es ni más ni menos que controlar los Tes poderes: Judicial, Ejecutivo y Legislativo. Echen una ojeada y piensen. Si además penetran las Fuerzas Armadas, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la industria de las armas y, sobre todo, las empresas digitales, todo está consumado.
Nada pasa. Solo el tiempo y cuando queramos darnos cuenta estaremos en otro tiempo, el que ellos esperan para su eternidad.
Las «Cúpulas» deberían hacérselo mirar y los partidos democráticos pensar en que hay figuras legales como el retraimiento parlamentario. Para momentos graves soluciones drásticas.
Hay algo que nos debería preocupar especialmente. Son muchos los que se preguntan
-¿Es que el Rey no puede hacer nada?
La contestación es sencila.
-Nada que no contemple la Constitución que emplea los términos arbitrar y moderar.
Artículo 56. 1.- El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes.
No es retórica, pero sí que ofrece un mar de dudas.
Lo cierto es que el juego político exige a los partidos jugarlo y al Poder Judicial mantener vivas y palpitantes las reglas legales para el juego y para el no juego, para evitar delinquir aprovechándose del juego político abusivo.
El Rey está donde debe y hace lo oportuno que es mantener la unidad de España y las formas éticas, incluso estéticas, de la monarquía que en definitiva son las de España. Por encima de partidos o bandas.
Lo que nos debe preocupar no es lo que hace el Rey, hasta ahora impecable, sino lo que otros hacen con el Rey y el futuro de la forma de Estado que figura en la Constitución.
«La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria» (Constitución. Título Preliminar. Art. 1).
Ya han aparecido los primeros síntomas con el trato dado a la figura del Rey Don Juan Carlos, bastante más limpia y ejemplar que la que muchos gobernates ofrecen.
Porque entre estos gobernantes aparecen uno o dos que pretenden perpetuarse como dinastía al amparo y tutela de sus órganos penetrados.
La forma de estado en un futuro deberá ser progresista, sanchavista y sostenible. Es decir: con futuro.
Están en ello. Antes «Hay que minimizar las críticas al Gobierno«.
Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)
Blog: generaldavila.com
3 junio 2026
Ya hace tiempo que vengo diciendo que estamos en una dictadura. ¿Cómo hemos llegado a ello? Muy sencillamente, porque no hay políticos que sientan la necesidad de sacarnos donde nos han metido, no tienen carisma, no tienen las palabras adecuadas para que se adhieran las personas y hacer una gran manifestación y parada de todos los estamentos. Como ya dije otra vez, o cogen el mando los militares o nos vamos por el sumidero del inodoro, y cuando más se tarde, menos se podrá recoger. Muchas gracias Mi General y saludos para todos.
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Mal asunto como lo cuenta y lo describe…, mal asunto. Esto viene de aquella fórmula extraordinariamente estúpida de «los padres constitutivos» que pusieron la confusión como fórmula para «La Constitución». En fín es la Historia de nuestra España desde la vuelta de Fernando VII: «Viva las cadenas…». Así nos va yendo desde el siglo XIX.
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Se les está dejando «hacer a sus anchas’ y poco a poco y con mucho cinismo nos están comiendo terreno a la Democracia, hay Organismos y estamentos que pueden hacer algo más que dejarse «pisar el rabo» lo que pasa que hay mucho miedo y no se fian de organizarse para plantarles cara y empezar a cambiar de rumbo antes de que sea tarde.
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A las órdenes de V. E., mi General.
Lo peor de España desde hace ya demasiado tiempo y en la actualidad, es que, aunque suene triste y desolador, no existe una alternativa, un relevo fuerte y bien preparado, para sustituir a personajes tan tahúres y siniestros como los que diceb gobernarnos y nos han llevado al precipicio con su amoralidad, corrupción y determinación de permanecer aferrados al poder hasta terminar con la desintegración de la nación. Y es difícil saber si es para repartirse sus despojos, o por puro instinto cainita y fratricida.
Y no existe un relevo porque está más que constatado que el sistema de partidos polítiticos para la alternancia no funciona ni cabe en el carácter anárquico y totalitario de nuestro ADN. Los llamados representantes juegan, muy mal, por cierto, a la dialéctica, y se les llena la boca con la expresión democracia, sin saber en qué consiste el término ni para respetarla ellos a nivel interno en su tribu, o partida, más que partido. El espectáculo en sesión contínua que nos ofrecen, en el que lo que más resalta es el intercambio no de ideas y proyectos, sino de insultos y cruce de acusaciones, es bochornoso y nos tiene en ridículo ante el mundo. El ejecutivo, que lo único que ejecuta son atentados contra la propia nación, su unidad y prestigio, si en algo destaca, es en ponernos mal y exponernos a terribles consecuencias, con otros países, con un encono absurdo y trasnochado de hace más de cincuenta años, exhibiendo ideologías obsoletas que no existen ni en los lugares en que fueron inventadas.
Y luego está el hecho más triste y vergonzante, que tantísimo daño ha hecho y está haciendo a la única institución a la que podemos aferrarnos como referencia de nuestra condición e identidad de españoles, la Monarquía y la persona que la encarna, Su Majestad el Rey. Resulta demencial e inexplicable, que hasta este entorno haya sido contaminado, si no colonizado del todo, por el lenguaje barriobajero e irreverente al dirigirse o referirse a personas relevantes o jefes de estado de países de nuestro mismo entorno cultural, con los que tantísimos años llevábamos en buenas relaciones.
Para morirse de vergüenza. Y de pena, por las consecuencias que esta conducta perversa e irresponsable va a acarrearnos a corto y largo plazo, que nos sitúa como auténticos parias en el vertedero de toda la basura de la historia.
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