LOS GENERALES Y LAS GENERALES DE LA LEY. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

El término General tiene orígen español y supone la mayor responsabilidad que se adquiere en los ejércitos, Armada o Guardia Civil al tener bajo tu mando la decisión en las operaciones lo que significa llevar a tus hombres a la vitoria o a la derrota, y manejar sus vidas entre el honor del valor y la victoria o la irresponsabilidad de la derrota.

Les recomiendo leer el libro del general Bermúdez de Castro Arte del buen mandar español (Ares 1944). Extraigo de sus palabras conceptos muy actuales para acertar en algo tan difícil y español como es mandar, mucho más nuestro y definidor que lo que ahora es moda al uso con ese anglicismo ya aceptado y que nos confunde: liderar.

Prestigio, nos dice el general Bermúdez de Castro es algo indisoluble con el mando, inseparables, y si el prestigio se ha perdido o no existe, el mando debe ser cesado instantáneamente. Prestigio y mando constituyen el honor que debe presidir al que manda y que cuando lo pierde no vuelve nunca a recuperar.

Se educa, se aprende, se enseña de generación en generación y se forja bajo la disciplina y el sacrificio. No todo el mundo está capacitado para las estrellas.

La Colunela o Coronelía, funcionó en Italia dividida en Compañías mandadas por Capitanes. Entre ellos estaba Gonzalo Fernández de Córdoba que fue Capitán de los Capitanes y para distinguirlo de ellos le llamaron «General» porque los abarcaba a todos.

Capitán de capitanes. Todos en él. Eso es exigente y no dado a todos.

Son incompatibles el mando y la falta de buen concepto.

«La imperativa necesidad de apartar del mando a quien no se hace digno de él se halla fundada, desde los tiempos primitivos, en otra necesidad: la de que la obediencia lleve consigo fe y confianza en el acierto del que manda».

No es solo o exclusivo reconocimiento de los que nombraron el mando, sino de los subordinados a él, es decir de «pública notoriedad» como decían nuestras Reales Ordenanzas.

El Diccionario de la Real Academia tiene varias acepciones para el término «General«: 1. Común a todos los individuos que constituyen un todo, o a muchos objetos, aunque sean de naturaleza diferente. 2. Común, frecuente, usual. 3. Que posee vasta instrucción.

No olvida el Diccionario la de «Oficial general del Ejército con la graduación de capitán general, teniente general, general de división o general de brigada, y los correspondientes en la Armada en los cuerpos distintos del cuerpo general».

Pues me quedo con eso: lo más común. Porque ese es su orígen. Lo más honroso, más noble y más español. Difícil se hace, a lo que vemos, alcanzar las estrellas y permanecer sin pedir ni rehusar.

Es muy grave traicionar la figura gigantesca de nuestros genios militares exentos de ambiciones personales y que consagraban su vida a servir a su patria siendo prototipo de hidalguía, honradez, bondad, finura, arrogancia, elegancia y pundonor.

Nunca existió la reserva ni el retiro; los generales permanecían en activo hasta su fallecimiento. Cobraban mal y nunca; sin puertas giratorias.

El general Castaños fue a cumplimentar al Rey Fernando VII con pantalón de dril, chupa blanca y sin abrigo. Era un día de mucho frío del mes de marzo y el Rey le preguntó cómo iba vestido de verano con aquellas temperaturas a lo que el Duque de Bailén le respondió: «Señor, la última paga que cobré es la de junio; así es yo estoy viviendo de verano».

Pues estoy dando muchas vueltas al término para no llegar a ninguna conclusión cuando lo que me proponía era resaltar ciertas responsabilidades que se asumen junto al empleo que se alcanza. El de «General» es tan bello como exigente porque asumes la Cúpula de las Fuerzas Armadas entre otras cosas.

Hay generales, almirantes, directores generales, secretarios generales, fiscales generales, comisarios generales, cónsules generales, vicarios generales, interventores generales, procuradores generales, y vaya usted a saber porque ya todo resulta generalizado.

Lo que preocupa es que el «General«, el que sea, no sea nombrado por el interés general y él mismo no responda a ello. Es decir, recaiga irresponsabilidad en el cumplimiento tanto en el nombrante como en el nombrado y ambos actúen bajo el interés propio y no el de la sociedad a la que sirven. Y; además sea de pública notoriedad. Un enjuague que viene a ser un acuerdo oculto para conseguir lo que no se espera lograr por los medios regulares.

Al final de todo esto llegamos no a los generales, sino a «las generales de la ley» que viene a ser algo así como usted quién es. Cual es su edad, estado, profesión u oficio, domicilio, amistad o parentesco con las partes, interes en el asunto, etc.  Está todo tan enredado, también entre generales, que llega el momento de descubrirse y empezar por lo más elemental. Amistades o parentescos, intereses y cosas así, porque de todo y de todos se duda. Del nombrante y del nombrado.

Tengo en mi memoria aquella frase estremecedora: «Trabajamos para minimizar el clima contrario al Gobierno«. Estaba dicho.

La recuerdo cada día. Como a ELISA (Extracción y Localización de Indicadores de Seguridad de Amenazas) que surgió entre las penumbras de las cavernas y hoy por ti mañana por mi. Para hablar se es libre, pero con condiciones Elisinas que son un rito.

¿Será posible que esto sea generalidad entre generales? Digo de todo tipo, unos más que otros. Porque minimizar el clima contrario al Gobierno salío de un general y hay un ambiente generalizado de persecuciones, perseguidos y perseguidores que se juntan, pero no revueltos, que está llegando a la sociedad y esto sería el final de la confianza en las instituciones. Las que no debería someterse a otro que no sea la Ley.

No fiarse ni del compañero de pareja. Es un lema conveniente; eso parece.

Saben, es historia, que Franco y Don Juan se reunieron en la finca de “Las Cabezas” del marqués de Comillas.

En la conversación Don Juan propuso al Caudillo que cada uno de ellos nombrara  un par de personas de entera lealtad y confianza que estuvieran en permanente contacto para concertar y coordinar la correspondencia y conversaciones a desarrollar entre ambos.

Franco dubitativo contestó a Don Juan:

-Dos personas de toda confianza… ¿Vuestra Alteza las tiene?

-Podría ofrecerle, mi general, cien nombres para que usted escogiera dos.

Franco volvió al silencio y mirando al infinito, como pensando, pasado un rato, contestó:

-Pues yo no podría.

Parece increíble. ¡Solo dos personas de confianza!, y ¡no las tenía!

No es malo el acto de desconfianza que suele estar más próximo a la prudencia que al temor. Aunque algo tienen en común.

Hoy no recomendaría depositar nuestra confianza en nadie; como repito muchas veces, ni en el compañero de pareja.

Paso de buey, vista de halcón, diente de lobo y hacerse el bobo.

«¡Oh generales, más numerosos que valientes!»

Esta famosa cita pertenece a la comedia Los acarnienses (425 a. C.) de Aristófanes, donde el protagonista, Diceópolis, expresa su frustración ante la ineficiencia de los líderes militares atenienses durante la Guerra del Peloponeso.

General. Pues olvidaba que hay un mal (estar) que es general.

Hay un verdadero dilema en la Cúpula. Que acabará con los numerosos para que reluzcan de nuevo los valientes.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 junio 2026

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