«Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa». Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador» (Lc 19,1-10).
Me contaba un buen amigo que estaba en la misma postura que Zaqueo, subido al sicómoro de moda hoy en día que es ese arbol inteligente desde el que, más que ver, te muestran lo que debes asumir.
Una postura distante de los acontecimientos, indiferente, que interpreto como bastante generalizada ante el asombroso mundo que se nos echa encima. No hay en quién confiar, mucho ruido y poca verdad en la palabra. La visita del Papa era vista por muchos de reojo, mi amigo entre ellos, pero como todo lo que encierra misterio se ve sin querer verlo y te llega inevitablemente.
Verlo todo sin mirar nada.
Una visita (lo llamaría encuentro, incluso reencuentro) que ha sorprendido a muchos, a propios y extraños. Hay verdadera necesidad de una palabra buena, confortante, desinterasada o aquella interesada en descubrirte un gran tesoro.
Lo de mi amigo parece una homilía, porque no calla, convierte el almuerzo en la visita papal y de San Lucas y Zaqueo pasa a Marcos (2:15-17) y los pecadores. Me asegura que no ha elegido los textos, que no los llevaba preparados. Se los sabe de memoria.
«Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él (Leví), muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido. Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Compruebo que aquella inicial mirada de reojo al Papa ha pasado a ser directa, de frente, los oídos oyen, los ojos ven, el Papa habla y consigue penetrar los muros, el idioma es común para todos, los que creen y los que no. La palabra está hecha para entenderse y va más allá del sistema de signos que articula y da forma a un idioma. Es una forma de vida.
Fides ex auditu. «Así que la fe es por el oír y el oír, por la palabra de Dios».
Termina mi amigo con Pascal (L170/B268): «Hay que saber dudar donde hay que hacerlo, asegurar donde hay que hacerlo, someterse donde hay que hacerlo. Quien no lo hace así, no entiende la fuerza de la razón…». Allá donde dice «que la guía de Dios, que dispone todas las cosas con suavidad, consiste en poner la religión en el espíritu por las razones y en el corazón por la gracia…».
No hay manera de que mi querido amigo abrevie su «homilía». Sometidos a la belleza de la palabra que el Papa nos regala. Lo bello y el bien son lo mismo, necesitamos que nos hablen de moralidad y encontremos a Dios en esta sociedad del rechazo».
Entre los muchos textos biblícos llama la atención el elegido por el Papa en el encuentro en el estadio Santiago Bernabéu.
Comentamos su relación con Zaqueo y Leví. Recomienda el Papa leer el Libro de Jonás. No es casualidad. Es un moderno, actual mensaje del Papa continuidad del Papa Francisco. En Sus misas matutinas el Papa Francisco el lunes 14 de octubre de 2013 decía: «Hay una grave enfermedad que amenaza hoy a los cristianos: el «síndrome de Jonás», aquello que hace sentirse perfectos y limpios como recién salidos de la tintorería, al contrario de aquellos a quienes juzgamos pecadores y por lo tanto condenados a arreglárselas solos, sin nuestra ayuda. Jesús en cambio recuerda que para salvarnos es necesario seguir el «signo de Jonás», o sea, la misericordia del Señor».
«Si ellos son pecadores, que se las arreglen; ¡yo no tengo que ver! Este es el síndrome de Jonás».
Jonás continúa insistiendo: «¡Ellos quieren justicia! Yo observo todos los mandamientos; ellos que se las arreglen».
No es momento de mezclar política con fe, enfrentamiento, aunque sabemos lo mal que lo estamos pasando ante el bochornoso espectáculo que vivimos en España. El Papa es de todos y ha venido a traer consuelo para todos.
Mi amigo y yo también hablamos de lo de siempre. La España aquella que dicen dejó de ser Católica. Del enfrentamiento que nunca parece finalizar. De los intentos previos de manipular este encuentro histórico de España con Su Santidad.
Todos somos pecadores y todos españoles. No hay posibilidad de manipular las cosas de Dios, una fe tan española que no se entiende su historia si no es desde la creencia y la proximidad al Papa.
No nos alejemos de nadie, el ejemplo y la constancia, la fe en esta España de fe es también nuestra esperanza.
Zaqueo, Leví y Jonás son figuras que han servido para dejar de mirar de reojo porque al llegar el Papa ha resonado, por todos y cada uno de los rincones de los corazones españoles, aquella frase de Jesús:
«Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa».
Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)
Blog: generaldavila.com
10 junio 2026