Como no podía ser de otra manera lo primero es felicitar a todos las Fuerzas Armadas por la Pascua Militar en un año de especial significado ya que ha sido un año de guerra (s). En plural. Con un horizonte nada halagüeño.
Convendría recordar por si alguien lo ha olvidado que las Fuerzas Armadas están y se preparan para eso (deberían): la guerra. Todas las demás misiones que la política (los dirigentes políticos) le asignan, varía entre un mal uso de los recursos a un error de concepto especialmente grave en estas circunstancias bélicas. Dos escenarios de guerra nos afectan de manera muy directa.
La ministra de Defensa se ha referido de una manera concreta a uno de ellos: la guerra de Ucrania. Se ha mostrado rotunda, como debe ser, con nuestro incondicional apoyo a esa Nación invadida por Rusia: «Por eso, desde el inicio de la ilegítima agresión rusa a Ucrania —va a hacer ahora dos años— hemos apoyado y seguiremos apoyando a Ucrania en su derecho a la legítima defensa y en su lucha por la independencia y soberanía, frente a la injusta y cruel invasión realizada por Putin».
De la guerra provocada por el ataque terrorista de Hamás a Israel ni mención. No ha nombrado a la nación de Israel, no ha mostrado nuestra solidaridad ni ha recordado a las víctimas. Eso sí; ha encajado en su discurso las palabras del desorientado presidente del Gobierno y sin querer queriendo ha vuelto a la ofensa: «Del mismo modo, condenamos y condenaremos las violaciones de derecho internacional humanitario en Gaza y pedimos con toda contundencia, un inmediato alto el fuego permanente». Palabras vacuas en una Pascua Militar, malintencionadas, y que sitúan a España en ese lugar que los políticos han elegido. Mejor unas Fuerzas Desarmadas y armas solo para situar intereses en las mejores fábricas de armamento y tecnología.
Hay que aplaudir a la ministra por ese 26% de aumento del presupuesto, obligado, y cuya finalidad no es contribuir a la Defensa sino a la industria de Defensa; que no es lo mismo.
En estos días desarrollaré la situación de guerra por la que atraviesa el mundo y la postura irresponsable de quienes teniendo que hacer frente a ese riesgo no lo hacen.
Sinceramente poco más tengo que comentar de esta Pascua Militar que no ha estado bajo mi punto de vista a la altura de los acontecimientos propios de la situación de inestabilidad dentro y fuera de España. Ni en las formas -cada vez más descuidadas- ni en los fondos.
He seguido su desarrollo y me ha quedado la duda de si somos una Fuerza Militar, Política o una ONG armada. El tiempo nos lo dirá, pero lo que ahora vemos tiene un diseño apropiado a los intereses de grupo y no de España.
El Rey, en un momento de su discurso, ha hecho referencia al año 2023, que creemos ha sido un año decisivo para nuestro futuro como Nación. Sus palabras han sido: «El año 2023 se ha revelado como un período muy exigente, en el que, junto al desarrollo de las misiones permanentes con las que veláis por la soberanía e independencia de España, habéis continuado realizando una larga lista de cometidos dentro de los objetivos estratégicos establecidos en las misiones internacionales».
Un olvido (o no): el Rey se ha referido, al hablar de las misiones permanentes de las FAS, que le asigna la Constitución, y entre ellas ha citado garantizar la soberanía e independencia de España, pero es conveniente recordar que también tiene asignada la de defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
Es difícil adivinar el futuro. La Pascua Militar hace recuento del año anterior.
Parece ser que este día 6 de enero no lo era del oráculo y por tanto la pitia se había excusado. Como el día que Alejandro Magno le pidió predecir su porvenir. Alejandro la agarró y le obligó a hacer su predicción. La respuesta de la pitia le sirvió a Alejandro sin necesidad de ir al templo: «Contigo no hay quién pueda».
El agua parlante ha callado. Ya no es necesario. En España ocurrirá lo que ellos quieran.
Nota: Es inexplicable y muy extraño que no se haya permitido asistir al acto a los medios de comunicación. Solo se ha autorizado en Madrid. En el resto de las sedes militares donde se ha celebrado han prohibido su presencia. Da pie a muchos interrogantes. Desde luego no es una explicación decir que era por centrar la imagen exclusivamente en la Capital de España. Lo malo es que a nadie (ni a los comunicadores) le ha llamado la atención y no ha sido noticia, como si esto respondiese a la habitual <<normalidad institucional>>.
Así no hay quien pueda. Permanezcan sentados: esa parece ser la nueva postura militar.
¡Firmes, pero sentados!
Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)
8 de enero 2022
Blog:generaldavila.com