GUERRA CIVIL: 90 AÑOS DE LA JEFATURA DEL ESTADO 1 DE OCTUBRE 1936. COMIENZA LA GUERRA. Del libro «La guerra civil en el norte» del General Dávila

 

FRANCO  JEFE DEL ESTADO

General Franco con el General Dávila

Burgos 1 de octubre de 1936. Era sábado; lucía el sol y la temperatura era agradable. La ciudad estaba engalanada esperando la llegada del general Franco al Palacio de la Capitanía General sede de la Junta de Defensa y lugar donde se iba a entregar el mando de la nación al Generalísimo. Eran las diez y media y todos los miembros de la Junta, con el general Cabanellas al frente, y el jefe de la División, general Benito, esperaban en la escalinata del palacio. Un poco antes de las once en automóvil llegaba el general Franco acompañado del general Mola mientras la Banda de música entonaba Glorias de España. En otro coche venía el general Saliquet.
Franco se funde en un abrazo con Cabanellas, presidente de la Junta de Defensa Nacional mientras se oyen los vivas a España. Franco y Mola saludan al resto de los generales. Revista a las tropas, acompañado por los miembros de la Junta de Defensa Nacional y, a continuación, pasa a ocupar su puesto en la escalinata de Palacio. Desfilan las fuerzas y el público aclama. Terminado el desfile entran todos en palacio y los gritos de la gente hacen que tenga que salir al balcón principal.
Franco habla:
«…Los militares tenemos una palabra. Los militares cumplimos nuestra palabra y lo mismo que a cuatrocientos y pico de kilómetros de distancia les dijimos a los defensores del Alcázar “iremos por vosotros y os salvaremos” y así cumplimos la palabra, lo mismo os decimos a vosotros: en ningún hogar español dejará de encenderse la lumbre, ningún obrero carecerá de pan porque los que tienen más deberán desprenderse de algo a favor de los que tienen menos y esa justicia social que solo se hace con cariño, con amor y con la colaboración más estrecha, nosotros la haremos porque tendremos mano suficientemente dura para imponerlo».
En el Salón del Trono, ante las autoridades, en el lugar de honor Franco, frente a él el Presidente y los vocales de la Junta de Defensa Nacional de España, en pleno. A los laterales, Jefes, Autoridades, Diplomáticos y personalidades.
Audiencia al Ayuntamiento en pleno presidido por su Alcalde, don Luis García Lozano. Palabras de felicitación en nombre de la ciudad.
A continuación pasa Franco y la Junta de Defensa al Salón del Trono donde se lleva a cabo la ceremonia de transmisión de poderes.
El presidente, general Cabanellas, pronuncia un breve discurso dirigido al Generalísimo: «Con profunda emoción, por la solemnidad de este momento, en nombre de esta Junta que represento, os entrego los poderes de que ella estaba investida. Pasados los días críticos, los días difíciles, ya la victoria está asentada entre nosotros. Estos altos poderes encarnan en V.E., soldado de nacimiento, soldado de cepa, que ha llegado a este empleo paso a paso, vinculándose en vos todas las virtudes de la raza. Os felicito y os doy la enhorabuena, y este Movimiento que empezó al grito de ¡Viva España!, continuará en la misma forma.
¡Viva España! ¡Viva el jefe del Gobierno español!».
«Podéis estar orgullosos de vuestra obra…», dice Franco a los generales.
Se acabaron las contemplaciones. Las tropas están desplegadas a las puertas de Madrid. El Gobierno de la República no se atiene a razones y España ya cuenta con Jefe de Estado, Gobierno, un Ejército unido y un Jefe único para el mismo. Es lo necesario para firmar un acuerdo o empezar una guerra. No hay acuerdo. Habrá guerra.
Artículo 1º.- En cumplimiento del acuerdo adoptado por la Junta de Defensa Nacional, se nombra Jefe del Gobierno del Estado español al Excelentísimo Señor General de División Don Francisco Franco Bahamonde, quien asumirá todos los poderes del nuevo Estado.
Artículo 2º.- Se le nombra, asimismo, Generalísimo de las Fuerzas Nacionales de Tierra, Mar y Aire, y se le confiere el cargo de General jefe de los Ejércitos de operaciones.
Todo el poder para el general Franco. Jefe del Gobierno, Generalísimo, Jefe de los Ejércitos de operaciones. ¿Qué significa todo eso? Queda expresado en el Decreto de la Junta, con rotundidad: Todos los poderes del nuevo Estado.
No hay discusión, Franco es el Jefe del Estado, lo es todo. Se dirige a los miembros de la Junta y a la nueva España:
«Mi general, señores generales y jefes que componéis la Junta:
Podéis estar orgullosos de vuestra obra. Me entregáis en estos momentos una España. Recibisteis nada más que pedazos de España. […] Me tengo que encargar de todos los poderes. […] Yo, en estos momentos y para esta obra, os tengo a todos, y tengo a esta Junta que seguirá a mi lado para llegar a una España noble, unida, con idéntica bandera, con iguales sentimientos, con nobleza, que es tanto como decir una España española.
¡Arriba España!».
Abraza a los generales que le han entregado el poder.
Recepción a las autoridades y representaciones burgalesas y miembros destacados de las milicias
Posterior reunión en el salón de Consejos con los miembros de la Junta de Defensa Nacional. Allí mismo almorzó.
«Pedazos de España». «Tengo a esta Junta…», había dicho Franco. Pronto desaparecerá la Junta. Franco manda, él no quiere injerencias. Asumirá él solo todo el mando y la responsabilidad del mismo. La Junta de Defensa ha desaparecido.
El domingo día 2 de Octubre oye misa en la Catedral acompañado por el general Dávila.
Hace radicar su Estado Mayor en Salamanca para dirigir las operaciones que sobre Madrid se estaban desarrollando.
En Burgos ocupará el primer piso del Palacio de la Diputación Provincial. Las oficinas, despachos, los salones de sesiones y de actos convertidos en habitaciones que serán utilizadas por Franco y sus ayudantes. En las particulares del general están colgados los valiosos tapices de la Iglesia de San Esteban.
El despacho del presidente de la Diputación pasa a ser el de Franco. Llama la atención de alguno que los Consejos de la Junta se desarrollan en el denominado Salón Rojo. A nadie se le ocurre cambiarle el nombre, pero la broma no pasa desapercibida. Las oficinas de la que será la Junta Técnica funcionarán en la histórica Casa del Cordón cedida por la Caja Municipal de Ahorros que era su propietaria.
Aquella noche el Jefe del Estado pronunciaba un discurso por los micrófonos de Radio Castilla en el que hacía un esbozo de la organización del nuevo Estado. Son importantes sus palabras porque describen la idea que en su cabeza tiene para la nueva España:
«España se organiza dentro de un amplio concepto totalitario, a través de aquellas instituciones naturales que aseguren su nacionalidad, unidad y continuidad. La implantación del más severo principio de autoridad que implica este Movimiento, no tiene exclusivo carácter militar, sino que es instauración de un régimen jerárquico en cuyo armonioso funcionamiento han de desenvolverse todas las capacidades y energías de la Patria.
La personalidad de las regiones españolas será respetada en sus peculiaridades respondiendo a la vieja tradición nacional en sus momentos de máximo esplendor, pero sin que ello suponga, merma o menoscabo de la más absoluta unidad nacional. El Municipio español, de abolengo histórico, se revestirá de todo el vigor que precisa para el cumplimiento de su misión celular como entidad pública. Fracasado el sufragio inorgánico que se malversó primero, por acción de los caciques nacionales y locales, y más tarde por la opresión tiránica del sindicato puesto al servicio de intereses políticos, la voluntad nacional se manifestará oportunamente a través de aquello órganos técnicos y corporaciones que enraizadas en la entraña misma del país representen de manera auténtica sus ideales y necesidades. Cuanto mayor sea la fuerza del nuevo Estado español y más normal su desenvolvimiento, más se avanzará en la descentralización de aquellas funciones que no lo sean específicas, y las regiones, municipios, asociaciones e individuos gozarán de más amplias libertades dentro del supremo interés del Estado.
En su aspecto social, el trabajo tendrá unas garantías absolutas evitando su servidumbre al capitalismo o que, organizado como clase apartada, adopte los tintes combativos y amargos que implicando una rebeldía ineficaz le inhabiliten para colaboraciones conscientes. Se implantará la seguridad del jornal y en tanto no se dicte la fórmula que junto al salario vital o remunerador haga partícipe al obrero de los provechos o utilidades y beneficiario de los aumentos de producción, serán respetadas todas las conquistas que impliquen un mejoramiento adecuado a las necesidades de la economía española. Al lado de estos derechos, que se reconocen al obrero, estarán sus deberes y obligaciones, especialmente, en cuanto afectan al rendimiento de su trabajo y a su leal colaboración con los demás elementos creadores de riqueza. Todos los españoles estarán obligados a trabajar, según sus capacidades. El Nuevo Estado no puede admitir ciudadanos parásitos.
El Estado, sin ser confesional, concordará con la Iglesia Católica sus respectivas facultades respetando así nuestra tradición y el sentimiento religioso de la inmensa mayoría del pueblo español, sin que ello suponga la intromisión de ninguna otra potestad en las funciones específicas del Estado.
En su aspecto tributario. El Estado organizará la justa y progresiva distribución de las contribuciones e impuestos, evitando el aniquilamiento de la riqueza creada, y logrará el reparto de las cargas sobre quienes deban soportarlas.
En el aspecto agrario, la creación del patrimonio familiar serán realizadas por la educación del cultivador de la tierra, sin incorporaciones de siervos, ni por medio de ficticias manifestaciones que solo viven en el plano de la hipótesis, sino merced a la ayuda directa y constante que a la par que independiza al campesino, produce un bienestar general. Tal solución será una preocupación permanente de nuestra labor. Se devolverá al agro, para mejorar la vida campesina, parte de lo que hoy absorbe la ciudad en pago a sus servicios burocráticos y comerciales.
En el orden internacional viviremos en armonía con todos los demás pueblos constituyendo nuestra preferencia la comunidad de raza, lengua e ideario, pero sin que por eso se desdeñe o releguen aquellas relaciones tradicionales dentro de una leal correspondencia, que ni son incompatibles ni pueden ser antitéticas con nuestro amplio horizonte siempre abierto a todos los mundos. Exceptuamos de manera rotunda los contactos soviéticos de tan perjudiciales efectos para la causa de la humanidad y de la civilización».
Todo un programa de intenciones que fue muy meditado antes de exponerlo. Estuvo aquella noche Franco con el general Dávila en el despacho del Presidente de la Diputación Provincial de Burgos hasta muy tarde. Nombramientos, mandos, organización del nuevo Estado, todo lo que por ley se iba a publicar en el Boletín Oficial del Estado del día 2.
Franco había proyectado un Gobierno de Consejeros, pero el general Dávila lo convenció en el sentido de que fuese de técnicos, con predominio del personal civil, y de la deliberación surgió el Gobierno de la Nación, titulándolo Junta Técnica del Estado, presidido por el General Dávila con Comisiones, como pequeños ministerios, buscando que el personal burocrático quedase reducido al mínimo, compuestas por un presidente y de vocales técnicos administrativos. Un Gobernador General para facetas integradoras y un ministerio de Interior o de la Gobernación; una Secretaría de Relaciones Exteriores de directa dependencia del Jefe del Estado y para asuntos diplomáticos; y la Secretaría del Jefe del Estado. Dos días más tarde se creó la Secretaría de Guerra para asuntos burocráticos concernientes al personal militar.
La Junta Técnica del Estado quedó instalada en Burgos, en el Palacio de los Condestables de Castilla, conocido como Casa del Cordón.
Se da nueva organización a las fuerzas del Ejército Nacional:
– Norte: Al mando del General de Brigada, en plaza de superior categoría, don Emilio Mola Vidal y constituido por las Divisiones quinta (sede en Zaragoza)), sexta (Burgos), séptima (Valladolid) y octava (La Coruña), más la División de Soria y las fuerzas de Marruecos que se encontraban en ese momento en el territorio asignado a ese Ejército.
-Sur, al mando del Divisionario don Gonzalo Queipo de Llano, constituido por las fuerzas que hasta entonces constituían ese Ejército, más las fuerzas expedicionarias de Marruecos y las tropas de la provincia de Badajoz.
La nueva División con cabecera en Soria quedaba al mando del general de Brigada D. José Moscardó e Ituarte, constituida por las fuerzas que en ese momento guarnecían los frentes de Somosierra y Almazán.
Al general Dávila además de presidir la Junta Técnica se le nombraba Jefe de Estado Mayor General.
Al general Orgaz Alto Comisario de España en Marruecos y Jefe Superior de las Fuerzas de África.
La Flota Nacional quedaba al mando del Capitán de navío D. Francisco Moreno Fernández y el Ejército del Aire al mando del general de Brigada D. Alfredo Kindelán Duani.
Comenzaba la guerra. Las bases administrativas, el primer paso estaba dado.

Del libro: «La guerra civil en el norte» por general Dávila.

Blog: generaldavila.com

1 octubre 2026