-¿Por qué no vive en España el Rey Juan Carlos I?
-Pues no lo sé. ¿Usted? ¿Lo sabe alguien?
Todos hablan. Nadie responde. Cada pregunta abre nuevos interrogantes.
-¿Alguien le ha preguntado a Don Felipe, Rey de España, el porqué? Son inseparables y sus historias están íntimamente vinculadas. Por la Corona de España. Es fiel reflejo en cada momento de la historia, de las virtudes y defectos del pueblo al que corona.
Sócrates es condenado a muerte. Fiestas y vientos retrasaron el veredicto. Solo los amigos le visitaban. Alguno había sido un traidor, pero las largas sombras todo lo ocupan.
España es un secreto inasequible. Archivado.
Meleto, un inútil, la máscara de otros, en su nombre escribía poesía erótica al no saber hacer ni eso.
Perseguir a un rival excita la imaginación individual y hacerlo desde la cima del mando logra excitar el rumor de la colmena. Lo decía, pero al revés, Ramón y Cajal. Entonces se pensaba. Ahora hacen falta otros estímulos.
«El hombre es un ser social cuya inteligencia exige para excitarse el rumor de la colmena».
Acusaban a Sócrates: “Yo sé de personas a las que has persuadido para que te hicieran más caso a ti que a sus padres”.
Hay quien confía demasiado en voces que no se distinguen entre esa mezcla de amigos y enemigos. Sócrates, rodeado de todos, unos le conducían a no regresar, otros tendían propuestas para una fácil fuga, segura y honrada.
Aquello vale para hoy: “Estando convencidísimo de que no he hecho daño a nadie, ¿cómo he de hacérmelo a mí mismo, confesando que merezco ser castigado, e imponiéndome a mí mismo una pena?”.
Lo de Sócrates fue sentido como un escándalo democrático. La paradoja democrática tan parecida a la actual.
Don Juan Carlos se ha pronunciado sin súplicas, una vida al servicio de España, que es de lo que se trata dejando abierto el papel en blanco para que aquellos que se atrevan tiren la primera piedra. No lo harán porque sería emborronar sus biografías.
El Rey corrió riesgos evidentes cuando había que mandar; lo hizo con energía e incertidumbre, porque los llamados demócratas esperaban escondidos entre las cortinas. En las que siguen envueltos; también bajo las alfombras.
Brilló su cetro en Hispanoamérica y Europa era nuestra, mantuvo la unidad junto a la espiritualidad, comunes en la historia de España.
Preguntaba a todos, escuchaba, meditaba y decidía. Respetaba creencias, estilos de vida y nunca pretendió imponer su voluntad. Señalaba, indicaba, moderaba y callaba después de la decisión tomada. Nunca imponía.
Abandonó España, pero no era el Rey Juan Carlos el que lo hacía: era España. Exiliaban a España: la Transición.
-¿Por qué echaron al Rey de España?
-Porque el Rey amortiguaba el inevitable choque, el constitucional y el que quedaba atrás. Porque el Rey era un eslabón necesario para dar continuidad a la paz y prosperidad. Porque el Rey asumía ser el símbolo de la unidad y permanencia de España, arbitraba y moderaba el funcionamiento de las instituciones, asumiendo la más alta representación internacional.
Aquello era demasiado para rufianes como Meleto. No soportaban el símbolo que es mucho más que el poder efímero. En el fondo es que nunca soportaron a España, ni su unidad ni su diversidad, ni su historia ni convivencia.
Todo debía pasar por sus manos, Meleto quiso dar voz acusadora a los protagonistas de la destrucción a tiempos, generacional.
No lo aguantaban, la Transición no podía asumirse, no era su España, querían derribarlo todo, juzgar, acusar y encarcelar la libertad. La Transición era un paréntesis inaceptable. Tuvo sus traidores. Esperaron su oportunidad mientras hubiese fiesta y los vientos no fuesen favorables. El tiempo suficiente para alentar a los independentistas y encamarse con los herederos del mensaje terrorista.
De aquellos polvos han surgido estos lodos. Rodeaban e incluso penetraban el Palacio, se infiltraban en el Poder hasta poderlo todo; especialmente se introdujeron en la información, amos de ella. En eso fueron y son unos maestros.
La amistad aparente fue traición rebosante. Incluso todavía se acercan al símbolo caído. Hasta el final. Quieren estar seguros.
El Rey Juan Carlos mantiene la dignidad de la obediencia y el respeto a la Transición encabezada por Su Corona, única esperanza de unidad que nos queda. Resistirá. Por amor a España y la Corona
Nada ni nadie puede romper el vínculo que nos hace caminar unidos hacia el futuro: España se constitucionalizó bajo el Rey Juan Carlos y fue el pueblo el que lo quiso.
-¿Acabaremos con el Rey y con la Ley?
-¿Debería volver? Nadie acusa, no hay sentencia. ¿O sí? ¿Quién es el juez?
Una vez ratificada la pena de muerte, el tono de Sócrates se agría, se hace más desdeñoso y altivo, semejante al carácter que habían reflejado los comediógrafos:
“Hubiera sido para vosotros una gran satisfacción haberme visto lamentar, suspirar, llorar, suplicar y cometer todas las demás bajezas que estáis viendo todos los días en los acusados. Pero en medio del peligro, no he creído que deba rebajarme a un hecho tan cobarde y tan vergonzoso… Quiero más morir después de haberme defendido como me he defendido, que vivir por haberme arrastrado ante vosotros”.
-¿Por qué no vive en España el Rey Juan Carlos I?
-Pues no lo sé. ¿Usted? ¿Lo sabe alguien?
Esta es una historia encadenada en la que si un eslabón se rompe o suprime acaba apretando al órgano para el que se hizo. Deja de fluir el oxígeno de los tiempos pasados y la apnea genera hipoxia.
Asistimos atónitos a la ruptura con el pasado y a una lenta agonía de lo que fue España renunciando al legado de su historia al que debemos respeto y admiración.
¿Por qué?
Yo lo tengo cada día más claro.
Meleto erótico calla, no tiene respuesta ante la colmena, o le da miedo su reacción.
Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)
Blog: generaldavila.com
30 enero 2026