HAN ECHADO AL REY DE ESPAÑA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

En este caso ha sido a Don Felipe. De Cataluña (Expaña). No dejarte ir es peor que echarte.

Es la primera vez que no asiste el Rey al acto de entrega de despachos de los nuevos jueces. Se le invitó, confirmó su asistencia y, después, dijo no. Moncloa, los del Palacio, dicen que la ausencia es por motivos de seguridad. ¡Mira por dónde! Pues ¡A mí la Legión!, que la ministra de Defensa dice ser de la familia legionaria.

La Zarzuela calla, luego otorga: seguridad. Si una nación no es capaz de <<asegurar la seguridad>> del Jefe del Estado, ¿cómo va a ser capaz de hacerlo con sus ciudadanos?

Dimitan los responsables y entréguense los culpables.

Están ocurriendo muchas cosas en España. Esta, hasta ahora, es la más grave sin ningún género de dudas. A poquitos; y con la última cucharada te tragas el sapo.

Ceuta y Melilla fueron también vetadas en los viajes del Rey por las Comunidades. El presidente del Gobierno fue el culpable.

Entre republicanos viscerales, pelotas indiferentes, e inútiles monárquicos, anda el juego. Pero lo peor es la mala gente. La que a juicio de Diego Saavedra Fajardo su actitud imita el curso de la culebra torciéndose a una parte y otra con tal incertidumbre, que aun su mismo cuerpo no sabe por dónde le ha de llevar la cabeza; señala el movimiento a una parte, y le hace a la contraria, sin que dejen huellas sus pasos ni se conozca la intención de su viaje.

La culebra ya ha mordido y el veneno está haciendo sus efectos. ¿Antídoto? Son ustedes, somos todos, los que vivimos en la placidez de dejarnos llevar por el dulce efecto adormecedor de la sustancia.

Si esto sirve de algo debería ser para que los españoles abran los ojos y se den cuenta de qué estamos en manos de carceleros: recortes a la libertad, comunismo y placet al blanqueo del terrorismo, pobreza que viene y expaña en fabricación. Indudablemente que ni la madre que la parió.

De nada servirá afanarse, nadie luchará en defensa de la identidad, porque lo peor de todo esto es que, parece, que los españoles estamos encantados con lo que tenemos y con lo que no vamos a tener: orden y trabajo.

Oposición: ¿Hay alguien más? Que oigan a Paloma San Basilio: Juntos. Cruzar en rojo lo semáforos.

El lejano 3 octubre de 2017 fue un día memorable, cuando el Rey dejó claro el futuro de España. Todos confiábamos en su mano firme, en la Ley y sus intérpretes. Por España, iba Todo por España. Es pasado.

Cada vez se amortiguan más las palabras, se pierden en horizontes de acontecimientos.

Llevo mucho tiempo sospechando que el enemigo está dentro. Muy dentro. Hasta en el ADN.

Al Rey Alfonso XIII le gritaban: <<No se ha marchao, que le hemos echao>>. Don Juan Carlos se ha ido. A Don Felipe le prohíben pisar Cataluña.

También Ceuta y Melilla.

Estado de Alarma. No termina ahí la cosa. La Constitución lo contempla, con paso firme y paso siguiente: Excepción y Sitio.

Excepcional y grave es que el Rey no pueda desplazarse por España y que su seguridad esté en peligro: ¿porque tenemos unos peligrosos políticos que la ponen en peligro?

El presidente del Gobierno es el culpable. Debe una explicación pública a los españoles. Es inadmisible. Es lo más parecido a una dictadura del tipo de las contempladas con admiración por algunos de los que con él gobiernan.

España condenada. Los condenados indultados.

«¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo… con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado?».

Guardar y hacer guardar (o alguien tendrá que hacértela guardar).

Cúmplase la Ley.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

24 septiembre 2020

 

DON JUAN CARLOS I REY DE ESPAÑA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

He servido a España, en su máxima proximidad, 13 años de mi vida militar junto al Rey Don Juan Carlos I. Desde el empleo de Comandante en la Guardia Real, teniente coronel Ayudante de Campo después;  y de coronel fui Jefe de su Guardia Real.

Por allí han pasado, y he visto pasar, la historia de España de estos últimos años. De todo. Lo divino y lo humano, lo mejor y lo peor, que de todo está hecha y gobernada España. Hombres. Intereses. He visto todo y a casi todos. Nadie, ninguno, puede tirar ni la primera ni la última piedra. ¡Si lo sabré yo!

No les voy a contar -que morirá conmigo-, la normalidad de una familia, la Real, que ¡cuántas hubiesen querido ser parecidas! De lo que cuentan, de lo que inventan, a la vida auténtica diaria y normal, nada de nada. A lo mediático, subvencionado, le gusta la caricatura. Para eso le pagan. Y muy bien. ¡Cuántas mentiras sin desmentir! Cuanto mentiroso diciendo que vale más por lo que calla… Nunca dicen que es lo que callan porque no existe.

No veía diferencias destacables entre aquella entrañable familia y la de cualquiera de los españoles de la época. No les hablo de memoria. Sino del día a día, del permanente contacto, de cierta intimidad,  y de viajar por todo el mundo en la más cercana proximidad.

Ahora resulta que muchos, tantos, de los que jamás en su vida han puesto un pie en la Zarzuela, saben más que nadie de lo que allí se cuece; y lo que dicen es ley. Por otro lado los que saben, conocen y lo han vivido, callan, como si con ellos no fuese la cosa. Así se escribe la historia. Muchos están encumbrados -y muy bien colocados- en todos los lugares y agujeros, desde lo más santo a lo más profano, todos (se) aprovecharon el tirón.

Somos muchos los que sufrimos la injusticia del trato que se está dando al Rey Don Juan Carlos y el desconocimiento del interior de su talante y forma de ser. El Rey Don Juan Carlos representa toda una historia de progreso de España, muy difícil, complicada, y que pocos hubiesen sido capaces de sacar adelante. Lo hizo y no se lo perdonan. Cuando logró una España grande, respetada, rica en proyectos y peso internacional, el único,-hay que repetirlo- el único que ha sabido manejar el problema de Cataluña y enderezarlo, un Rey de y para todos los españoles, vieron que Don Juan Carlos era el objetivo a batir. Por eso, por su amor a España, por su sentido de la unidad de España, por ser Rey de todos los españoles, pon aunar esfuerzos, por proclamar por el mundo quién es España, por recordar nuestras raíces americanas, que aquello es España, por hablar, sentir, y engrandecer España. No se lo han  perdonado.

España ha cambiado mucho y muy deprisa. Es muy fácil hablar difamando, sin el más mínimo conocimiento, ni argumento, y revolver las intimidades, aquellos que tanto tienen que esconder.

Ahora parece que entra el miedo y es el momento del silencio acusatorio, y tantos que han (hemos) estado a su lado callan. Yo no me callo.

No tengo el más mínimo interés en una parte u otra. Vivo exclusivamente de mi pensión… y con hipoteca. Mi mujer me dio seis hijos y no tuvimos tiempo para otra cosa. Es decir que no hay más cera que la que arde.

Y no digo que no me gustaría ser un Consejero de Enagás como Pepiño, que algún mérito uno ha hecho, o Consejero de Santa Bárbara. Aquí el que no corre vuela, pero todos callan en su ínsula agradecida.

No me voy a callar, ya que puedo y conozco. España navega a la deriva, pero ustedes los españoles son muy libres de arrojar por la borda al mejor timonel que hasta ahora hemos tenido y poner al pirata de turno en su lugar, y conducir por la mentira y la traición nuestro futuro.

Si España en estos últimos 45 años de su historia ha salido adelante, ha sabido incardinarse en el mundo, se ha convertido en una gran nación, ha sido gracias a la intuición y realeza de un Rey que otros quisieran para ellos: Don Juan Carlos I de España.

La Corona está en peligro, porque está en peligro España, su unidad y su peso internacional. Pretenden cobrarse la primera pieza, la monarquía. No van a poder con el Rey Don Juan Carlos, porque nada tienen probatorio (¡qué más quisieran!), y seguirán (perseguirán) con Don Felipe; tras sus huellas.

No está de más que algunos den la cara y defiendan lo que en estos momentos, quizá lo único sin más interés que el general, defiende a España y al conjunto de los españoles, sientan lo que sientan y piensen lo que piensen: la Corona. Sin avergonzarse ni achantarse.

Defender a España, su unidad y su peso internacional tiene un coste.

Don Juan Carlos logró sacarnos de la pobreza y de la insignificancia internacional.

Está todo programado y lo que no perdono es a los cobardes enriquecidos que se mueven al compás de los aires que soplan.

Es el primer intento serio, y con toda contundencia, aprovechando la pandemia, que ha anestesiado a los españoles, para acabar con la Corona.

Hagan ustedes lo que quieran y decidan lo que les venga en gana. Pero si algo ha habido que nos ha mantenido unidos y con fuerte proyección internacional ha sido la Corona, en concreto y durante muchos años, Don Juan Carlos I. Lo define una palabra: entrega a España. Esa ha sido su vida, por mucho que ahora, otros, quieran inventar otra.

A partir de eso, ustedes verán. A ver quién es el que tira la primera piedra.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

15 junio 2020

ESPAÑA, MARRUECOS Y EUROPA. UN PRESIDENTE PERDIDO. GENERAL DE DIVISIÓN (R.) RAFAEL DÁVILA ÁLVAREZ

Las visitas de Don Juan Carlos a Marruecos desde el año 1979, primera visita oficial como Jefe de Estado, siempre tuvieron una trascendencia que nuestros políticos no han sabido interpretar ni aprovechar. Algún día se contará el papel de nuestro Rey como “desfacedor de entuertos” provocados por nuestros más inteligentes gobernantes.

Contenido político de alto nivel y mutuo interés económico, han destacado como titulares de todas las visitas. Hay algo más que intereses políticos y económicos. Don Felipe, nuestro actual Rey, lo sabe y en un gesto de enorme valor para la “gran política” visitó Marruecos como nuevo Rey de España. No fue un viaje de mera presentación. Sirvió para entregar el testigo recibido de su padre y confirmar el espíritu de unión y entendimiento que Marruecos y España necesitan y sus reyes quieren por encima de todo.

Hoy, con el nuevo presidente del Gobierno y su errática política, la incertidumbre sobrevuela esas relaciones que son clave para España.

Desde 1912 y tras el tratado hispano-francés, la acción militar española en África se limitó a ejercer su acción protectora entre Yebala y el Rif, como el tratado le obligaba. Toda su actividad se centró en mantener la autoridad del Sultán de Marruecos y apoyar a la administración mixta marcada en el acuerdo. El levantamiento rifeño protagonizado por Abdelkrim el verano de 1921, con el ataque a nuestras tropas en Annual, fue el comienzo de una nueva situación y el inicio de una guerra de trágicas consecuencias para España. La rebelión tenía en principio un carácter exclusivamente nacionalista, aunque alimentada con dinero y armas de dudosa procedencia  y una mezcla de xenofobia y de fanatismo religioso. Abdelkrim se enfrentó al protectorado español pero lo que realmente corrió peligro fue la unidad del Imperio, hoy Reino de Marruecos, con el intento de “República del Rif”; algo que conoce el actual Rey de Marruecos. España nunca fue conquistadora en Marruecos sino pacificadora y en amparo de la autoridad del Sultán.

Nuestra relación con Marruecos está llena de luces y sombras y hay que asumirla de una vez por todas. La situación política en el norte de África lo exige más que nunca y la desorientación y crisis en Europa también exige que alguien mantenga abierto ese puente que tiene sus pilares asentados en las dos orillas a través de España. Ceuta y Melilla cobran cada día más valor estratégico, humano y político. Su valor es compartido y de creciente interés para Marruecos, España y Europa. Pero ese valor es fruto de su españolidad como nexo de unión con Marruecos y no de confrontación. Si Ceuta y Melilla dejaran de se españolas, Marruecos y Europa se alejarían, algo que a ninguno le interesa. Es hora de que veamos esto con claridad y empecemos a trabajar desde estas dos ciudades españolas de aires africanos con la importancia que el futuro las reserva. Las presiones o taimarse uno y otro no conducen a nada. Hablemos claro y despejemos las dudas históricas. Somos viejos amigos que, aunque en ocasiones nos miramos con recelo, tenemos mucho en común y una necesidad imperiosa de entendernos. No debemos marcar una línea de fractura sino compartir intereses antes de que llegue un tercero en discordia. En los palacios nos entendemos; ahora toca entenderse en los siguientes escalones… y en la calle. Todo pasa porque la política, también la europea, y los que la ejercen capten el mensaje y aprendan de la historia.

Es el momento de la gran política y de que España juegue su verdadero papel en Europa, un papel que hasta ahora ni Alemania, ni Francia nos quieren dar, pero que debemos exigir. Lo malo es que nuestro presidente tampoco se lo cree y anda errático y mendicante sin saber realmente donde están los intereses de España.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez 

Blog: generaldavila.com

14 agosto 2018