Se presenta un soldado

Siento la necesidad de escribir, sin tapujos ni temores. La antigüedad es un grado y los años te permiten ciertas licencias que en el fondo el que las lee o  escucha te lo agradece. Se trata de buscar la verdad y lo que sé, contarlo, contarlo todo; al menos lo que es de interés, a juicio del que escribe por supuesto. Esta Patria nuestra está muy mediatizada por ciertos intereses y la vida te obliga a doblegarte si quieres seguir en tu puesto y no crearte problemas. Nadie cuenta casi nada y si lo cuenta es por despecho. Todos hemos tenido que callar en ciertos momentos. Quiero contar lo que veo y siento y lo que he vivido y sentido. A por ello voy.

Mi vida ha sido pródiga en acontecimientos. Ha sido una vida de soldado, la de “a pié y sin dinero” pero también he vivido pisando gruesas moquetas.  Empecé muy joven e ilusionado. Sigo como entonces pero madurando todavía lo que he visto y vivido. Soy ahora General, ya retirado, lo que me cuesta asumir, lo reconozco. Ser General es lo máximo a lo que un soldado puede aspirar pero yo creo que es un error, porque ser militar es servir y no “llegar a”. Siento el generalato dentro de esa acepción del diccionario de la RAE “lo más común”(es broma no sea que se enfaden los compañeros). Preferiría haber sido siempre y para siempre Capitán, aunque como dicen, sea de bandidos.

Soy boina verde, guerrillero, es decir diplomado en Operaciones Especiales, paracaidista, diplomado de Estado Mayor y no sé cuantas cosas más. Tengo seis hijos pero creo que tengo más cursos que hijos. Por cierto ninguno de mis hijos, después de una larga tradición familiar militar, ha seguido la carrera de las armas. Silencio.

Tenéis mi vida resumida en ese cuadro que os pongo, regalo de mis compañeros el día que pasé a la Reserva.

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Poco importa. Lo que importa es lo que empieza a partir de ahora.

Si tuviese que resumir lo que para mi es la vida militar, lo haría remitiéndome a la sencillez de lo que escribió un soldado de los Tercios de Flandes, Pedro Calderón de la Barca. Me refiero a esos versos inigualables de Pedro Calderón de la Barca de su obra “Para vencer a amor, querer vencerle”. La otra obra cumbre, en mi criterio, es el Credo de la Legión. Quien no se emocione y sienta cada palabra de estos textos como propia, creo que no vale para ser soldado.

He mandado la Guardia Real y la Legión. ¡Que puedo decir! Los mejores soldados del mundo y no es un privilegio sino un honor. Nada hay como el soldado español y mi única aspiración ha sido estar a su altura. No sé si lo he conseguido pero he luchado por ellos y lo seguiré haciendo. Merece la pena España y sus soldados.credolegionariooriginalne0

No somos una marca, somos una Nación con una historia envidiable.

Mirad, si en el exterior tenemos atractivo es por nuestra historia y por nuestra individualidad. Ser español es algo grande. Espero que nos enteremos de eso y de eso quiero escribir. En cualquier caso con humildad, estoy a vuestras órdenes.

Mandar es difícil y mi criterio sobre el mando lo expuse en una columna que escribí hace tiempo.

Con esa columna quiero empezar mi blog:

[…] EL ARTE DE MANDAR

Con demasiada frecuencia escuchamos que para resolver nuestros actuales males políticos, económicos, institucionales, incluso morales, necesitamos un líder, lo que traducido al lenguaje militar equivale a decir que necesitamos a alguien que mande. Mandar se asimila a lo militar olvidando que la vida en todos sus aspectos es una alternancia entre mando y obediencia. No es fácil mandar y sí hacerlo irresponsablemente provocando daños irreparables. Mandar no es sólo una facultad o poder asociado al aspecto legal y con respaldo institucional. Cuando se manda bien, es la autoridad moral la que motiva y emociona moviendo al grupo hasta límites insospechados porque tiene una referencia a seguir, una disciplina moral que cumplir, un ejemplo a imitar.

Hoy, alejado del mundo activo de la milicia, no olvido a los que mandé ni a los que obedecí. Entre estos últimos hubo uno al que recuerdo especialmente porque antes de asumir una de mis mayores responsabilidades de mando, me tradujo en palabras el arte del bien mandar.

Mandar, me decía, es una tarea tan absorbente que nunca habrás dado nada hasta haberlo dado todo, hasta que no te hayas vaciado por entero en tu mando. Mandar no es un privilegio, es un honor. Es una obra de arte, muy distinto a dar órdenes o a obligar.

Tus órdenes han de ser claras, que se entiendan, que se cumplan, que cada uno sepa lo que se le pide, y si es posible, por qué se le pide.

 Debes mantener la idea elegida sin vacilaciones ya que no hay nada más amargo que verse sometido a las oscilaciones de un jefe vacilante en sus decisiones.

Debes de estar atento a conocer nuevas ideas y aceptar propuestas ajenas. Y recuerda que el que está a tus órdenes no está a tu servicio personal.

Ante un problema difícil, cuando no puedas consultar, confía en tu intuición, pues cuando se conoce el oficio y se está identificado con él, la intuición te marcará el camino a seguir.

Debes de ser constante en el esfuerzo, evitar prisas y desorden.

Ser cortés, pues la cortesía es inseparable de la disciplina. Cortés en  la precisión y limpieza de la palabra, en la actitud, en el gesto, en la voz y en los modales.

Cuenta siempre con el apoyo de tus colaboradores y el consejo de los más cercanos y busca en todos la lealtad por encima de todo.

Nunca pienses en ti, hazlo primero en la misión que te han confiado y en los hombres que tienes para cumplirla.

Terminaba deseándome suerte, pero no la fortuita o casual, `porque en la mayoría de los casos, me decía, sólo los capaces son afortunados.

Escribo esto sólo con el deseo de que algunos repasen y revisen su forma de mandar porque cada vez son más los que mandan (mal) y legión los que padecemos sus consecuencias.

General de División (R) […]

11 pensamientos en “Se presenta un soldado

  1. Acabo de recibir la invitación a entrar en tu nuevo blog y me he dicho ¿por qué no inaugurarlo? Para eso se hacen los blogs, ¿verdad?
    Tu decisión de “romper amarras” es absolutamente coherente con ése otro deseo tuyo de ser Capitán, quien siempre siente desde esa atalaya una emoción muy especial cuando sale de una singladura y comienza un nuevo rumbo, en el que es él quien decide la ruta a seguir. Me figuro que estarás sintiendo una emoción similar. Te deseo lo mejor hacia tu nuevo destino.
    Aparte de los detalles de tu vida (para los que lean esto y no lo sepan, somos compañeros de colegio que nos hemos vuelto a ver después de casi 50 años, en los que cada uno ha ido por rumbos diferentes), me ha impactado y me ha hecho reflexionar lo del “arte de mandar” y trataré de comentarlo desde una óptica y experiencias diferentes a la militar, pues pienso de antemano que hay una gran similitud fuera de este ámbito, pese a algunos matices diferenciadores.
    Me explicaré: en mi vida profesional (gestión técnica en empresa multinacional) me ha tocado cierta responsabilidad de ejercer el mando tanto en personas a mi cargo como en otras, más numerosas, quienes tenían ya una línea de mando jerárquica diferente, pero a las que debía encauzar y llevarles a conseguir unos objetivos en línea con los que a mí me habían marcado; es lo que se llama la línea jerárquica por un lado y la funcional por otro. Si en lo primero ya es un arte el mandar, en el segundo caso es todavía más extremo; hay que conseguir unos determinados objetivos con “fuerzas” no siempre directamente a tu cargo y que además podrían hasta tener otros contradictorios de sus jefes directos. En estos casos, no se trata solamente de mandar, sino además de “saber convencer” y lograr que unos y otros objetivos sean coherentes y coincidan.
    Algo que es común en ambos casos es la capacidad de liderazgo, que tiene unas connotaciones más amplias que las del mandar de forma clara e inequívoca; liderar precisa primero saber dar ejemplo, después saber aunar los objetivos con cierto “encanto” para que quienes te sigan lo hagan no solamente por convencimiento, sino porque se sienten solidarios con esos objetivos y además “estar siempre ahí”, cerca de esas personas, que sientan que no les abandonas y que no solamente reciben un mandato “porque sí”. Otra cualidad absolutamente precisa es una gran capacidad de comunicación; las cosas no son casi nunca simples y hay que saber tejer a veces una tela de araña o red compleja (muy frecuentemente acompañada de fina estrategia) para conseguir los susodichos objetivos; las órdenes deben ser claras y hasta explicadas en lo posible para lograr esa deseada sinergia. Y no olvidemos aspectos como la empatía y el carisma, en parte innatos y en parte adquiridos.
    Una faceta común entre el mando militar y el mando empresarial es la de asumir que el que manda debe darlo todo y no cejar ni flaquear en la persecución de esos objetivos; se convierte en algo prioritario en la propia vida, más aún, si le quedase a uno la idea que podría haber hecho “algo más”, es que no ha hecho lo suficiente. Y obligar es lo contrario a mandar.
    Otro aspecto también mencionado es la capacidad de decisión; las vacilaciones no suelen ser buenas en el arte de mandar; si algo compete al nivel correspondiente, no vale echar “para arriba” o “para afuera” las decisiones, que tampoco deben ser viscerales, pero suelen requerir otro aspecto a veces poco considerado: la intuición. Para tomar decisiones correctas suele ser fundamental estar bien rodeado de colaboradores con los que hay que saber anticiparse a tiempo, valga la redundancia.
    Dentro de ese encanto antes mencionado, está el saber ser cortés. Hay jefes que hacen coincidir el nivel de decibelios y del fruncimiento del ceño con su creencia de que esto les reforzará su capacidad de mando; es posible que haya raras ocasiones en que no haya más remedio que dar un puñetazo en la mesa, pero eso nunca debe hacerse llevado por la visceralidad, sino porque la ocasión lo pueda requerir psicológicamente hablando, y siempre después de haber agotado otras alternativas.
    Otro aspecto que mencionas es el de la lealtad, que es una medicina que hace milagros en este proceso de mando y su falta puede ser “mortal”. Y no digamos nada de la falta de honestidad, tan dañina o más que la falta de lealtad.
    Por último, mencionas la suerte; yo lo diría a la recíproca: la falta de suerte es innegable que dificulta en gran medida el proceso, pero la “mala suerte” se suele evitar frecuentemente aumentando la anticipación y un correcto y práctico análisis de riesgos, haciendo que el ídem disminuya.
    Repasando lo anterior, vemos, pues, que hay grandes coincidencias.
    Llevemos ahora esto en un ejercicio de aplicación práctica a nuestros gobernantes en el terreno de la política. ¿Cuántas de estas virtudes echamos de menos? Unas cuantas, ¿verdad? Al preguntarle un día a mi jefe con respecto a los objetivos que él me requería (por cierto, suele ser muy sano ser claro en los objetivos), lo tuvo fácil: que fuera el “number one” frente a la competencia y que resolviese los problemas antes de crezcan… pues nosotros, que somos los que pagamos a nuestros gobernantes, debemos exigirles eso mismo: que sepan resolver os problemas y que sean los mejores. Y si no, no les pagamos. Lo ideal sería quitarlos en el momento que den señales de incapacitad de liderazgo y de un bajo nivel de consecución de objetivos, pero el problema que parece que hay es el de ¿Y a quién pones? Es la típica historia de la falta de recursos con la debida formación; para eso, debemos ser capaces de pensar a largo plazo y requerir la debida formación global a nuestros gobernantes, que por cierto, fue muy notoria por su defecto en la anterior legislatura. Así nos va.
    Y algo que tenemos que poner de nuestra parte es la coincidencia de objetivos con nuestros gobernantes, que tiene a su vez mucho que ver con los valores y la ética, algo que bien que han tratado de minimizar en la sociedad civil en los últimos tiempos, llegando casi a la oclocracia, en el sentido de degeneración de la democracia. Hace no tanto tiempo, dar la palabra de honor era suficiente para sellar un contrato, cosa que hoy en día suena ridículo. ¿Alguien se ha preguntado por qué? Esta es la parte que valoro más en el entorno militar y hasta en el código legionario: la aparente limpieza de miras, menos deteriorada (creo) que en el resto de la sociedad.
    En definitiva, que el saber mandar no es algo que solamente debemos pedir a los militares, sino que se lo debemos requerir a nuestros gobernantes, a los que les falta bastante por aprender en esta asignatura.

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  2. Fantástico querido amigo Kurt. Exacto y preciso. Hay algo que me has recordado y de lo que me ocuparé en su momento. Es las distintas personalidades que se dan en el mando hay una muy curiosa u es la que se inventa problemas para resoverlos y quedar bien. Al final se les suelen escapar de las manos y crear tragedias…Creo que sabemos a quienes me refiero.
    Gracias amigo Kurt y espero que pronto hagamos esa comida pendiente.Un abrazo.G Dávila

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  3. Querdio Antonio.Soy yo el que está agradecido por tus comentarios tan oportunos y el tiempo que dedicas a los míos. Un verdadero placer intercambiar experiencias y criterios contigo. Un fuerte abrazo. General Dávila

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  4. No conozco al soldado, al capitan o al general, pero conozco al padre, a la persona y al amigo que es Rafa para nosotros. Conozco a quien todos los veranos nos visitaba con su familia y que todos esperábamos su llegada, sus ansias de ir a pescar, a pasear o simplemente a reunirse con amigos en sus charlas de persona sencilla agradable, cercana y amable con todos los que tuvimos el lujo y el placer de pasar grandes y emotivos momentos con él. No puedo entrar en opiniones tan técnicas como las que se utilizan en este espacio, pero si puedo asegurar que el soldado, el capitan, el general, para nosotros siempre fue y será un AMIGO. Un fuerte abrazo de esta familia que también lo es vuestra.

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  5. Es una enorme alegría recibir comentarios de esos amigos que aunque en la distancia física algo alejados están siempre muy cerca del corazón y sus pensamientos. Es el caso de José Manuel y la familia Mariño. Gracias José Manuel y familia, a todos, y haré cuanto esté en mis manos para pasar un rato con vosotros, es decir uno de esos ratos en los que se explaya el alma y el sentimiento.Un abrazo muy fuerte.

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  6. Estimado Sr. Qué debo hacer si se incumple en mi Ayuntamiento articulo 85. 2 del Real Decreto 2568/1986, de 28 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales no deja lugar a dudas. Entre los requisitos de celebración de los plenos municipales, se encuentra el art. 85.2. “En un lugar preferente del salón de sesiones estará colocada la efigie de S.M. el Rey”. Ni estan las banderas oficiales. Y en el ultimo pleno ni el escudo de la localidad.
    El actual alcalde de Nollullos de la Mitacion (Sevilla) es Fernando Soriano de iu.

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