EL EJÉRCITO CATALÁN

DESDE EL TAMBOR DEL BRUC A LA LEGIÓN

BRUCHace unos meses el Señor Artur Más financiaba unas jornadas sobre un futuro ejército catalán. Su ilegal propuesta independentista alejada de todo lo que significa solidaridad, respeto y rigor histórico se apoya en algo que nadie entiende. Ahora en un afilado y financiado simposio hablan de “España contra Cataluña” mientras suenan como un insulto términos como represión, genocidio cultural, odio, temor. No salimos de nuestro asombro. ¿De donde surge tanto rechazo y tanto odio?

No sentimos lo mismo hacia ellos aunque por mucho que prediquen son muy pocos los afiliados al odio y al rechazo.

Mientras se afanaban en el estudio sobre un hipotético ejército catalán, escribí lo que ahora les expongo. Sé que gustó mucho a algunos mientras a otros les sorprendió. Ahora es momento para recordarlo por si quieren exponerlo en el simposio “España contra Cataluña”.

LOS LEGIONARIOS CATALANES

Artur-Mas-passant-revista-a-la-tropaAnda preocupado el Sr.Mas con esas cosas del independentismo y al calor de su provocadora campaña se han llevado a cabo en Barcelona unas “financiadas” jornadas para analizar la necesidad o no de un ejército catalán en una Cataluña independiente. Seguro que alguno de los participantes se ha ilustrado leyendo los inicios de la Legión española. “Y vino el alud de Barcelona, los doscientos catalanes, la primera esencia de la Legión… ¡Bienvenidos, catalanes legionarios, seréis la base sobre la que se construirá la Legión”!, son palabras de Millán-Astray al hablar de la incorporación de los primeros legionarios, los catalanes. Barcelona se llevó la palma de alistados, la flor y nata de la Legión, que nunca se arrugaron ante el fuego ni escondieron su española catalanidad. Así la capital bautizó una de sus calles con el nombre del que fue glorioso jefe de la Legión, Tinent Coronel Valenzuela, y todavía hoy otras se engalanan con nombres de soldados españoles como el de Comandant Benítez, Tinent Flomesta, Capita Arenas, laureados todos en la guerra del Rif; incluso hubo hasta no hace mucho una con el nombre del Teniente Coronel Primo de Rivera, jefe de los jinetes del Alcántara en Annual, a los que a pesar de los impedimentos de Carme Chacon se les acaba de conceder la Laureada de S.Fernando. Estos son los soldados que al Sr. Mas le recomendamos, los que Cataluña necesita y quiere, no busquen otros, son los herederos de Isidret Llucá el “Tambor del Bruch”. Por cierto, para demócratas de salón, entre los soldados, ninguno, ni uno solo, está tratando de instar públicamente a quebrar la disciplina y el ordenamiento legal. No hace falta señalar para saber quien o quienes son los que, faltos de disciplina moral, están quebrando de hecho el ordenamiento legal y no son los soldados. Como dice la inscripción del monumento a Isidret…“Pare señor Mas, no puede pasar de aquí”.

General Dávila(R)

7 pensamientos en “EL EJÉRCITO CATALÁN

  1. En esto de Cataluña y el sr Mas creo que hay una cierta falta de lógica; véase si no esta entrevista.Se trata de una ficción, un supuesto, un cuento… ¿o quizás no? Puede, podría o pudiera haber sido un sucedido…
    El caso es que en cierta ocasión, en plenas Ramblas, se encuentra un reportero de una cadena de TV catalana, micrófono en mano, con un señor ya algo mayor, aparentemente en buena forma y con la mirada aguda e inquisitiva que confiere la experiencia de haber vivido unos cuantos años y estar dotado de cierta cultura.
    “Buen día” – le espetó el periodista con una amable sonrisa – “Ascolti, ¿tiene Vd. unos minutos libres para poder hacerle unas cuantas preguntas para el canal TV catalán?”
    El señor le mira de hito en hito, sorprendido por la inesperada interrupción de su paseo matutino y decide mostrarse colaborador con una franca sonrisa.
    “Ascolto, ascolto, joven; pues bien, hace buen tiempo, no tengo excesiva prisa, así que, ¿por qué no? Pregunte, pregunte…”
    “Muchas gracias por su amabilidad. Bien veamos: ¿de dónde es Vd.?”
    “Pues yo soy de la vivienda 4ºD del nº 415 de la calle Muntaner en Barcelona, que es donde vivo ahora. Soy también barcelonés de nacimiento y por lo tanto soy catalán. Continuando en línea ascendente, soy también español, europeo, ciudadano del mundo llamado La Tierra, pertenezco al Sistema Solar y por lo tanto a la Vía Láctea, dentro de los confines de este Universo, que a su vez es una pequeña parte del conjunto de Universos que forman el Todo Multi-universal”
    La cara del reportero era todo un poema.
    “Hombre, no le preguntaba tanto; es Vd muy puntilloso, ¿eh?”
    “No; pretendo ser sencillamente preciso y exacto cuando alguien me pregunta algo” – respondió el señor con una sibilina sonrisa – “Si yo le hubiese dado solamente una de las pertenencias anteriores, también sería correcto, pero es que yo siento que formo parte de cada una de las entidades que he mencionado y por las que siento un aprecio especial que me distingue de otros que no forman parte de las mismas y que podrían sentir algo diferente a mí…”
    “Ya veo, ya… pero no nos salgamos de la entrevista. Así que es Vd. catalán; ¿siente Vd. amor por Cataluña, o al menos un hondo sentimiento de aprecio por lo catalán?
    “Pues sí, indudablemente. Pero también debo aclarar que siento un especial amor por España, por Europa, por este bonito y azul planeta y por toda la Humanidad, si me apura. Y no digo nada del amor que siento por mi Barcelona, por mi calle Muntaner y por mi casa. Será que soy muy amoroso…” terminó el señor con una amplia sonrisa.
    “Ya, pero veo que hay una aparente contradicción en lo que me dice” – continuó el reportero, en tono algo más incisivo y provocador – “Me dice Vd. que siente amor por España y a la vez por Cataluña, cosa que veo difícil, con lo que nos está jorobando la primera”
    “Pero hombre, ¿en qué mundo vive Vd.? Si cada vez que alguien me joroba renunciase a mi amor, ya me habría mudado (me joroban mis vecinos), me hubiese separado (me joroba mi mujer), me hubiese ido de Cataluña (me joroba un montón su sr. Mas), me hubiese tenido que ir de España (me joroban efectivamente nuestro Rajoy&Co), hubiese tenido que emigrar a América (me joroban las políticas de la sra. Merkel) y como ya estoy harto de este globalizado planeta, me gustaría mucho irme a otro que vuelva a ser más humanizado y con menos guerras… Pero sigo aquí, tratando de hacer algo para me sienta menos jorobado en el futuro, aunque sólo sea dándome una ducha fría de vez en cuando.”
    El reportero ya se estaba impacientando.
    “Por favor, que se me está Vd. yendo por las ramas. Vamos a ver; le quiero hacer un par de preguntas de una consulta que dicen que es ilegal. ¿Se atrevería a contestarlas?”
    “Si las contesto, ¿tendría entonces que ir a la cárcel?”
    “No, Vd. no, pero a lo mejor yo sí, si alguien se pone muy burro…”
    “A ver, a ver: ¿me está Vd. haciendo esta entrevista porque le ha dado la gana o porque alguien le ha ordenado que la haga?
    “Pues claro, me lo han dicho…”
    “Entonces no me diga Vd. tontadas, pues si algo es ilegal, a la cárcel tendrán que ir los responsables, ¿no?”
    “Bueno, dejémoslo” – el reportero veía que así no iba a ninguna parte – “se lo preguntaré de todas formas. ¿Quiere Vd. que Cataluña sea un Estado?”
    “¿Estado ha dicho? Sí, casado…”
    “¡He dicho Cataluña, no Vd.!”
    “Disculpe, es que ha pasado un coche y no le he oído bien” – respondió el señor con amabilidad. “No se sulfure, hombre… me pregunta Vd. si me gustaría que Cataluña sea un Estado. ¿Me podría definir lo que quiere decir con Estado?”
    “Pero hombre, si eso lo sabe todo el mundo. Un Estado es como España, como Alemania…”
    “Ya, ya… pero actuemos con propiedad. Vd. no me está preguntando si me gustaría que Cataluña sea como Alemania, pues tienen historias muy diferentes y eso no podría ser, así que seamos precisos. Voy a consultar con internet lo que es Estado” – el señor echó mano de su Android.
    “A ver, veamos primero lo que dice la RAE.”
    “¿Qué es la RAE? – preguntó el repórter despistado
    “¡Hombre, que es Vd. periodista! RAE significa “Real Academia Española”…”
    “¡Entonces no me vale!!!! ¡Española y encima Real!!! – el reportero se había empezado a congestionar…
    El señor no pudo por menos que soltar una larga carcajada.
    “Desde luego, me está Vd. divirtiendo… Espere, que ya lo tengo. Aquí dice: Estado es el conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano. O sea, es un “conjunto de órganos” dentro de un “país soberano” Suena bien, y hasta se intuye por lo de soberano que tenga rey, por lo que intuyo que se refiere a España. Lo de “conjunto de órganos” no lo tengo muy claro, la verdad, pero no parece que sea nada malo.
    “Que no, que no, que no me vale; mire por favor otra definición” – continuó el periodista aún algo agitado.
    “Bueno, bueno, no se me vuelva a sulfurar, que no es para tanto… yo aún no le he levantado la voz. Veamos, aquí pone: Unidad política superior independiente y soberana…”
    “¡Eso, eso!”
    “Ya, pero si combinamos ambas, resulta que Estado es un conjunto de órganos con una política superior independiente y soberana dentro de otro país soberano. Pues no lo entiendo bien…”
    El periodista empezaba a ponerse de un color ligeramente escarlata.
    “Mire, olvídese de la primera; la segunda definición se acerca más a lo que quiero decir…!
    “Bueno” – el señor continuó de forma conciliadora – “O sea, si le he entendido bien, me pregunta Vd. en sintonía con lo anterior si me gustaría que Cataluña fuera un Estado. Pues bueno, supongamos que sí, que me gusta. Suena bien…”
    “¡Ah, muy bien!” – responde el periodista ya con aire triunfante. “En tal caso podemos pasar a la segunda pregunta…”
    “¿Y qué hubiera pasado si le contesto que no a la primera?” – le interrumpió rápidamente el señor.
    “Pues que no podría ya hacerle la segunda”
    “Entonces, la cosa no tendría la menor gracia… suponga que la quisiera contestar”
    “No, es que no tendría lógica…”
    “Me temo que en esto de la lógica no andan Vds. muy sobrados, pero bueno, como ya le he dado el pase a la segunda, pregunte, pregunte…”
    “¿Vd. quiere que ése Estado sea independiente?
    “A ver si le he entendido bien. Si le sigo, ¿me está preguntando si me gustaría que ésa unidad política superior independiente y soberana sea independiente? Me temo que aquí hay una repetición; ya tenemos independencia al cuadrado. Esto es una evidente falta de forma; me pone Vd. la tripa junto con la tropa…”
    Al periodista se le empezaban a poner los ojos rojos y sanguinolentos, por lo que el señor optó por cortar por lo sano para evitar males mayores:
    “Mire, mire, no insista. Si lo que Vd. quiere que le diga es que si me gustaría que fuese independiente, pues ya le digo que sí, que sí hombre, que me gustaría…”
    El reportero se relajó notoriamente y respiró profundamente.
    “¡Al fin! Así que Vd. vota por la independencia, ¿verdad?”
    “Eh, paso a paso, no corra tanto” – le contestó el señor con gesto más serio. “Una cosa es que me gustara o lo quisiera y otra muy distinta que lo decida y lo haga efectivo. Mire, volvamos a lo de nuestras pertenencias. A mí me encantaría ser independiente de mi mujer, pero si lo llevara a cabo, ya perdería su compañía, me perdería la felicidad y la fuerza que da el estar juntos y en buena sintonía, aparte de que me tendría que buscar a alguien que me echara una mano en todas esas labores que calladamente hacen la mujeres… y si no lo encontrase, me las tendría que apañar solo. Y todo eso y mucho más a costa de esa independencia, que suena muy bien, pero que supondría un compromiso y un nuevo entorno con rumbo a lo desconocido. Lo mismo me sucede con mi casa, con mis convecinos; estoy harto de tanta reunión de vecinos, de tener que plegarme a la mayoría…vamos, que me encantaría ser independiente. Y ya no le hablo de todas las consecuencias que me trae ser dependiente, por mucho que sea de lejos, de la señora Merkel, de la UE, de los mandangas que hay por ahí que ni avanzan ni dejan avanzar…¡Claro que me gustaría ser más independiente! Si no hay más que recordar nuestra Guerra de la Independencia contra un opresor llamado Napoleón, en la que gracias a ir todos juntos en cientos de batallas (y ya que estamos, le recuerdo el Tambor del Bruch) pudimos darles sopas con onda a los franceses. ¡Por supuesto que me gusta el concepto de Independencia! Pero una cosa es que me gustara una situación ideal y otra muy distinta es que SEA de verdad tan ideal en las circunstancias en las que estamos. ¿Se ha molestado Vd. en decirme qué y cuánto me va a costar esa anhelada independencia? ¿Se le ha ocurrido pensar en un escenario de fronteras ficticias, de un euro poco claro, de quién ayudaría a poder llevar a cabo “las nuevas tareas del hogar” con una situación financiera tan desastrosa? Es como con las señoras: independizarse de ellas en la ruina no es lo mismo que hacerlo con pasta de sobra de por medio… En resumen: ¿me ha dicho Vd. claramente cuáles serían las contrapartidas y el coste de esa bendita independencia?”
    “No” – respondió el periodista, un poco confuso – “Eso es su problema; con lo listo que es Vd., será mucho más capaz que yo de llegar a una conclusión”
    “Ya. Me está Vd. poniendo la zanahoria delante de la nariz y espera que la siga solamente por el olor. Pues mira, déjame que te diga, majo (creo que ya nos podemos tutear tras todo esto) que a todo este asunto le falta un punto de lógica. Creo que a todos nos gustaría que nos consulten, que cuenten con nosotros, pero eso no da pie a tratar de llevarnos por un camino del que aún no sabemos si está asfaltado o no, ni cuántos baches tiene, en especial si cayendo en alguno que sea muy gordo, a lo peor nos quedamos allí tirados. Me quedo con España, a la que también quiero, aunque sólo sea por eso de más vale malo conocido que bueno por conocer. A lo mejor entre todos podemos hacer algo por mejorarla…”
    El periodista se había desinflado un poco y parecía algo perdido, por lo que decidió salirse por la tangente.
    “Veo que Vd. presume mucho de lógica, señor; ¿quien le ha enseñado tanto?”
    “Pues un maestro que tuve de filosofía; bastará con que te diga que superó los 100 años, de forma que seguramente lúcido era. ¿Te crees tú que esa Cataluña que soñáis superaría esa pila de años? No me contestes; con la cara que pones no es necesario; no hace falta ser tan lúcido como él para responder… En fin, que Dios te bendiga, majete; gracias por la entrevista”
    “Soy ateo, señor”
    “Bueno, pues que te sientas colmado de bendiciones de cualquier otro sitio…”
    “¿De qué sitio?”
    “Pues, ¡qué quieres que te diga, majo! De ése que estás pensando no sé si queda para muchas bendiciones de ésas…”
    El señor se va alejando dejando al reportero clavado con su micrófono en la mano, cerca de un mimo que detrás de él hace carantoñas a los niños. La vida continúa en las Ramblas…
    Y se baja el telón. Colorín, colorado…

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