En mi reciente artículo “GUERRA Y MUNDO” decía, al referirme a la situación de violencia en Irak:
“No vale la retirada sino un repliegue inteligente, a largo plazo, con una lenta transferencia no solo de técnicas de combate sino de valentía, educación y organización. Razones para luchar y vivir.
Es una labor mucho más compleja y amplia que la que puedan hacer unas Fuerzas Armadas de pacificación. Pero su presencia es imprescindible y por largo periodo de tiempo. Las han retirado apresuradamente y tendrán que volver. Mientras antes mejor. Podemos llegar tarde”.
Aunque referido a Irak lo dicho se podría extrapolar a otros lugares donde hemos dejado algunas cosas peor que cuando llegamos.
Son muchos los países, especialmente en el continente africano, donde el enquistamiento de la violencia debería avergonzar a la ONU y por tanto a todos.
En primer lugar debemos aclarar la diferencia entre retirada y repliegue. La sutil diferencia nos aclara muchas cosas.
La retirada siempre viene impuesta por el enemigo mientras que el repliegue es una maniobra para ampararse en posiciones más ventajosas a retaguardia. Sin pretender ahondar en detalles tácticos y llevando la cuestión al tema que nos ocupa, retirarse de aquellos lugares donde se ha acudido para evitar la violencia, en misión de pacificación, es sin duda una imposición del que genera esa violencia con lo que el objetivo queda sin cumplir y, lo que es peor, la victoria es del violento cuya ley vuelve a imponerse.
Un repliegue ordenado significa ir traspasando metódicamente transferencias de todo orden a las autoridades locales mientras se les presta la ayuda pertinente en cada materia. De acuerdo con un calendario de transferencias y sus resultados, se realiza el ordenado repliegue. Transferencias que no son exclusivamente de seguridad, orden, y defensa, sino de todas aquellas que un país necesita para su desarrollo. Lenta y costosa labor que debe asumir la sociedad en general y con la autoridad y contundencia que hoy por hoy no tiene ONU donde exclusivamente mandan cinco naciones.
De todas estas transferencias hay una que es la clave de todo el conjunto: la creación de un ejército regular propio, único modo de enfrentarse en el futuro a la violencia y estabilizar una situación sin los reparos que puedan objetarse a un ejército externo.
La labor es muy compleja y lleva mucho tiempo pero es la base para sobre ella edificar el resto del conjunto. Nos hemos ido de muchos de estos lugares con la teoría de haberlo hecho, pero sin convicción y sin el tiempo suficiente. Abandonar esa misión significa volver a la inicial situación.
El caso más patente lo tenemos en Irak, pero esperemos a ver lo que el futuro depara en Afganistán. Por eso es necesaria la presencia militar internacional hasta la definitiva formación de un auténtico ejército regular propio.
Les dejo unos párrafos de Ortega y Gasset de su obra “La España Invertebrada” donde con claridad explica lo que yo he intentado exponerles.
Sólo quien tenga de la naturaleza humana una idea arbitraria tachará de paradoja la afirmación de que las legiones romanas, y como ellas todo gran ejército, han impedido más batallas que las que han dado. El prestigio ganado en un combate evita otros muchos, y no tanto por el miedo a la física opresión, como por el respeto a la superioridad vital del vencedor. El estado de perpetua guerra en que viven los pueblos salvajes se debe precisamente a que ninguno de ellos es capaz de formar un ejército y con él una respetable, prestigiosa organización nacional.
En tal sesgo, muy distinto del que suele emplearse, debe un pueblo sentir su honor vinculado a su ejército, no por ser el instrumento con que puede castigar las ofensas que otra nación le infiera; éste es un honor externo, vano, hacia afuera. Lo importante es que el pueblo advierta que el grado de perfección de su ejército mide con pasmosa exactitud los quilates de la moralidad y vitalidad nacionales. Raza que no se siente ante sí misma deshonrada por la incompetencia y desmoralización de su organismo guerrero, es que se halla profundamente enferma e incapaz de agarrarse al planeta.
Por tanto, aunque la fuerza represente sólo un papel secundario y auxiliar en los grandes procesos de incorporación nacional, es inseparable de ese estro divino que, como arriba he dicho, poseen los pueblos creadores e imperiales. El mismo genio que inventa un programa sugestivo de vida en común, sabe siempre forjar una hueste ejemplar, que es de ese programa símbolo eficaz y sin par propaganda. (La España Invertebrada-José Ortega y Gasset).
Creo que no son necesarias muchas más aclaraciones.
General de División (R)
Esta nueva entrada “GUERRA Y MUNDO (2)” me lleva a una doble reflexión:
La primera, es sobre la solución de las crisis. No creo que la solución de las mismas sea exclusivamente militar. Si bien la fuerza puede imponerse, esta situación nunca será definitiva. Nadie vive eternamente oprimido. Tarde o temprano, por un camino o por otro, la paz será alterada. No creo que en IraK y por extensión a los otros lugares que menciona, la organización de un ejército sea, siendo necesario e importante, la solución al conflicto si no va acompañada de la decisión y acción política que garantice el progreso social, con justicia, dignidad y seguridad. Y esto ha fallado en los procesos de concepción, preparación, decisión, ejecución y dirección. Si, se derroto al enemigo militarmente, pero este nunca perdió su voluntad, su capacidad de acción, ni su libertad de ejecución en muchos lugares, incluidos en ellos, núcleos poblados cuyos habitantes tenían miedo a las represalias pues nunca se sintieron seguros. Esa falta de voluntad política fue restrictiva en el empleo de los contingentes que allí se desplazaron y para colmo, se anticipó prematuramente el conocimiento público de su repliegue, asunto que aumentó esa inseguridad y desconfianza.
El procedimiento de resolución de crisis, obliga a establecer claramente la situación final deseada que debe ser la referencia inequívoca de todas las acciones a realizar y es DECISIÓN POLITICA (con mayúsculas). Mucho me temo que las naciones que actuaron en coalición, antes, durante y después, jamás tuvieron ese criterio ni unificado, ni meridianamente claro empezando por los propios americanos USA. Nuestra retirada de Irak fue para nota por desleal con nuestros aliados y vergonzosa para nosotros, pero en el conjunto fue un hito más de los muchos desaciertos. Esta indefinición se ha venido repitiendo en el resto de lugares que menciona y efectivamente, es posible que haya que volver, pero si se hace que se haga como es debido.
La segunda es familiar, son esos párrafos que nos vuelca del filósofo Ortega. Es muy preocupante la foto que dibuja que sigue siendo de actualidad y más preocupante aun, ante las tribulaciones que soporta la Patria, el convencimiento de que ante ellas muchos sestean entrecerrando los ojos para no involucrarse en solución alguna, quizás, por simple temor a salir perjudicados. No parece que los intelectuales, los comunicadores, ni los políticos que hablan del bien y el interés común, hagan grandes esfuerzos por hacerse oír. Uno llega a preguntarse si realmente los hay.
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Gracias por tus comentarios Enrique.
En este caso quizá no me haya explicado bien.Dos cosas en las que puede ser que no hayas caído y que son el meollo de mis argumentos:
1.Transferencias que no son exclusivamente de seguridad, orden, y defensa, sino de todas aquellas que un país necesita para su desarrollo. Lenta y costosa labor que debe asumir la sociedad en general
2.El estado de perpetua guerra en que viven los pueblos salvajes se debe precisamente a que ninguno de ellos es capaz de formar un ejército.
No hablo de fuerza impuesta sino de orden educación y formación. Claro que eso no reporta grandes beneficios en el futuro.
Un abrazo Enrique y de nuevo gracias por tu lectura y comentarios. General Dávila
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Tenemos que vernos Enrique.
Espero que este invierno te des una vuelta por los madriles o coincidamos por Alicante en uno de mis viajes a ver a mi hija a Benidorm. Un abrazo.
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Me sentiría honrado y sería un placer
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Te espero.Llámame sí vienes. Un ahrazo
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De nuevo gracias y un placer leerle.
Reciba mi reconocimiento y afecto.
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Magnífico artículo y muy razonado. Orgulloso de mi General. SIEMPRE A SUS ÓRDENES
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Gracias Juan y un fuerte abraxo
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Gracias Juan y un fuerte abrazo.
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Buenos días, General Dávila. Muchas veces la «descolonización» se ha realizado sobre supuestos falsos. Ya he comentado en el otro artículo sobre el supuesto de que la Nación coincida con el Estado y ambos con la ex-Colonia -o protectorado-, siendo que el sentimiento nacional es imposible imponerlo a través de la creación de un Estado cuando ese sentimiento nacional, que es un conjunto de compromisos, tiene sus referentes históricos ya establecidos (el «pueblo Kurdo», el armenio, etc.). La descolonización, pues, suele finalizar en una especie de «arregláte como puedas». Según parece, se está abriendo cierto convencimiento de
que las bases de la estabilidad habrá que encontrarlas, precisamente, en los fundamentos de esos valores que menciona: «valentía, educación y organización. Razones para luchar y vivir», y que la inversión en ese conjunto de valores se habrá de realizar teniendo en cuenta las bases «naturales» (o sea, preexistentes) de consciencia de pueblo (en base a la tradición: religiosas, «étnicas», «tribales»), que muy a menudo son mucho más poderosas que las razones políticas, sobre la propia consciencia de pertenencia a un pueblo con un proyecto y destino común.
Es cierto que, históricamente, «El prestigio ganado en un combate evita otros muchos, y no tanto por el miedo a la física opresión, como por el respeto a la superioridad vital del vencedor», pero esta circunstancia sólo se ha dado cuando se ha sabido ganar como ejemplo y no como sinónimo de esclavitud y desprecio.
Tenemos muy reciente el caso de Japón; lo que ganaron las armas sirvió de revulsivo para el pueblo japonés, reconocedor de la «superioridad vital» del vencedor, precisamente porque las armas se aprovecharon para abrir un nuevo diálogo desde y a través del respeto a la tradición.
En cuanto al Ejército. En España, desgraciadamente, no sobra la consciencia de que el Ejército Español es nuestro ejército, que es consustancial con la histórica defensa de una Nación asentada en un territorio propio. Sin embargo, ¿qué consciencia podemos esperar en donde se halla abandonada la de la Historia de la Nación -ni Historia, ni Nación-, en donde se discute la propiedad territorial, en donde sus gentes ya no saben de dónde vienen y, por tanto, tampoco saben quiénes son?.
Tal vez fuese un error haber suprimido el servicio militar obligatorio. Naturalmente, un ejército más pequeño y profesional tiene mayor ocasión de ser mejor entrenado y equipado, pero… tal vez hemos pagado un precio mayor que el beneficio: el precio de que nuestras juventudes no tengan el contacto con el Ejército que les haga conocerlo, comprometerse con la defensa nacional y, resultado de lo cual, aprender a considerarlo como cosa suya (el Ejército y, de paso, su Nación). Al mismo tiempo, hay valores que se aprendían allí, que valían para el resto de la vida, y que ahora ya no se aprenden (me temo que en ninguna parte). Hay naciones que mantienen (o, al menos, los han mantenido hasta hace poco) ejércitos obligatorios con gran nivel; algunas, por razones de necesidad (Israel); otros, sin esa necesidad (Suiza). De lo que no me cabe duda es de que el destino del Ejército es el de la Nación y, el de esta, el de aquel. No me extenderé sobre este tema, porque usted (y cualquier militar) sabrá de esas cosas mucho más que yo.
Reciba un abrazo.
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Todo parece en revisión y hasta la historia se enrarece.
¿A dónde nos dirigimos?
Apuntan sus palabras muchas y diversas cosas que es recomendable repasar y analizar. Se agradece su labor didáctica que al menos a mi me hace reflexionar.
Un abrazo.
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Desde la absoluta coincidencia con el Sr. Carassius Auratus, el corolario final es: “la razón de ser de un ejército es la nación a la que sirve”
Si esa razón quiebra o se cuestiona, seria utópica la idea de un ejército ajeno a tribulaciones. En el aventurado supuesto de ilegalidad de ejercicio por parte de los poderes del estado que tienda a la ruptura de la Patria, quebrarían sus condicionamientos básicos.
La gravedad del problema es que tal parece hoy, esa Unidad, muchos la aceptan como simple cuestión política y no como una herencia recibida en usufructo con ánimo trascendente. Asunto que no casa bien con los valores castrenses.
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El problema de todo esto es el artículo 8. Estoy preparando artículo pero la cuestión se plantea en su supresión a pesar de lis criterios de algunos de los padres de la Constitución.
La reforma de la Constitución es algo que puede crear auténtica convulsión…Al tanto.
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Estoy de acuerdo pero me interesa, y mucho, el intercambio de ideas y escuchar argumentos distintos a mi pensamiento.
Esa es la razón por la que invento, invito y hasta provoco.
Esta España nuestra esta hecha, como bien sabe, aportando ideas para que el de enfrente las crea suyas y así por la vía indirecta llegar a conseguir lo que uno quiere. Muy de Lidell Hurt y su aproximación indirecta aplicado a la política.
Estoy por proponer que Barcelona sea la Capital de España.
Un abrazo y no crea que me he vuelto loco.
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OK
Estamos todos en lo mismo.
Un abrazo.
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Estoy fuera de casa y contesto a través de iPhone. Me queda la duda de sí recibe mis contestaciones.
Un saludo
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