¿QUÉ SECRETOS OCULTAN NUESTROS GOBIERNOS QUE NO ACIERTO A ADIVINAR? General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Leo con preocupación que el exministro de Defensa Federico Trillo (PP), que lo fue con José María Aznar, atribuye los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid a comandos “enviados por Marruecos” y “bajo control y coordinación de los servicios secretos franceses”.

El Centro Nacional de Inteligencia CNI en aquellos momentos estaba adscrito al ministerio de Defensa y su director era Jorge Dezcallar. ¿No se enteraron de nada?

Algo debe saber el señor Trillo para decir lo que dice. ¿O no? Es por lo que su afirmación agrava los hechos ya que debería poseer una información de la que carecemos la mayoría. Más grave es, como dice, que la actuación del ejecutivo fue «no mala, lo siguiente». Por lo que se ve un reinante caos.

A todo esto habría que añadirle aquello de la cosoberania de Gibraltar y la invasión de Perejil, todo junto en 2002. ¡Ay el día que todo lo sepamos! Mejor que no llegue.

El asunto es de máxima gravedad y de una oportunidad política que no acertamos a adivinar cuando han pasado más de veinte años de aquellos hechos que tuvieron una repercusión tan grave que nos han llevado a los actuales momentos de incertidumbre.

11M2004. No es la matrícula de un coche. Es el registro oficial de la mayor catástrofe ocurrida en la historia de España. La inolvidable fecha  que acabó con la poca fe política que nos quedaba: 11 de marzo de 2004.

Empezó lo que acabó.

Todo tiene una explicación en la historia, unos antecedentes y sus consecuencias. Nada queda entre paréntesis discontinuos en la narración y todo está hilvanado, con esmero a veces, con dolor, casi siempre. Pero hay explicación. El tiempo aclara lo de uno y otros levantando las nieblas de los peores acontecimientos; hasta de los más oscuros. Todo se sabe de lo que se puede saber.

El 11M2004 es lo más terrible que ha sucedido en nuestra historia. Por inexplicable. No encaja ni se explica. Nadie ha sabido contarlo. Nos persigue y lo hará siempre. Por los siglos de la historia. Sería terrible que alguien supiera y no desvelara lo que sabe. La sospecha nos persigue.

De repente ni más ni menos que el entonces ministro de Defensa abre la caja de Pandora y nos sumerge en una duda aún mayor.

Hay algo en el subconsciente que permanece desde aquel día. Queremos olvidar, pero no podemos. Quisiéramos que nunca hubiese ocurrido y ocurre todos los días. ¿Por qué nos cuenta ahora el que era ministro de Defensa algo tan sospechoso? ¿Aguien sabe más y no lo cuenta? ¿Tendremos que esperar otros veinte años?

Un fracaso colectivo. Al menos institucional. Del poder y de los poderes.

Fracaso político, judicial, policial… de investigación, de analistas, de pensadores. Por no saber, por no querer, por saber, porque no era posible que aquello sucediese.

Nada es igual en España desde aquel terrible día: 11 de marzo de 2004. Ni nosotros somos los mismos. Es el peor día de la historia de España porque nadie sabe nada ni hay explicación que alivie el sufrimiento. ¿O sí?

Ahora el sufrimiento aumenta cuando a los interrogantes se le echa más interrogaciones.

Esto no puede ni debe quedar así. El señor Trillo hace estas declaraciones a la hora de presentar un libro. ¿Es un refugio? Podría serlo para otros, nunca para quién tenía en sus manos toda la Defensa de España y los servicios de Información, nada más y nada menos que al Centro Nacional de Inteligencia.

Lo peor de todo esto es darnos cuenta de que estábamos ciegos, sordos y, lo que es peor, mudos. ¿La Justicia se enteró de algo?

Alguien debería rendir cuentas porque lo sucedido desde aquel día es una incógnita que nos precipita a un lugar que nunca los tiempos imaginaron para España.

Conviene no olvidar ni refugiarse en la falsa esperanza que oculta la fatídica realidad. Sigamos analizando y manteniendo viva la clave: ¿Por qué? ¿Quién? Ha quedado una huella imborrable. Casi un dilema kantiano:

¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo esperar?

Como entonaba el coro de Antígona en la tragedia de Sófocles:

“Hay muchas terribles maravillas, pero ninguna más terrible que el hombre”.

Todo empezó y acabó el mismo día. Algo inexplicable sucedió y nadie ha sabido, querido o atrevido a contarlo. ¿Qué podemos esperar?

Ahora la herida sangra de nuevo.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

22 abril 2026

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