LA MUERTE NO ES EL FINAL General de Brigada (R.) Adolfo Coloma Contreras

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La muerte no es el final

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Panteón de los héroes-Melilla

Comenzábamos este mes de noviembre con dos fechas muy significadas en el calendario cristiano y popular: La fiesta de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. Ocasiones propicias para revivir la piedad que heredamos de nuestros padres y visitar a nuestros ancestros en los cementerios. Los militares también lo hacemos adecentando los panteones propios y ofreciendo a los que allí están enterrados nuestra oración y nuestro grito ¡PRESENTES! reafirmando nuestra creencia de que siguen con nosotros. Pero en cualquier caso son estas ocasiones más que oportunas para reflexionar sobre ese hecho inefable, la única certeza comprobable de la que no se puede dudar: antes o después, de una manera o de otra, hemos de morir. La muerte pone fin a nuestra existencia tal como la conocemos. Sin embargo, es obvio que la religión, las creencias propias ofrecen un gran consuelo ante este hecho trascendental y de manera singular a los que profesamos la fe cristiana que, lo manifieste o no la constitución, es abrazada por una mayoría de españoles.

Y no es cuestión baladí, pues se refleja hasta en el idioma. Si tomamos en consideración los idiomas que nos son más próximos, el inglés y el francés, rápidamente nos damos cuenta que emplean un único verbo para referirse a dos estados que no necesariamente significan lo mismo: ser y estar. Los verbos  inglés “to be” y  francés “etre”, se utilizan indistintamente para referirse tanto a situaciones que se prolongan en el tiempo como para las que son más temporales. En español, no sucede lo mismo. Como es bien sabido utilizamos el verbo ser cuando tratamos de situaciones que denotan permanencia en el tiempo. Así, decimos yo soy militar, soy español etc. Por el contrario, empleamos el verbo estar para situaciones o acciones más bien temporales: estoy bien, estoy en Madrid.

Pero hay una excepción, yo diría importante excepción. Decimos en español “estoy muerto” y no “soy muerto” cuando la muerte se nos presenta como un estado permanente. La explicación a esta cuestión, yo la encuentro en el sentido cristiano de la vida que ha alumbrado nuestro propio idioma.  Los cristianos entendemos la muerte como un estado transitorio (estar) que precede a esa vida eterna donde podamos “ser” felices con Cristo. Y es por eso que cuando despedimos a un compañero perdido le cantamos:

“En tu palabra confiamos

Con la certeza que tú

Ya le has devuelto  la vida

Ya le has llevado a la luz”

 

Cada cual se enfrenta a su destino de acuerdo a su propia formación, creencias y valores. Por eso las manifestaciones ante el dolor, el peligro, la incertidumbre, el miedo o la muerte, son puramente individuales. Cada cual es libre de manifestarlas a su manera ¡faltaría más!  Es verdad por otra parte, que colectivos que han de enfrentarse a plazo fijo al riesgo cierto de perder la vida, se entrenan para ello. No se nace sin miedo, pero se puede ejercitar el dominio frente a él. Se hace mediante el entrenamiento, exponiendo al individuo y a la unidad completa a sensaciones, esfuerzos, sorpresas; en definitiva sometiéndoles a un riesgo calculado que obligue a cada individuo a dominarse a sí mismo y a pensar y reaccionar en provecho del grupo, incluso en circunstancias cuasi extremas que se asemejen a la realidad. Y desde luego,  complementado tales prácticas mediante un conjunto de ritos colectivos que refuerzan la serenidad y determinación del individuo ante el peligro y que lo hace más generoso y fuerte mediante la afirmación del “espíritu de unidad”

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Patrulla de Operaciones Especiales

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F-18 en pleno vuelo

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Submarino

No somos ni mucho menos los únicos, pero los militares sabemos bastante de esto. No hay que acudir a las misiones que realizamos, actualmente en el exterior, que por suerte o por desgracia solo son conocidas o recordadas cuando alguien se deja en ellas el pellejo. Las técnicas, los materiales, los ejercicios que realizamos continuamente nos exponen a ello. “entrenamiento duro, combate sencillo” o “más vale perder unas gotas de sudor en el campo de entrenamiento que litros de sangre en el campo de batalla”  son dos de nuestros axiomas. Desde el más simpe de los ejercicios en el que una parte de una escuadra avanza por delante de las bocas de los fusiles de los compañeros que les cubren por el fuego, pasando por el fuego de la artillería que silba sobre nuestras cabezas,  los vuelos rasantes de helicóptero rozando la copa de los árboles para no ser detectados, los lanzamientos en paracaídas, de noche con armamento y un equipo que apenas deja a uno moverse, la escalada militar, que es mucho más que un simple deporte o la desactivación de artefactos explosivos; por no hablar de volar a bordo de una bomba volante por encima de la velocidad del sonido o navegar casi a ciegas a 90 metros de profundidad bajo la superficie del mar; son algunos de los ejemplos que nos sirven para ilustrar  estos temas.

Y esos riesgos se ven sin duda incrementados por el afán de superación individual que nos lleva a solicitar el “puesto de mayor riesgo y fatiga”. Hace unos días fallecía de un colapso cardíaco el Capitán de Caballería Sergio Barreda Peñas mientras realizaba la prueba de esfuerzo con su unidad, un escuadrón del Regimiento Montesa 3 en Ceuta. Soldado hecho desde suboficial, con casi veinte años de servicio a sus espaldas y cuatro misiones en el extranjero. No quiso Dios llamarle cuando prestaba sus servicios en Kosovo o en Líbano, sino en Ceuta, plaza que había solicitado voluntariamente, tal vez porque desde allí “se vigila mejor el muro” y mientras se instruía con su escuadrón. Vaya también para él el reconocimiento y homenaje de los componentes de este blog, colaboradores y estoy seguro que todos los lectores.

¡Capitán Sergio Barreda Peñas!:

¡PRESENTE!

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Despedida del capitán Sergio Barreda Peñas

O, como es tradicional en el arma de Caballería

¡ESTÁ!

La muerte es pues una certeza. Puede sobrevenir de múltiples formas: enfermedad, accidente o simplemente o por el propio deterioro. Lo que diferencia colectivos como los militares es la aceptación del plus de riesgo que el oficio de las armas lleva consigo, que ni es gratuito ni busca la remuneración. Es un riesgo que se afronta con alegría, decisión y responsabilidad, como un servicio a la colectividad, a la propia unidad y a la nación entera. Por eso y solo por eso, los soldados ensalzamos al que la muerte le llega con ocasión de un acto del servicio. Por eso y solo por eso, cuando muere uno de los nuestros, en vez de desearle que descanse en paz – que también- respondemos todos a coro ¡PRESENTE! es la forma de expresar ante su cadáver y ante la unidad entera, familiares y amigos, que sigue y seguirá siendo de los nuestros, que la muerte no es el final.

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Ante el panteón de la Legión en el cementerio de Melilla

Adolfo Coloma Contreras

General de Brigada (R) del Ejército

7 pensamientos en “LA MUERTE NO ES EL FINAL General de Brigada (R.) Adolfo Coloma Contreras

  1. Mi General al margen gramatical del ser y estar, creo que los militares en activo el solo reconocimiento al valor es o citaciones o medallas, ¿miedo? pues el que presuma de que nunca ha tenido miedo, sencillamente no me lo creo, yo desde luego he tenido miedo en muchas ocasiones que solo y como bien acierta el entrenamiento, la instrucción hacen que te sobre pongas a muchas situaciones, oír el silbido de las balas, la explosiones de granadas de mortero, u otros obuses hay que sobre ponerse y tener valor para levantar la cabeza y “ojear” recibir o dar la orden de avanzar esquivando balas y obuses no es fácil.

    Por ahora la “guerras” son localizadas, yo desde luego siempre he admirado aquellos soldados de la I y II GM que sin apenas instrucción eran enviados por miles a los diferentes campos de batalla, enfrentándose a un fuego enemigo devastador del bando que fuera.

    Y del reconocimiento una vez más debo hacer comparaciones, recientemente fue repatriado un suboficial francés muerto en combate en Mali, (Jeudi 10 novembre 2016, le ministre de la Défense préside l’hommage national rendu à l’adjudant Fabien Jacq, mort pour la France, au 515e régiment du Train – officiel.) Pues bien fue recibido con todos los honores “dignos de un jefe de estado” escoltado el coche fúnebre por motoristas de la gendarmería hasta el Elíseo,

    Hoy otro suboficial 36 años de edad del grupo comando Montreuil recibe este viernes la Legión de Honor. (Au sein des commandos de Marine, il a participé à des opérations de libération d’otages en Afghanistan, en Somalie et au Mali. Le Montreuillois recevra, vendredi matin, la plus haute distinction pour son brillant parcours, digne d’un film d’action américain.).

    En fin Mi General que aún tenemos mucho que mejorar, las FA las nuestras necesitan más reconocimiento público y saber “vender” lo que hacen y porque lo hacen y no noticias, aisladas como por ejemplo el grupo ‘estol’ de la FGNE que parte a Bagdag.

    Quedo a su orden Mi General.

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  2. Muy cierto, mi querido General, la muerte no es el final…
    La mayoría de las personas tienen tal miedo a morir que se centran totalmente en evitar la muerte, con lo cual nunca llegan a vivir como es debido; por eso el miedo a la muerte puede ser un obstáculo en la vida, ya que al final todos nos morimos, no por que podamos estar enfermos, sino porque vivimos.
    Por lo tanto, es en el momento de la muerte cuando uno comprende la nada de todas las cosas.
    Para el humanismo, la esperanza en el más allá no es solo su seña de identidad, es también la respuesta coherente al hecho inevitable de la muerte y a la dramática y angustiosa alternativa de la nada después de ella.
    Y como creyente resumo mi humilde pensamiento-respuesta a su formidable artículo: el ansia de vivir, la esperanza, el sentido gozoso de la vida, la conciencia de una libertad responsable y el compromiso con el bien común, son las virtudes del humanismo próximas al ideal del más allá.
    Un fuerte abrazo.
    Pedro Motas

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  3. Mi general…. ¡Qué acertadamente has expresado la trascendencia que el soldado español da a su muerte!
    Y especialmente a su muerte en combate, porque aunque como muy bien dices el miedo es innato a la naturaleza del hombre -parte esencial de su instinto de conservación- se supera y sublima por unos valores superiores…. “El morir en combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde” En este magnífico espíritu del Credo Legionario está condensada la esencia de la superación del miedo.
    En cuanto a la trascendencia de la muerte pensando en Dios y en una vida mas allá, solo hay que fijarse en las letras de las canciones de “amor y de guerra” de los diferentes países y culturas…. Desde la muy francesa Madelón (la novia del batallón) y del “capitán seductor y enamorado, que sin temor al peligro del pasado su blanca mano a la moza le pidió” al doliente, resignado y pesimista espíritu que subyace en Lily Marlén: “La vida acaso aquí yo perderé, de cuanto sufrí ni un recuerdo dejaré, cuando lo sepas llorarás, pero después, sonreirás ¿a quién Lily Marlén, a quien Lily Mrtlen?
    Pues bien, comparemos estas letras de dos canciones de amor y guerra con la del Novio de la Muerte….. “Cuando al fin lo recogieron, entre su pecho encontraron… Aquella carta decía si un día Dios te llama, para mi un puesto reclama que a buscarte pronto iré. Y en el último beso que le enviaba, su postrer despedida le consagraba… Y no es menos grandioso el corolario o explicación: “Por ir a tu lado a verte, mi más leal compañera, me hice novio de la muerte.. la estreché con lazo fuerte y su amor fue mi bandera.
    Lo has bordado mi general…. Cómo se nota que del chapiri a las botas… ¡sigues siendo pura Legión!
    Un fuerte abrazo y siempre a tus órdenes.

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  4. ¡¡¡La muerte NO es el final!! Efectivamente, eso es lo que creemos los que por una u otra razón nos aferramos a este profundo sentir. ¿De qué otra manera íbamos a seguir venerando un año tras el otro la muerte de Jesucristo y otros personajes de la cristiandad? Así como de héroes reconocidos por motivos tan diversos como la misma idiosincrasia que para bien y para mal están presentes haciendo tantos años de su muerte, la de compañeros y otros seres queridos que recordamos con el respeto que dedicamos tratando de acariciar lo que sin ver lo sentimos y se aparece ante nosotros de la manera simbólica que nos hace recapacitar.

    ¡¡¡La muerte NO es el final!!! Porque es necesario que no lo sea, honrar a los muertos forma parte de la continuidad de la vida. Y. Creo que si pensáramos que la muerte es el final, la vida sería más insoportable de lo que ya lo es, sobre todo para aquellas personas que nacieron desheredadas, ya que las que siempre han vivido en la opulencia, y que casi todo estuvo al alcance de la mano y de una forma facilona, esas personas suelen tener más miedo a la muerte que las que hasta la buscan como una forma de redención al sufrimiento.

    Atentamente: Ramón Lencero Nieto

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  5. Amigos todos:
    Hoy estoy en esta querida y españolisima ciudad de Ceuta, donde mis ojos vieron la luz en un viejo cuartel de la Legión al pie del Monte Hacho.
    Lejos de los medios que me permiten responder con eficacia a vuestras amables y fructíferas intervenciones, solo puedo agradeceroslas y compartir con vosotros las emociones que he vivido tras una parada militar del ²° Tercio de La Legión:

    “A ciento sesenta pasos por minuto
    Y con un solo corazón
    Como un vendaval de guerra
    Desfila La Legión.“

    Adolfo Coloma
    5° Tercio de La Legión.
    Tercio de la Nostalgia

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