España, un alto puesto en la estima mundial Dr. Alfredo Gómez Gil

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Dr. Alfredo Gómez Gil

Presentamos hoy a don Alfredo Gómez Gil, prolífico escritor y poeta, que dirige las Tertulias Poéticas y Literarias del Casino de Madrid. Nace en Alicante en 1936, Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense, Doctor Honoris Causa por Richmond, The American International University in London, Catedrático de Literatura en H.C.W. de la Universidad de Hartford Connecticut, Catedrático de Literatura en la Universidad Francisco de Vitoria. Ha enseñado en Yale y en la Beijin (R. P. China), es autor del primer tratado en España sobre Literatura comparada, asesor y colaborador en la edición China del Cantar del Mío Cid, con numerosos libros de una sólida arquitectura vivencial y erudita. La mayoría de su obra poética está publicada en diferentes lenguas y como crítico de arte fue elogiado por Dalí y Picasso entre otros. Un gran personaje conocedor de la humanidad intelectual de todos los criterios  ideológicos de la historia contemporánea española. Bienvenido al blog don Alfredo.

ESPAÑA UN ALTO PUESTO EN LA ESTIMA MUNDIAL

Me complace como escritor y poeta dedicar unas líneas a la historia inmediata de nuestro Ejército, a esos cuarenta años transcurridos desde la creación del Ministerio de Defensa. Nuestra tradición unió al talento literario el amor por las armas: Garcilaso, Manrique, Cervantes, Calderón, Quevedo o Lope lo corroboraron en los siglos más asombrosos de nuestra historia. Para Cervantes, en boca de Don Quijote, la Pluma debía rendirse ante la Espada. Tributemos pues a nuestras Armas su debida atención.

El Ejército de mi época fue el primero de nuestra historia en que los jóvenes no podían redimir su servicio, ni pagar cuotas para librarse como pudieran haber hecho nuestros abuelos. Por primera vez el hijo del modesto obrero como el del banquero tenían que convivir durante un periodo; innovación ésta muy positiva a favor de un mejor entendimiento social. También el servicio significaba la última oportunidad de alfabetización, y creo que no existe mayor ansia cívica que la de redimir la vergonzosa

laguna de una ignorancia acumulada por siglos de desidia. Mantenían oficiales y jefes de aquel Ejército un espíritu de sincero patriotismo correlativo al que aun sentimos muchos españoles, pese a que actualmente las disformaciones convencionales de lo “políticamente correcto” lo propongan obsoleto. 

Buena parte de aquella oficialidad poseía una favorable formación teórica,

careciendo, en contraposición a su praxis, de la adecuada puesta al día, así como de la eficiente homologación con la paralela oficialidad extranjera modernizada por efecto de mayores intervenciones de ataque o defensa. Por el contrario, el Ejército que yo conocí, y en el que hice las Milicias, no dejaba en gran modo de ser la consecuencia proveniente de nuestra penosa Guerra Civil cuya función asemejaba cumplir la garantía de un régimen temporal.

En 1965 me trasladé a EE.UU. donde más tarde obtendría mi cátedra. Durante mis treinta y dos años de ausencia, aunque en efímeros viajes me ponía en contacto con la realidad española, el Ejército quedaba relegado a un nostálgico recuerdo, roto 2 única y aisladamente por los azarosos acontecimientos del 23F divulgados de inmediato por los medios de aquel país.

La verdad es que más tarde, al igual que gran parte de mis colegas españoles esparcidos por universidades de cinco continentes, le concedimos la menor importancia a lo que vino a ser la Transición. Han pasado cuarenta años desde entonces; España ha ingresado en la OTAN y las Fuerzas Armadas, nuestros soldados, cumplen cometidos que van desde Afganistán hasta la antigua Yugoslavia pasando por el Líbano y, hasta hace trece años, Irak. Podrán unos convenir y otros desacordar esas

acciones encomendadas, pero lo cierto es que, gracias al ejercicio y profesionalidad de nuestras Fuerzas Armadas, España ocupa hoy un alto puesto en la estima mundial.

Hoy nuestros oficiales y mandos demuestran excelente preparación, correcta mundología, actualización de tácticas, y suficiencia en idiomas con que facilitar el entendimiento entre compañeros de tropas internacionales mediante su activa participación en misiones de paz o ayuda humanitaria, rompiendo así el pesaroso aislamiento que nos caracterizó durante años.

Deseo finalmente patentizar mi admiración a la Guardia Civil, amada garante y esperanza de la por hoy debilitada seguridad ciudadana. Benemérita sin par por su infatigable dedicación y sangre derramada, merecedora del excelsior y más entusiasmada gratitud y homenaje así como al impecable cumplimiento del deber de nuestra Policía Nacional, baluarte insustituible del respeto y honor.

Dr. Alfredo Gómez Gil

17 de octubre de 2017

Blog: generaldavila.com

4 pensamientos en “España, un alto puesto en la estima mundial Dr. Alfredo Gómez Gil

  1. Buenos dias, mi general, y buenos dias, profesor D. Alfredo Gomez gil:

    Magistral escrito, de una realidad y evolución palpable. de las fuerzas armadas, o Defensa, que han puesto a ” España, en un alto puesto en la estima mundial ”

    Gracias.. y un afectuoso saludo.

    Afectuosos saludos también mi general.

    Josefa Lopez del Moral Beltran.

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  2. A las órdenes de V.E., mi General. Gracias por esta nueva y erudita pluma que nos recuerda y nos realimenta el orgullo de ser españoles, de pertenecer a la más antigua y grande nación, la de más gloriosa historia, la que un día fue dueña y señora del mundo, cuando con apenas cinco o seis millones de habitantes fue capaz de realizar las más grandes gestas y llevar su cultura a los más apartados rincones del mundo y proyectarse en todo un continente a miles de kilómetros y en otros puntos aun más lejanos, así como permanecer allí durante siglos. No como dominadora, esclavizadora y genocida de aborígenes, sino como civilizadora y evangelizadora, mezclando su sangre con la de ellos, sin racismo ni xenofobia sino tratándolos como a iguales y como hermanos.Extremos de los que no pueden presumir precisasmente otras naciones.

    También he tenido la experiencia de vivir un cierto tiempo fuera de España para completar mi formación profesional con vistas a la futura integración de España en la organización de Eurocontrol. Fue en Luxemburgo en e año 1.975, en el Instituto para la Navegación Aérea de dicho organismo, y sé cómo se añora a la Patria estando lejos de ella. La sensibilidad está a flor de piel. Cierto indivíduo de uno de los Países Bajos, al durigirme a él al llegar para preguntare por una estación de trenes, identificándome como español, me hizo un desaire obsceno dándome la espalda y diciendo “Bah, un español”. Me salió del alma, y sin pensaro dos veces, le contesté “que la próxima vez iría acompañado del Duque de Alba para que e enseñara maneras”.

    Distinguido Doctor, puedo certificar todo lo que dice sobre la labor cultural y afabetizadora, así como de formación profesional para la vida vicil, del Ejército con aquellos jóvenes de toda procedencia que venían a hacer el Servicio Militar. Yo mismo, personalmente y siendo a la sazón sólo un modesto Suboficial, fuí beneficiado al costeárseme mis estudios de idiomas y mis tituaciones en centros de enseñanza civiles, que tan vitales me fueron para mi posterior carrera civil. Guardaré gratitud eterna y tendré esa deuda impagable para con el Ejército y para quienes fueron mis Jefes. Nunca, a cambio de un puñado de votos, debieron los políticos suprimir el Servicio Militar Obligatorio. Fue un gravísimo error, porque entre eso, y ceder las competencias en Educación a otros, la juventud actual no se conoce salvo, si acaso, de forma virtual por los medios de comunicación que existen. Pero no tiene la experiencia del contacto humano y la convivencia en común que tuvimos nosotros, ni a nadie que les enseñe que pertenecen todos a un único y mismo grupo y que tienen una Patria común a la que amar y servir. En eso están absolutamente desconectados unos de otros y no hay medios técnicos que lo puedan solucionar. De hecho, son apátridas.

    ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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