LOS VERSOS DEL CORONEL (II- 21,22) Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

Félix Torres Murillo

 

 

 

 

VELÁZQUEZ

EL PRÍNCIPE BALTASAR CARLOS, A CABALLO. 1635-36.

Museo del Prado

Para el Salón de Reinos, pintó Velásquez este delicioso retrato del malogrado príncipe, con su jaca en corbeta recortándose sobre el fondo plateado del Guadarrama con nieve.

El efecto un tanto aparatoso del animal, que visto frontalmente resulta algo rígido y desproporcionado, se corrige teniendo en cuenta que fue pintado para sobrepuerta, contando con la visión de abajo arriba, que le devuelve toda su vivacidad y audacia de escorzo barroco.

El infante es sin duda una de las figuras más simpáticas de toda la galería de personajes velazqueños, ya a la que él trata con un especial afecto y ternura; de ahí la melancólica reflexión de mi segundo terceto ante las intuidas sensaciones del genio, sabedor de la muerte del príncipe.

 TERNURA

(Soneto)

 Cazador te pintó, que la experiencia

era en tan noble arte lo apropiado,

pues que era de reyes lo esperado

la prudencia, el buen tino y la paciencia.

 

Y del mando al tomar la referencia,

a caballo lo hace, de soldado:

pues requiere el gobierno del Estado

de equidad, de firmeza y de solvencia.

 

En tantas ocasiones que lo hiciera,

soberbia por supuesto su pericia,

te expresó su ternura y simpatía.

 

 Y ante aquella tu ausencia lastimera,

y una vez le llegara la noticia,

me pregunto, tal vez, si lloraría.

 

RETRATO ECUESTRE DEL CONDE DUQUE DE OLIVARES. 1638

Museo del Prado.

 Se desconoce la fecha exacta de este cuadro, pues Velázquez en lo que podríamos decir costumbre habitual no lo firma ni lo fecha.  Se piensa que la más acertada sería la de 1638, año en el que el Conde Duque pagó a dos compañías de soldados de su propio bolsillo para que evitaran la invasión de Fuenterrabía por parte de los franceses, episodio que se sugiere al fondo de la escena donde aparece un efecto de batalla con humo y fuego; batalla en la que él no participó.

 Lo viste con armadura, bengala y banda carmesí de general y nos lo presenta sobre un precioso caballo castaño, en una postura totalmente escorzada marcando una clara diagonal en profundidad y colocado de medio perfil. Lo pinta tocado con un sombrero de picos que refuerza su carácter de hombre de mando, frío y decidido.

El absoluto control del Estado que ostentaba el valido le lleva a retratarse a caballo, privilegio exclusivo de los monarcas.

Pero, y me perdonaréis la libertad, pienso que Velázquez se vengó de tanta prepotencia; extremo que recojo en el estrambote.


ETERNAMENTE

(Soneto con estrambote en cuarteto)

 En honor sólo a reyes reservado,

a caballo lo pinta, y sugerido

es posible el diseño, do el valido

mostrar quiere el poder, el que ha logrado.

 

Tras batalla famosa fue pintado,

a la cual no asistió, pero engreído

busca le sea el laurel atribuido

de tal hecho de armas, obstinado.

 

Y testigos nos hace de su hazaña,

mientras nos escruta fijamente

en lograda y rampante la cabriola.

 

En escorzo, lo viste de campaña

                                         -mejora con lo cual notablemente-

pero su vanidad le traerá cola.

 

Que en ésa la postura, ciertamente,

al forzarle a girar por siempre el cuello,

 tortícolis, – espléndido el destello-

al tipo hará sufrir, eternamente.

 

(Continuará)

 

 

3 pensamientos en “LOS VERSOS DEL CORONEL (II- 21,22) Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

  1. Genial y regocijante, sobre todo el dedicado al Conde-Duque de Olivares. Y en efecto, muy merecidamente, en el estrambote le pone las banderilla de fuego.

    Es que todos los validos habidos y por haber, y además he conocido y sufrido a alguno, porque los hay en todas partes a mayor o menor nivel, han sido mi debilidad, dicho sea en sentido irónico, pues siempre tuve el sexto sentido de olerlos a distancia y saber aprovechar el momento exacto ideal para descubrirles el juego y dejarlos en evidencia siempre ante su propio valedor, con lo que éste quedaba también chamuscado. Tengo que decir que en mis años del Ejército sólo detecté y descubrí a uno, y no fue mérito propio sino exceso de confianza en sí mismo del otro.

    Pero en la vida civil de quien menos se podía uno fiar al abrir la boca, era precisamente de aquellos que parecían “más torpes”. Y ahí, sí, conocí a muchos, muchísimos, con una debilidad común, no tenían escrúpulo alguno de conciencia para traicionar a su propia madre, a veces sin esperar necesariamente una recompensa, sino por puro placer de hundir a quienes valían más que ellos y quitarse de encima esa espina. Lo que ocurría, normalmente, es que no sólo interpretaban muy bien su papel como actores, sino que ya estaban tan metidos en el personaje, que no necesitaban esforzarse en aparentarlo, eran víctimas de su propia propio veneno.

    Lo dicho, excelentes sonetos.

    ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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  2. Muchas gracias.
    Ya te dije amigo Rafael; este tipo de personajes tampoco son santos de mi devoción. Creo que éste ya está cobrando su merecido; y lo que le aún le falta.

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