¡CABALLOS ESPAÑOLES! «Se ríen del miedo, nada les amedrenta, con brío van al encuentro de las armas». (Job, 39-21)

«Se ríen del miedo, nada les amedrenta, con brío van al encuentro de las armas» (Job, 39-21).

En la Baja Andalucía habitaban desde tiempo inmemorial los ginetes (con g). Estos hombres sorbiendo el aire y el sol de aquellas tierras, fueron los primeros que convivieron con nuestros caballos y toros bravos. En los confines más altos de la Marisma, al abrigo de las avenidas del rio es donde se adiestraron para cazar. A ellos, las horas pasaban sin prisas para elegir la pieza: un caballo o un toro. El caballo, símbolo de la vida. El toro, símbolo de la muerte. Caballo y toro, las dos deidades de aquellos hombres.
De ese pueblo se hablaba ya en el siglo VI a.C., como se ha recogido en la «Ora marítima» del libro de Aviano. (Geografía descriptiva de la Hispania prerromana).
Fueron pasando los años, y los pueblos de España se hicieron ganaderos, y los ginetes se vieron dominados por los tartesos, pueblo más grande y mejor organizado. Posteriormente los tartesos pasaron a depender de los iberos, eso si, habiendo asimilado toda las técnicas y conocimientos de caballos del pueblo ginete.
Para la guerra, a los iberos les bastó cambiar la garrocha por la lanza. Ante el enemigo estático, la doma de sus caballos al servicio de la técnica guerrera consistía en dar un «arreón» hacia el enemigo, parar haciendo «raya», arrojar la lanza, hacer una media pirueta sobre los pies del caballo y desaparecer antes de que el contrario pudiera reaccionar, luego se revolvían y de nuevo lanzaban sus dardos.
De los iberos, Plinio el Viejo, que parece lo sabía todo de España, en una de sus leyendas nos decía: «Es verdad que en España las yeguas, vueltas hacia el viento favorito (del Oeste) respiran sus fecundantes auras, preñándose de este modo; los potros que paren son rapidísimos en la carrera». Tan curioso era que murió en una erupción del Vesubio por acercarse demasiado a verlo.
Pero en el 718, Tarik y sus 17000 bereberes llegaron a España y, como erróneamente dicen algunos historiadores, con la absurda cifra de 300.000 caballos árabes. Para esos escritores, es válida aquella frase de Quevedo: «Hoy los ciegos usan espejo, y los idiotas atril», de ser cierto el número, mucho daño podrían haber hecho tantos caballos árabes al estándar racial del caballo español, pero no fue así.
A medida que fue avanzando hacia el sur la Reconquista, aumentó el número de caballos españoles en manos cristianas, ardua labor que siempre protegieron nuestros reyes.
Enrique IV de Castilla prohíbe la producción de híbridos (mulos y burdéganos), prohibición que alcanzaba hasta la margen izquierda del río Tajo. Felipe IV forma la Real Junta de Caballería, y tras la Guerra de Sucesión, Felipe V la reorganiza.
También, a pesar que en 1499 los Reyes Católicos prohíben la exportación equina, a medida que España fue penetrando en Europa, nuestros caballos llevados de contrabando o como apreciado regalo entre reyes, pasaron también a Francia e Inglaterra, con el fin de renovar sangres y reforzar anatomías.
Es fama que en el siglo VIII se mejoraron las razas alemanas con sementales españoles regalados por Alfonso II de entre los apresados a los musulmanes en el sitio o asedio de Lisboa. A destacar que durante su reinado, aparecieron en el año 825 los restos mortales del Apóstol Santiago, y encaramado en un caballo español, el rey Casto se convirtió en uno de los primeros peregrinos que trotaron el Camino.
Por culpa de la influencia de nuestros caballos, en Flandes, los pesados caballos barrocos pintados en los siglos XV y XVI se aligeran de peso en el XVII bajo los pinceles de Rubens, Van Dyck y compañía.
En Austria, Fernando I hermano de Carlos I, Emperador del Sacro Imperio Romano y rey de Austria, también con caballos españoles, fundó una de las primeras yeguadas de Europa, la de Kladruby en Bohemia (República Checa), muy próxima al hipódromo de Pardubice, donde en la actualidad se corre su célebre «steeple-chase», una de las carreras de obstáculos más duras, incluso más que el Grand National de Aintree (Liverpool).
En la yeguada Kladruby y por el color de sus capas, el ganado estaba dividido en dos piaras: los tordos destinados para desfiles de gala y los negros para los entierros.
Ya en España, hay que recordar la gran labor que hizo la Iglesia durante muchos años en relación con la cría y mantenimiento del caballo español. En este sentido sobresalen órdenes religiosas como la Compañía de Jesús (jesuitas) o dominicos, que colaboraron a la expansión del caballo español, y por encima de todas las contemplativas de los cartujos fundadas por el anacoreta San Bruno. Entre estas, a destacar la de Jerez de la Frontera (Cartuja de Santa María de la Defensión), de cuyos caballos y de su hierro del «bocado» tanto se ha escrito; o simplemente en los innumerables conventos y monasterios que mantenían caballos, bien como medio de transporte, para el trabajo en el campo o bien para la cría.
Hoy la Yeguada de la Cartuja (Hierro del Bocado) de Jerez de la Frontera, con más de 500 años de historia y patrimonio del Estado, es la reserva genética de caballos de pura raza española «estirpe cartujana» más importante del mundo. (La estirpe es una población cerrada de animal de una raza determinada)
Hasta tal punto llegó la labor de la Iglesia, que Felipe V nombró al obispo de Málaga Fray Gaspar de Molina y Oviedo presidente de la «Real Junta de Cavallería» de la que dependía todo lo relacionado con nuestros caballos y su cría.
El caballo español llegó a América en 1493 con ocasión del segundo viaje de Colón. El Almirante compró 25 animales: veinte caballos para «lanzas a la jineta» y cinco yeguas para «dobladuras». Al caer enfermo el día del embarque, Colón no pudo ver ni evitar que le engañaran, pues se los cambiaron por 25 pencos desorejados y cerriles. En el Memorial de Antonio Torres (Capitán General de la Flota que acompañó a Colón en este segundo viaje), se pueden leer sus declaraciones:
«Yo no lo vi porque estaba un poco doliente e metieron tales que el mejor de ellos non parece que vale dos mil maravedíes, porque vendieron los otros y compraron estos».
Con ellos y con los que posteriormente se llevaron de España, la isla La Española, hoy Santo Domingo, se convirtió en un importante centro reproductor de caballos españoles, que se propagaron rápidamente a través de toda la América Central.
También vinieron a España caballos europeos. Caballos extraños a nuestros ojos y capaces de llamar la atención y despertar la envidia por sus grandes proporciones, y capas desconocidas, como los que el Gran Capitán envió a los Reyes Católicos tras la conquista de Nápoles. Eran los + + + del «Trígamo Sinaléptico de Barón». (Tabla de triple entrada, que basándose en el Perfíl (Aloidismo), en el Peso (Heterometría) y en las Proporciones (Anamorfosis), da cabida a todas las razas caballares, y perdón por las palabrejas que aprendí en vaya usted a saber dónde).
Cuando se pusieron de moda las grandes carrozas, a imitación de las que usaban en Italia el Papa y los cardenales, hubo necesidad de estos caballos voluminosos, aunque carecieran de temperamento y tuvieran la resistencia justa para llevar a los Reyes desde Palacio hasta la Catedral.
Mención aparte merece lo ocurrido en Viena.
Antes de que el engolado Pluvinel creara en París «Le Manège Royale», (el Picadero Real), ya existía en la capital austriaca el «Picadero Español». Su sucesor, el picadero actual, considerado como el más bello de Europa, entre la plaza Saint-Michel y la plaza Joseph, adosado al palacio imperial alberga en su planta baja, los boxes de los caballos lipizzanos y su guadarnés, y en la planta superior, las habitaciones de los palafreneros y el vestuario de los jinetes (con j) que participan en la exhibiciones.
¡Y que exhibiciones! En esa maravillosa sinfonía en blanco que es el picadero de la Escuela Española de Equitación de Viena, con sus dos galerías a cada lado, el ánimo queda sobrecogido ante el peso de la tradición y de la leyenda. (Hoy Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad).
Aparecen los jinetes, siempre en armonía con la música, saludando bicornio en mano al retrato de Carlos VI, única nota de color del palacio, como expresión simbólica de su gratitud por el privilegio de montar en tal escenario los maravillosos tordos lipizzanos.
Dentro del barroco Palacio Imperial de los Habsburgo, en el corazón de la ciudad, desde hace 284 años, se encuentra La Escuela, y en ese museo de recuerdos maravillosos que es Hofburg, donde transcurrió la juventud de María Antonieta y la triste vida de Sissi, la última gran emperatriz del Imperio austrohúngaro, todavía hoy resuenan por sus pasillos los sarcasmos de Voltaire y los relatos del aventurero y libertino Casanova mezclados con el ruido de las espuelas del príncipe Eugenio de Saboya.
Con la muerte del anciano emperador Francisco José se puso punto final a los Habsburgo, pero en palacio se seguirá oyendo el vigoroso relinchar y piafar de los caballos sementales lipizzanos de ascendencia española y se podrá seguir contemplando, en el Picadero de Invierno, su maravilloso espectáculo ecuestre.
Las diferentes Escuelas, domas y suertes… en fin, el mundo del toro y del caballo en Europa se puede resumir diciendo que:
«En Viena es casi «ballet» lo que en un cortijo andaluz es «faena». En Lisboa, frente al toro, es casi «juego circense» lo que en la Plaza Monumental de Madrid es « pelea y duelo» (José Mª. Pemán).
Son los Reyes Católicos los que incorporan a la Corona las Órdenes Militares, años más tarde son las Maestranzas las que ocupan el lugar vacío que dejan aquellas y a ambas hoy se las considera como los auténticos pilares de todas las Escuelas de España.
Las Reales Maestranzas por orden de antigüedad en su creación son:
Ronda(1572), Sevilla(1670), Granada(1686), Valencia(1690) y Zaragoza (1819).
Posteriormente en 1992 y 1999 se crearon las llamadas modernas: Castilla y San Fernando.
La finalidad principal de todas ellas, era como se puede leer en los muros de la de Sevilla, situada en el Paseo de Colón junto a su plaza de toros de «La Maestranza»:
«De practicar ejercicios a caballo y celebrar fiestas de toros y cañas para adiestrar en el arte ecuestre a la nobleza y con ello ofrecer a S.M. el Rey diestros oficiales para su ejército».
Pero Ronda y su plaza, que fue la primera, es la más bella.

Plaza de piedra de Ronda,
la de los toreros machos:
pide tu balconería
una Carmen cada palco;
un Romero cada toro,
un Maestrante a caballo
y dos bandidos que pidan
la llave con sus retacos.
Plaza de toros de Ronda,
la de los toreros machos. (Fernando Villalón)

Va a terminar el siglo XVII, y con él la vida de Carlos II y la dinastía austriaca. Los caballos españoles comenzarán una nueva singladura bajo el mando de los Borbones, tras la Guerra de Sucesión que los dejará mermados. Pero ésta es ya otra historia.
Hoy, solo pido que no perdamos nunca este apego al caballo que llevamos en el corazón, y que enseñemos a nuestros hijos y nietos esta maravillosa lección de luz y de gloria, con sabor a campo y a tierra, que nos han dado siempre los caballos españoles, como aquel de nombre «Bonito», que ofreció Antoine de Pluvinel a Luis XIII de Francia con estas palabras:
«Sire, es lógico que siendo Vuestra Majestad el mayor rey de la cristiandad, tome lecciones sobre este caballo español, el más perfecto de Europa»
Y así, al paso corto, entre toros y caballos, se fueron ganando el cielo los hombres de nuestra tierra, los jinetes, los tartesos los iberos…, todos fueron garrochistas, jinetes y caballeros.
Al recordarlos hoy, siento lo que se siente al montar por primera vez a un potro, lo que el jinete vaquero en el acoso y derribo cuando en el tentadero espera a que le hagan «seña», lo que el caballero cuando pone a su caballo frente a la oscuridad del chiquero, lo del torero cuando espera de rodillas al toro a «porta gayola» frente a toriles, o lo que un jinete de saltos, preparado o prevenido, en la pista de ensayo con «gato» de ganar.

«Moza vestida de luto,
¡soleá…!¿A donde vas…?
―Voy a recordar a un hombre
que la vida es tan fugaz
que no merece la pena
de reír ni de llorar…» (Fernando Villalón)

Y en este punto de escritura, quiero hacer un toque de homenaje y admiración a tantos y tantos hombres que nos supieron legar una tradición y una forma de vivir. Ante todos ellos, los vivos y los muertos, por su honor y su gloria, me quito el sombrero porque así me lo enseñaron.
La realidad es que el hecho va al paso, la determinación al trote y mi pensamiento al galope, pero como en tantas otras cosas, y a pesar de las trabas y achaques, la suerte ya estaba echada y de nuevo estoy con ellos, aunque sigan resonando en mi mente las palabras que oí después de mi primera caída:
«No te preocupes Ángel, quien no se cae del caballo, es el obispo que se sienta sobre un sillón de terciopelo».
En Córdoba, en el centro de la plaza de «Las Tendillas», está la estatua ecuestre del Gran Capitán, pero los cordobeses llaman a aquella plaza «la plaza del caballo». El pueblo es radicalmente clásico, o sea antihistórico. El Gran Capitán ganó entre otras las batallas de Garellano y Ceriñola, pero su caballo español de bronce, al sol, gana en Córdoba, cada día, la batalla de la Armonía y de la Gracia.

Coronel de Caballería ®
Ángel Cerdido Peñalver.

Blog: generaldavila.com

Zaragoza febrero 2022

19 pensamientos en “¡CABALLOS ESPAÑOLES! «Se ríen del miedo, nada les amedrenta, con brío van al encuentro de las armas». (Job, 39-21)

  1. Mi respetado y ENTRAÑABLE CORONEL CERDIDO,
    ¡MAGISTRA! UNA MARAVILLA . Tanto los CABALLOS ESPAÑOLES , los TOROS ESPAÑOLES y sobre todo LOS JINETES Y LOS IMPARABLES JINETES ESPAÑOLES.. Conforme la copla dice :…LO ESPAÑOL!
    IMPECABLE LECCIÓN Y NADA QUE OLVIDAD EN EL TINTERO desde el VI a.C. a nuestros días pasando por PLINIO EL VIEJO, TARIK LA RECONQUISTA , LOS TORDOS Y NEGROS, SAN BRUNO, LAS CARTUJAS ETC. GARROCHISTAS, JINETES Y CABALLEROS . posiblemente citar los templarios próximos a GUADAMUR con su CASTILLO en las puertas de SANTA MARIA DE QUE etc,Acaba con la secuencia de las REALES MAESTRANZA desde RONDA (1572) a la última 1999 de SAN FERNANDO.. Los versos de VILLALÓN . Además incorpora : ALOIDISMO /HETEROMETRIA Y ANAMORFOSIS que brindan el profundo CONOCIMIENTO DEL PERFECTO CABALLO.
    «Los caballos eran fuertes!
    ¡Los caballos eran ágiles!
    Sus pescuezos eran finos, y sus ancas,
    relucientes, y en sus cascos, musicales…
    …………………..
    Los caballos andaluces, cuyos nervios
    tienen chispas de la raza voladora de los árabes,
    estamparon sus gloriosas herraduras
    en los secos pedregales,…..(Los caballos de los Conquistadores del Peruano SABNTOS CHOCANO)
    SILVINA OCAMPO en sus CABALLOS INFINITOS culmina la lirica equina:
    «Los he visto dormidos sobre el pasto
    repetirse acostados en los campos;
    furiosos los he visto, arrodillados,
    como dioses altivos, todos blancos…..
    ….
    Trémulos anunciaban las batallas,
    anunciaban el miedo y la constancia,
    como el redoble del tambor trotaban,
    como un aplauso en el profundo teatro
    …………………………
    GRACIAS por traer AL GRAN CAPITAN DE LAS TENDILLAS TOLEDANA y LA CORDOBESA PLAZA TAN ADMIRADA.
    Un pequeño apunte de quien subscribe al CABALLO AZUL DE FRANK MARC :
    …………………………
    Una poetisa “el caballo une a los amantes”,
    muy sobrios, elegantes, tan fieles y sinceros
    en ocasiones revestidos de gloria cuan guerreros,
    a la carga, furiosos centauros galopantes”
    ………………………………….
    Reitero ENHORABUENA Y GRATITUD.
    Se ve muy claro que la máxima de Séneca permanece siempre : DEDISCIT ANIMUS SERO QUOD DIDICIT » ( Difícilmente olvidamos lo que con mucho cuidado hemos aprendido / Troades,663)
    A la orden de V.I
    A la orden de V.E
    VIVA EL REY
    VIVA EL RELÁMPAGO DE LA CABALLERÍA
    VIVA Y ARRIBA ESPAÑA

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  2. Atentamente y con el debido respeto

    Al Coronel de Caballería DON Ángel Cerdido Peñalver
    —————————————————————————–
    Su pasión por la Caballería
    se patenta en el papel
    que ilustrado por Usía
    muestra con sabiduría
    los valores del corcel.

    Ramón Lencero Nieto

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  3. Mi respetado general,
    Me gustaría saber que ha sido de la Yeguada Militar, la Remonta que estaba en Jerez y de LoreToki. Tuve un amigo en Marbella que estaba «como loco» detrás de un caballo español y de un halcón peregrino. El halcón peregrino, un pollo, se lo proporcionó un guarda forestal de Gredos y lo metió en su avión a toda prisa, de contrabando hacia Arabia Saudita.
    Un amigo de mi padre, legionario, el «Bakali, que venía de vez en cuándo a mi casa, era ciego y muy fumador, según mi padre fué el que organizó el primer grupo de caballería en la Legión. Yo le recuerdo siempre con sus gafas muy oscuras. Era muy hablador y ameno, igual que mi padre y se peleaban y no dejaban hablar al otro. !!! Qué tiempos aquellos del cuplé ¡¡¡.
    A sus ordenes mi general. Felipe Vidal. !!! Viva España ¡¡¡¡ !!! Viva la Legión ¡¡¡.

    PS. En éstos tiempos que estamos pasando ¿dónde está el Rey?.

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  4. Magnifico artículo, querido Ángel; para guardar, y eso haré.
    Cursé el bachillerato en el INEM entonces, ahora Séneca en la cordobesa plaza de Las Tendillas o del Caballo como apuntas y desde sus aulas veíamos la estatua ecuestre del Gran Capitán de Mateo Inurria, toda en bronce excepto la cabeza esculpida en mármol blanco sobre la que existe polémica desde su inauguración hacia 1910: ¿es la de Lagartijo? Los cordobeses la siguen manteniendo mientras se toman su caña, la mejor tirada del mundo, en el Bar Correo, a su vera cuyo local tiene una superficie de 6 m. cuadrados, mal contados.
    A mí, lo de «la primera caída» me llegó en versión «Vea Murguía», el nunca bien ponderado y «añorado» proto, ya sabes.: «Caballero, no se preocupe; los únicos que no se caen del caballo son los obispos, porque van en mula» .
    Perdona la digresión nostálgica; lo repito, un estupendo artículo:!enhorabuena!

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  5. Mi General: Magnífica lección sobre caballos, nos da hoy, nuestro admirable, amigo Ángel CERDIDO, Coronel de CABALLERÍA.
    Tendré que leer varias veces y guardar esta lección magistral.
    Ángel , gracias por tu artículo. Un abrazo.🇪🇸🇪🇸🇪🇸

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  6. Muchas gracias Mi coronel, por su escrito tan ameno, y saber todo de los caballos Españoles, que por cierto son los mejores…. Saludos para todos.

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  7. Mi querido compañero y amigo Cerdido.
    No quiero que quede en el aire,sin nombrar expresamente, la incomparable labor que vino haciendo hasta recientemente, no se si ahora, el Servicio de Cria Caballar del Ejercito mediante el Fondo de Explotación y Entretenimiento de los Servicios de Cria Caballar y Remonta. Su tarea ,por mi perfectamente conocida con sus peculiaridades por mi tiempo en ese destino durante cinco años como Capitán Pagador y Depositario de Efectosera de escaso conocimiento dentro de nuestro Estamento y sin embargo la labor de mantenimiento de la pureza de las razas en las fincas de Vicos y Garrapilos en Jerez de la Frontera y Lore Toki en San Sebastián dedicada al “pura sangre “ y más tarde Ibios, sin perder de vista los Depósitos de Sementales ,era una labor admirable para no perder los origenes gozando entre los criadores de caballos de un gran prestigio. En el Depósito de Sementales de Jerez estuvieron los caballos Lipizzanos ,en los 70, creo que la única vez que han venido a España lo que demostraba la credibilidad y respeto que merecía la Cria Caballar. Con esta pequeña colaboración quiero romper una lanza,nunca mejor dicho, aún no siendo de Caballeria ,por esa Cria Caballar, que según mis noticias no es ni sombra, si existe, de lo que era con el consiguiente daño. Uno más.
    Serafín Verdejo
    TteCoronel de Intendencia (R)

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  8. Mi Coronel, al leer tu magnífico artículo en algún momento se me han erizado los pocos pelillos que me quedan. Para un rebotado, que cada vez que a notado «el tufo de potro y aroma de batalla», allí que se ha arrimado( no en vano he tenido la suerte y honor de estar mas de 18 años en » La Jarama») ha sido una extraordinaria lección de «Historia Caballar» que como ha dicho antes alguien en un comentario » Digna de guardar» y de leer mas de una vez, que es lo que pienso hacer. y con tu permiso compartir en mi muro de facebook. Muchas gracias.

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  9. Incomparable, admirado Coronel Cerdido Peñalver, esa historia del caballo (nada menos que desde los tartesos, ahí es nada) y de sus ginetes o jinetes.

    Naturalmente que es para guardarla, estoy totalmente de acuerdo con el Coronel Torres.

    Es muy difícil hoy en día encontrar una tan pormenorizada historia de «el más noble de los animales», a veces casi humanos, porque usted habrá comprobado, como yo misma, hasta qué punto simplemente por el olfato, son capaces de distinguir la calidad de la persona que se les acerca, quizás en eso puedan parecérseles los perros. Puede que huelan el miedo, pero yo soy una convencida de que quienes tienen miedo de los caballos – y de los perros – algo les falla.

    Nunca, cuando me he acercado a un caballo, con cuidado, poco a poco y hablándoles con cariño, han rehuido la caricia que les hacía con verdadera adoración, ni siquiera a los que me advertían que eran resabiados y peligrosos. Para mi nunca lo fueron.

    Quien ama a los caballos tiene un punto indudable de nobleza en su carácter, y usted es una prueba evidente de lo que digo.

    Muchas gracias por esa poesía en prosa, como dice nuestro apreciado D. Félix Fernández de Castro, mucho más parco en palabras que yo lo que es de agradecer. Ojalá todos tuviéramos esa cualidad de resumir en pocas palabras nuestro pensamiento, eso es algo que siempre me ha parecido envidiable pero que soy incapaz de imitar. Soy habladora por naturaleza, y eso se refleja también cuando escribo.

    Mi afecto y admiración. mi Coronel, y un saludo para nuestro General Dávila y para todos

    Margarita Alvarez-Ossorio

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  10. A las órdenes de V. I.,mi Coronel.

    Gratitud infinita por este admirable repaso a la historia del caballo. Como ya está tododicho por los eruditos comentaristas que me preceden, no encuentro algo diferente que decir para elogiar tan documentado artículo.

    Siempre, desde que tengo memoria, crecí entre las patas de los caballos que había en la finca y cortijo en que vivíamos, y nunca me pisó ninguno ni recibí una coz o mordisco. Recuerdo el gran disgusto que con unos siete años ya, me llevé porque otro niño se me adelantó a montar, bueno, a «subirse», a un potro demasiado joven todavía, con riesgo de desgraciarle la columna vertebral. Lo de «estrenar» el lomo de los potros me estaba reservado por ser «el niño», a pelo y sostenido por mi padre o por el encargado de todas las caballerías, mi añorado Luis, excelente caballista que había aprendido todo en un muy largo servicio militar durante la inmediata postguerra, en el antiguo Cuartel de Conde Duque, en Madrid.

    Siendo ya adulto y un imberbe Sargentillo, no de Caballería, sino de Aviación, también cuidé y disfruté de una preciosa jaca cartujana de color blanco por el inmenso espacio de los terrenos de la Base Aérea en que servía.

    Pero donde más años he disfrutado de caballos, ha sido en Sevilla durante mis doce años allí. No me perdía ninguna oportunidad, pues tenía buenas amistades en ese mundo de los caballos. UNa auténtica gozada.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  11. Con permiso de Vuecencia, mi General. Mi Coronel, para un soldado del Ejercito del Aire, como yo, esta lección sobre el caballo, La caballería, y los toros me ha dejado con la boca abierta, aunque no me considero un patán.
    Al contrario que a Da. Margarita, siempre que me he acercado a un caballo se ha comportado amistosamente y no he tenido ningún recelo al respecto. siempre ofreciéndole un trozo de manzana vuelven hacia ti al día siguiente. Gracias por esta magnifica lección. ¡Arriba España y viva La Legión!. Julio de Felipe

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  12. Aportemos dos caballos y dos caballeros:
    Búcefalo de Alejandro Magno y Babieca del Cid Campeador, don Rodrigo Pérez de Vivar.

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  13. Siento decirle, D. Julio de Felipe, que usted ha debido leer mi comentario equivocadamente.

    Precisamente lo que hago es una referencia a que nunca un caballo había rehuido una caricia hecha con amor y cuidado de no asustarlo.

    Puesto que usted hace referencia específica a mi nombre y a lo que digo en mi comentario, me atrevo a ésta rectificación.

    Atentamente

    Margarita Alvarez-Ossorio

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  14. Soy Alférez de Caballería ( Montejaque ) y ello me consolidó el magnetismo que siempre sentí por los caballos.
    Luego Abogado en ejercicio y criador de P.R.E. en Catalunya, Presidente de la Asociación de Ganaderos y miembro del Consejo de A.N.C.C.E.
    Ya jubilado conservo tres PRE, entre ellos mi semental con el hierro del bocado.
    No puedo pasar sin verlos, montarlos y engancharlos. ¡ Que belleza y nobleza !.

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