
Junto a los árabes Darley y Godolphin, otro de los grandes padres del actual turf fue el turco Byerley, El caballo fue montado por el Capitán Robert Byerley durante la campaña militar en Irlanda (1689-1690). Tras la contienda, el caballo fue llevado a Inglaterra, donde se convirtió en uno de los primeros sementales orientales en influir decisivamente en la cría de los caballos pura sangre. El grabado que no gané, fue el premio del único Concurso Completo de Equitación llevado a cabo en el Campo de Maniobras San Gregorio de la Academia General Militar de Zaragoza, en la primavera de 1900. Lo ganó mi amigo el entonces capitán, hoy coronel José María Sánchez-Feijóo López. Después de muchos años, y en la víspera de su marcha de Zaragoza, para estrenar su nueva casa en Santander, me lo regaló como recuerdo. Gracias Tato.
En L’Eperon (La espuela) destacada revista francesa especializada en el mundo del caballo, leí que: «Un yearling (potro de un año) con buenos tendones, que no sea ni una cabra ni un elefante, pero que esté bien nacido, probablemente correrá y saltará. La sangre muy pocas veces miente»
Por eso, y para conocerlos mejor, quiero dar este pequeño repaso a través de la Historia y de la Mitología, con sus verdades y mentiras, sin olvidar como dice un proverbio indio que: Dios duerme en el corazón de las piedras, respira dentro de las plantas, sueña con los animales y se despierta en la humanidad.
El caballo que hoy vemos vivió hace millones de años, pues antes de la aparición del hombre en la tierra ya existía, y solo hasta en el último período de la Era Terciaria no se nos presenta con su forma actual. Todas esas trasformaciones tuvieron lugar en el continente americano, cuna de la especie.
Cuando se restablece la comunicación terrestre definitiva entre América del Norte y del Sur, geológicamente hace aproximadamente 3 millones de años (durante el Plioceno) con la formación del Istmo de Panamá, los caballos, a la vez que se extendían por el sur del nuevo continente, grandes manadas de ganado atravesaban el estrecho de Behering, desde Alaska hacia Siberia ocupando Asia y Europa. De ahí las muestras que hoy tenemos de los caballos salvajes (equus przewalskii), con signos raciales muy distintos morfológicamente a la multitud de las razas actuales.
Posteriormente los de América, y por causas desconocidas entran en decadencia y cuando el continente fue descubierto por los navegantes españoles habían desaparecido.
En definitiva, la existencia del caballo es casi milagrosa, puesto que cuando desaparece en Europa se conserva todavía en América, y al desaparecer en este continente será repoblado por los conquistadores europeos. Y desde Arriero, el Romo, y el Cordobés (los caballos de Cortés), nos vamos en pos de Villano, el Zainillo y el Salinillas, (los caballos de Pizarro).
Sea como fuese, pronto el hombre descubrió que los animales podían transportar no solo cargas, sino también hombres, y los primeros testimonios nos llegan desde Mesopotamia. A partir de la época del sexto rey de Babilonia Hammurabi, 2100 años antes de J.C., aparecen ya las monturas.
Pero la verdadera dimensión de trascendencia la encuentra el caballo en Grecia, cuna de la filosofía, mientras que en Roma, cuna de la jurisprudencia, se da al caballo un sentida más pragmático.
Por eso, la gran época del caballo como animal de compañía comienza en Grecia, y a partir de Homero es cuando será el compañero inseparable de los grandes héroes de la guerra, y el animal favorito de los dioses. Los griegos reconocen su belleza, lo que a sus ojos era más importante que su fin utilitario. De siempre los caballos nos supieron inspirar sueños y leyendas en la imaginación de todas nuestras culturas como: los «Centauros» aquellos seres mitológicos originarios de Tesalia, (la que aparece en la Odisea de Homero) los primeros que se sirvieron del caballo como montura, y que causaron entre los pueblos helénicos gran admiración creyendo que constituían un solo ser, mitad hombres y mitad caballos. Fidias nos los dejó grabados en las metopas de los frisos del Partenón, en la Acrópolis de Atenas.
El más civilizado y sabio de ellos fue Quirón», el primero en practicar el arte de la medicina quirúrgica, valiéndose de unas hierbas. Era hijo de Crono y Fílira, y por lo tanto medio hermano de Zeus.
Y es que en Grecia el caballo no es un animal para todos los días, pertenece al aspecto heroico de la vida, lo consideran de origen divino, nacido de la unión de Poseidón y Demeter, el primer caballo se llamó Arión y con él entraron de lleno en la mitología, donde le vemos arrastrando el carro de Poseidón a través del océano, elevándose por los aires con poderosos aletazos como su hermano Pegaso, el surgido de la cabeza de Medusa.
En efecto, Pegaso el fogoso caballo volador, nació del chorro de sangre que brotó cuando Perseo cortó la cabeza a Medusa, él es quien a través de los Cíclopes con sus únicos ojos, llevaron a Zeus el relámpago, el rayo y el trueno. Se llegó a decir que hizo brotar la fuente de Hipocrene con sólo pegar con el casco en la roca de Helicón. Creció y vivió de potro en las laderas del monte Olimpo entre Tesalia y Macedonia, naturalmente estaba dotado de alas y volaba, aunque no fuese un caballo de carne y hueso.
Más cercanos todavía tenemos a los caballos del sol. Según la Metamorfosis de Ovidio, se llamaban Pirois, Eoo, Etón y Flegonte, a los que quiso guiar un día el imprudente Faetón, y al no poder llevarlos por buenos caminos abrasaron el cielo y la tierra.
Con Homero, el caballo será el compañero inseparable de los grandes héroes de la guerra. Aquiles recibe de su padre Peleo los inmortales corceles Ballos (Balio) y Xanthos (Janto), regalo de Poseidón, y es que La Ilíada es toda ella un canto al caballo, y una de las mejores fuentes para conocer el protagonismo de este animal en la Historia y la leyenda, como lo haría de El Caballo de Troya, el mayor símbolo conocido de la astucia griega sobre la fuerza bruta. El caballo de Troya fue una estrategia militar, ideada por Ulises y construida por el carpintero Epeo, que permitió a los aqueos finalizar la guerra de 10 años e ingresar en la inexpugnable ciudad de Troya.
Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles en las letras y de Filipo en el arte de la guerra, amó extraordinariamente a su bello Bucéfalo, caballo negro azabache con un estrella blanca en la frente, cuentan que era plenamente correspondido, pues el fiero caballo, que nunca dejó que subiera nadie desconocida sobre sus lomos, eso sí, apenas oía la voz de su dueño se acercaba a él y se hincaba de rodillas para recibirlo. De resulta de la batalla contra Foro en las orillas del rio Hidaspes, un afluente del Indo, murió Bucéfalo y tanto lo sintió Alejandro, que en memoria de su gran amigo mandó construir la ciudad de Bucefalia.
Al lado de este amor hacia Bucéfalo hay que colocar el que sintió Calígula por el suyo, llamado Incitatus es decir Impetuoso, que llegó a construirle un palacio, en el que el pesebre era de marfil y la manta de púrpura bordada de pedrería, la comida y el vino se lo servían en vasos de oro, y se comentaba que tuvo el propósito de nombrarlo cónsul. ¿Pero qué podía esperase del jovenzuelo Calígula que antes de vestir la toga ya había tenido relaciones sexuales con sus tres hermanas: Agripina, Drusila y Julia?
También se ha escrito que a su muerte Atila fue enterrado con su caballo y sus armas, rito que realizaban igualmente muchos pueblos nórdicos.
Strategos era el caballo de Anibal, pero ¿cual fue su arma principal para vencer a los romanos? Sin duda alguna la caballería… y no los 37 elefantes como se dice a veces. Porque Anibal supo aunar lo que, según su padre Amilcar Barca, era invencible: los caballos de Numidia (hoy norte de Argelia y parte de Túnez) y los soldados españoles, la fuerza de élite más ágil y rápida de su ejército en la Segunda Guerra Púnica.
De las leyendas en la religión nos encontramos que: en Judea fueron los caballos de fuego los que elevaron a Elías al cielo,y que Zacarías habla de un hombre que estaba entre mirtos, montado sobre un caballo rojo, y no nos olvidamos cuando después de la Apocalipsis de San Juan , el rey de reyes, el señor de los señores, es llevado al cielo.
Desconocemos el nombre del caballo de San Pablo que aparece en los «Hechos» de Lucas, …De camino y acercándome a Damasco una gran luz del cielo me envolvió. Caí a tierra, y oí una voz que decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigue? …y cuando Saulo se levantó del suelo ya era el fiel vasallo de Jesús para siempre, un caballo para la Historia de cuyo nombre no quedó testimonio.
Y vi el cielo abierto, y de aquí un caballo blanco, y el que lo montaba es el que se llama Fiel y Veraz, que juzga y pelea con justicia. Lo que demuestra que también en la mente de San Juan convivían los tres protagonistas de la vida y de la Historia: Dios, el hombre y el caballo.
El día de San Anton,17 de enero, era costumbre en Roma y Florencia, también hasta hace poco en España, que todos los caballos adornados con los mas bellos arneses, se presentasen en algunas iglesias para recibir la bendición del sacerdote. Hoy me acuerdo cuando, hace ya muchos años, en 1967 siendo teniente, llevé a unos cuantos de la Academia de Infantería a la ermita de San Roque en el barrio de San Antón, camino del cementerio en Toledo, ¡donde les dieron unas rosquillas!
Nos cuenta una leyenda que, en el siglo XI, a un sacerdote pagano convertido al cristianismo con el nombre en España de San Eloy (en Europa San Eligio), se le asignaron poderes especiales en la corrección y tratado de las extremidades de los caballos. Hoy es el patrón de los herradores de todo el mundo, con especial devoción en Francia y de forma particular en la región natural de La Camarga en la provincia de Provenza.
Como ejemplo de la presencia del caballo y sus leyendas en la religión musulmana, citaremos a Al-Burāq (en árabe del rayo o esplendor), la centelleante yegua alada torda del profeta Mahoma. Según el Korán, era más grande que un burro pero más pequeña que una mula. En su famoso viaje nocturno, que lo transportó desde la Kaaba de La Meca hasta Jerusalén (Mezquita de al-Aqsa) y de allí al cielo, dicen que bajo sus pasos durante el vuelo, la arena del desierto se convertía en oro y era apta para dar vida a cualquier semilla.
En Europa, para muchos pueblos, las cola del caballo eran un atributo de honor, una marca de dignidad. Otros la cortaban como signo de duelo, pero en la Edad Media el amputar la cola por el maslo al caballo de un caballero constituía una suprema ofensa. Para los turcos tenía el valor de una alta distinción militar y designaba el rango de los visires y de los pachás; solamente los sultanes tenían el privilegio de hacerse preceder de siete estandartes coronados con las respectivas siete colas de caballo.
En la corte del rey Arturo los caballeros de la Tabla Redonda, (mejor mesa redonda), se hicieron famosos por su forma de luchar, por su forma de montar, por su fidelidad a su Rey, y por su honestidad. Por todo eso cuando Sir Tristam se enfrentó en un torneo de justas a caballo y con lanza, por vez primera a uno de esos caballeros, el que vestía enteramente de blanco y montado un caballo negro azabache, le peguntó cual era su nombre, le contestó: me llamo Sir Lancelot du Lac, caballero, y Tristam les respondió: ¡Ay de mí!. ¿Que he hecho? Tú eres el caballero que yo más admiro en el mundo.
Por San Eloy y San Hervé, en Francia, los bretones iban montados en sus caballos hasta el portal de la iglesia del pueblo, y después de haber dado tres vueltas al recinto, echaban pie a tierra y cortaban la cola de sus caballos, adornadas con flores y cintas de vivos colores, las depositaban sobre el altar de los dos santos bienhechores.
Genitor, el caballo de Julio César, dicen que después de pasar el Rubicón y unos días antes de su muerte, que el caballo ya la barruntaba, rechazó el alimento y lloró. César tanto quería a los caballos que en plena batalla, cuando las cosas venían mal dadas, tenía la costumbre de retirarlos a la retaguardia, empezando por el suyo, y él mismo pie a tierra luchaba como un legionario más para que sus soldados no pensasen en la retirada.
Nerón otorgaba a sus viejos caballos victoriosos un atuendo de palacio, ropaje reservado a los altos dignatarios romanos. Valentiniano I hizo componer el pájaro, estatua que siempre llevaba con él, mientras que otro emperador, de nombre Lucio Aurelio Vero hizo enterrar el suyo en El Vaticano.
Sin embargo, poco sabemos de Regnator, el caballo de la Hispania Romana. Dice la leyenda que participó en muchas carreras viniendo de atrás, y ponía al circo de pie cuando comenzaba a adelantar a sus rivales. Cuentan para no creer, ¡que ganó dos carreras en un mismo día!: una por la mañana en el hipódromo de Córdoba y otra por la tarde en el de Mérida.
Más cerca de nosotros, aparecen caballos notables como son el Brilladoro de Orlando; el Frontino, de Rugero; el Bayardo, de Reinaldo de Montalbán; el también Frontino de Bradamonte que tenía un lucero en la frente; y como no acordarme de la célebre yegua Orelia, del último rey de los visigodos, don Rodrigo, regalo del mismísimo conde don Julián, antes de la afrenta del Tajo, es decir, cuando Rodrigo se apoderó y abusó de la bella, Florinda la Cava hija del conde, tras verla bañarse desnuda en las entonces aguas cristalinas toledanas del Tajo, cerca de un torreón que todavía existe próximo al puente de San Martín. Orelia murió en combate a orillas del Guadalete o puede que fuese en las aguas de la laguna de la Janda, done la Cruz cedía ante la Media Luna, y donde el desdichado Rodrigo perdía la vida y el reino.
No nos olvidamos de Rocinante, el famoso bisnieto de la gran Babieca y el primero de los caballos del Quijote… aquí yace el caballero bien molido y mal andante a quien llevó Rocinante por uno y otro sendero; o la célebre alazana Babieca, que llevó a su dueño Ruy Díaz de Vivar el Cid Campeador a la victoria constante, incluso después de muerto, y por eso le cantaban: …Desde Cullera volvió mio Cid el afortunado, muy alegre de lo que por los campos capturaron; y todos vieron cuánto valía Babieca de la cabeza hasta el rabo…
Desconocemos el que supuestamente hacía las oscuras delicias sexuales a Catalina la Grande, en una leyenda negra de origen bolchevique, al asegurar que la zarina murió tras una fallida relación con un caballo.
No se precisan más argumentos para señalar que el hombre, sintió tal admiración por el caballo, que bien puede decirse que durante muchos años ha practicado el culto a este extraordinario animal.
Y como quien dice, ayer mismo, en Francia, bajo Napoleón III, el nuevo hipódromo de Long Champs, era el punto de cita de lo más elegante de Europa. No obstante, en Inglaterra las carreras continuaron durante algún tiempo sujetas a cierto ceremonial. Allí el Derby era considerado como una reunión exclusivamente masculina, las damas iban a Epson dos días más tarde, pues los entusiastas del bello sexo, no consideraban de su gusto el que las mujeres apostaran dinero a los caballos en esa carrera.
Todas estas historias, verdaderas o inventadas, relatadas acerca de la inteligencia de los animales resultan pálidas comparadas con las milagrosas proezas de estos caballos que a todos nos asombraron. De Norte a Sur y de Este a Oeste, aquellos hombres espada en cruz o cimitarra curvada sabían que solo tenían un buen amigo: su caballo. Pueden que muchos no las crean, pero han existido siempre, por eso si os dicen que han visto un caballo volar hacia Santiago y era blanco, creedlo.
Como resumen , señalo que el caballo ha de ocupar situación preeminente junto al hombre de hoy, puesto que es un instrumento muy importante para la expansión del espíritu, el ejercicio físico, etc., a que conduce el deporte hípico, que reúne como ningún otro, los encantos del arte y la emoción.
Los caballos y los perros han sido los compañeros más íntimos y fieles del hombre desde los comienzos de la historia pero, con toda certeza, el caballo ha sido el más útil. En los deportes, en la agricultura, en los transportes y en las guerras, el caballo ha contribuido más al placer, ambición y progreso humanos que cualquier otro animal.
Sobre todos ellos daréis rienda suelta a vuestro júbilo en audaces galopadas, sembraréis vuestra pesadumbre a lo largo de los caminos y después de horas de cabalgar dentro de la naturaleza viva, con todos los aromas de las montañas, de los bosques y de las estrellas, regresaréis a casa dichosos y satisfechos.
Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver.
Zaragoza abril 2026.
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