LA HUMILLACIÓN NACIONAL. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

El 98 marcó un antes y un después. Ha perdurado en el recuerdo como el «Desastre del 98», aunque prefiero llamarlo la «Humillación Nacional». Cuando sufre el pueblo, sufren la cultura, la milicia y hasta la religión; la historia se encoge y se escribe con sangre.

Empezamos a ser una nación humillada por quienes nos gobiernan. Siempre lo hemos aguantado todo, menos que nos hablen alto. Ahora nos gritan y el corazón está sordo.

El ataque a Ceuta ha sido una humillación que duele profundamente, y volverá a ocurrir antes de lo esperado. Olvidarse de Ceuta y desviar el foco de atención no resolverá el problema. Ha habido un ataque a la integridad territorial de España que se repetirá en cuanto se den las condiciones.

Ahora Marruecos mira hacia otro lado porque su interés se centra en la ONU, donde el 31 de octubre el Consejo de Seguridad votará una resolución sobre el futuro del Sáhara Occidental. España, potencia administradora, parece haber renunciado a desempeñar su papel, aun cuando todo lo que allí ocurra afecta de manera directa a nuestra soberanía. Está en juego el control operativo del espacio aéreo del Sáhara Occidental —administrado desde Canarias—, así como la gestión de sus aguas territoriales y espacios marítimos.

El debate sigue abierto. El pasado 15 de octubre, en la Asamblea General de la ONU, 152 Estados aprobaron una resolución no vinculante para el Consejo de Seguridad que ha generado expectativas tanto en Marruecos como en el Polisario. Satisface las pretensiones de ambas partes, lo cual resulta incompatible. Por un lado, las Naciones Unidas siguen tratando el Sáhara Occidental como una cuestión de descolonización (autodeterminación); por otro, se sigue incluyendo en el texto la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad, que señalaba la propuesta marroquí de «autonomía del Sáhara Occidental» como «la solución más viable».

Hay nervios y agitación diplomática en Washington porque el Consejo debe pronunciarse sobre la prolongación de la MINURSO y fijar la guía política para el próximo año. Todo indica que no habrá sorpresas y que el proceso se prorrogará doce meses más, mientras Marruecos continúa presionando a Estados Unidos e Israel, donde tiene empeñado su futuro.

Eso no significa que Ceuta y Melilla pasen a un segundo plano para Marruecos; ambas conservan la misma importancia en un espacio estratégico de gran alcance que interesa a Estados Unidos, Oriente Medio y Europa: la costa del Sáhara Occidental, el Sahel, Canarias y el estrecho de Gibraltar. Joyas estratégicas.

Los dos territorios de España con menor superficie son los de mayor valor estratégico: Gibraltar y Ceuta. El primero ha sido víctima de un acuerdo que traiciona la integridad territorial de España al entregarlo al Reino Unido para que mantenga allí su base militar, desde la cual, además de proyectar su poderío militar, controla la angostura del Estrecho. Pretenden que Ceuta sea la siguiente claudicación y, a la vista de los recientes acontecimientos, vamos camino de ello. El problema es complejo y responde a intereses diversos. El lugar es codiciado internacionalmente y España está cada día más sola y resulta menos fiable. Hay que recurrir a esa cursilería moderna que afirma que «dato mata relato».

Vamos a los datos. Marruecos ha construido —o está construyendo— tres superpuertos de gran valor estratégico, tanto militar como económico:

  • Tánger Med, situado a la entrada del estrecho de Gibraltar, a unos 15 kilómetros de Ceuta y junto a la base naval de Ksar Sghir, la más importante de su Marina Real.

  • Nador West Med, en pleno Mediterráneo y a menos de 20 kilómetros de Melilla, un megapuerto recién inaugurado que ha dejado en segundo plano a los de Algeciras y Valencia.

  • Dakhla Atlantique, en el Sáhara Occidental, un puerto atlántico de aguas profundas que se inaugurará pronto. Ubicado a unos 40 kilómetros al norte de la ciudad de Dajla (la antigua Villa Cisneros), en el territorio en disputa del Sáhara Occidental, servirá para controlar el comercio marítimo, con dominio sobre el Sahel y las aguas territoriales españolas en Canarias. Una jugada maestra.

A todo esto, Marruecos construye autopistas y ferrocarriles que vertebran el país de norte a sur y de este a oeste, financiados por Estados Unidos y Francia. Incluso la Unión Europea financia infraestructuras vitales, como la «autopista del agua», para garantizar el suministro hídrico en todo su territorio (con proyectos como la «autopista Trump», que parte del sur de Marruecos, se adentra en el Sáhara Occidental y llega hasta el puerto de Dajla, o la citada «autopista del agua», respaldada por la UE con 348 millones de euros).

Por otro lado, habrá que ver en qué queda el acuerdo que ha encendido las alarmas institucionales por el posible «caballo de Troya» que supone la adquisición, por parte de la empresa pública marroquí Marsa Maroc, del 45 % de Boluda Maritime Terminals (BMT, con presencia en los puertos de Vilagarcía, Santander, Sevilla, Las Palmas, Tenerife, La Palma y Lanzarote). Aunque la firma española alega que «por el momento es una participación minoritaria que no otorga, por sí sola, el control de la sociedad ni la capacidad unilateral de desviar tráficos», la preocupación ha saltado de forma muy especial en Canarias.

Tampoco podemos ni debemos olvidar la modernización de las Fuerzas Armadas y de la Marina marroquíes, socio preferente de Estados Unidos y principal comprador de tecnología militar a Israel.

Los datos objetivos nos ayudarán a examinar nuestro futuro con frialdad y con la eficacia necesaria para defender nuestra integridad territorial, sin falsear las hipótesis sobre los riesgos y amenazas que nos acechan.

Porque la pregunta surge de inmediato:

¿Dónde está España?

Situémonos en el observatorio, con el gran angular abierto, para mirar más allá de intereses partidistas. El riesgo es máximo tras los acontecimientos de Ceuta, pues hemos ofrecido la peor imagen posible: una imagen de debilidad no solo política, sino también institucional.

Las infraestructuras y los acuerdos bilaterales son el fiel reflejo del camino hacia el futuro, y el de Marruecos resulta vital para España. Nos han flanqueado por el norte y por el sur, nos han desplazado del control del Estrecho y de los flujos económicos, han suplantado nuestra seguridad y defensa, y la amenaza ha aumentado de forma exponencial. Es cuestión de tiempo, un recurso que Marruecos sabe administrar de manera magistral.

Europa nos mira con recelo. Estados Unidos no duda en señalarnos como poco fiables, con las consiguientes repercusiones económicas. El Ministerio de Defensa se ha convertido en una agencia de viajes para exportar soldados —que no capacidades— y transformar estas en un negocio provisional de desenlace incierto. España ha dejado de ser un socio fiable, a pesar de que el estrecho de Gibraltar siga siendo un enclave de altísimo valor estratégico. Nuestras relaciones militares se basan en un clientelismo económico en materia de armamento, sin consolidarse en los ámbitos clave de la información y la inteligencia militar.

En fin, nada es casual y esta situación viene de lejos. Se lo he resumido en varias ocasiones y entiendo que reiterarlo resulta oportuno para mantenernos alerta ante lo que ocurre en Ceuta y ante riesgos de mayor calado ya que, como sostengo, es demostrable que el enemigo está dentro.

  • 12 de octubre de 2003. Todo empezó aquel año, cuando un aspirante a gobernar España ofendió de manera pública y ostentosa al pueblo estadounidense al no mostrar el debido respeto a su bandera. En el ámbito internacional, no hay afrenta más grave: la bandera representa a toda una nación. José Luis Rodríguez Zapatero no se levantó al paso de la bandera de los Estados Unidos durante el desfile de la Fiesta Nacional de España, un gesto del que hoy sigue presumiendo.

  • 11 de marzo de 2004. Ocurre una de las mayores tragedias de la historia de España: casi doscientos muertos. Al amparo de consignas sobre la verdad y manipulaciones políticas, un pueblo sumiso asistió a los hechos sin llegar a comprender del todo qué ocurrió ni por qué. Llegó entonces la gestión de Irak: sin previo aviso, se ordenó la retirada de las tropas españolas del repliegue pactado con los aliados, generando un grave riesgo para la vida de los propios soldados españoles y de las tropas estadounidenses que debían cubrir su puesto. Resultó humillante para nosotros e imperdonable para ellos.

    Iniciadas las afrentas contra Washington, el señor Zapatero se permitió arengar en Túnez al resto de naciones de la coalición para que abandonaran Irak, dejando en situación de desprotección a los soldados norteamericanos. Las relaciones bilaterales quedaron profundamente deterioradas y el peso internacional de España se redujo al mínimo. A los militares españoles nos costó un enorme esfuerzo recuperar el prestigio perdido en aquella retirada; a día de hoy, dudo que se haya restablecido por completo.

  • 14 de noviembre de 2007. El Gobierno propone al jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general Félix Sanz Roldán, como presidente del Comité Militar de la Alianza Atlántica. En su lugar, se elige a un general italiano: el JEMAD español fue eliminado en la primera votación.

  • 23 de marzo de 2009. Zapatero, imbuido de un evidente alejamiento de la realidad diplomática, confía en ser recibido por el presidente estadounidense. Bernardino León (asesor de política exterior) y el general Félix Sanz Roldán viajan a Washington para reunirse con el consejero de Seguridad Nacional, James Jones. Durante la escala en las Azores, reciben la noticia de que la ministra de Defensa, Carme Chacón, acaba de anunciar de forma imprevista la retirada de Kosovo. El perjuicio diplomático es enorme. Washington califica la actitud de España de «profundamente decepcionante» e Italia, al mando de las tropas en la zona, expresa duras críticas por temor a un abandono similar en Bosnia.

  • 15 de mayo de 2019. La Embajada de Estados Unidos en Madrid traslada informalmente a Exteriores su malestar por no haber sido informada de la retirada temporal de la fragata Méndez Núñez del grupo de combate del portaaviones Abraham Lincoln. La decisión, adoptada por Defensa, se comunicó por canales militares sin pasar por la vía diplomática, dejando a oscuras a ambas embajadas.

  • Enero de 2020. Delcy Rodríguez aterriza en el aeropuerto de Barajas. Acogida en la zona VIP por el ministro Ábalos y bajo custodia policial, la vicepresidenta venezolana entra en territorio español violando las sanciones europeas e internacionales. La diplomacia estadounidense exige explicaciones y transmite su protesta oficial por la negativa del Ejecutivo a recibir a Juan Guaidó.

  • Abril de 2020. El astillero público español (Navantia), en alianza con General Dynamics, pierde el contrato de casi seis mil millones de euros para la construcción de una decena de fragatas para la US Navy, adjudicado finalmente al grupo italiano Fincantieri.

  • Declaraciones y rectificaciones internacionales. En noviembre de 2018, Josep Borrell afirma que Estados Unidos logró su integración porque «hicieron la independencia prácticamente sin tener historia», añadiendo que «lo único que habían hecho era matar a cuatro indios». Posteriormente, medios como The New York Times y The Washington Post denuncian que, desde Bruselas, se modificó un informe oficial de la UE para suavizar las acusaciones contra Pekín por campañas de desinformación global.

  • Gasto y compromisos en la OTAN. La contribución militar de España se ha limitado a aportar efectivos a las misiones aliadas. Sin embargo, la OTAN exige el cumplimiento de los compromisos presupuestarios y financieros de defensa, no el mero envío de tropas. La falta de aportación económica y de fiabilidad estratégica genera recelo entre los aliados.

  • Política hacia Israel y deficiencias de defensa. La ruptura de relaciones de suministro y el embargo de armas con Israel han comprometido seriamente las capacidades operativas de las Fuerzas Armadas españolas. Equipos clave como los misiles Spike LR2, el sistema de lanzacohetes SILAM, las torres del vehículo 8×8, los morteros sobre VAMTAC o los sistemas de inteligencia del Ejército del Aire dependen de tecnología israelí. La cancelación de estos vínculos deja descubiertas vulnerabilidades críticas en la defensa nacional.

Mientras tanto, Ceuta sigue desprotegida. Se ha permitido que la presencia militar y la autoridad del Estado queden en entredicho, vulnerando el deber constitucional primario: garantizar la integridad territorial de la Nación (art. 8.1 de la Constitución Española).

El compromiso jurado por los miembros de las Fuerzas Armadas y la responsabilidad contraída por el presidente del Gobierno exigen lealtad, responsabilidad y la defensa incuestionable de la soberanía. Incumplir estos mandatos exige la depuración de responsabilidades políticas y jurídicas, pues están en juego:

  • La soberanía nacional.

  • La integridad territorial.

  • La unidad de España.

  • La independencia del Estado.

  • El ordenamiento constitucional.

Nuestra prioridad estratégica está en el Sur, no en misiones periféricas. Mientras se desatiende la frontera sur, prosperan el tráfico ilícito, la actuación de mafias e infraestructuras clandestinas que amenazan la seguridad nacional.

Asimismo, la posible cesión de soberanía o condescendencia respecto a Gibraltar debilita irremediablemente el control del Estrecho y la presencia española en el Mediterráneo, cediendo el protagonismo estratégico a Marruecos, el Reino Unido y Estados Unidos.

Tiempo de humillación

Es conocida la historia de Efialtes de Tesalia, quien reveló a los persas el sendero secreto de las Termópilas, permitiendo a las tropas de Jerjes flanquear y masacrar al rey Leónidas y a sus trescientos espartanos. Su nombre quedó inmortalizado como sinónimo de infamia y traición.

Del mismo modo, la alianza griega en Troya estuvo a punto de sucumbir no por incapacidad militar, sino porque sus caudillos antepusieron la búsqueda de la kléos (la gloria personal) al bien común de la empresa.

Priorizar el interés personal o partidista en la acción política conduce inevitablemente al fracaso estratégico. Desatender la defensa nacional y traicionar los compromisos internacionales no solo compromete el futuro de la Nación, sino que otorga a sus responsables un juicio histórico indeleble: el mismo que la historia reservó a Efialtes.

El traidor de Europa.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

19 octubre 2026

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