LA HUMILLACIÓN NACIONAL. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

El 98 marcó un antes y un después. Ha perdurado en el recuerdo como el «Desastre del 98», aunque prefiero llamarlo la «Humillación Nacional». Cuando sufre el pueblo, sufren la cultura, la milicia y hasta la religión; la historia se encoge y se escribe con sangre.

Empezamos a ser una nación humillada por quienes nos gobiernan. Siempre lo hemos aguantado todo, menos que nos hablen alto. Ahora nos gritan y el corazón está sordo.

El ataque a Ceuta ha sido una humillación que duele profundamente, y volverá a ocurrir antes de lo esperado. Olvidarse de Ceuta y desviar el foco de atención no resolverá el problema. Ha habido un ataque a la integridad territorial de España que se repetirá en cuanto se den las condiciones.

Ahora Marruecos mira hacia otro lado porque su interés se centra en la ONU, donde el 31 de octubre el Consejo de Seguridad votará una resolución sobre el futuro del Sáhara Occidental. España, potencia administradora, parece haber renunciado a desempeñar su papel, aun cuando todo lo que allí ocurra afecta de manera directa a nuestra soberanía. Está en juego el control operativo del espacio aéreo del Sáhara Occidental —administrado desde Canarias—, así como la gestión de sus aguas territoriales y espacios marítimos.

El debate sigue abierto. El pasado 15 de octubre, en la Asamblea General de la ONU, 152 Estados aprobaron una resolución no vinculante para el Consejo de Seguridad que ha generado expectativas tanto en Marruecos como en el Polisario. Satisface las pretensiones de ambas partes, lo cual resulta incompatible. Por un lado, las Naciones Unidas siguen tratando el Sáhara Occidental como una cuestión de descolonización (autodeterminación); por otro, se sigue incluyendo en el texto la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad, que señalaba la propuesta marroquí de «autonomía del Sáhara Occidental» como «la solución más viable».

Hay nervios y agitación diplomática en Washington porque el Consejo debe pronunciarse sobre la prolongación de la MINURSO y fijar la guía política para el próximo año. Todo indica que no habrá sorpresas y que el proceso se prorrogará doce meses más, mientras Marruecos continúa presionando a Estados Unidos e Israel, donde tiene empeñado su futuro.

Eso no significa que Ceuta y Melilla pasen a un segundo plano para Marruecos; ambas conservan la misma importancia en un espacio estratégico de gran alcance que interesa a Estados Unidos, Oriente Medio y Europa: la costa del Sáhara Occidental, el Sahel, Canarias y el estrecho de Gibraltar. Joyas estratégicas.

Los dos territorios de España con menor superficie son los de mayor valor estratégico: Gibraltar y Ceuta. El primero ha sido víctima de un acuerdo que traiciona la integridad territorial de España al entregarlo al Reino Unido para que mantenga allí su base militar, desde la cual, además de proyectar su poderío militar, controla la angostura del Estrecho. Pretenden que Ceuta sea la siguiente claudicación y, a la vista de los recientes acontecimientos, vamos camino de ello. El problema es complejo y responde a intereses diversos. El lugar es codiciado internacionalmente y España está cada día más sola y resulta menos fiable. Hay que recurrir a esa cursilería moderna que afirma que «dato mata relato».

Vamos a los datos. Marruecos ha construido —o está construyendo— tres superpuertos de gran valor estratégico, tanto militar como económico:

  • Tánger Med, situado a la entrada del estrecho de Gibraltar, a unos 15 kilómetros de Ceuta y junto a la base naval de Ksar Sghir, la más importante de su Marina Real.
  • Nador West Med, en pleno Mediterráneo y a menos de 20 kilómetros de Melilla, un megapuerto recién inaugurado que ha dejado en segundo plano a los de Algeciras y Valencia.
  • Dakhla Atlantique, en el Sáhara Occidental, un puerto atlántico de aguas profundas que se inaugurará pronto. Ubicado a unos 40 kilómetros al norte de la ciudad de Dajla (la antigua Villa Cisneros), en el territorio en disputa del Sáhara Occidental, servirá para controlar el comercio marítimo, con dominio sobre el Sahel y las aguas territoriales españolas en Canarias. Una jugada maestra.

A todo esto, Marruecos construye autopistas y ferrocarriles que vertebran el país de norte a sur y de este a oeste, financiados por Estados Unidos y Francia. Incluso la Unión Europea financia infraestructuras vitales, como la «autopista del agua», para garantizar el suministro hídrico en todo su territorio (con proyectos como la «autopista Trump», que parte del sur de Marruecos, se adentra en el Sáhara Occidental y llega hasta el puerto de Dajla, o la citada «autopista del agua», respaldada por la UE con 348 millones de euros).

Por otro lado, habrá que ver en qué queda el acuerdo que ha encendido las alarmas institucionales por el posible «caballo de Troya» que supone la adquisición, por parte de la empresa pública marroquí Marsa Maroc, del 45 % de Boluda Maritime Terminals (BMT, con presencia en los puertos de Vilagarcía, Santander, Sevilla, Las Palmas, Tenerife, La Palma y Lanzarote). Aunque la firma española alega que «por el momento es una participación minoritaria que no otorga, por sí sola, el control de la sociedad ni la capacidad unilateral de desviar tráficos», la preocupación ha saltado de forma muy especial en Canarias.

Tampoco podemos ni debemos olvidar la modernización de las Fuerzas Armadas y de la Marina marroquíes, socio preferente de Estados Unidos y principal comprador de tecnología militar a Israel.

Los datos objetivos nos ayudarán a examinar nuestro futuro con frialdad y con la eficacia necesaria para defender nuestra integridad territorial, sin falsear las hipótesis sobre los riesgos y amenazas que nos acechan.

Porque la pregunta surge de inmediato:

¿Dónde está España?

Situémonos en el observatorio, con el gran angular abierto, para mirar más allá de intereses partidistas. El riesgo es máximo tras los acontecimientos de Ceuta, pues hemos ofrecido la peor imagen posible: una imagen de debilidad no solo política, sino también institucional.

Las infraestructuras y los acuerdos bilaterales son el fiel reflejo del camino hacia el futuro, y el de Marruecos resulta vital para España. Nos han flanqueado por el norte y por el sur, nos han desplazado del control del Estrecho y de los flujos económicos, han suplantado nuestra seguridad y defensa, y la amenaza ha aumentado de forma exponencial. Es cuestión de tiempo, un recurso que Marruecos sabe administrar de manera magistral.

Europa nos mira con recelo. Estados Unidos no duda en señalarnos como poco fiables, con las consiguientes repercusiones económicas. El Ministerio de Defensa se ha convertido en una agencia de viajes para exportar soldados —que no capacidades— y transformar estas en un negocio provisional de desenlace incierto. España ha dejado de ser un socio fiable, a pesar de que el estrecho de Gibraltar siga siendo un enclave de altísimo valor estratégico. Nuestras relaciones militares se basan en un clientelismo económico en materia de armamento, sin consolidarse en los ámbitos clave de la información y la inteligencia militar.

En fin, nada es casual y esta situación viene de lejos. Se lo he resumido en varias ocasiones y entiendo que reiterarlo resulta oportuno para mantenernos alerta ante lo que ocurre en Ceuta y ante riesgos de mayor calado ya que, como sostengo, es demostrable que el enemigo está dentro.

  • 12 de octubre de 2003. Todo empezó aquel año, cuando un aspirante a gobernar España ofendió de manera pública y ostentosa al pueblo estadounidense al no mostrar el debido respeto a su bandera. En el ámbito internacional, no hay afrenta más grave: la bandera representa a toda una nación. José Luis Rodríguez Zapatero no se levantó al paso de la bandera de los Estados Unidos durante el desfile de la Fiesta Nacional de España, un gesto del que hoy sigue presumiendo.
  • 11 de marzo de 2004. Ocurre una de las mayores tragedias de la historia de España: casi doscientos muertos. Al amparo de consignas sobre la verdad y manipulaciones políticas, un pueblo sumiso asistió a los hechos sin llegar a comprender del todo qué ocurrió ni por qué. Llegó entonces la gestión de Irak: sin previo aviso, se ordenó la retirada de las tropas españolas del repliegue pactado con los aliados, generando un grave riesgo para la vida de los propios soldados españoles y de las tropas estadounidenses que debían cubrir su puesto. Resultó humillante para nosotros e imperdonable para ellos.
  • Iniciadas las afrentas contra Washington, el señor Zapatero se permitió arengar en Túnez al resto de naciones de la coalición para que abandonaran Irak, dejando en situación de desprotección a los soldados norteamericanos. Las relaciones bilaterales quedaron profundamente deterioradas y el peso internacional de España se redujo al mínimo. A los militares españoles nos costó un enorme esfuerzo recuperar el prestigio perdido en aquella retirada; a día de hoy, dudo que se haya restablecido por completo.
  • 14 de noviembre de 2007. El Gobierno propone al jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general Félix Sanz Roldán, como presidente del Comité Militar de la Alianza Atlántica. En su lugar, se elige a un general italiano: el JEMAD español fue eliminado en la primera votación.
  • 23 de marzo de 2009. Zapatero, imbuido de un evidente alejamiento de la realidad diplomática, confía en ser recibido por el presidente estadounidense. Bernardino León (asesor de política exterior) y el general Félix Sanz Roldán viajan a Washington para reunirse con el consejero de Seguridad Nacional, James Jones. Durante la escala en las Azores, reciben la noticia de que la ministra de Defensa, Carme Chacón, acaba de anunciar de forma imprevista la retirada de Kosovo. El perjuicio diplomático es enorme. Washington califica la actitud de España de «profundamente decepcionante» e Italia, al mando de las tropas en la zona, expresa duras críticas por temor a un abandono similar en Bosnia.
  • 15 de mayo de 2019. La Embajada de Estados Unidos en Madrid traslada informalmente a Exteriores su malestar por no haber sido informada de la retirada temporal de la fragata Méndez Núñez del grupo de combate del portaaviones Abraham Lincoln. La decisión, adoptada por Defensa, se comunicó por canales militares sin pasar por la vía diplomática, dejando a oscuras a ambas embajadas.
  • Enero de 2020. Delcy Rodríguez aterriza en el aeropuerto de Barajas. Acogida en la zona VIP por el ministro Ábalos y bajo custodia policial, la vicepresidenta venezolana entra en territorio español violando las sanciones europeas e internacionales. La diplomacia estadounidense exige explicaciones y transmite su protesta oficial por la negativa del Ejecutivo a recibir a Juan Guaidó.
  • Abril de 2020. El astillero público español (Navantia), en alianza con General Dynamics, pierde el contrato de casi seis mil millones de euros para la construcción de una decena de fragatas para la US Navy, adjudicado finalmente al grupo italiano Fincantieri.
  • Declaraciones y rectificaciones internacionales. En noviembre de 2018, Josep Borrell afirma que Estados Unidos logró su integración porque «hicieron la independencia prácticamente sin tener historia», añadiendo que «lo único que habían hecho era matar a cuatro indios». Posteriormente, medios como The New York Times y The Washington Post denuncian que, desde Bruselas, se modificó un informe oficial de la UE para suavizar las acusaciones contra Pekín por campañas de desinformación global.
  • Gasto y compromisos en la OTAN. La contribución militar de España se ha limitado a aportar efectivos a las misiones aliadas. Sin embargo, la OTAN exige el cumplimiento de los compromisos presupuestarios y financieros de defensa, no el mero envío de tropas. La falta de aportación económica y de fiabilidad estratégica genera recelo entre los aliados.
  • Política hacia Israel y deficiencias de defensa. La ruptura de relaciones de suministro y el embargo de armas con Israel han comprometido seriamente las capacidades operativas de las Fuerzas Armadas españolas. Equipos clave como los misiles Spike LR2, el sistema de lanzacohetes SILAM, las torres del vehículo 8×8, los morteros sobre VAMTAC o los sistemas de inteligencia del Ejército del Aire dependen de tecnología israelí. La cancelación de estos vínculos deja descubiertas vulnerabilidades críticas en la defensa nacional.

Mientras tanto, Ceuta sigue desprotegida. Se ha permitido que la presencia militar y la autoridad del Estado queden en entredicho, vulnerando el deber constitucional primario: garantizar la integridad territorial de la Nación (art. 8.1 de la Constitución Española).

El compromiso jurado por los miembros de las Fuerzas Armadas y la responsabilidad contraída por el presidente del Gobierno exigen lealtad, responsabilidad y la defensa incuestionable de la soberanía. Incumplir estos mandatos exige la depuración de responsabilidades políticas y jurídicas, pues están en juego:

  • La soberanía nacional.
  • La integridad territorial.
  • La unidad de España.
  • La independencia del Estado.
  • El ordenamiento constitucional.

Nuestra prioridad estratégica está en el Sur, no en misiones periféricas. Mientras se desatiende la frontera sur, prosperan el tráfico ilícito, la actuación de mafias e infraestructuras clandestinas que amenazan la seguridad nacional.

Asimismo, la posible cesión de soberanía o condescendencia respecto a Gibraltar debilita irremediablemente el control del Estrecho y la presencia española en el Mediterráneo, cediendo el protagonismo estratégico a Marruecos, el Reino Unido y Estados Unidos.

Tiempo de humillación

Es conocida la historia de Efialtes de Tesalia, quien reveló a los persas el sendero secreto de las Termópilas, permitiendo a las tropas de Jerjes flanquear y masacrar al rey Leónidas y a sus trescientos espartanos. Su nombre quedó inmortalizado como sinónimo de infamia y traición.

Del mismo modo, la alianza griega en Troya estuvo a punto de sucumbir no por incapacidad militar, sino porque sus caudillos antepusieron la búsqueda de la kléos (la gloria personal) al bien común de la empresa.

Priorizar el interés personal o partidista en la acción política conduce inevitablemente al fracaso estratégico. Desatender la defensa nacional y traicionar los compromisos internacionales no solo compromete el futuro de la Nación, sino que otorga a sus responsables un juicio histórico indeleble: el mismo que la historia reservó a Efialtes.

El traidor de Europa.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

19 octubre 2026

EL TRAIDOR DE EUROPA. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Rey don Sancho, rey don Sancho… Busca a Efialtes

«¿Sabe cómo le llama en privado algún homólogo suyo? El traidor de Europa».

Así se dirigía el señor Alberto Núñez Feijóo a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. Quizá una de las acusaciones más graves que a un presidente de Gobierno se le puede dirigir. No es privado lo que se hace público en lugar tan emblemático. De alguien viene y algo busca el mensaje. Muy grave.

Traidor de Europa. A partir de ahí cualquier cosa es posible. En la historia  general títulos de este calibre es difícil alcanzarlos. No es para estar contento.

El presidente de una nación debería representar a todos los nacionales y no exclusivamente a él o a los suyos. No creo que haya nada más doloroso y execrable para un presidente de Gobierno que ser puesto bajo la sospecha de traición: «atentar contra la seguridad de la patria y si esta se comete contra la soberanía o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado pasa a calificarse como alta traición».

No entro ni salgo, sino que reproduzo lo que todos los medios repiten. Cuando el río suena… traidores bajan por él.

Los hechos son de máxima gravedad. No pasa nada. En España nunca pasa nada hasta que un día pasa todo a la vez. Al menos eso dicen los libros de historia.

Lo de traidor, dice el opositor, viene de Europa, fue comentado según Feijóo por un homólogo de Sánchez mientras se reunían para estudiar un posible arreglo que abriese el estrecho de Ormuz. En el encuentro no contaron  con el presidente del Gobierno español, sino que de él contaban…

Es una constante en nuestra historia de España que las discrepancias, los enfrentamientos interiores, se reflejen en los escenarios internacionales. Dentro mal, fuera peor. Así nos luce más allá. Por eso no somos fiables y llevamos tiempo arrastrando los piés por el mundo.

Ahora dicen que la Transición culminó con la llegada del Guernica a España. No se lo crean, aunque aún pretendan encender la contienda.

La pieza clave de nuestra Transición, por tanto de nuestra política internacional, fue la Alianza Atlántica (OTAN) que además era  de hecho una condición previa a nuestra entrada en el Mercado Común, como muy bien sabía Leopolodo Calvo Sotelo.

España necesitaba dar ese paso para mostrarse militarmente del lado occidental. Existían dudas y no por nuestros militares, sino por los políticos precisamente de izquierdas que renegaban de las Fuerzas Armadas y de todo lo que de ellas emanase. Sin ese paso no culminaría la Transición.

España había encontrado engarce internacional a través de los Acuerdos de 1953 con los Estados Unidos. En ellos cobraba especial relevancia la parte militar que suponía modernizar nuestros ejércitos con material de guerra y sobre todo la presencia militar, facilidades, e instalaciones estadounidenses en territorio español: Bases Aéreas de Morón, Torrejón, Zaragoza y San Pablo además de la Base Naval de Rota. Hubo otras instalaciones de control y vigilancia y cierta cooperación militar en Doctrina y procedimientos. Todo ello abrió el camino a un mayor desarrollo económico y el reconocimiento de España como nación seria y de confianza.

Lo militar, la Defensa, fue la puerta de España al mundo y ahora, por su burda manipulación, las puede cerrar para siempre. Para lograr aquel acuerdo de 1953 cierto es que hubo mucho personal entre los generales Franco y Eisenhower. No fue fácil como no lo iba a ser entrar en la OTAN. Está demostrado que sin cañones no hay fábricas de mantequilla. Para cruzar ciertas puertas es necesario conocer el santo y seña que guardan los centinelas. España las cruzó. Temporalmente tuvimos en nuestro poder la clave de acceso.

Después de la muerte de Franco, en 1976 se reunía el PSOE en su XXVII Congreso  denunciando la renovación de los acuerdos militares de 1953 con los Estados Unidos, «…en aras de nuestra política de neutralidad», una postura intransigente y falsa, como más tarde se comprobó, en una exhibición de juegos malabares del PSOE con nuestra entrada en la OTAN.

Estamos acostumbrados a vivir con una postura y la contraria en función del interés del personaje que nos gobierne. Así ha sido nuestra izquierdosa historia con todo lo que huele a Estados Unidos. No era ni es un rechazo a la OTAN que por otro lado la mayoría de los políticos no saben para lo que está ni cómo funciona. Se trata de un rechazo a Estados Unidos y una clara renuncia a las indudables posibilidades de España en el mundo. Nuestra posición estratégica está desperdiciada porque la postura de las izquierdas es mentir sobre nuestra Defensa y ofrecer una imagen de victivismo ante el poder americano tachado de imperialismo y abuso de poder.

La tragedia es que esa postura (impostura) ha sido aprovechada  desde el exterior para su propio interés de manera que nuestra posición estratégica ha sido ocupada al asalto por Reino Unido y ahora está detrás de ello Marruecos. No hay espacio que no se ocupe ni debilidad que no se aproveche para atacar.

En cualquier caso en España el antimilitarismo siempre ha vendido, aunque entre nosotros seamos de lo más belicoso de Europa. Eso de la neutralidad solemos confundirlo con la tibieza, con ni frio ni calor que tanto recuerda a la Apocalípsis.

¿Neutralidad? El «No a la guerra» no es nada nuevo. Ya en 1914 podía usted comprar en la Puerta del Sol o en las Ramblas una insignia  de solapa que decía «No me hable usted de la guerra». Entonces se llegó a prohibir oficialmente la discusión sobre la guerra en lugares públicos. Neutralidades que matan. ¿Lo recuerdan?

Parece un milagro que estemos en la OTAN, aunque está claro como se las gastan los del «No a la guerra» con los artefactos de guerra, veáse INDRA y el control de la SEPI del que nadie sabe nada (es escandaloso ese nadie sabe nada… Mejor callarse). Para el negocio de las armas o mandar soldados a los lugares equivocados, baratos y disciplinados, siempre somos los primeros en estar dispuestos. Negociamos con la industria de Defensa y tapamos nuestra indecencia defensiva con tropas de las que disponemos sin mayor control que el ordeno y mando gubernamental olvidando el asesoramiento o control parlamentario. Las democracias se reflejan fundamentalmente en lo parlamentario, pero también, mucho, en lo diplomático, militar y judicial.

Como decíamos, gracias a nuestra entrada en la OTAN en 1982 se cerró la Transición que ahora un Gobierno extraño como el presidido por Pedro Sánchez  pretende revisar.

El año 1981 el Parlamento debatía la integración formal de España en la OTAN. Pocos eran los que sabían qué era aquello. Incluso en el mundo militar se veía con escepticismo y una gran parte de nuestros oficiales y suboficiales miraban con escepticismo aquella alianza que hablaba en inglés.

¿OTAN? De entrada no. Las encuestas demostraban que aquello no tenía interés alguno entre el público lo que en traducción política significaba que era fácil manipularlo. En el debate parlamentario la manipulación llegó a extremos tales que  un diputado canario dijo que la entrada en la OTAN sería para Canarias una auténtica declaración de guerra. Hasta el diputado de Alianza Popular, Sr. Fraga, tildó de vaguedad la propuesta de ingreso en la OTAN.

Al final llegamos en un arriesgado ejercicio político, al «Referéndum sobre la OTAN» del que Felipe González posteriormente reconoció que «A los ciudadanos no se les debe consultar si quieren o no estar en un pacto militar […] «Fue un error serio la convocatoria de ese referéndum, un grave error que cometí, de los más arriesgados, aunque saliera bien para nuestro país «.

Un referéndum, tras ganar el PSOE (Felipe González) las elecciones, precedido de un periodo de reflexión en el que se suspendieron las conversaciones sobre la integración en la estructura militar, mientras se adoctrinaba al «personal» para el sí a la OTAN (My way- A la suya).

Esta manera no podía alejarse de la demagogia:

-Seguiríamos en la Alianza, pero no en su estructura militar (lo militar les producía urticaria)

-Prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español (como si no supiesen que se podría hacer en Gibraltar).

–Bases fuera, que de eslógan pasó a ser una apuesta electoral y la necesaria vaselina para pasar el mal trago: «Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de Estados Unidos en España». Este era el punto fuerte.

No fue hasta 1996 cuando España entró, con otro partido político en el poder, en la estructura militar. Claro que, todo hay que decirlo, un año antes había sido elegido secretario general de la OTAN el que fue ministro de Exteriores de España, Javier Solana Madariaga; y es que no hay nada más exitoso que tener entrada en el cielo y el infierno. Así en 1999 fue definitivamente la integración plena.

España siempre ha estado en su lugar y nuestros soldados han demostrado ser los mejores del mundo. Hemos abierto rutas y corazones alli donde otros se han estrellado con otras fuerzas u otras mentalidades. La capacidad del soldado español está demostrada.

Hemos sido más fuertes y seguros gracias a la Alianza Atlántica y podríamos ser referencia como nación y líderes estratégicos si no fuese por nuestra incierta y dudosa acción política, francamente mejorable y a la que habría que pedir continuidad y claridad con lo que deseamos y defendemos.

Da cierta tristeza tener que reconocer que también Europa ha perdido el paso que le llevaba al liderazgo. Olvidó su Defensa, menospreció a la Alianza y señaló con arrogancia a los Estados Unidos hasta que se vió a las puertas de una guerra, la invasión de Ucrania. Parece que nada le importó y siguió soberbia e impertinente. El señor Borrell, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad lo dejó bien claro al comienzo de la invasión: «Confiamos nuestra seguridad a los Estados Unidos y nuestra comodidad y bienestar a Rusia y China, y ese mundo ya no existe».

Pero el caso de España es aún más peligroso y ahora se posiciona de manera frontal contra los Estados Unidos que es hacerlo contra la OTAN.

La Alianza sin Estados Unidos podrá ser, pero no lo mismo, será otra cosa que habrá que inventar. No de un día para otro, pero bueno sería que Europa empiece dar los primeros pasos. Para ello tendrían que ponerse de acuerdo los de siempre: Francia, Reino Unido, Alemania (caso especial), quizá Italia, aún cuando la presencia de nuevos socios y el peso de Turquía y Polonia pone las cosas más complicadas si cabe. Hay demasiados gallos en este corral en el que hay alguna gallina.

El Gobierno socialista de España en cuanto vio la ocasión propicia torpedeó nuestra presencia en la Alianza. Sería con la excusa de la guerra de Irak, pero podría haber sido otra cualquiera. Un vendaval de tiempos pasados retornó a España con la venganza, la tración y el enfrentamniento entre españoles. ¿Europa? ¿OTAN? Siempre y cuando sirviese para colocarse y manejar los fondos.

Las ofensas a los Estados Unidos no se hicieron esperar desde el momento en que el señor Rodríguez Zapatero apareció en la escena política española con la traición en Irak y su sediciosa prédica en Túnez ademas de otras graves ofensas a los Estados Unidos. A pesar de ello intentó que un general español presidiese el Comité Militar de la Alianza. No pasó ni la primera votación. Nos conocían. Ni Europa ni Estados Unidos se fiaban de nosotros. La ministra de Defensa todavía ahora se extraña de que nuestras propuestas para ocupar determinados puestos en la OTAN no sean atendidas. ¿De qué se extraña?

El error del referéndum del que hablaba Felipe González era una forma de hablar porque en el fondo no querían saber nada de Fuerzas Armadas ni de la Defensa, sino del negocio de las armas. La prueba está en cómo han evolucionado para dominar el poder  tecnológico y armamentístico.

En cuanto se les presentó la primera ocasión ofendieron a los Estados Unidos moral y materialmente, nos dejaron fuera de la Defensa occidental con la retirada de Irak sin aviso y con traición. No habíamos ido a combatir, pero les daba igual, habíamos ido con los estadounidenses y eso era intolerable. Fue el primer paso. Una nueva era daba comienzo. Sabían que ir contra lo militar, contra aquello que sonara a imperialismo americano les daba votos. Carentes de cultura internacional, llenos de soberbia y belicismo pacifista, asesorados por antimilitares uniformados, dieron comienzo a la ruptura con las alianzas. Las alianzas no son solo una firma en un papel, más bien una posición ideológica, unos valores que compartir, rigor y disposición. La disuasión si no es creible es una pantomima. La credibilidad la dan los arsenales. Los de España están vacíos.

Desde entonces hasta hoy todo ha ido encaminado al antimilitarismo con gran dosis de antiamericanismo bajo el objetivo de desmilitarizar lo militar, pero hacer buen negocio con su instrumentalización.

«Hoy por hoy el país no quiere escuadra, no quiere Ejército, no quiere instrucción pública. El país no se interesa más que por las cuestiones materiales y lo que quiere es no pagar contribuciones y que le dejen vivir en paz» (Francisco Silvela, Sin pulso, agosto 1898 Diaro El Tiempo).

Repetimos la historia.

El profesor Víctor Pérez Díaz dice de la Unión Europea: «Un signo revelador de la debilidad del orden político europeo es la timidez de su política exterior y de defensa. La cuestión fundamental de la soberanía se dirime en el momento de la guerra, cuando se aclaran cuáles son las relaciones entre la comunidad y su entorno, sus enemigos y sus aliados, y todos deben definirse en la acción asumiendo los riesgos y los costes correspondientes».

No se puede resumir mejor nuestra postura que va más allá de la europea porque la impresión que damos no es la de estar con los aliados, sino con sus enemigos. La neutralidad es muy peligrosa cuando se muestran relaciones sospechosas. No son fiables los que firman una cosa y hacen la contraria ni los que tapan su debilidad política con acciones propagandísticas y manipulan la verdad.

«Toman antes al mentiroso que al que coxquea» (La Celestina XVII). España vive un auténtico «teatro político» al más puro estilo que enseña Maquiavelo en El Príncipe. Así se cubren con un velo de honestidad las mayores pasiones criminales y entre ellas, tanto militar como políticamente, no hay mayor pasión criminal que la traición.

Es conocida la de Efialtes de Tesalia que mostró a los persas  un sendero secreto en las Termópilas, lo que permitió a las tropas de Jerjes flanquear y masacrar al rey Leónidas y a sus 300 espartanos, traicionando la defensa griega. Su nombre, Efialtes, se ha convertido en el término «pesadilla» debido a la infamia de su traición. Según Heródoto los propios griegos marcaron a Efialtes como traidor y pusieron precio a su cabeza.

No debemos olvidar que la alianza griega en Troya estuvo constantemente al borde del fracaso no por falta de habilidad, sino porque sus líderes estaban más motivados por la búsqueda de su propia gloria inmortal que por el éxito colectivo de la misión. La búsqueda de la kléos (gloria) personal es conducir al fracaso a los que van detrás.

Hacer política personal es un riesgo evidente, pero fracasar en la política exterior y traicionar las alianzas es imperdonable. Además de valerte un calificativo histórico. El mismo que ha pasado a la historia con el nombre de Efialtes.

Recuérdese el refrán: «Para ser mentiroso hay que ser memorioso».

«¿Sabe cómo le llama en privado algún homólogo suyo? El traidor de Europa».

La historia de España temblaba en el recuerdo, sus muros se agrietaban cuando a la lista de traidores que figuraba a ambos lados del pórtico de entrada se añadía un nombre nuevo; aun no había sitio para seguir rellenando.

Vencida de la edad sentí mi espada.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

09 abril 2026