GENERALES Y GENERALAS. EMBAJADORES Y EMBAJADORAS. JUECES Y JUEZAS. ¿DE QUIÉN DEPENDE EL SÍMBOLO?

 

Me dice un buen amigo, embajador de España, que solo hay tres auténticas Carreras como conjunto de estudios que habilitan para el ejercicio de una profesión: la militar, la diplomática y la judicial (con la fiscal incluida). Lo demás son Cuerpos.

Carreras escalafonadas hacia una meta: tu nación, tu patria, larga y continua carrera de permanente aprendizaje y en la que nunca acabas de llegar a la meta por su infinitud. Servicio sin más premio que el deber cumplido, la justa remuneración, el tan simbólico como efímero honor y el seguro olvido tras el ni siquiera agradecimiento por los servicios prestados. Ahora, y esto es un simple paréntesis, alguno es premiado con lo que llaman puertas giratorias, pero no merece (n) nuestra atención.

Lo de las «Carreras» viene a cuento porque en un breve plazo de tiempo han coincidido dos actos relevantes para lo militar y diplomático, es decir para España como nación, que han pasado desapercibidos y con escaso eco social: la Pascua Militar y la Conferencia de Embajadores.

El Rey, Mando Supremo de las FAS, ha presidido la Pascua Militar y como máximo representante internacional en las relaciones de España, ha clausurado la Conferencia de Embajadores. Actos de celebración anual que guardan un antiguo y acertado protocolo, aunque  este año ha sido distinto.

El primero, la Pascua Militar, se resume en un triste vacío de contenido: nada. A destacar la ausencia del presidente del Gobierno, algo inusual, que ha puesto como excusa una reunión en una Europa en la que nada pinta y cuyo resultado final ha sido una promesa de envío de soldados españoles a un hipotético control del alto el fuego en Ucrania. Mientras se celebraba la Pascua Militar presidida por el Rey, Mando Supremo de las Fuerzas Armadas, el presidente ponía en suerte a nuestros soldados en Ucrania, un lugar donde nada se nos ha perdido. ¿A quién ha consultado esa oferta? Lo mismo le da Gaza que Ucrania, porque todo es una maniobra para justificar el no al 5% con soldados. Son más baratos que perder el Gobierno por el antimilitarismo de sus socios de Gobierno. Mandar soldados no se lo denegará el Parlamento (sus socios, incluso lo admitirá la oposición);, aumentar el presupuesto de Defensa hasta el 5% le costaría el Gobierno. Eso es todo. Resultaba inaudito que mientras se escenificaba esa ceremonia de los ejércitos con el Rey, Mando Supremo, se negociaba con ellos en París. ¡Que coincidencia! Está claro de quién dependen las Fuerzas Armadas.

La Conferencia de Embajadores reunió durante dos días en Madrid a casi la totalidad de los 130 jefes de las misiones diplomáticas españolas acreditados en todo el mundo y fue clausurada por el Rey. Tenía nuevo formato y convocatoria. El lenguaje inclusivo poco a poco va atontando al conjunto. De eso se trata. «Embajadores y Embajadoras», decía el cartel anunciador. ¿Pero lo igual no era lo distinto? ¿Son distintos? Tonterías aparte, albaradas de blanco fulgor, el Rey hablaba ante los embajadores de España y daba por clausurada la Conferencia.

Dos días de «Conferencia» que se pueden resumir en el autobombo y un furibundo ataque a la política del presidente de los Estados Unidos de América. No he visto palabras de consenso ni de gran política Exterior que es equivalente a los intereses de España. Todo lo contrario. Vamos a sufrir las consecuencias de nuestra alianza de civilizaciones de la que Trump ha retirado a EEUU por «ineficaz y dañina».

No se ha hablado de todo, solo de la parte, la suya. Interesada.

¿Gibraltar? ¿Embajadas catalanas? ¿Europa? ¿El Sáhara? ¿Quién protege con sus leyes a un huido de la justicia española? ¿Waterloo? ¿Y de Venezuela qué sabemos nosotros?

Dice el Rey que «España tiene unas sólidas credenciales basadas en una política de seguridad que nos convierte en aliados leales y fiables, como atestigua nuestra participación en las misiones de la OTAN en el Flanco Este y nuestra contribución a las misiones de paz». Siento discrepar y recordarle al Rey que henos sido el único miembro de la OTAN que aceptando el 5% del PIB para el gasto de Defensa no lo cumplimos y que lo enmendamos mandando soldados allí donde otros no quieren. Eso, que en cualquier caso hay que consensuarlo, como toda la política exterior, parece que se nos ha olvidado. Lo de fiables tiene un largo recorrido muy discutible. Pregunten a nuestros generales y generalas.

Refiriéndose a Venezuela el Rey ha dicho: «…más allá del caso concreto de Venezuela, es nuestro apoyo, firme e inequívoco, al respeto del Derecho Internacional. No podemos —ni con la palabra ni con el silencio— asumir su conculcación sistemática; y es eso lo que vemos, con demasiada frecuencia, en nuestros días. Se trata de un salto atrás de más de un siglo: a un tiempo de vacío normativo que, con el agravante de la tecnología actual, plantea inquietantes escenarios de futuro». Seguro que son palabras medidas y acertadas, pero no por todos compartidas, palabras para un  ministro o presidente, pero no más allá. El símbolo debe de hablar en abstracto, sin dar nombres respetables. Por interés de lo que el símbolo representa que no es al Gobierno de turno. Lo de Venezuela no se liquida con lo del «Derecho Internacional» cuando nadie antes ha hecho nada por luchar, por defender al verdadero presidente de Venezuela, a la diáspora venezolana o, por ejemplo, a perseguir a los etarras refugiados en Venezuela. Embajador es el equivalente a prudencia y mesura.

¿Quién manda en la política Exterior?

Las carreras, militar y diplomática, han debido detenerse para lo que ahora se llama internacionalmente cooling break. Lo necesitamos.

Ya todo depende. ¿De quién depende…?

Dejo para el final la otra carrera, la judicial. La de jueces y juezas. No necesitan conferencias, de pascua ya es su cara. Todo lo aguantan menos que te saltes la Ley. Todo un poder ejercido desde sus más estrictos límites: la justicia que es honradez y verdad, todo lo contrario a otros poderes. En nombre del Rey. No necesitan que nadie les diga cómo actuar. Tienen un código. El de la justicia. Escrito en la Ley. Ejercen su poder en nombre del Rey, el símbolo de la unidad, de la igualdad para todos, sin ser de aquí o de allí, de este Gobierno o del otro. Aquí está claro quién manda. Lo de la Fiscalía General quería abarcarlo todo.

Casi lo consigue.

Porque el problema surge cuando el poder del Símbolo, tan trascendente, se confunde con otros poderes y en una mezcla de interrogantes te contestan con lo concreto, es decir te dan gato por liebre y tu te lo tragas porque nunca has probado otra cosa y no distingues.  Entonces surge la pregunta que te lleva a infinitas preguntas.

¿De quién depende el Símbolo? Ya saben.

«El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes».

Nunca una pregunta tiene otra contestación que no sea otra pregunta.

Todo es un interrogante.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com 

12 enero 2026

¿Dónde vas España? Enrique Alonso Marcili Coronel de Infantería (R)

¿Dónde vas España?

Negar que vivimos bajo un ambiente de enorme incertidumbre en los tres ámbitos a los que pertenecemos por cultura y situación: Occidente, Europa y España; sería tanto como cerrar ojos y tapar oídos para obviar lo evidente. No son pocas las voces que se alzan advirtiendo el declive de nuestra civilización,  la pérdida de raíces culturales y la gran preocupación ante el auge del centrifuguismo que pone a España ante el abismo.

Cierto es que todo en la naturaleza tiene un final, que no hay nada eterno y en consecuencia, hay quien lo acepta aduciendo que estamos en las postrimerías de nuestra civilización y que vamos camino de otra que vendrá a sustituirla.

Aceptando que nada terrenal permanece eternamente, no estoy de acuerdo en que la Civilización Occidental este muriendo de manera natural, otra cosa es que la estemos matando nosotros mismos, eso puedo aceptarlo, pero no estoy de acuerdo con el asesinato ni con la eutanasia y por tanto me rebelo contra ello.

Por no remontarnos a la revolución francesa que, sin duda, está en el cimiento de ello, hay un interés común de dos filosofías políticas vencedoras ambas en la segunda gran guerra: el capitalismo y el comunismo.  Ambas, aun contrarias, tienen en común: la universalidad, es decir, lo que hoy se da en llamar globalización y que cada uno, a su manera, la pretenden.

Durante la época de bloques tras el fin de la II Guerra en Europa hasta el año 1989, quedo el continente europeo partido física e ideológicamente.

En la zona occidental europea y en el ámbito de sus naciones, cohabitaban ambas filosofías en un muestrario de partidos políticos. No así en la Oriental en la que en las naciones europeas se impuso el comunismo con la Unión de Repúblicas Soviéticas.

El fracaso del comunismo cuyo exponente fue la caída del muro de Berlín (1989), ha propiciado y esparcido escombros.  Gorbachov había dicho “nuestra casa común es el socialismo”. La socialdemocracia ha podido ser inicialmente la más afectada por ellos y quizás explique su declive y deriva actual así como la aparición de nuevos partidos, aun minoritarios, a los que se les denomina neocomunistas.

Sea como fuere, esa universalidad es hilo conductor común aun con sus diferencias estratégicas. La capitalista por necesidades de mercado;  de producción; obtener materias primas y mano de obra ante dos circunstancias: “el encarecimiento del llamado primer mundo o del bienestar, y la disminución de la demografía, asunto que les lleva incluso a favorecer la inmigración para suplirla o completarla cuando la mano de obra propia disminuye”.

El capitalismo y sus hijos, los partidos liberales europeos pretenden un mundo económico sin fronteras.

Los socialistas y neocomunistas hablan de  alianza de civilizaciones ¿Estratagema para diluir la occidental a la que el marxismo comunista siempre ha considerado enemiga y han perseguido históricamente incluyendo acciones tan agresivas y violentas que, de darse hoy, la legislación tipifica como genocidio?  Del comunismo nace la frase “la religión es el opio del pueblo”.  Propician la inmigración con el velo demagógico de los derechos humanos, pero en el fondo subyace la idea de alimentar su ansiado clientelismo basado en la lucha de clases y la subvención que la alimenta. Las palabras de la alcaldesa de Madrid al referirse a los 250 emigrantes que habían violado la frontera de Melilla el pasado año, son prueba evidente de esa demagogia: “aplaudía a los que habían saltado la valla desde Marruecos, llamándoles los más valientes y dispuestos al emprendimiento social y cambio de condiciones»

En España se complementa además, con una revisión histórica sectaria e interesada. Expertos en la falsedad conocen el concepto lógico, de que el progreso provoca indefectiblemente un cambio en la sensibilidad social, de modo que, legislaciones que fueron lógicas y adecuadas en su momento, quedan obsoletas e incluso llegan a percibirse como indeseables más tarde. Por ello, las revisiones históricas además de falseadas, se ofrecen desde una óptica de sensibilidad inamovible: la actual.

No es raro entonces, que la impresionante obra cultural de España expandida al orbe, se repudie hoy con una desfachatez impresionante, ni que en España se siga proclamando la leyenda negra en nuestros días en los que, incluidos historiadores extranjeros, se ha demostrado exagerada  y falsa.

La revisión histórica del sistema que dio paso a la transición y en el que han formado a las generaciones actuales se ha realizado no solo desde la falsedad, también de la descalificación y la repulsa impulsada por el odio.

El ambiente así descrito, constituye en principio el tablero en el que todos juegan. Quienes intentan oponerse a ello, ante el silencio de unos y la agresiva descalificación de otros, que no dudan en emplear múltiples etiquetas difamatorias, son expulsados del mismo quedando al margen y silenciados.

La consecuencia hoy en España se refleja en la curva de Gauss política que está deformada hacia la izquierda. Los ingredientes de conservadurismo y tradicionalismo que tipifican la derecha en su verdadero concepto, han desaparecido absolutamente en el templo de representación de la soberanía nacional, pues aunque la historia no tiene lagunas, aquí se ha creado interesadamente una, emponzoñada además de tal manera que ha propiciado un espectro político representativo cuyos partidos se sitúan en “centro, izquierda y nacionalistas”. Estos últimos relativamente nuevos en el tiempo pero siempre centrífugos.

El centro vive de los votos de aquellos conservadores que se han dejado amedrentar por las etiquetas o simplemente, temerosos de que pueda instalarse un ejecutivo izquierdista. Votan el mal menor o con la nariz tapada.

Así las cosas, ha desaparecido la fuerza centrípeta de la unidad y se ha disparado el centrifuguismo con un separatismo envalentonado. Los partidos en su permanente rifirrafe se muestran incapaces de solucionar las grandes cuestiones nacionales.

Completan el juego los lobbies, estos tienen un carácter en la mayoría de los casos supranacional, pero sabedores de la necesidad de votos de los partidos, operan mediante técnicas de  marketing social alterando la sensibilidad de personas o grupos para forzar al político a legislar en favor de su objetivo tal como explicaba Overton y los hay de todo orden, económico, financiero y social.

En el extremo más violento de ese maremágnum revolucionario, el terrorismo, es también un actor más que ha actuado y actúa, tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

El terrorismo nacional se da por vencido, pero ni ha entregado sus armas, ni se ha disuelto. Por el contrario, han nacido partidos políticos con representación que los avalan en sus objetivos, dan cabida a muchos de sus ¿Antiguos activistas? Y homenajean a sus presos cuando salen de la cárcel.

El Internacional, Yihadista, cuando lleva a término un atentado en suelo patrio, en vez de convocar a todos  a la unidad, ejerce para agrandar las grietas y la desunión de un centrifuguismo social y nacional de grado superlativo.

El corolario es que por razones políticas, económicas e ideológicas,  estamos inmersos en una revolución de tal calibre, que nos encoge el alma contestarnos a la pregunta ¿Dónde vas España?

Enrique Alonso Marcili Coronel de Infantería (R.)

Blog generaldavila.com

30 agosto 2017