Veo con asombro que desde el Cuartel General del Ejército se ha politizado el acto de entrega de la Gran Cruz de la Orden Militar de San Hermenegildo y la Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar. Una vez más quien está para servir se sirve en un acto que debería ser de exclusividad militar, aunque solo sea porque no parece justo, equitativo ni saludable que alguien que no tiene esa condecoración y que jamás podrá acceder a ella, como es la Orden de San Hermenegildo, se permita el lujo de imponerla. Pero eso sería una minucia al lado de lo que realmente nos provoca asombro y rechazo.
La Real y Militar Orden de San Hermenegildo es una distinción militar y una orden de caballería española creada por Fernando VII al terminar la guerra de la Independencia, en 1814, con el fin de recompensar y distinguir a los oficiales generales, oficiales y suboficiales del Ejército de Tierra, de la Armada, del Ejército del Aire, de los Cuerpos Comunes de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil, por su constancia e intachable conducta en el servicio a tenor de lo que establecen las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas.
El Rey es el soberano de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo y, como tal, cada dos años preside la reunión del Capítulo que tiene lugar en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La Asamblea vela por el cumplimineto del Reglamento y analiza la conducta intachable en el servicio. En este caso allí no estaba ninguno de su miembros.
Pero vayamos al fondo de lo escenificado en el acto. El asombro, que denunciamos, no es porque la Real Orden de San Hermenegildo haya estado ausente en el acto, sino por la presencia de la Directora General de la Guardia Civil que convierte el acto en una pura parodia de blanqueamiento a la Directora imputada por un delito continuado de prevaricación y otro de obstrucción a la Justicia.
El acto entra en la línea de la provocación cuando esta condecoración se entrega a los militares «por su constancia e intachable conducta en el servicio a tenor de lo que establecen las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas». La Directora General de la Guardia Civil no es la condecorada ni creemos que haya tenido la osadía de imponer ninguna de las condecoraciones, pero su presencia crea inquietud al ser una invitada «tan especial» imputada en delitos muy graves que no tiene la humildad, ejemplaridad y vergüenza de apartarse de estos actos mientras esté bajo sospecha ¿O es precisamente por ello la exhibición «por qué aquí la que mando soy yo y vosotros a tragrar?
Inquietud y malestar ha provocado este acto que parece un show en el que la ministra de Defensa rodea -¿arropa?- de generales y almirantes a la Directora General de la Guardia Civil imputada por graves delitos. Buena protección que nunca debería escenificarse.
Nuestra pregunta es si estando imputado un general, por ejemplo, le sería concedida la Gran Cruz de San Hermenegildo, o la Gran Cruz del Mérito Militar. Porque la alarma social existiría; muy sonora. Tomen nota y ejemplaricen. Todos y todas. La ley de la Carrera Militar en su artículo 111. dice claramente que se puede acordar la suspensión de funciones por la alarma social producida.
Aquí no se suspende en funciones a nadie ni nadie se aparta, sino que a los imputados se les exhibe allí donde se premia «la constancia e intachable conducta en el servicio». No es una tomadura de pelo. Es una ofensa y grave provocación.
Un poco de decoro es exigible en un acto como este a no ser que haya sido preparado con la astucia que Saavedra Fajardo indicaba: «Su actitud imita el curso de la culebra torciéndose a una parte y otra con tal incertidumbre, que aun su mismo cuerpo no sabe por dónde le ha de llevar la cabeza; señala el movimiento a una parte, y le hace a la contraria, sin que dejen huellas sus pasos ni se conozca la intención de su viaje».
Faltaba el DAO.
No se puede dirigir y menos mandar desde la sospecha. Alarma social no; algo más: presuntamente…
No solo serlo, sino también parecerlo con una conducta ejemplar digna de imitación. «Más quiere llevar el soldado, los ojos en las espaldas de su capitán, que tener los ojos de su capitán a sus espaldas. Lo que se manda, se oye. Lo que se ve, se imita» (Francisco de Quevedo).
No sé por qué me viene a la cabeza cuando estaba encima de la mesa, en discusión socialista, la Laureada Colectiva al Regimiento de Caballería Alcántara por su acción heroica en la retirada de Annual (1921). El ministerio de Defensa socialista dijo: ¡No! Siempre es igual, meterse en lo que no es suyo para mostrar que todo es suyo. Tuvo que cambiar el Gobierno para lograrlo. Siempre es igual, desmilitarizar lo militar y que todo sea socialista. Los militares no somos suyos, sino de España para servir a los españoles y no al partido del Gobierno. No nos debemos a quién nos nombra, sino al juramento que hicimos y a nuestra misión clara y rotunda en la Constitución.
Somos fáciles de engañar con estrellas, fajas, fajines y bandas cruzadas.
Nada que esperar del favor ni temer de la arbitraridad: «Propiciará, con su actuación, que la justicia impere en las Fuerzas Armadas de tal modo que nadie tenga nada que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad» (Artículo 18 de las Reales Ordenazas para las Fuerzas Armadas).
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
23 julio 2026