VIVIR CON MIEDO. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Tucídides señala el miedo como “el origen de tan gran guerra entre los griegos”.

“La causa más real, aunque la menos manifestada de palabra, creo que fue el hecho de que los atenienses, con su engrandecimiento, inspiraron temor a los lacedemonios y les forzaron a la guerra”.

Lo llamamos “La trampa de Tucídides”. Ahora se usa a menudo sin saber muy bien el sentido. Miedo. No deja de serlo incluso el arma contra la guerra: la disuasión; convence, porque atemoriza.

El miedo es tan transformador que es capaz de cambiar el color de los rostros:

“Luego, después que huyendo atravesaron

la estacada y el foso, y que domados

cayeron numerosos bajo el brazo

de los dánaos, entonces ya sus pasos

retenían y firmes se quedaban

al lado de los carros, verdecidos

por el miedo y llenos de terror…” (Ilíada).

Verdes; por el miedo. En la guerra, el miedo es un virus que inunda los campos de batalla, un grave obstáculo para la maniobra. Puede ser algo individual; si pasa a ser colectivo, la derrota es segura. Pero la guerra hace tiempo que dejó de escenificarse en campos de batalla; todo es guerra y no hay continuación de la política con las armas porque el objetivo primordial, dominar la voluntad del enemigo, se logra sin que los misiles salgan de sus lanzadores. El objetivo es el alma de los ciudadanos. Sin alma, sin voluntad, eres un derrotado, una cosa. “Que un ser humano sea una cosa es, desde el punto de vista lógico, una contradicción; pero cuando lo imposible se ha hecho realidad, la contradicción se hace desgarro en el alma. Esta aspira en todos los momentos a ser un hombre, una mujer, y en ningún momento lo logra. Es una muerte que se estira a lo largo de toda una vida; una vida que la muerte ha congelado mucho tiempo antes de suprimirla” (La fuente griega. Simone Weil).

La política nos enfrenta. Europa vive sometida por el miedo a la guerra, sin saber muy bien si a la interna o a otra ficticia desde el más allá. No hay generales, hay políticos que manejan el miedo. Lo transmiten. Si lo admitimos, la derrota es segura.

Lo de España es más grave. No hay ruido de cañones. Lo militar se convierte en porras y escudos, no «con el escudo o sobre él». Nuestros mandos militares no hablan y dirigen una guerra inexistente. No sabemos muy bien cuál es su misión. Nunca es la sumisión. España está por encima de algunas órdenes. La dimisión se convierte en acto de servicio cuando el mandato es fruto de la ideología.

El miedo es contagioso, peligrosamente contagioso. Una epidemia social.

No quisiera hablarles de la COVID, tampoco de la DANA; ¿para qué hacerlo de la invasión a Ceuta? Ahora parece que termina un octubre rojo.

Se percibe miedo. Físico. A perder la vida por incompetencia. Perdonen que hable de guerra y miedo, quizá deformación profesional, pero morir por ineptitud es intolerable. Parece que lo aceptamos

No lo tengan. No tengan miedo a pensar y decidir por ustedes. No confíen su libertad a otros.

Upanishad en el sistema AITS significa “sentarse más bajo que otro para escuchar respetuosamente sus enseñanzas”. No lo hagan. Póngase a la altura.

Les contaré una anécdota. En una visita del presidente Obama al Reino Unido, visitó en el Palacio de Kensington a los duques de Cambridge y hubo un momento en el que conversaba con el príncipe Jorge adoptando la posición de cuclillas para ponerse a la altura del pequeño heredero.

En la misma postura vimos a su padre en el desfile aéreo de la Real Fuerza Aérea Británica con motivo del 90 cumpleaños de la soberana. El príncipe, de uniforme, desde esa paternal y tierna actitud, le explicaba a su hijo las acrobacias de los aviones de combate. La reina, al ver esa imagen tan tierna del heredero de la Corona arrodillado ante su hijo, reaccionó con la misma ternura.

—¡Stand up, William! Fue la airada reacción de la reina Isabel II al ver al príncipe heredero de cuclillas.

Se lo tuvieron que explicar a la soberana y no debió entenderlo. Yo tampoco.

La postura del presidente Obama y del príncipe William no era caprichosa. Se trata de la ‹‹Escucha Activa››, método de enseñanza estadounidense que se reduce a situarnos a la altura visual de los niños para que entiendan y les entendamos. Método que ahora se estila en muchos domicilios y, claro, se impuso en el de los príncipes herederos al trono del Reino Unido.

A la reina la educaron de manera más rígida; mejor o peor, no lo sé. Ella puede hablar por sus hechos; el resto tendrá que esperar a crecer y ponerse a su altura, porque la reina no se iba a arrodillar. Nunca supo lo que era una genuflexión fuera de lugar.

No se arrodillen ante nadie. Solo para rezar.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

30 de octubre de 2026