ALIVIAR, CURAR… ACOMPAÑAR. 20 relatos de medicina de combate en la División azul. Libro de José M. Estévez Payeras

¡Médico! ¡Médico, por Dios! ¡Rápido! ¡Se nos muere!

Guerra o paz. En la tragedia o en la rutina diaria. Cada día se repìte en distintos lugares del mundo. ¡Un médico por favor! Todos sabemos lo que significa ese grito de angustia que pide el milagro. Ahora piensen en la guerra o algo parecido, cuando es casi imposible atender a todos, donde el triaje obligado selecciona según la situación.

Recorro la Ilíada, principio y fin del saber del hombre, busco al médico en la guerra. El mismo que aparece cuando naces o cuando mueres.

Hasta los dioses tiene médico. Peón cura a Ares: «Cúrole Peón, esparciendo sobre la herida drogas y calmantes» (Canto V, 382).

Podalirio y Macaón son citados como los hijos de Escolapio y excelentes médicos. «Tan pronto como vio la herida causada por la cruel saeta, chupó la sangre y aplicó con pericia drogas calmantes que a su padre había dado Quirón en prueba de amistad» Canto IV, 208).

Estas cosas parece que son hechos consumados y que el médico siempre está ahí. Pero no. No en la guerra. El triaje surge de ese lugar donde hay tantos a los que atender que hay que priorizar, seleccionar. Desde las primeras nociones de los combates el médico aparece como inseparable compañía del combatiente. No solo cura, sino que alivia y acompaña.

Todo esto está ahí, cuando mi amigo el coronel José M. Estévez Payeras me entrega su libro, un libro que verbaliza esa idea, Aliviar, Curar, Acompañar… en 20 relatos de medicina en la División Azul.

La medicina de guerra. División Azul. Ni lugar ni color. No siempre la guerra es muerte e incluso no solo lleva el color de la sangre. Hay en las tragedias quien, además de sufrirla, cura las heridas, principalmente para eso está, para que no te mueras, curarte y salvarte. Se da a diario en este mundo en guerra. Olvidado.

Por eso es una gran noticia que el coronel José M. Estévez Payeras nos sorprenda con un libro especial, diría que único, que nos habla de las historias ¿heroicas?, yo diría que humanas, de médicos en combate, y se centre precisamente en un capítulo casi olvidado de nuestra historia: la División Azul.

Siempre me admiró por su extraña rotundidad ese espíritu del Credo de la Legión, el de Compañerismo: «Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos».

Lo he tenido presente desde que empecé a leer el libro del coronel Estévez. Reconozco que con ello, por ello, su lectura me ha sobrecogido, algo que cada día se hace má difícil en este mundo plano.

«Que caer no es lo peor; lo peor es caer y no ser visto» nos dice el coronel Estévez y ese «arte» del médico de estar y ser, verte y, si puede, curarte,  es el resumen de todo. No abandonar jamás… ¡Si no te ve ni el médico…!

Ese es el libro. El relato de unos hombres que atendieron a más de cuarenta y cinco mil españoles en las durísmas tierras de Rusia en plena guerra. Un «coste emocional» que alguien, después de veinte años de consultas y duro trabajo en los archivos nos pone ante nuestros ojos.

La virtud del libro es su humanidad y elevar al hombre de (en) la guerra a su dimensión humana, al herido ante la incertidumbre de su gravedad, ese momento en el que solo la cara del médico le da un diagnóstico. Y nos permite ver a ese militar que hace medicina, convertirse en todos y cada uno de  los miles de soldados que en cualquier momento van a pedirle un milagro. Porque un milagro fue aquello.

Estructurado el libro de manera inteligente y amena nos permite recorrer un frente donde el combatiente se mezcla con el paisaje, sus orígenes, su familia en la distancia, la anécdota, la organización, los combates, los detalles pintorescos y los trascendentes. Nos permite acompañar a la División Azul junto a los curiosos personajes, tan nuestros, que juegan con la vida y la muerte;y  en medio del lance: el médico, el militar que hace medicina (así lo define el general médico Manuel José Guiote).

No les va a defraudar un libro que incluso llega a ser divertido por humano, crudo por la dureza de sus relatos, pero sobre todo riguroso y con la nobleza del necesario homenaje a unos hombres que descansaban después de salvar una vida y al rato lloraban porque se les había ido otra.

¡Médico! ¡Médico, por Dios! ¡Rápido! ¡Se nos muere!

¡Camilleros! ¡Nos lo llevamos!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 julio 2026