EL MOMENTO MÁS OSCURO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Dicen nuestros marinos vigilantes de la proa de su buque. Dicen los centinelas que esperan el alba. Dicen en la absoluta oscuridad de la noche en la mar o en tierra. El momento más oscuro es ese instante que precede al amanecer, cuando se espera la aurora. Son momentos en los que aparecen los sensores de la supervivencia del hombre, los más elementales, de los que dependes tú, pero aún más, de los que dependen los tuyos que duermen. Dios quiera que nuestros centinelas no se queden dormidos en lo más oscuro. Es una reacción que se da entre los cobardes, que no es otra cosa que el equivalente a irresponsables. Los códigos de guerra castigan con el fusilamiento al centinela que se duerme frente al enemigo.

<<La noche comienza ya y será bueno obedecerla>>. Esta puede ser una larga noche silenciosa. No debería. No nos atreveremos ante la oscuridad; el miedo nos abraza y nos contiene. Nos jugamos, como el centinela, no lo tuyo, sino lo de los nuestros. Eso es lo único que me hace estar vigilante en este momento de negrura. Por mi me echaría a dormir, ¡¿qué más me da ya la luz que la oscuridad?! Estamos en el oscuro apogeo de la noche, en el silencio de la noche oscura, aún podemos escuchar la palabra, no la de ellos que se mueven silenciosos en la oscuridad, sino la del centinela que avisa de su presencia. ¡Qué no se duerman los centinelas!

¿Cómo va la noche centinela?

<<Guardia, ¿qué de la noche? Guardia, ¿qué de la noche? 
El guardia respondió: La mañana viene, y después la noche; preguntad si queréis, preguntad; volved, venid >> (Isaias XXI; 11-12).

Volved, venid, preguntad. Ese es el ciclo.

Entramos en la negrura de la noche que es un indicador del pronto amanecer.

Previsible lo que nos encontraremos en el campo de batalla, porque <<anduvieron en la oscuridad de la noche, como dos leones, por el campo, donde tanta carnicería se había hecho, pisando cadáveres, armas y denegrida sangre>> (Ilíada, Canto diez).

Muchos se quedarán en el camino si abandonan la vigilancia y las armas. El amanecer está pronto, pero la noche no es quietud para lobos hambrientos. Es el momento de leer con detenida explicación la consigna de cada puesto. Estar atentos a los relevos, al santo y seña, vigilantes.

Hemos elegido a nuestros centinelas. Tiene las órdenes claras y tajantes. Conocen su misión y deben cumplir su deber. Si no lo hacen son reos de la pena máxima.

Y no volverá a amanecer, aunque sea de día y nos traspasen los rayos del sol. Si se durmiesen.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

ESPAÑA FEDERAL Y REPUBLICANA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Escribe el maestro Gabriel Albiac: <<Imaginemos que un cataclismo universal hubiera destruido instantáneamente todos los libros -en todos sus soportes- del planeta. Bastaría que un milagro hubiera salvado uno de ellos, para hacer verosímil -en un equitativo plazo de milenios- la reescritura de todos. Ese libro se llama Ilíada. Y en él están todos los libros, absolutamente todos>> […]. <<Todo, absolutamente todo, está en La Ilíada, de Homero. Nosotros>>.

Parece imposible la vida, toda, en un libro.

Busquen lo que quieran, de ayer y de mañana, hasta lo más cotidiano,  y allí está. Lo de hoy por supuesto.

La pasión, la vida preferida en su intensidad que en su duración: Aquiles.

La reflexión, la razón, el deber: Héctor.

Aquiles busca matar a aquel a quien odia. Héctor al enemigo de su Patria.

Dispuesto a encerrarme en una de las versiones de La Iliada tropiezo con un augurio. En el Canto XII.

Héctor responde a su hermano Polidamante cuando le invita a dejar la lucha por un presagio siniestro: <<Un solo presagio es el mejor: combatir en defensa de la patria>>.

El valor de un héroe de la reflexión y razón. Alimentado por el amor a su patria, a los suyos, que lucha por su deber.

Negros presagios:

<<…un águila de altísimo vuelo

que iba dejando aparte, hacia la izquierda,

a las huestes troyanas

y llevaba entre sus uñas

una roja serpiente color sangre…>>.

Habrá lucha. El peor augurio sería abandonarla. <<No se puede vivir para morir cobardemente y sin gloria, sino realizando algo grande>>.

Presagio. La República Federal…, águila de altísimo vuelo, que iba dejando aparte, hacia la izquierda…Héctor

Votamos sin darle mucha importancia a sus consecuencias. Tenemos por delante unos años críticos, quiero decir de mucha gravedad. Lo que ustedes han preferido es el federalismo que, según el más votado, el señor Sánchez, es <<una voluntad política de acuerdo, de convivencia y de calidad institucional>> o dicho de otra manera: <<llevar a cabo una reforma de nuestra Constitución en sentido federal>>. Y republicana. Quizá el señor Sánchez, como tantos, no sabe lo que dice.

Ortega y Gasset dejó claro los términos del problema: <<Un Estado federal es un conjunto de pueblos que caminan hacia su unidad. Un Estado unitario que se federaliza es un organismo de pueblos que retrograda y camina hacia su dispersión>>. Expuso las diferencias entre soberanía y autonomía: <<Es la soberanía la facultad en su raíz, preestatal y prejurídica de las decisiones últimas o primeras, según el orden en que queráis contar: es, pues, el fundamento de todo poder, de toda ley, de todo derecho, de todo orden. Y la autonomía, en cambio, un principio político que supone ya un Estado sobre cuya soberanía indivisa no se discute porque no es cuestión>>.

Claro que ya sabemos, no todos, que los llamados <<izquierda>>, socialistas, republicanos ellos, tiene un concepto de República muy de ese lado; les gusta llamar a su revolución proceso democrático, que no es un sistema político, sino llevar a cabo una reforma radical eliminando cualquier vestigio de la España conocida. Ya lo profetizaron: no la va a conocer ni la madre que la parió.

Pobre España que lleva siglos <<como en sueños ni el que persigue puede alcanzar al perseguido ni este huir de aquel, de igual manera ni Aquiles con sus pies podía dar alcance a Héctor, ni Héctor escapar de Aquiles>>.

¿Por qué?

Sir Douglas Haig, Mariscal de Campo del Ejército británico combatió en la Batalla de Somme durante la I Guerra Mundial; nunca se aproximaba a sus soldados. Su Estado Mayor le recomendó hacerlo para estimular a sus decaídos soldados. Se acercó a uno de ellos y le preguntó:-¿Dónde empezó usted la guerra? El soldado no lo dudó:

-Yo no empecé esta guerra, señor; creo que fue el Kaiser.

Los soldados troyanos se refugian en la ciudad. Héctor queda fuera; va a pelear contra Aquiles. Una vez los dos guerreros están frente a frente Héctor huye. Le costará la vida.

Se aproximan tiempos que requieren dignidad, valor y saber a quién tenemos enfrente. No huir. 
Aquiles frente a Héctor

Porque lo malo no es la forma política sino <<saber que los dioses  nos engañan para mejor atraernos siempre a lo peor>>.

<<Un solo presagio es el mejor: combatir en defensa de la patria>>.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

28 mayo 2019

Blog: generaldavila.com