LA PATRULLA ÁGUILA Y LA BANDERA DE ESPAÑA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Son siempre momentos de gloria ver en el cielo de España izada la Bandera por nuestros pilotos de guerra del Ejército del Aire, sujeta en un mástil tan incomparable como los ojos de los españoles que desde tierra la sostienen con el impulso del alma. Como la letra de su himno, el que escribió Pemán:

«Volad, alas  gloriosas de España/ estrellas de un cielo radiante de sol/ escribid sobre el viento la hazaña/ la gloria infinita de ser español».

No se pueden subir más alto Bandera y sentimiento de España.

No se puede escribir y describir a España más arriba que desde los cielos radiantes por donde volaron siempre, por los confines del mundo, las alas españolas.

No se puede servir más alto y exhibir con humildad y honor el servicio a España desde nuestra Fuerzas Armadas.

Por todo ello la Patrulla Águila, es un Patrimonio español, de todos los españoles, a los que representa y anima, a los que alegra y estimula, a los que ilusiona al ver que España tiene el camino abierto en el cielo, águila viajera, consejera, vigilante y augurio de humilde grandeza.

Hay una historia y una parte técnica, antecedentes de ese inigualable momento de ver nuestra Bandera dibujada en el cielo.

La Patrulla Águila, como a menudo actúan los militares españoles con sus equipos, hizo una adaptación imaginativa y artesanal para instalar humos de color en el avión de construcción española C-101, modelo que no estaba pensado para exhibiciones y mucho menos para lanzar humos de color. A finales de los 80 se instaló un sistema para obtener  humo blanco, y en Barcelona 92 se inauguraron los humos de color con la Bandera Nacional.
El color se consigue con un agregado químico que, tras activarse por el piloto desde la cabina, se superpone a la base de humo blanco obtenido de quemar diésel previamente cargado en los depósitos internos de las alas, y que se lanza pulverizado por un difusor hacia la tobera de escape de gases calientes del motor. El interruptor en cabina activa humo blanco, y una segunda posición le superpone el aditivo rojo o amarillo a cada avión.
Ha transcurrido 1 año desde la última exhibición de la temporada en 2019, se canceló la temporada 2020 por la Covid-19 y la Academia General del Aire ha sufrido sucesivas inundaciones recientes en la zona del Mar Menor, 2 accidentes mortales de pilotos de la Patrulla Águila y 1 accidente mortal de un profesor y su alumna en vuelo en este año 2020. No dan un paso atrás, la moral la mantienen alta y siguen su adiestramiento con eficacia y alto sentido del deber.
Este año 2020 su actuación el 12-O tenía una especial importancia.

La pandemia hacía que el acto fuese mínimo, poco visible, poco participativo y muchos miraban al cielo para ver eso: Nuestros pilotos dibujando en el cielo la misma Bandera de España que sus compañeros de armas izaban en tierra, y todos en presencia del Rey que nos une.

¿Por qué no decirlo? Muchos españoles sentíamos el momento, por la sucia política de enfrentamiento y de daño al corazón de España, como el de más necesidad para sacar a ondear la bandera. Era la Fiesta Nacional de España. Aunque los signos externo e internos parezcan más bien el funeral de su historia. Por eso queríamos ver nuestra Bandera en el cielo y que todos mirasen sus colores rojo y amarillo. Era el día.
El corazón de nuestros pilotos de guerra, aún sigue triste, pero aguerrido, con ganas de lucha y solventar este contratiempo fallido. Se repondrán y volverán al cielo a decir: ¡Aquí está! ¡Nuestra Bandera de España!

Al despegar de San Javier hacia Madrid y probar humos, algunos seguidores (spotters) vieron volverse a la Base varios aviones por mal funcionamiento de este sistema, y seguidamente despegar otros aviones reserva que si les funcionaron bien los humos.
En el sobrevuelo del 12 de octubre, se observó en la televisión que los tres aviones centrales lanzaron humos amarillos, pero el componente químico salió esta vez muy diluido y sin apenas contraste con el fondo de cielo muy luminoso.
El avión extremo inicio bien su humo con color rojo, pero al poco de iniciar debió fallar el suministro de dicho componente  quedando solo la base de humo blanco.
Estos fallos ocurren a veces, pero no tan inoportunamente.

Habrá análisis del mismo, se pondrá remedio con el mimo y atención extra que estos veteranos aviones requieren, se volverá al cielo con la bandera.

Era el día, pero otros habrá. Cada vez son más necesarios  gestos que muestren y eleven  los símbolos de nuestra Nación a todos los españoles. Estamos muy faltos de símbolos. Están muy atacados nuestros símbolos, y con ello nuestro progreso y futuro.

No podemos permitirnos ni un movimiento mal hecho.

Ánimo y adelante, valientes pilotos y mecánicos de la Patrulla Águila, alas gloriosas de España.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

17 octubre 2020

 

¡PERROS! CON DISTINTOS COLLARES Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Eran aquellos años de mediados de los setenta.

Después de muchos días, pirineo arriba pirineo abajo, en dura instrucción, y más, nos refugiamos del agua y viento en una borda ocupada por la ferocidad de las pulgas. Hay remedios, grandes remedios para grandes ocasiones, pero no los hay para las pequeñas; como el ataque de las pulgas. Superado a ratos, vi entre los restos del interior un periódico que podía ser de la Guerra del 14. Empecé a leerlo sin mirar, de manera intencionada, la fecha de su edición. Después de cerca de quince días sin oír más allá del Código Q, sus noticias me recordaban El Día de la Marmota. Siempre lo mismo.

Desde la escasez y la soledad, desde la responsabilidad que contraes cuando de tu decisión dependen aquellas miradas que escudriñan el siguiente paso que vas a ordenar, la información varía en importancia y te afecta en mayor o menor medida.

El mundo no es el mismo desde el puesto de vigilancia en primera línea que el que lo analiza traspasada la Casa que vigilan los cañones, ahora leones, de Tetuán.

Aquel viejo periódico hablaba de asesinatos, de la ETA, del terror, y de alguna cosa más para rellenar, porque la información que se repetía era la de la sangre derramada de aquellos inocentes dejados de la mano de todo el mundo. Para mí, entonces, ahora menos, era incomprensible como, con la cantidad de información, datos y señas, que proporcionábamos y que obtenían nuestros compañeros infiltrados, jugándose la vida, aquellos asesinos se paseaban impunemente por España y asesinaban, asesinaban y asesinaban, sin que nadie contuviese aquella matanza.

Llegaron a hacerlo impunemente hasta del Presidente del Gobierno, Carrero Blanco. Luego vinieron las historias: que si Kissinger, los americanos, que si desde dentro o desde fuera, cuando la realidad cada día se afianza más alrededor de unos errores inauditos y de unos desalmados mal (?) vigilados.

Aquel periódico viejo y sucio me hizo durante unos momentos dudar de todo, de lo que hacíamos o no hacíamos, de las órdenes y de las medias órdenes, de la irresponsabilidad que siempre alcanza y mata a los que menos arte y parte tienen. De todos y cada uno de nosotros, porque mientras allí estábamos, otros más importantes, los más, no recibían a los familiares de los asesinados. Todo era una farsa de la que desconocíamos los actores y directores. Aquello nos afectaba directamente a los que estábamos en el monte.

Hoy hasta el periódico ha cambiado. En algo sustancial. Aquellos que asesinaban siguen con el odio en sus entrañas, dicen que no matan, hasta dicen que son hombres de paz, y se les acoge en las instituciones, y dialogan desde el odio y con el arma escondida. Ha cambiado el titular mediático, mientras cambia el titular de España por el de otra cosa. Al final se han salido con la suya. Matando y sin matar. Les da igual. Los mismos perros; distintos collares. Son los que mandan.

Yo, como otros muchos, luché contra la ETA. A otros les han asesinado o arrancado de sus vidas lo que más querían. La ETA sigue en pie. ¿De qué ha servido?

¡Canallas criminales!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

6 septiembre 2020

ADIÓS AL PERIÓDICO Rafael Dávila Álvarez

¡Tanto lo siento! Sigo siendo un antiguo, de los del periódico y la barra de pan y si se tercia tomarme un cafelito con churros. Es un placer coger el periódico y pasar hojas de atrás adelante que es mi costumbre; ¿será genético?, también lo hacía mi padre.

Cierran quioscos y cada vez cuesta más encontrar donde comprarlo sobre todo si no estás en una gran ciudad. En mi opinión lo mejor de los periódicos son sus articulistas. La mayoría y de casi la totalidad de ellos. Tengo mis predilecciones, de alguno soy amigo, de todos aprendo, a escribir y a leer, es una literatura necesaria, fácil (a veces no), y libre (a veces no).

Les diré lo que me ha pasado hace muy pocos días. Estaba en el campo, lejos de casa, perdido, aunque consciente. Con esto de la pandemia preferí no salir de mi encierro ni para ver una calle asfaltada. Pero el domingo sentí la necesidad del periódico y de la barra de pan que además el lugar era de buen pan y seguro que de ricos churros.

Desconocía el pueblo más cercano, nunca había estado allí, encontré rápido la panadería donde pregunté por un sitio donde comprar el periódico. Me extrañó la cara de la joven (a pesar de la mascarilla) y la pausa de duda que hubo, eterna me pareció, hasta que me contestó.

La pausa, llegué a la conclusión, no fue porque pensase en el lugar de venta, sino que dudó la respuesta: ¿un periódico? Como si dijese ¿eso qué es?

Entró en esos momentos un hombre, ya mayor, a la panadería y la joven le pasó mi pregunta. Se quedó también pensando un rato, hasta que recordó que había un sitio no muy lejos, pero creía que había cerrado ya, y que desde luego los domingos seguro que no abría.

¿En algún sitio puedo desayunar churros?

Ni churros ni periódico, pero, ¡menos mal!, había pan de panadería. Sector servicios. 6.500 habitantes. ¡Ojo al dato!

Al llegar a mi lugar le di gracias al Cielo de que no hubiese internet y que mi móvil se hubiese quedado en Madrid. A veces es bueno no llevarse ni libros cuando de soledad se trata. No sé cómo se me ha ocurrido bajar al pueblo.

Más solo que la una, mejor que mal acompañado en enredos sociales.

Un águila lagunera vigilaba desde las alturas una gran charca. Por un momento pensé que era un dron.

El calor no respetaba ni las sombras.

Escribía la chicharra sobre el tronco de un árbol, estridulaba que debe ser parecido; de pequeño me enseñaron que lo de la chicharra no es canto sino estridor.

El águila y la chicharra, la sombra caliente; y el silencio de pequeños murmullos. De las pocas cosas que no habían cambiado en mí recuerdo.

Ahora cuando vuelvo a la ciudad todo chirría en desagradables sonidos.

Al fin he podido comprar el periódico, pero me dice el quiosquero que a partir de ahora voy a tener que encargarlo previamente.

Todo chirría.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

 

LA PEOR DEUDA DE UN GOBIERNO INFAME. QUE NOS DEVUELVA A LOS MUERTOS Rafael Dávila Álvarez.

La edad sí que importa. En la Ilíada todo empieza cuando un anciano reclama la libertad de su hija.

<<¿Cuál de los dioses promovió entre ellos la contienda para que la pelearan?>>.

La pandemia lo ha dejado bien claro. Somos demasiados y no hay para todos. A la hora de elegir señalan a los viejos. ¿Se equivocan? Claro. Nadie es quien para elegir. La libertad es igualdad ante la vida y la muerte que no distinguen, sino que extinguen las dos. Lo mismo se lleva a uno que a otro. Es el precio de ser libre. Si la vida estuviese hecha a base de milagros no merecería la pena. La libertad se enfrenta siempre a la muerte y nadie puede confiar en los años ni en su juventud, porque llega sin distinguir el día, ni la hora.

Difícil de entender. Cada uno tiene sus propias armas, pero a la vejez solo le queda dejarse en manos de los demás. Volvemos a ser como niños a la espera de regresar al lugar de dónde venimos.

¿Seremos muchos y por ello la guerra?

<<Cuando el mundo se encuentra sobrecargado de habitantes, el único remedio es la guerra, que provee a cada hombre, ya sea con la victoria o con la muerte>> (Hobbes).

En esas estamos.

Me dice un viejo guerrero político, curtido en mil batallas, que ya no le quieren en ese mundo, les parece muy antiguo. La antigüedad ya no es un grado, sin darse cuenta que el voto jubilado representa más del 30%, doble o triple que el de los menores de 30 años. Solo hace falta alguien que sepa aunarlos y aprovechar voto y experiencia. Son los grandes olvidados y el reflejo de una sociedad desagradecida. Molestan los viejos; viven ahora demasiado. Pero votan.

La guerra está definida en la Ilíada. No la de los cañonazos, sino la de la vida misma, de amores y pasiones, el corto acto entre la vida y la muerte, de intensidad y grandeza por encima del tiempo, de dioses que se creen hombres, y hombres hijos de dioses. <<Quien a los dioses obedece es por ellos atendido>>. Entre el deber y la pasión, unos súbditos, otros cobardes, unos que luchan por los suyos, otros para llegar al conocimiento de los hombres venideros, otros por la descendencia.

Muy pocos para dar ejemplo de vida y muerte. Eso ya no está valorado.

Héroes de cuentos populares que van cambiando el nombre según el momento y el aedo que lo relata. Cuando nos canta que lo peor de la batalla no es morir en ella, sino regresar a casa vivo, donde ya nada es ni será igual. Una odisea, con final fracaso cuando pensabas que ya todo había acabado y estabas en la calma.

La guerra termina con la súplica de la vejez por recuperar el cuerpo joven del guerrero, que era su hijo, su descendencia. Para recuperar la honra de su pueblo, tuvo el anciano que engrandecerse con la humillación:

<<Mas, ¡ea!, a los dioses ten respeto,

Aquiles, y piedad de mi persona,

recordando a tu padre,

si bien de compasión soy yo más digno,

porque yo soporté lo que hasta ahora

ningún otro mortal sobre la tierra:

a mis labios llevarme yo la mano

del varón asesino de mi hijo>>.

Nunca la historia de la guerra ha dado un gesto de tan sublime grandeza.

Gesto que otros han despreciado en uno de los momentos más tristes que ha vivido la humanidad. Pandemia diaria es la vida, guerra y muerte. Continuación uno de lo otro. Pero hasta en la guerra más cruel te devuelven el cadáver de lo más querido.

Los 40.000 ruegos a Aquiles, multiplicados con lamentos, para que devuelva y reconozca nuestros cadáveres, no han sido atendidos. No habrá descanso ni consuelo.

Es la peor deuda que un Gobierno infame ha contraído con esta sociedad adormecida que quizá sea esto lo que se merece. Incapaz de luchar ni por sus muertos.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 JULIO 2020

ESPAÑA 2020. LA DICTADURA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Pongan ustedes las imágenes y el color.

Dictadura. Elijan definición. Ambas son acepciones válidas.

  1. Régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales.
  1. En la Antigüedad romana, magistratura extraordinaria ejercida temporalmente con poderes excepcionales.

En el terreno de la lucha contra las fake news, dijo el general Jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, se trabaja en dos direcciones, <<por un lado evitar el estrés social que producen estos bulos, y por otro, minimizar el clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno>>. <<Todos estos bulos –añadió el general– los tratamos de desmentir por nuestras redes sociales>>. Pasado lo dicho, dicho queda, él ahí queda, y dado que el poder es tener expedita la facultad o potencia de hacer algo, el poder ha hecho, es decir, no ha hecho, y ha seguido haciendo lo que le viene en gana, que para eso tiene el poder, uniformado en este caso y el mediático también.

Poderes excepcionales tiene. Está a la vista. Dicen que temporalmente. Veremos.

Que velan por nuestra salud está también por ver y comprobar. ¿Qué salud?, ¿la de mi madre y tantos ancianos encerrados, muriéndose o esperando la muerte sin la visita o la despedida? Derechos humanos. ¿Hay mayor derecho?

Hablan de paralización en los juzgados por la pandemia y, los derechos por tanto, de los ciudadanos vulnerados. También son derechos humanos. Una vez más: imprevisión, retraso tecnológico, o lo que sea. En definitiva: escasa democracia; y ¡ojo! ¡no (me) levante usted la voz!

El ¿A dónde va usted?, se conjuga con el no saber qué hay que hacer. Es la mejor forma del autoritarismo. La interpretación. Todo es interpretable y luego vaya usted a quejarse al maestro armero. Mando yo, interpreto yo; ¡a mí no se me discute!; ¡caballero yo  no sanciono, es la Delegación del Gobierno…!: todo interpretable. Esa es la dictadura, la interpretación, que el intérprete ya saben quién es. La ley la marco yo, y en tiempos apropiados también juzgo y la interpreto yo. Los jueces con mascarilla.

Cuesta trabajo entender que el Parlamento no se reúna y si lo hace es a trozos, bajo cuerda, es decir todo acordado, acuerdo vendido y comprado y al que no, insultado.

Miren, me van a perdonar la grosería, pero hace algún tiempo les conté una anécdota que viene hoy al caso.

En la época en que por el Sahara, tan español, patrullaban nuestras queridas tropas nómadas, eran frecuentes los encuentros y desencuentros con las equivalentes fuerzas argelinas de vigilancia de la frontera. Fronteras difuminadas y difíciles de materializar en horizontes inabarcables y cambiantes paisajes dibujados al gusto del viento y la luz. Todo era igual, pero distinto según el momento y la intención de la mirada. Tierra de valientes y astutos soldados. El indomable desierto, como la pandemia, pone a prueba a los hombres. Uno de los que salió fortalecido en la contienda de aquella belleza hostil fue un pequeño -de estatura- comandante que solía acompañar a camello a sus patrullas por las difuminadas fronteras. El encuentro con las equivalentes fuerzas argelinas era frecuente y se producía dentro de esa cordialidad de los hombres del desierto, pero sin fiarse de la más mínima brisa. Se produjo un desencuentro en la soledad inabarcable, donde todo es nada y nadie.

-Estás en mi tierra. Has cruzado mi frontera.

Que sí, que no. ¿Dónde están las marcas?

-El equivocado eres tú…

Los nervios afloran. El diminuto comandante baja del camello. También el oficial argelino. Frente a frente se miran, sin hostilidad, pero con firmeza. Hay muchos propósitos hostiles que no van acompañados de enemistad. Cada uno defiende los suyos. Hay que mantenerse firme con todas sus consecuencias.

El comandante español parece más pequeño al hundirse en la arena abriendo ostentosamente las piernas. Se oyen sus palabras en el silencioso desierto. No es necesaria ninguna traducción. Todos entienden aquel idioma.

-¡Aquí la frontera la marcan mis cojones a modo de perpendículo!

En la soledad del desierto, en peligrosas condiciones: un valiente.

Parecido ¿verdad? Frontera por ley. Mandan de cintura para abajo. Nadie rechista (hasta ahora)

Cuando el Parlamento está enmascarillado, cuando legisla el ejecutivo y el judicial ha desaparecido, el calificativo no es valor, sino otra cosa. Libertad no es.

Políticamente pensar de cintura para abajo no sirve nada más que para los dictadores de poca monta.

Es el momento de usar inteligentemente: la calle, el poder mediático (a pesar de la mordaza impuesta por el dinero) y la cabeza.

En el diario ABC de ayer el abogado José Antonio García-Trevijano Garnica publicaba una Tribuna Abierta con el título de Alarma o despropósito. Dice en el párrafo final: <<Estamos ante una situación especial que requiere medidas singulares que se están adoptando sin el pueblo pero en su beneficio. Pues bien, resulta que eso es precisamente una dictadura>>.

Creo que está todo dicho. Dictadura y mucho caradura.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

19 mayo 2020