EL ESTRECHO DE ORMUZ. LA GUERRA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Como siempre ocurre hay opiniones para todos los gustos. Especialistas o no, militares o no, estrategos o no, y esos think tank que no suelen dar una, pero hacen de la retórica su mejor arma, en fin, todos opinan y nadie sabe ni quien ha sido ni quién será. Forma parte del juego. Estrategos y expertos hablan y escriben; cuando uno lo ha leído y oído casi todo, piensa en si mañana caerá el Muro de Berlín. Cuando menos se lo esperaban.

Lo que no me cabe duda es que EUA, Irán, Arabia Saudí, Rusia, Israel, y las petroleras, saben muy bien quien ha sido, su porqué y hasta donde piensan llegar. Quien sigue en la inopia es Europa. Como ustedes y yo, como los que nos informan.

A pesar de ello el análisis para los que de esto entendemos más bien poco se hace difícil.

Ya saben el aforismo jurídico latino empleado en cualquier investigación policial: quid prodest, ¿a quién beneficia? En este caso a muchos y de distinto signo. De ahí la complicación de señalar con el dedo. La lista de beneficiarios del ataque a los petroleros en el Estrecho de Ormuz es larga y peligrosa, tanto como la de los afectados por ello. En la primera no estamos ni usted ni yo; en la segunda sí. En breve notaremos que la explosión ha afectado al depósito de gasolina de su vehículo, a la factura del gas, de la luz, hasta la barra de pan subirá culpándoselo al ataque en Ormuz.

Del Estrecho dependen las estrecheces o no de millones de ciudadanos del mundo. Nadie desea inseguridad en esa zona. Nadie es nadie, aunque a algunos les beneficie. Hay muchas cosas que no encajan en este complicado ajedrez.

El vídeo mostrado por EUA señalando a Irán, por ahora no aclara mucho por no decir que todo sigue igual. Lo único que queda claro es que el ataque a los petroleros no lo han hecho aficionados.Ataque en el Estrecho de Ormuz

Otra más: Situaciones como esta en la que se pone en riesgo la paz mundial no es la primera que vivimos en estos últimos tiempos. El riesgo es evidente. Ahora lo que nos queda por ver es si es una más o esto va en serio. Si ha sido Irán, o parecido, átense los machos. Esta es la clave que hay que analizar en serio. Porque de ello puede salir algo cuyo nombre no queremos ni mencionar: la guerra.

Trump no es el loco que muchos piensan. Sabe lo que gana y lo que puede perder en una abierta confrontación, en una guerra abierta. Tomará una decisión únicamente cuando tenga todos los datos y sobre todo pensando primero en su nación, en los Estados Unidos de América. Algo que le distingue de otros políticos de por aquí. <<America First>>.

Esperemos que sea así y no pase a ser la última.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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14 junio 2019

PODEMOS IMPARTE ENSEÑANZAS A LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA DE ESTADO MAYOR DE LAS FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

<<Si conoces a tu enemigo y a ti mismo, en cien batallas no correrás peligro. Si desconoces al enemigo pero te conoces a ti mismo, las posibilidades de ganar o perder se nivelan. Si desconoces a tu enemigo y a ti mismo, estarás en peligro en cada batalla>> (El Arte de la guerra-Sunzi).

También se suele decir que el enemigo al ombligo.

A comienzos de los años noventa con el conflicto Bosnio en su punto álgido las tropas españolas allí destacadas se encontraron con una situación inesperada. Un miembro de la banda ETA, un etarra de unos 19 años, combatía en las filas del ejército Bosnio. Las tropas españolas a través de la embajada recibieron la orden de ir a un punto concreto a recogerlo para su expatriación a España. Para evitar cualquier tipo de altercado fue a recogerlo un oficial español al mando de un grupo armado de soldados. El etarra en cuestión estuvo retenido en el campamento español durante unos días. He tenido la oportunidad de hablar del tema con soldados que estuvieron muy cerca del etarra aquellos días. Era otro; arrepentido y engañado de lo que le habían contado. Le cambió la mentalidad al contacto con nuestros soldados.

Claro que tampoco debemos ser tan cándidos como para bajar la guardia. Clausewitz también sabía De la guerra: <<Almas humanitarias podrán concebir fácilmente que exista una inutilización, un desarme artístico del adversario sin causarle demasiadas heridas, y que tal sea la verdadera tendencia del arte de la guerra […] los errores que se dejan subsistir por benignidad son, precisamente los más perjudiciales>>. Vamos que, en román paladino, en esto de la relación con tu oponente en la guerra tonterías ninguna, y que no te fíes ni del compañero de pareja.

El curso de Estado Mayor en las Fuerzas Armadas es el doctorado de la milicia. Se convierten los oficiales diplomados en los principales asesores del mando y le proporcionan los elementos de juicio y datos necesarios para fundamentar sus decisiones.

La guerra hoy es un complejo arte que abarca disciplinas antes insospechadas. Todo tiene que ver con la guerra, con una guerra que convive con nosotros, con nuestra cotidianidad. Ello exige del oficial de Estado Mayor una inteligencia y especial perspicacia. No es fácil conocer al enemigo y menos conocerse a sí mismo.

Hay que aprovechar cualquier oportunidad.

En España el curso de Estado Mayor está considerado de altos estudios de la Defensa Nacional y se desarrolla en la Escuela Superior de la Defensa (ESFAS) dependiente del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN). El perfil de ingreso es muy exigente y mayor aún el de egreso. Es uno de los cursos de mayor prestigio en España y en el ámbito de otros ejércitos del mundo. Su duración es de nueve meses y  tiene por finalidad complementar la capacitación del militar de carrera para el desempeño de los cometidos de asesoramiento y apoyo a la alta dirección en los órganos superiores y directivos del Ministerio de Defensa y de los organismos internacionales de los que España forma parte, así como de los estados mayores específicos, conjuntos y combinados. En el año 2015, siendo Pedro Morenés ministro de Defensa (Partido Popular)  se aprobó el Real Decreto 339, de acuerdo con la Ley de la Carrera Militar,  que regulaba la normativa y su integración en el sistema educativo general. En su desarrollo se aprobó la colaboración con la Universidad Complutense de Madrid para que esta impartiese un ciclo de conferencias durante el desarrollo del curso y la Universidad lo asignó al departamento de Ciencias Políticas y Política Pública.

Como consecuencia es la Universidad Complutense la que designa los conferenciantes que acuden a esta Escuela sin intervención alguna de la ESFAS.

Ha llegado el escándalo cuando un miembro del partido político Podemos, Juan Carlos Monedero, profesor de Ciencias Políticas en dicha facultad, aparece en la Escuela de Estado Mayor a dar la conferencia a los alumnos. Todos nos echamos las manos a la cabeza. ¡¿Cómo es posible?! Su charla llevaba por título Gobernanza. Ahí es nada. ¡Uf! Si lo oye Hacienda…

Las explicaciones son las que les he apuntado: es la Universidad Complutense la responsable de designar a los ponentes sin que el CESEDEN tenga nada que objetar. Bien…, o mal. Así son los hechos. ¿Intención? La hay y mucha. Mala claro. Me cuentan que el señor Monedero estuvo correcto y solvente. Nada que ver con el fundador de Podemos y aquella página web del malintencionado <<no a la guerra>>. Nada que ver con el asesor de Chávez y Maduro, y nada que ver con el de las cuentas con Hacienda. Sabe donde se juega el partido. Dicen y dicen, pero hay que decir que la risa va por barrios y tanto monta como monta tanto. Que sí, que unos y otros, que unos por acción y otros por omisión, que aquí nadie se salva de la quema y que lo mejor es hacerse el tonto, pero no serlo. Los partidos políticos van a su partido y nada saben ni quieren saber de aquello que se aleje de sus intereses de partido. Y todos están en la jugada.

No nos escandalicemos por cualquier cosa.

<<Un general debe conocer la mentalidad de su oponente, o al menos debe procurarlo. Por esta razón, siempre llevé conmigo durante la guerra de Hitler alguna fotografía de mi oponente. En el desierto, y nuevamente en Normandía, mi oponente fue Rommel; solía yo estudiar su rostro para ver si podía sondear su probable reacción ante cualquier acción que yo pudiera desencadenar; en cierto y curioso modo esto me ayudó […] El estudio de los jefes adversarios ha sido siempre una necesidad perentoria>> (Historia del Arte de la Guerra. Mariscal Montgomery. Vizconde del Alamein).

No seamos impulsivos ni inocentes. Sepamos donde se juega la final y estemos preparados. Ese es el momento que nos interesa. Estemos vigilantes.

Mientras tanto no debemos desperdiciar ninguna oportunidad. Para conocer a nuestro oponente; que no ponente. 

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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23 enero 2019

LOS SICOFANTES. LO QUE SABEMOS ¿Y LO QUE NO SABEMOS? Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

<<Solo si el soberano inteligente y el general competente reclutan sus espías entre los hombres de mayor talento, podrán culminar con éxito las misiones más decisivas>> (Sunzi. El arte de la Guerra. Trotta editorial).

Sunzi señala cinco clases de agentes secretos. Entre ellos los sicofantes que son aquellos que ambicionan las riquezas, denunciantes profesionales, acusadores, soplones, que ya en la antigua Grecia se consideraban mercenarios con sinónimos como: impostor, zaheridor, vituperador, calumniador. Crecieron siempre al amparo del poder. Sicofantes denunciaron a Sócrates.

No han desaparecido. Los hay buenos, malos y regulares. Hoy ocupan sus cargos en las cloacas del Estado. A las cloacas se le da carácter oficial y asunto arreglado. Si las cosas se pone feas, como es el caso, se recurre al chiste, no lo voy a repetir, que ustedes conocen; el del dentista: ¿verdad que no vamos a hacernos daño?

Nos escandaliza oír lo que estamos oyendo. ¿Cómo es posible? Grabaciones al más alto nivel. No es la primera vez. Recuerden que el Rey fue grabado, espiado. Más de lo que sabemos. Ya nadie se acuerda: cómo, por qué y por quién. La respuesta es lo que nos debe preocupar. ¿Quién es el que maneja la información? Fraccionada nada vale. El que sabe de aquí y de allá, de este y del otro, lo que le dice uno y otro, todos, todo lo sabe y guarda, ese es el que manda.

Para grabar conversaciones se necesita un material muy caro y no fácil de conseguir. En España se compraron unas maquinitas, no muchas, hace tiempo y no se sabe muy bien a dónde fueron a parar; ¿quién las tiene? Graban todo. A distancia. Móviles y conversaciones. Sin saber tu teléfono. ¿Quién las compró y para qué?; debe ser fácil saberlo. ¿Será alguna de estas maquinitas la utilizada por el sicofante de turno? Desde luego con el móvil no se han hecho las grabaciones. ¿Material oficial para grabar indiscriminadamente?

Quien ha manejado mucha información tiene contrato hasta el final. No han sido ni uno ni dos. Material sensible del que conocemos una muestra.

A una sociedad madura no le debe preocupar en exceso que estas cosas ocurran y que salgan a la luz. Sicofantes hubo, hay y habrá. Pero hay algo que preocupa y asusta: lo que no sabemos. Lo realmente preocupante de lo que estamos viendo y sobre todo oyendo es lo que habrá oculto, lo que no sabemos y nunca sabremos. Y lo hay.

No estaremos tranquilos. Los procedimientos no valen para cualquier situación. Atender a la Seguridad del Estado, de la Nación, es tan necesario que sería una temeridad no tener quienes a ello se dedican, incluso con alto riesgo de su vida. Como en combate.

Hacer uso de la información para beneficio propio o partidista es una de las mayores bellaquerías que se pueden cometer. Hay que castigarlo con el mayor desprecio de la sociedad. Para ello lo elemental es estar enterado. Porque no todos y de todo estamos enterados. Digo yo.

<<Si tus planes son oídos por el adversario, podrá elaborar estrategias de contraataque; si eres percibido por él, maquinará contra ti; si eres conocido para él, te pondrá en aprietos; si te ha desentrañado, te perjudicará>> (Tai gong Liu Tao jin-zhu jinyi, capítulo XXVI, p. 124).

Esto es para la guerra, pero esto otro, lo que vemos y oímos, es peor que la guerra.

<<¡Discreción! ¡Discreción! Pues no hay lugar donde no pueda haber espías. Si antes de efectuar una misión secreta ya se oyen rumores, debemos aniquilar tanto al espía como a quienes han recibido esa información>> (El arte de la Guerra. Sunzi).

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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30 octubre 2018

1936-2018:LA GUERRA CIVIL General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

¿Nunca acabará el enfrentamiento?

Son días de repugnantes recuerdos de guerra junto a la profanación de algo más que la historia. Una deshonra y desprecio hacia todos los que lucharon por sus ideales, enjuiciados todavía con la violencia de la palabra, vacía, sin nada detrás, exclusivamente política. ¿A quién le interesa esa opinión? Los que andan en eso de la política deberían dedicar sus esfuerzos  a gestionar los recursos y no a ideologizar, imponer, y mucho menos a falsificar. Estamos en guardia frente a ellos que no dejan de meter sus narices incluso en lo más íntimo del sentir y pensar. Permanente autodefensa; y lo que es peor: se han convertido en jueces de los hombres, de la historia, de los sentimientos; ellos que ni sienten ni conocen, ni se juzgan.

Una tristeza, ¿impotencia?, invade nuestros corazones, algunos, al menos el mío.

La tristeza viene de la incapacidad para comprender: ¿por qué se empeñan en que la guerra continúe? Sí: la guerra, me refiero a la Guerra Civil. ¿Por qué quieren engañarnos con discursos pacifistas mientras su estado de ánimo no es pacífico sino vengativo, violento?

Paz: no saben lo que eso significa, desde luego no es la ausencia de guerra, más bien: <<Virtud, estado de ánimo, un estado mental, una disposición en pro de la benevolencia, la confianza, la justicia>> (Baruch Spinoza). No me cansaré de repetir sus palabras. Habrá que hacerlo hasta que llegue a encharcar los corazones. De benevolencia.

Pertenezco a la generación nacida de los jóvenes que estuvieron en el frente de batalla en la Guerra Civil. Que empezó hace más de ochenta años. No ha terminado. Hay quien no quiere acabar con las trincheras. Quedan francotiradores que componen ya batallones. Al mando de insensatos jefes.

Mi abuelo estuvo en la guerra; mi padre también. Nunca me contaron nada, jamás me hablaron de ella, ni les oí hablar entre ellos o entre amigos. Les parecía una tragedia para olvidar. Nunca conseguí que me contasen ni vi más allá de gestos de contrariedad. Una pelea trágica entre hermanos, decían. Tuve que leer, buscar, indagar, y así, alejado de contaminaciones de cualquier lado, hacerme una idea del conjunto. He terminado rechazando los juicios de unos y otros, me atengo a los datos rigurosos, sin orientación y sin intenciones, que no abundan. He leído mucho de lo que de ella se ha escrito y la he estudiado militarmente. No merece la pena entrar en calificaciones y, como cada vez se califica más y peor, he preferido guardar para más adelante mis conclusiones, puramente históricas. Hay que dejar distancia. Mucha distancia. Lo que si adelanto es que no debe estudiarse ni hablar de ella para seguir en la lucha ni para echarse en cara nada. Aquello pasó, ya es inevitable y evitable es enfrentarse por ello. Como si nada nuevo nos hiciese olvidar. Hay que buscar la paz en la benevolencia, la confianza, la justicia. Mientras haya corazones en guerra es que la guerra sigue.

Los que remueven la ira cuando ya no hay razones, buscan otra razón: mantener vivo el enfrentamiento del que obtienen rentabilidad. Son unos irresponsables de una gravedad difícil de imaginar, aunque tendrá sus consecuencias. Cuando haya perspectiva histórica serán juzgados y condenados.

En el mes de julio de 2016  la periodista Emilia Landaluce reunió a un grupo muy representativo de herederos de los que combatieron en la Guerra Civil en bandos enfrentados: Los Hijos de la Reconciliación tituló el trabajo. Con inteligencia y gran sensibilidad Emilia nos reunió  a todos sacando de cada uno de nosotros el resumen de años de silencio: la sinceridad.

Algo flotaba en el ambiente. Estábamos a gusto, pero no del todo. Ninguno quería revolver el pasado, solo olvidarlo -o recordarlo-, cada cual es muy libre, pero queríamos abrazarnos públicamente, ante todos y para todos. Aquello estaba colectivamente olvidado. Forma parte de cada uno; del que quiera que eso forme parta de él. Si aquel día, a la llamada de Emilia Landaluce, nos juntamos y hablamos, fue para exponer al público, para decir y gritar: aquello se acabó, os lo dice Franco, Rojo, Dávila, Moscardó, Líster, Yagüe, Varela,Vega, Gámir, Escobar…: Los hijos de la reconcialiación. Se acabó, olvidadlo y daros la mano: que cada cual olvide o conserve el recuerdo, pero no arenguéis a más y mayores enfrentamientos.

Creo que sobra hacer leyes, museos, mausoleos; queda la historia, para unos y otros, para bien y para mal, para que cada uno piense y medite, olvide o haga lo que le venga en gana, sin altavoces… Aquello en lo colectivo terminó.

Para el recuerdo y la memoria de los combatientes de uno y otro lado es una ofensa recordar el enfrentamiento desde ese puro enfrentamiento. Fue peor la retaguardia donde se escondían… Dejémoslo por ellos, por tantos héroes que en uno y otro bando regaron estos campos de España con su sangre. No lo hicieron, ni unos ni otros, para este violento recuerdo que se administra en dosis de interés partidista.

No sabemos aún de lo que hablamos. No son las armas sino el corazón del hombre el que engendra la guerra.

Tolerancia y bondad. Estética del alma. ¡Qué lejos estamos de ello!

Deseos que no provienen de la razón sino de las pasiones y ninguna de ella es el conocimiento. Estamos en guerra de nuevo y conviene recordar y enmarcar las palabras que antes les decía: <<La paz no es la ausencia de guerra. Es una virtud, un estado de ánimo, una disposición para la benevolencia, la confianza y la justicia>> (Baruch  Spinoza).

¿Llegará el día en que entendamos?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 septiembre 2018

Humanismo, política y paz social. Pedro Motas Mosquera

Queridos amigos:

En nuestros tiempos se habla mucho de la paz porque también se habla mucho de la guerra. Pero no voy a referirme en este artículo a los conflictos armados o guerras cuyo fin implica la paz. La paz de que quiero hablaros no es lo contrapuesto a la guerra, sino que es de la paz social, contrapuesta a los conflictos sociales.

La paz social es esencial y es de esencia para que exista una comunidad verdadera basada en la solidaridad, la cohesión y la organización. Lo contrario no es comunidad sino muchedumbre.

Con demasiada frecuencia vemos en nuestras calles a la muchedumbre, sin que exista causa verdadera que lo justifique. Se utilizan los gritos, los tumultos, los enfrentamientos físicos, la violencia y las manifestaciones con fines ajenos a lo que proclaman. Cuantas veces estas alteraciones de la paz social solo buscan dañar políticamente a determinadas personas o a determinadas medidas. Es cierto que esa muchedumbre no suele ser muy numerosa, pero de manera sorprendente goza siempre de una amplia cobertura de los medios afines que la amplifican y multiplican, transmitiendo una imagen que no se corresponde con la realidad.

La comunidad debe dar respuesta a las posiciones encontradas en los conflictos por vías pacíficas. Antes de llegar a la algarada existen otras vías que deben respetarse por las partes en tensión. Se trata de los arbitrajes independientes, imparciales y objetivos, que no tienen por qué ser exclusivamente jurídicos, porque los conflictos sociales surgen de situaciones de confrontación que, en muchas ocasiones, no están previstas legalmente.

Los conflictos laborales manifestados en huelgas, incluso las salvajes, podrían evitarse si las partes tuviesen conciencia de comunidad y aceptasen esas mediaciones basadas en el conocimiento real de la realidad  (y no de su manipulación), tales como los niveles salariales, las jornadas laborales, la importancia del correcto funcionamiento de los servicios públicos, los niveles de precios, etc.

No se trata, en muchos casos, de aplicar técnicas jurídicas ni esquemas rígidos de derechos y obligaciones. Se trata más bien, de aplicar la equidad ponderando los elementos en presencia y las consecuencias sociales de los desencuentros. Se trata de evitar a toda costa que el conflicto degenere en desorden, porque en éste es donde acampan y salen ganando los manipuladores, los pescadores en río revuelto y los arbitristas, y sale perdiendo la paz social.

Cuando un gobernante no hace concesiones a la demagogia, ni tiene miedo a manifestarse con transparencia sobre la realidad de los hechos, debe reconocerse que el mantenimiento del orden es su obligación. No es cuestión de la preferencia del orden sobre la justicia o al contrario, porque ambos son imprescindibles en la comunidad. Se trata de que si un gobernante se avergüenza de imponer el orden y no lo utiliza como instrumento de bien común, será incapaz de implantar la justicia. En tal caso, siempre prevalecerán quienes más gritan, pero no quienes tienen más razón.

Para ello es necesario que a los políticos y a los gobiernos se les exija “liderazgo”.

En la imagen ideal de líder se suman valores y virtudes de naturaleza variada, pero también un largo conjunto de habilidades, de destrezas y de competencias; por eso los ciudadanos reclamamos líderes políticos moralmente ejemplares y estrechamente vinculados a la ética; y todo ello porque el gran número de palabras que se asocia un liderazgo así es muy disperso pero ejemplar y práctico: transparencia, ejemplaridad, servidumbre, prudencia, justicia, audacia, humildad, sencillez… ¿es mucho pedir esto en nuestros políticos?.

En toda organización, un buen gobierno puede ser un gobierno eficiente, diligente, competitivo y beneficioso para sus accionistas, pero no por ello tiene que ser necesariamente un gobierno ético, especialmente cuando para alcanzar los objetivos de los accionistas se prevarica, se explota laboralmente, se esconde información, se comete espionaje o simplemente se practica el agravio comparativo y el nepotismo.

Cada vez que un gobernante sustituye el orden debido por concesiones indebidas, el desorden es “compensado” con la injusticia, complementándose ambos.

Para el humanismo la búsqueda de la justicia implica el valor moral de afirmar el orden con la energía que exijan las circunstancias, especialmente en estos tiempos en que el conflicto se utiliza a escala global con los fines más variados. Ni la reivindicación puede servir de pretexto al desorden, ni el orden puede servir de pretexto para mantener las injusticias. Toda reivindicación debe tener su cauce y debe ser satisfecha teniendo en cuenta las demás reivindicaciones, esto es, el conjunto de necesidades y de posibilidades de interés general de la comunidad.

Nunca nos dejemos engañar, queridos amigos, por los profesionales de la algarada y del grito.

Recibid un cordial abrazo de

Pedro Motas Mosquera

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19 mayo 2018

PODRÍA SIGNIFICAR LA GUERRA… General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Podría ser la guerra

El condicional es del presidente Macron con motivo de la salida de los Estados Unidos de América del pacto nuclear con Irán.

La guerra es la comarca de la incertidumbre, la comarca del azar, pero si analizamos las circunstancias el condicional del presidente francés se hace certeza. De una u otra manera: podría ser, es la guerra.

Llevamos tiempo avisando; sin alarmismos, sino con la evidencia. Estamos ante la más peligrosa guerra que nadie pueda imaginarse. Puede durar horas o ser definitiva y eterna. Lo que vemos no nos gusta porque se dan todas las circunstancias de las que hablan desde los inicios de los tiempos todos aquellos que se detuvieron a analizar esta actividad humana: la guerra.

No lo tomemos a broma. Esto, ahora, va en serio.

Repitamos: Todo el arte de la guerra está basado en el engaño.

¿Ven algo que no sea engaño?

<<Clavad una cuña entre el soberano y sus ministros; o si no, enemistadle con sus aliados…>> ¿No es una constante entre los más poderosos?

Trump rompe el pacto nuclear con Irán

Trump no escucha, se escucha y no sabemos lo que se dice. Pero le han llegado rumores de guerra. No quiere que le pillen desprevenido. Hay razones para ello.

La política es caprichosa y sobre todo de desconocidas decisiones. Se toman después de análisis e intereses ocultos para nosotros. Si falla, incluso caprichosamente, llega la guerra. Muchas veces parece que la provoca un quítame allá esas pajas, aunque detrás hay todo un espacio de rencores, intereses y preparación.

La decisión de Trump, a pesar del personaje, no es caprichosa, ni tampoco errática y sin razones. No todo Obama era Nobel de la paz; tenía mucho superfluo. También el buenismo “todo el mundo es bueno” pueden acarrear muchas tristezas. Nunca existirá ya una rendición de Breda. Tras las grupas de los caballos enhiestas lanzas.

Trump echa un órdago. Aunque todos le señalan a él. Cada uno a su interés. No es solo él quien juega en esta partida de ajedrez. Hay reyes, reinas, caballos, torres y alfiles; también peones: ¿qué hacen nuestras tropas en Turquía?, ¿lo saben ustedes?, ¿qué hacen nuestras tropas desplegadas en la frontera con Rusia?, ¿lo saben ustedes?

Dice El arte de la guerra que si tu enemigo está unido, divídele. <<Clavad una cuña entre el soberano y sus ministros; o, si no, enemistadle con sus aliados. Sembrad entre ellos las sospechas mutuas, de manera que reine en ellos el malentendido. Así podréis conspirar contra ellos>>.

La guerra surge por caprichosas decisiones políticas, tomadas por políticos que saben poco de la guerra. No son soldados. No son nada.

Trump rompe con la UE y se alinea con Israel y Arabia Saudí contra Irán. No podía ser de otra manera. Los misiles ya sabemos hacia donde apuntan. ¿O somos tontos?

Lo que de todo esto saldrá puede tener contestación en días, meses o años.

No será nada bueno. Los que inician la guerra jamás la saborearán porque es amarga y corrosiva. No son soldados. No son nada. Pero podrían significar la guerra que no conocen. Ellos son la guerra. Se les pide lucidez.

Hay momentos en los que el valor debe ser una cualidad entre otras, pero jamás ha de obstaculizar lo que debe ser la cualidad primera de cualquier dirigente: la lucidez. Sin ello el valor de nada sirve.

Este es el momento: de la lucidez, sin olvidar que los misiles no varían de objetivo simplemente por tratados escénicos.

Las guerras no las provocan las crisis económicas sino las morales. En esas estamos. En la mayor de las crisis morales y de pensamiento que se recuerdan.

Esa es la guerra que hace tiempo empezó. La que le sigue está en proceso de maduración. Cualquier día, cualquier mes, cualquier año.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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15 mayo 2018

 

 

¿QUÉ EJÉRCITOS QUEREMOS? (2) La enseñanza de el valor Adolfo Coloma GB (R) del ET

En un interesante artículo publicado en el N.º 922 (enero – Febrero 2018) de la Revista Ejército,  el Tte. General de la Corte hace un profundo análisis del “El valor”, al que considera como «una cualidad dela persona o de un colectivo, consecuencia de virtudes o valores adquiridos, que impulsa a obrar racionalmente ante una situación de riesgo para enfrentarse a él contemple y firmeza» y sentencia que no es el valor una virtud en si mismo, sino una consecuencia de virtudes (se refiere a las virtudes humanas y profesionales), para terminar considerando la escala de valores en nuestras fuerzas Armadas, que van desde el valor se le supone al heroico y analiza la forma de reconocer y premiar tan necesario valor (valga la redundancia) en nuestros ejércitos.

Estas interesantes reflexiones, que prácticamente hago mías, me llevan a analizar la cuestión del valor desde otro ángulo: es valiente quien tiene valor, pero ¿el valiente nace o se hace? No dudo de que Vds. mayoritariamente optarán por la segunda propuesta. Yo también. Pero esta misma certeza me lleva nuevamente a preguntarme. ¿Y cómo se hace a uno valiente? ¿Cómo se entrena uno para ser valiente? Esta es la pregunta que va a centrar mi reflexión y sobre la que intentaré aportar mi personal punto de vista. Tiene mucho que ver con la formación en las academias y centros de formación, con la práctica constante y con la selección.

A poco que eche uno la vista atrás advierte fácilmente los profundos cambios que la historia ha introducido en la forma de concebir y de hacer la guerra. Desde los tiempos remotos en los que las armas eran manejadas prácticamente a brazo y la lucha se llevaba a cabo casi sin espacio físico entre los contendientes, pasando por la invención de la pólvora cuyo uso intensivo y extensivo trataba de doblegar al contrario sin necesidad de llegar al contacto físico, pero manteniendo los conceptos de frente, flancos y retaguardia; hasta la actualidad, en el que estos conceptos se difuminan al máximo y en la que una radiación tal vez pueda ser letal. Pero, al mismo tiempo, se observa que, en todo el espectro del conflicto, en cualquier época, a los soldados se nos exige esa presencia de animo que el diccionario de la RAE define como “Cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros.”

¿Es el valor un atributo exclusivo del soldado? Absolutamente no, y ejemplos hay a diario que lo ponen en evidencia. Lo que nos diferencia a los militares es que el valor se nos exige.Nos lo reconocerán y premiarán o no, pero a todos se nos supone y no podemos renunciar a él. La falta de valor supone cobardía, actitud tipificada y castigada en el Código Penal Militar (Ley Orgánica 14/2015, de 14 de octubre), que la define como: “el temor al riesgo personal que viole un deber castrense exigible a quien posea la condición militar”.

Por tanto, si el valor se nos exige, como la resistencia a la fatiga, el amor a la responsabilidad o la exactitud en el servicio, desde que uno sienta plaza ha de ser entrenado en ello. El plan de formación militar ha de incluir una serie de principios, de conocimientos, y finalmente de ejercicios que aseguren a los formadores que el individuo en cuestión va superando los estándares previstos y al mismo tiempo, que el sujeto vaya cogiendo la confianza en sí mismo, que le haga consciente de esa superación. Hoy los planes de estudio y formación son muy amplios y variados, desde los de oficiales hasta los de tropa. Me pregunto si tal formación, específicamente orientada hacia ese objetivo, el valor, está hoy en día reglada.

Un veterano y prestigioso oficial, en la cúspide de su carrera, me decía –“menos informática y más equitación”- A primera vista tal invocación puede parecer trasnochada, por cuanto la equitación, que ha sido durante siglos asignatura práctica necesaria en cualquier ejercito y base de una de las genuinas formas de combatir, está ya más que superada; mientras que los conocimientos informáticos son necesarios desde los escalones más bajos. Pero algo de verdad subyace en la frase de aquel veterano militar. La equitación ofrecía al cadete la oportunidad de subirse al nobel bruto y con la técnica necesaria, inteligencia y coraje, conducir al animal hacia el objetivo que se ha propuesto, incluso por encima de la voluntad esquiva del animal, corriendo el riesgo – riesgo calculado – de dar con sus huesos en el suelo. Este podría ser un buen ejemplo de una enseñanza específicamente dirigida hacia el entrenamiento del valor.

Lo que trato es de poner de manifiesto la importancia de la practica reglada de una enseñanza orientada, mensurable y progresiva para asentar el valor. No tendría necesariamente qué ser una asignatura específica, más bien – como se dice ahora – una práctica transversal a todas ellas, pero con un denominador común: la superación de un riesgo medido y controlado que obligue a la superación de los temores propios y que induzca al autocontrol y al espíritu de equipo.

Y cuando hablo de valor y de riesgos, no me refiero exclusivamente a los aspectos físicos. Como muy bien argumenta el General de la Corte, se trata de un compendio de virtudes morales, intelectuales y físicas, o lo que es lo mismo, la armonía entre el querer, el saber y el poder. El querer que se manifiesta mediante la voluntad, el saber que se adquiere mediante el conocimiento y la técnica y finalmente el poder, las destrezas y capacidades físicas para llevar a cabo el fin propuesto a pesar de la voluntad del contrario o de las condiciones adversas.

Tan necesario es el valor del ultimo de los soldados como el del mando a cualquier nivel. Su naturaleza es la misma en uno y en otro, claro que sus componentes y manifestaciones son diferentes. Priman los aspectos físicos en el soldado, mientras que el componente moral tiene una especial dimensión en el jefe. Tanto valor hace falta para firmar un plan de operaciones en el que uno es consciente de los riesgos que asume tal plan, como para mantener cabalmente una decisión durante la ejecución del mismo, cuando noticias adversas comienzan a llegar – en esa “niebla de la guerra” de la que hablaba Clausewitz -atormentando la mente del comandante. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en la defensa del Alcázar de Toledo, que precisa poca explicación.

Por tanto, valor, audacia (no la temeridad) y asunción de riesgos, han de estar igualmente contemplados en los planes de capacitación de los oficiales en los empleos superiores. El estudio del problema táctico (o el estratégico) no tiene por que conducir, como sucede habitualmente, a la solución más evidente, la más previsible por el adversario y por lo tanto la que tiene más probabilidades de ser contrarrestada. La audacia, la sorpresa, el desconcierto del enemigo han de jugar su papel y los profesores, el propio sistema de enseñanza deben reconocerlo y promocionarlo. Hablamos siempre dentro de la más pura racionalidad y con la vista en “el cumplimiento de la misión con el menor número de bajas” que decía la doctrina de 1956. Es decir, con el menor quebranto propio, pero asumiendo que lo habrá. En caso contrario, no se trataría de esa “dialéctica de las voluntades que emplea la fuerza para resolver el conflicto”.

Para terminar esta esta reflexión solo me queda volver al inicio, a la selección de los militares.  Hasta hace no muchos años, posiblemente hasta la incorporación masiva de la mujer a las FAS, en las pruebas de selección para el ingreso en la Academia General Militar, junto a los test físicos y sicológicos y académicos del nivel del curso Universitario Selectivo de Ciencias, había una prueba muy singular: el salto del caballo. Un interminable aparato gimnástico forrado de un cuero cosido a base de tachuelas a un cuerpo de madera y sujetado por cuatro leñosas extremidades que daban al conjunto un aspecto insuperable. Pues bien, No dejaba de ser una prueba física más, pero con un matiz importante. Aquella “bestia” había que dominarla a base de técnica, coordinación y condición física, pero, sobre todo, con el convencimiento de que, al otro lado de aquel particular equino, estaba el ingreso en la academia. Hoy en día hay otras posibilidades otras técnicas, pero sigue siendo imperativo poder discriminar, siquiera de una forma elemental, quién es capaz de prepararse, dominarse, concentrarse y superar el obstáculo del que tiene un miedo insuperable.

Pues estas reflexiones me sugieren el interesante artículo del TGEN de la Corte en torno al valor. Como se dice en Operaciones Especiales (perdonen Vds. lo gráfico y expresivo de la cita): “a capar se aprende cortando güevos” a dominar al miedo, a ser valiente, también se aprende practicando. La enseñanza militar ha de combinar de forma progresiva y evaluable el riesgo medido con la voluntad de superarlo.

Adolfo Coloma

GB (R) del ET

Blog: generaldavila.com

9 abril 2018