ESPAÑA FEDERAL Y REPUBLICANA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Escribí este artículo hace más de un año. Un buen amigo me lo recuerda a la vez que me dice: “Muy buen oráculo hace más de un año”. Releo y caigo en la cuenta que ha sucedido antes de lo que esperaba. Nadie combate en defensa de la Patria. Eso que veis y os parece, es: nada. No hay nada ni nadie y ellos lo saben. Huir nos costará la vida. Decía: “Se aproximan tiempos que requieren dignidad, valor y saber a quién tenemos enfrente. No huir”. Lo peor es morir siendo un cobarde.

Esto era hace un año. Ahora es peor.

ESPAÑA FEDERAL Y REPUBLICANA

Escribe el maestro Gabriel Albiac: <<Imaginemos que un cataclismo universal hubiera destruido instantáneamente todos los libros -en todos sus soportes- del planeta. Bastaría que un milagro hubiera salvado uno de ellos, para hacer verosímil -en un equitativo plazo de milenios- la reescritura de todos. Ese libro se llama Ilíada. Y en él están todos los libros, absolutamente todos>> […]. <<Todo, absolutamente todo, está en La Ilíada, de Homero. Nosotros>>.

Parece imposible la vida, toda, en un libro.

Busquen lo que quieran, de ayer y de mañana, hasta lo más cotidiano,  y allí está. Lo de hoy por supuesto.

La pasión, la vida preferida en su intensidad que en su duración: Aquiles.

La reflexión, la razón, el deber: Héctor.

Aquiles busca matar a aquel a quien odia. Héctor al enemigo de su Patria.

Dispuesto a encerrarme en una de las versiones de La Iliada tropiezo con un augurio. En el Canto XII.

Héctor responde a su hermano Polidamante cuando le invita a dejar la lucha por un presagio siniestro: <<Un solo presagio es el mejor: combatir en defensa de la patria>>.

Es el valor de un héroe de la reflexión y razón. Alimentado por el amor a su patria, a los suyos, que lucha por su deber.

Negros presagios:

<<…un águila de altísimo vuelo

que iba dejando aparte, hacia la izquierda,

a las huestes troyanas

y llevaba entre sus uñas

una roja serpiente color sangre…>>.

Habrá lucha. El peor augurio sería abandonarla. <<No se puede vivir para morir cobardemente y sin gloria, sino realizando algo grande>>.

Presagio. La República Federal…, águila de altísimo vuelo, que iba dejando aparte, hacia la izquierda…Héctor

Votamos sin darle mucha importancia a sus consecuencias. Tenemos por delante unos años críticos, quiero decir de mucha gravedad. Lo que ustedes han preferido es el federalismo que, según el más votado, el señor Sánchez, es <<una voluntad política de acuerdo, de convivencia y de calidad institucional>> o dicho de otra manera: <<llevar a cabo una reforma de nuestra Constitución en sentido federal>>. Y republicana. Quizá el señor Sánchez, como tantos, no sabe lo que dice.

Ortega y Gasset dejó claro los términos del problema: <<Un Estado federal es un conjunto de pueblos que caminan hacia su unidad. Un Estado unitario que se federaliza es un organismo de pueblos que retrograda y camina hacia su dispersión>>. Expuso las diferencias entre soberanía y autonomía: <<Es la soberanía la facultad en su raíz, preestatal y prejurídica de las decisiones últimas o primeras, según el orden en que queráis contar: es, pues, el fundamento de todo poder, de toda ley, de todo derecho, de todo orden. Y la autonomía, en cambio, un principio político que supone ya un Estado sobre cuya soberanía indivisa no se discute porque no es cuestión>>.

Claro que ya sabemos, no todos, que los llamados <<izquierda>>, socialistas, republicanos ellos, tiene un concepto de República muy de ese lado; les gusta llamar a su revolución proceso democrático, que no es un sistema político, sino llevar a cabo una reforma radical eliminando cualquier vestigio de la España conocida. Ya lo profetizaron: no la va a conocer ni la madre que la parió.

Pobre España que lleva siglos <<como en sueños ni el que persigue puede alcanzar al perseguido ni este huir de aquel, de igual manera ni Aquiles con sus pies podía dar alcance a Héctor, ni Héctor escapar de Aquiles>>.

¿Por qué?

Sir Douglas Haig, Mariscal de Campo del Ejército británico combatió en la Batalla de Somme durante la I Guerra Mundial; nunca se aproximaba a sus soldados. Su Estado Mayor le recomendó hacerlo para estimular a sus decaídos soldados. Se acercó a uno de ellos y le preguntó:-¿Dónde empezó usted la guerra? El soldado no lo dudó:

-Yo no empecé esta guerra, señor; creo que fue el Kaiser.

Los soldados troyanos se refugian en la ciudad. Héctor queda fuera; va a pelear contra Aquiles. Una vez los dos guerreros están frente a frente Héctor huye. Le costará la vida.

Se aproximan tiempos que requieren dignidad, valor y saber a quién tenemos enfrente. No huir. 
Aquiles frente a Héctor

Porque lo malo no es la forma política sino <<saber que los dioses  nos engañan para mejor atraernos siempre a lo peor>>.

<<Un solo presagio es el mejor: combatir en defensa de la patria>>.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Fue publicado el 28 mayo 2019

Blog: generaldavila.com

LA PEOR DEUDA DE UN GOBIERNO INFAME. QUE NOS DEVUELVA A LOS MUERTOS Rafael Dávila Álvarez.

La edad sí que importa. En la Ilíada todo empieza cuando un anciano reclama la libertad de su hija.

<<¿Cuál de los dioses promovió entre ellos la contienda para que la pelearan?>>.

La pandemia lo ha dejado bien claro. Somos demasiados y no hay para todos. A la hora de elegir señalan a los viejos. ¿Se equivocan? Claro. Nadie es quien para elegir. La libertad es igualdad ante la vida y la muerte que no distinguen, sino que extinguen las dos. Lo mismo se lleva a uno que a otro. Es el precio de ser libre. Si la vida estuviese hecha a base de milagros no merecería la pena. La libertad se enfrenta siempre a la muerte y nadie puede confiar en los años ni en su juventud, porque llega sin distinguir el día, ni la hora.

Difícil de entender. Cada uno tiene sus propias armas, pero a la vejez solo le queda dejarse en manos de los demás. Volvemos a ser como niños a la espera de regresar al lugar de dónde venimos.

¿Seremos muchos y por ello la guerra?

<<Cuando el mundo se encuentra sobrecargado de habitantes, el único remedio es la guerra, que provee a cada hombre, ya sea con la victoria o con la muerte>> (Hobbes).

En esas estamos.

Me dice un viejo guerrero político, curtido en mil batallas, que ya no le quieren en ese mundo, les parece muy antiguo. La antigüedad ya no es un grado, sin darse cuenta que el voto jubilado representa más del 30%, doble o triple que el de los menores de 30 años. Solo hace falta alguien que sepa aunarlos y aprovechar voto y experiencia. Son los grandes olvidados y el reflejo de una sociedad desagradecida. Molestan los viejos; viven ahora demasiado. Pero votan.

La guerra está definida en la Ilíada. No la de los cañonazos, sino la de la vida misma, de amores y pasiones, el corto acto entre la vida y la muerte, de intensidad y grandeza por encima del tiempo, de dioses que se creen hombres, y hombres hijos de dioses. <<Quien a los dioses obedece es por ellos atendido>>. Entre el deber y la pasión, unos súbditos, otros cobardes, unos que luchan por los suyos, otros para llegar al conocimiento de los hombres venideros, otros por la descendencia.

Muy pocos para dar ejemplo de vida y muerte. Eso ya no está valorado.

Héroes de cuentos populares que van cambiando el nombre según el momento y el aedo que lo relata. Cuando nos canta que lo peor de la batalla no es morir en ella, sino regresar a casa vivo, donde ya nada es ni será igual. Una odisea, con final fracaso cuando pensabas que ya todo había acabado y estabas en la calma.

La guerra termina con la súplica de la vejez por recuperar el cuerpo joven del guerrero, que era su hijo, su descendencia. Para recuperar la honra de su pueblo, tuvo el anciano que engrandecerse con la humillación:

<<Mas, ¡ea!, a los dioses ten respeto,

Aquiles, y piedad de mi persona,

recordando a tu padre,

si bien de compasión soy yo más digno,

porque yo soporté lo que hasta ahora

ningún otro mortal sobre la tierra:

a mis labios llevarme yo la mano

del varón asesino de mi hijo>>.

Nunca la historia de la guerra ha dado un gesto de tan sublime grandeza.

Gesto que otros han despreciado en uno de los momentos más tristes que ha vivido la humanidad. Pandemia diaria es la vida, guerra y muerte. Continuación uno de lo otro. Pero hasta en la guerra más cruel te devuelven el cadáver de lo más querido.

Los 40.000 ruegos a Aquiles, multiplicados con lamentos, para que devuelva y reconozca nuestros cadáveres, no han sido atendidos. No habrá descanso ni consuelo.

Es la peor deuda que un Gobierno infame ha contraído con esta sociedad adormecida que quizá sea esto lo que se merece. Incapaz de luchar ni por sus muertos.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 JULIO 2020

UN DOCUMENTO INÉDITO SOBRE VIRUS. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

El documento se denomima: “Reorganización Ejército Tierra Norteamericano”

En la Ilíada está todo. Lo conocido y lo desconocido, que al final es lo mismo porque tendemos a olvidar lo pasado. Desconocido y nuevo a pesar de estar publicado al principio de los tiempos. Porque los tiempos empezaron cuando quedaron escritos. Cada vez que me adentro en la Ilíada leo un libro nuevo.

La historia de unos contra otros es la del mundo. Desde Troya, cuando una alianza se forma para conquistar la ciudad que domina el paso del comercio, el Mediterráneo oriental. El de Europa al Asia sobre los Dardanelos. Diez años es un símbolo de eternidad y el último de ellos es el comienzo de lo actual. Allí ha quedado sellado para el que quiera entender.

La excusa es una mujer. El símbolo de la creación y expansión de los hijos de uno y no del otro. Inundar el mundo. La herencia en el más puro sentido irracional.

Alejandro Magno se creerá reencarnación de Aquiles y caminará a la Etiopía, César envidiará a Alejandro: <<¿No os parece digno de dolor que Alejandro, a la edad que yo tengo, fuera ya rey de tan inmensos territorios, y yo, en cambio, no haya realizado aún nada brillante?>>.

Así se ha ido repitiendo la historia una y otra vez. En medio de los enfrentamientos, las pasiones, humanos dioses, han estado siempre presentes, como un virus que adopta las formas de Apolo, el que hiere de lejos, o el indignado Escamandro que se revuelve por depositar en sus aguas tanta muerte.

Nada ha cambiado, ni siquiera ha mutado. La vida es una constante repetición del aviso que quedó escrito hace miles de años.

La ciencia todo lo oculta porque o es dinero o no es. O es rentable o nada vale.

Entre los muchos papeles que inundan mis anaqueles, baúles y polvorientas cajas, he descubierto un documento al menos extraño. ¿Por qué aparece ahora? No puedo dar respuesta, pero sí les digo que llevo años y horas gastadas entre esos papeles y aflora en estos momentos.

Está escrito, de puño y letra, por un alto general militar español. Sé quién es, pero eso ahora no importa.

Es un momento de reorganización de la Fuerzas Armadas Estadounidenses. La II guerra Mundial ha finalizado no hace muchos años. La Guerra Fría se calienta. El General Omar Nelson Bradley, uno de los muchos desconocidos, pero de los grandes soldados americanos de la IIGM, se convierte en Jefe de Estado Mayor del Ejército estadounidense en 1948. Después de asumir el mando, Bradley encontró una organización militar muy necesitada de nuevas estructuras, equipo y entrenamiento. Bradley dijo, <<el ejército de 1948 no podía abrirse camino ni de una bolsa de papel>>. El momento es delicado. Hay que cambiar cosas. Con él coopera otro gran general, Jacobs Loucks Devers. Ambos fueron los principales subalternos del general Eisenhower en las campañas en Francia y Alemania.

Es la antigua lucha mundial para el paso de un lugar a otro. Quedó escrito: Troya.

Aquiles, Alejandro, César… Enfrentamiento, coaliciones como las de los aqueos, o la Liga de Corinto, alianzas como la OTAN, más tarde el pacto de Varsovia, la defensa y el ataque: la guerra.

En España el momento es confuso. Sus ejércitos empobrecidos, faltos de todo, buscan su porvenir y los estudiosos de la organización aprenden de lo que otras fuerzas armadas llevan a cabo. La información fluye.

Vuelvo al documento. Repito: inédito. El alto mando español estudia. Me limito a transcribir:

<<Noticias sobre planes rusos en preparación para una guerra bacteriológica. Se dice que los hombres de ciencia soviéticos han desenvuelto dos tipos de virus, uno de ellos para la destrucción del ganado y otro para producir terribles epidemias entre los seres humanos. Las progresiones en materia bacteriológica no son desconocidas del alto mando norteamericano. Se sabe desde hace tiempo que vienen trabajando en vacunas especiales para inmunizar sus tropas contra los mismos virus esparcidos por ellos facilitando así el avance por territorios sometidos a ataques bacteriológicos; estos trabajos son considerados como una respuesta barata de los rusos a la bomba atómica>>.

El documento es auténtico. Este no es un papelillo cualquiera, aunque tenga ya unos cuantos años. No está escrito por un oficial de Estado Mayor que oye por aquí o por allá. Escrito de puño y letra desde la cúspide del mando militar y político.

Me limito a editarlo y guardar silencio. Opinen ustedes.

Es indudable que todo es tan viejo como la guerra de Troya cuando Apolo lanzó sus flechas sobre los aqueos en forma de peste.

Nunca sabremos más allá de lo que cuatro papeles dicen y en su interesada interpretación nos cuentan sus interpretadores; casi siempre desde la subjetividad.

Empiezo a pensar que no hay pasado ni hay futuro. Todo es igual ayer que hoy. Lo será mañana.

Nos lo contaron hace muchos años y lo hemos olvidado. Empezó en aquel lugar que domina el paso de Europa al Asia sobre los Dardanelos o Helesponto.

<<Canta. ¡oh diosa!, la cólera del Pelida Aquiles…

¡Paguen los dánaos mis lágrimas con tus flechas! Durante nueve días volaron sobre el ejército las flechas del dios>>.

Era el preludio de algo peor que continuó con la Odisea. Ese será el retorno.

Napoleón dijo que el arte del general no es la estrategia, sino saber cómo moldear la naturaleza humana.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

12 mayo 2020

EL CORONAVIRUS. COVID-19 General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Así ha quedado bautizado. <<Co>> por corona, <<vi>> por virus <<d>> por disease, y 19 por el año en que apareció el brote que parece ser fue identificado el último día de ese año. Es el nombre científico y así ha sido nombrado en su nacimiento mundial: covid-19 acaba de llegar al mundo y lo hace para crecer y multiplicarse.

Mi nieto, uno de ellos, recluido en casa sin saber para qué, ni porqué -los niños no se plantean interrogantes- lo ha bautizado mejor, colocando al bichito en el lugar que se merece:

-Abuelo es el rey de los virus porque tiene corona.

Este niño tiene futuro.

Lo primero que se me ocurre es que todos deberíamos hacer un acto de humildad para vernos en nuestra fragilidad y dejar de lado nuestra corona de reyes de la naturaleza. Apreciemos lo insignificante, por peligroso en ocasiones.

En situaciones de crisis, cuando reina la muerte, con corona de virus en este caso, canta y cuenta el amor a la vida, y en ello debe estar presente el honor del hombre, más deseable que la propia vida. Sin ello no habrá victoria. Es necesario un ejército de hombres de honor.

Nos lo enseña la Ilíada. En cuanto el hombre se puso a escribir, a transmitir el dolor y el amor, entre gente de todas las clases y condición, entre guerras y pasiones, se cantó al honor y al valor necesarios para adquirir la condición de hombre. Aprendemos que se lucha por el deber y nunca por la pasión. En el punto de partida de la literatura griega, de toda la literatura occidental, un anciano, Crises, abre la epopeya heroica. Así empezaba el Capítulo I: La peste. La cólera. <<Canta, oh diosa, La cólera del Pelida Aquiles…>>.

<<El hijo de Leto y de Zeus. Airado con el rey, suscitó en el ejército maligna peste, y los hombres perecían por el ultraje que el Atrida infiriera al sacedote Crises>>.

<<Poned en libertad a mi hija…>>.

Termina en el Capítulo XXIV: El rescate de Héctor. <<Príamo, caído a los pies de Aquiles, lloraba copiosamente por Héctor…>>. La compasión y la piedad.

Son momentos, estos de ahora, como entonces, donde se muestra la grandeza y miseria del ser humano, donde todo se refleja, en cada acto cotidiano, valor y cobardía, honor y lo contrario, la lucha y la huida, no hay pasión humana que no quede al descubierto. La mayor de todas es la cobardía que engendra el egoísmo. Contra el valor que engendra el honor.

La Ilíada cuenta la historia del nacimiento de los sentimientos; en un nuevo ser humano.

Ahora se repite el escenario de aquella primera literatura. Escrito está y aflora. Muchos se enfrentan, recogen a los heridos y curan. Otros tienen peor labor. Hay soldados en lucha por todas partes, venciendo al miedo, esperando que Aquiles entre en combate, ellos dan lo mejor de cada uno. Vencerán porque no hay lucha que dure siempre.

No quedarán grabados los nombres de los luchadores, porque la grandeza no describe a los que la usan a diario. Son un ejército de médicos, sanitarios, enfermeros, cuidadores, científicos, técnicos, auxiliares, policías, vigilantes, comerciantes, autónomos, vendedores, padres, abuelos sacrificados, conductores… ¡Son tantos!

No olvidaremos los nombres de los que huyeron al primer sonido de las armas. Se sabrán quienes son los que cerraron y tiraron las llaves de aquellos lugares más seguros, pero necesarios para dar continuidad al ataque. Ninguna Institución del Estado, ningún poder del Estado, Cortes, Gobierno, jueces y magistrados, ningún órgano de la Administración, deben, ni por un minuto, cesar en su actividad. Es su deber encabezar la lucha, sin pedir nada a cambio o, si acaso, el cambio de lugar si hay infección. Ellos no pueden abandonar su puesto por el ataque de un virus por muy mortal que sea. Ni ante la muerte debe haber deserción, menos que ante otra causa.

El valor es auténtico coraje que sabe sobreponerse al miedo. La lección la dan dos ancianos con cuyos nombres empieza y termina la Ilíada: Crises y Príamo.

Empieza con el canto I: La peste. La cólera. Termina con el canto XXIV el de la compasión y la piedad: El rescate de Héctor.

Así empezó la escritura y la historia de los acontecimientos; hasta hoy.

<<En los umbrales del palacio de Zeus hay dos toneles de dones que el dios reparte: en el uno están los males, y en el otro los bienes>>.

En unos el honor y el valor. En el otro ungüento para los cobardes.

De este último ungüento, desde entonces, surgieron las guerras y traiciones. La muerte sale de ese tonel donde se mezcla con la cobardía; son lo mismo.

Todo está escrito en los principios de la literatura griega, de toda la literatura occidental.

En momentos como este solo queda: que cada uno cumpla con su deber. Si es que queda algo de honor y valor.

<<…pues el necio solo conoce el mal cuando ya está hecho>> (Ilíada. Canto XVII).

El mal ya está hecho ante la cobarde reacción de los que deberían estar en primera línea del frente de la defensa. ¿Qué saben ellos de su misión: ser los primeros en servir y últimos en servirse?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

13 marzo 2020

EL VALOR EN EL SOLDADO. CATEDRÁTICOS DE VALENTÍA. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Academia de Infantería. Capitán Arredondo

Es el Cid Campeador <<catedrático de valentía>> según el apotegma de Juan Rufo. Cátedra que entre españoles nunca quedó vacante. Su asignatura está escrita en la historia y nunca termina de redactarse el texto definitivo. El valor está en cada soldado, se le supone; hasta que el combate se lo reconoce: heroico, distinguido, reconocido. Los soldados somos permanentes alumnos de esa asignatura.

<<El oficial ha de abstenerse en el combate de realizar alardes inútiles de valor>> […] <<todas sus actividades y todo su valor, en el verdadero concepto de esta palabra, han de tender a conservar durante el mayor tiempo y en el más alto grado, las energías físicas y morales de su tropa…>>. Así dice el antiguo Reglamento Táctico de Infantería, olvidado en muchos casos, obsoleto para algunos, pero insustituible para el que conoce el arte de la guerra. Aunque ya no haya gritos de guerra, ni se cante en el momento decisivo el himno del Regimiento, siempre será necesario el valor y su expresión en el gesto, en la acción, en el comportamiento y en la formación. Se forman los valientes en el duro entrenamiento de la vida diaria. Coraje, empuje, frialdad, serenidad, furia, distintos tipos de valor que deben pasar por el crisol del honor para una vez fundidos construirse en el amor a la esposa, a los hijos, a los compañeros, al deber del juramento, a tu Patria. Lo hace en las cátedras de formación que están en las Academias Militares, en el entrenamiento diario, instrucción y adiestramiento, pero sobre todo y por encima de todo en la historia. Un soldado se forma en el valor y en el honor de sus antepasados.

Las primeras palabras que el hombre dejó escritas estaban dedicadas al valor: La Ilíada. La literatura occidental empieza con Homero; narrando las hazañas de los héroes alrededor siempre de esas virtudes: valor y honor. Si aquellas historias eran entonces memorizadas por los estudiantes hoy ya forman parte de nuestras entrañas. Porque la ciencia avanza y se desarrollan tecnologías, pero poco lo hace el alma, lo de dentro, que siempre sigue con los mismos interrogantes. La Ilíada sigue encabezando la modernidad. Todos seguimos siendo homéricos. Sus personajes, héroes o cobardes, son la cotidiana rutina de nuestra vida que no ha cambiado por dentro.

El valor y el honor brillan en La Ilíada junto al conocimiento de su irrenunciable necesidad para hacer frente al combate de la vida entera. En ella siempre están juntos el miedo y el valor, el odio y el amor, la sombra y la luz, lo mortal y lo inmortal: la vida al fin.

A veces es necesario reflexionar para ser valiente. Hay distintos valores, desde el reflexivo de Héctor que <<ha tenido que aprender a ser valiente y pelear en primera fila>> al de Aquiles que no necesitó aprendizaje.

El valor en los héroes de la Ilíada significa amar más la vida en su intensidad que en su duración. Es cosa de héroes.

Cada valiente muestra un rasgo definitorio y todos, a pesar de sus debilidades, lo son: valientes y honorables. Diomedes <<valiente en el combate>>, caballero y cortés, se atreve a luchar contra los dioses, lo divino y lo humano enfrentados, hiere a Afrodita, a Ares con su lanza. También es capaz de entablar tregua amistosa con su enemigo Glauco.

El gran Ayante Telamonio, como una roca, que no retrocede de donde le han puesto y allí permanece con impetuoso valor, siempre de cara.

Son soldados. Arquetipos de lo humano. Del valor y su contrario. Todo está en la Ilíada.

El valor junto al honor son rutina entre nuestros soldados. La gran mayoría de las historias permanecen ocultas. Incógnitos héroes. Causa extrañeza que no se haya concedido ni una sola condecoración al valor heroico o distinguido, Laureada o Medalla Militar, desde 1958 fecha en que se concedió la última Laureada al Caballero Legionario Maderal Oleaga en la acción de Edechera, la guerra olvidada de Ifni.

Héroes sigue habiendo. Guerras también. Hechos heroicos cada día. En este blog lo hemos contado. Proceso de concesión, de reconocimiento al valor distinguido, individual, ninguno que sepamos. ¿Qué es lo que impide distinguir el valor?

Esa es otra de sus características. No espera recompensa alguna. Aunque es necesario reconocerlo y difundirlo como ejemplo. Somos poco generosos a la hora de los reconocimientos.

En la entrada al comedor de la toledana Academia de Infantería hay una placa  que sobrecoge.

Dice así:

Comedor Capitán Arredondo

Caído en 1924 al frente de su Compañía de la Legión

Sesenta acciones de combate

Diez heridas de guerra

Un ascenso por méritos de guerra

Dos Laureadas de San Fernando

Correspondería que ese nombre <<Capitán Arredondo>> lo llevase el Patio de Armas de la Academia de la Infantería, donde forman a los infantes, donde reside la cátedra del valor.

En uno de los pasillos se puede leer la definición del valor heroico:

Comedor Capitán Arredondo. Academia de Infantería

<<Es la virtud que, con relevante esfuerzo de la voluntad, induce a acometer excepcionales  acciones, hechos o servicios militares, bien individuales o colectivos, con inminente riesgo de la propia vida, y siempre en servicio y beneficio de la patria o de la paz y seguridad de la Comunidad Internacional>>.

La cátedra del valor no está vacante. Son legión sus titulares, reconocidos o no, que cada día imparten su magistral lección desde el silencio y la humildad.

El texto sobre la valentía y el honor sigue escribiéndose. Nunca se acabará su redacción.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

8 octubre 2019

ESPAÑA FEDERAL Y REPUBLICANA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Escribe el maestro Gabriel Albiac: <<Imaginemos que un cataclismo universal hubiera destruido instantáneamente todos los libros -en todos sus soportes- del planeta. Bastaría que un milagro hubiera salvado uno de ellos, para hacer verosímil -en un equitativo plazo de milenios- la reescritura de todos. Ese libro se llama Ilíada. Y en él están todos los libros, absolutamente todos>> […]. <<Todo, absolutamente todo, está en La Ilíada, de Homero. Nosotros>>.

Parece imposible la vida, toda, en un libro.

Busquen lo que quieran, de ayer y de mañana, hasta lo más cotidiano,  y allí está. Lo de hoy por supuesto.

La pasión, la vida preferida en su intensidad que en su duración: Aquiles.

La reflexión, la razón, el deber: Héctor.

Aquiles busca matar a aquel a quien odia. Héctor al enemigo de su Patria.

Dispuesto a encerrarme en una de las versiones de La Iliada tropiezo con un augurio. En el Canto XII.

Héctor responde a su hermano Polidamante cuando le invita a dejar la lucha por un presagio siniestro: <<Un solo presagio es el mejor: combatir en defensa de la patria>>.

El valor de un héroe de la reflexión y razón. Alimentado por el amor a su patria, a los suyos, que lucha por su deber.

Negros presagios:

<<…un águila de altísimo vuelo

que iba dejando aparte, hacia la izquierda,

a las huestes troyanas

y llevaba entre sus uñas

una roja serpiente color sangre…>>.

Habrá lucha. El peor augurio sería abandonarla. <<No se puede vivir para morir cobardemente y sin gloria, sino realizando algo grande>>.

Presagio. La República Federal…, águila de altísimo vuelo, que iba dejando aparte, hacia la izquierda…Héctor

Votamos sin darle mucha importancia a sus consecuencias. Tenemos por delante unos años críticos, quiero decir de mucha gravedad. Lo que ustedes han preferido es el federalismo que, según el más votado, el señor Sánchez, es <<una voluntad política de acuerdo, de convivencia y de calidad institucional>> o dicho de otra manera: <<llevar a cabo una reforma de nuestra Constitución en sentido federal>>. Y republicana. Quizá el señor Sánchez, como tantos, no sabe lo que dice.

Ortega y Gasset dejó claro los términos del problema: <<Un Estado federal es un conjunto de pueblos que caminan hacia su unidad. Un Estado unitario que se federaliza es un organismo de pueblos que retrograda y camina hacia su dispersión>>. Expuso las diferencias entre soberanía y autonomía: <<Es la soberanía la facultad en su raíz, preestatal y prejurídica de las decisiones últimas o primeras, según el orden en que queráis contar: es, pues, el fundamento de todo poder, de toda ley, de todo derecho, de todo orden. Y la autonomía, en cambio, un principio político que supone ya un Estado sobre cuya soberanía indivisa no se discute porque no es cuestión>>.

Claro que ya sabemos, no todos, que los llamados <<izquierda>>, socialistas, republicanos ellos, tiene un concepto de República muy de ese lado; les gusta llamar a su revolución proceso democrático, que no es un sistema político, sino llevar a cabo una reforma radical eliminando cualquier vestigio de la España conocida. Ya lo profetizaron: no la va a conocer ni la madre que la parió.

Pobre España que lleva siglos <<como en sueños ni el que persigue puede alcanzar al perseguido ni este huir de aquel, de igual manera ni Aquiles con sus pies podía dar alcance a Héctor, ni Héctor escapar de Aquiles>>.

¿Por qué?

Sir Douglas Haig, Mariscal de Campo del Ejército británico combatió en la Batalla de Somme durante la I Guerra Mundial; nunca se aproximaba a sus soldados. Su Estado Mayor le recomendó hacerlo para estimular a sus decaídos soldados. Se acercó a uno de ellos y le preguntó:-¿Dónde empezó usted la guerra? El soldado no lo dudó:

-Yo no empecé esta guerra, señor; creo que fue el Kaiser.

Los soldados troyanos se refugian en la ciudad. Héctor queda fuera; va a pelear contra Aquiles. Una vez los dos guerreros están frente a frente Héctor huye. Le costará la vida.

Se aproximan tiempos que requieren dignidad, valor y saber a quién tenemos enfrente. No huir. 
Aquiles frente a Héctor

Porque lo malo no es la forma política sino <<saber que los dioses  nos engañan para mejor atraernos siempre a lo peor>>.

<<Un solo presagio es el mejor: combatir en defensa de la patria>>.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

28 mayo 2019

Blog: generaldavila.com