PONGA UN MILITAR EN SU PARTIDO. YO ME OFREZCO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

En algún momento escribimos un artículo que parecía un anuncio, una oferta: ponga un militar en su mesa. Ya saben: bodas y bautizos. Una especie de esmoquin de alquiler, un uniforme militar con el personaje dentro.

Para una boda, un bautizo -cosas así-, que prestigian el evento, le dan categoría y mola cantidad. ¿Que quieres un general de uniforme de diario?: tanto; ¿que lo quieres de uniforme de gala?: tanto más; de etiqueta con condecoraciones y faja la cosa sube un poco, como si lo quieres de testigo que es lo más caro.

-Sí, es un tío lejano de mi marido, pero muy querido en casa. Es general… Con esa explicación quedas muy bien y se comentará que tienes un tío muy importante en la familia.

En una boda queda de tronío sentar a un general con sus entorchados en la mesa principal.

Pero aquello no tuvo éxito y cerramos la empresa.

Ahora la cosa va de partidos políticos. Buscan militares para sus listas. Habrá que ofrecerse. Mientras más rango mejor. Que tenga éxito no lo sé. Además hay que andarse con cuidado. Tenemos el ejemplo de que cuando un partido político te quiere para exhibirte como la antítesis del militar, lo opuesto al ser militar, pasa lo que pasa, que no te vota nadie. Te llevan de un lado para otro a ver si cuela, pero nada. Que la gente tonta no es. Un militar está para representar lo que es y no lo contrario. Tenemos recientes pruebas en España del fracaso que eso supone.

El estadounidense general Mattis, un tipo duro, general de los Marines, era ministro de Defensa con Trump. Claro que el general leía a Marco Aurelio, siempre llevaba consigo Las Meditaciones, y debió meditar su marcha de la política cuando vio que aquello era peor que la guerra. Firmeza en sus creencias. La política es tentadora, pero un soldado tiene principios…; y fin.

A mí también se me insinuaron desde un conocido partido político. Fue en aquellos momentos cuando me di cuenta de mi valía y la gran carrera política que tenía por delante. Ocurrió cuando las elecciones municipales; las últimas. La oferta fue tentadora. Todavía no sé como la rechacé. Me dijeron que me daría prestigio a mí y a la lista de candidatos del partido. Lo del prestigio me sonó raro. Un soldado solo gana prestigio en las batallas. Pero en fin la vida es batalla y pensé en ello. El prestigio para el partido y para mí consistía en ir el último en la lista de los candidatos en un ayuntamiento importante próximo a Madrid; repito, el último, ese que, aunque ganen, a él no le queda hueco. ¡Uf! Pensé en mi prestigio y vi que aquello no era lo mío, siempre me gustó ir en vanguardia. A pesar de eso que dicen: los últimos serán los primeros. Yo no lo veo. Les hice la contraoferta de ir de candidato a presidente del Gobierno que me parecía más sencillo, o un puestecito en Europa, o asesor de…, que se paga bien. Pero no; yo estaba llamado a ser el último de la lista. Así que la cosa no cuajó y desde aquel día he visto que tenían razón y mi prestigio está por los suelos; el del partido casi, casi tanto como el mío. ¡¿Cómo pude renunciar a aquel puesto de tanto prestigio?! La verdad es que el partido político en cuestión no ha vuelto a levantar cabeza en ese ayuntamiento. Yo tampoco. Puede que si hubiese aceptado ellos hubiesen ganado las elecciones y yo prestigio. No he vuelto a ser tentado por ningún partido y ya que lo siento. Han debido pensar que soy un desagradecido y que me creo alguien. Estoy triste y desconsolado porque hoy en día si eres general y ningún partido político se interesa por ti es que no eres nadie. En fin a ver si después de este articulo alguno lo lee y todavía tengo hueco en alguna lista sin necesidad de ser el último de la misma. Es que lo del último me da que no lo voy a aceptar.

Bueno, y si no siempre me queda el consuelo de decir aquello: <<Haga usted como yo y no se meta en política>>,  que atribuían a Franco.

Mejor me quedo como estoy, y más si voy a ser el último de la lista, aunque me queda la duda. ¿Será verdad que los últimos serán los primeros? Como les decía hace unos días, la guerra es la continuación de la política por otros medios. No sé muy bien que quería decir Clausewitz, pero por ahora prefiero la guerra que es más noble.

Heráclito decía que el oráculo de Delfos ni dice, ni oculta, sino da señales. Le he consultado. Sigo esperando la señal. Mientras, si hay algún interesado en mi persona para su partido político puede ponerse en contacto conmigo. No es seguro que acepte, pero me harán feliz por un rato.

La oferta está hecha. Gracias.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 enero 2019

LA BANDERA EN ALTO. HASTA CON LA BOCA. TOQUE DE RETRETA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Seguimos con la llamada que desde este blog hacemos para que desde sus balcones y ventanas muestren la Bandera de España con motivo del Patrón de nuestra Nación, Santiago Apóstol. Una señal de unidad y amor a la Patria, una necesidad vital en estos momentos de zozobra y sin rumbo.

La bandera siempre fue el símbolo que representaba los sentimientos del soldado y era el abanderado un veterano de confianza que convertido en alférez daría su vida antes de rendir su enseña. Nunca la bandera se puso en manos de quien no hubiese acreditado el valor y el honor suficiente para llevarla.  Enseña de guerra, señal para atacar o retirarse, signo distintivo que entre el humo de la batalla debería permanecer flameante y enhiesta como muestra de ir venciendo. Famoso fue el linaje de los Aldana y entre ellos Juan de Dios Aldana, que portaba el estandarte en una mano mientras con la otra combatía con su espada. Perdida la mano de la espada siguió en primera línea flameando su bandera hasta que perdida la otra mano recogió la enseña con los sangrientos muñones de sus brazos manteniéndola en alto con su boca hasta caer acribillado a estocadas.

Icemos, mostremos, luzcamos nuestra bandera con valor y honor, y mientras el desafío de romper la Nación continúe, no arríen Bandera. Mantengámosla en alto hasta con los dientes, aunque caigamos acribillados a estocadas otro habrá que la recogerá.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

19 julio 2018

SANTIAGO APÓSTOL

VOLVED A SACAR LAS BANDERAS

MARGARITA ROBLES: NUEVA MINISTRA DE DEFENSA. LA UNIDAD DE ESPAÑA. VISUS MILITIS. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

La nueva ministra de Defensa toma posesión de su cargo

Nuestra mirada se dirige hoy hacia el Paseo de la Castellana, número 109, sede del Ministerio de Defensa del Reino de España. ¡Lo hemos hecho tantas veces! Con miradas de esperanza y las más con frustración.

Vuelve la palabra, promesas que el tiempo convierte en palabrería. Las palabras no son inocentes, nunca. Son todo o pueden no ser nada. Juzgan a quien las pronuncia. Te consagran y elevan, o caes en el descrédito.

Hubo un puedo prometer y prometo. Nadie puede prometer y no cumplir. A veces es mejor no creer en ninguna promesa.

Margarita Robles .Nueva ministra de Defensa

Nada hace más daño a un soldado que la alabanza meliflua. Parco en palabras, vista al horizonte militar, el frívolo elogio no forma parte de la  fortaleza de un soldado. Tan herméticos como el paisaje, llevan redactadas en sus caras las crónicas de guerra y ven pasar los acontecimientos; con cierta indiferencia hacia las escenificaciones. No se prestan al juego mediático y huyen de los discursos que no se corresponden con el ejemplo; los versos de Calderón forman y conforman su forma de ser.

La palabra actual es: Preocupación. Con la que miran al edificio de Castellana y a su nueva inquilina. Mira y escucha centinela, alerta está.

Charles de Gaulle visitó España en viaje de descanso allá por los años setenta. Se alojó en Toledo, Cigarral Los Dolores, propiedad de la familia Marañón. Gregorio Marañón Moya nos contó la entrevista que con él mantuvo. Al hablarle de Napoleón el general no dudó en responder:

<<…Mire usted, una cosa son los soldados y otra cosa son los hombres. Napoleón fue un genio para los soldados. Pero ignoró a los hombres. Ni los conoció ni le interesaron. Ese fue su gran error>>.

De Gaulle quiso decir lo que dijo y algo más. Su crítica iba dirigida a quien no creía nada más que en él. No hay distancia ni distinción entre soldado y hombre. Para ser soldado hay que ser hombre honrado.

Más frecuente es el error contrario. Ignorar a los soldados. Ni conocerlos ni interesarle.

Preocupación. Por la unidad de España. Por encima de todas las demás que son muchas y variadas. Habrá que seguir con la mirada y el oído atentos.

¡Bienvenida!, señora ministra de Defensa. Ya sabe que su puesto está al frente de la milicia, que no es más que una religión de hombres honrados, en la que nadie espera que ser preferido pueda por la nobleza que hereda, sino por la que él adquiere.

Le damos la bienvenida y le deseamos que su actuación sea lo mejor para España y sus Fuerzas Armadas, que equivale a decir para todos los españoles.

Por encima de todo: La unidad de España.

Principal reto al que usted junto al resto del Gobierno se enfrenta.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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10 junio 2018

LA PRENDA DE CABEZA EN LOS EJÉRCITOS DE ESPAÑA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Enredado en mi cabeza

<<Los rojos no usaban sombrero>>. Pocos saben a lo que me refiero con esa frase. Divertido si no fuese porque en muchas ocasiones un simple sombrero sobre la cabeza era tu condena.

Resulta que al comienzo de la Guerra Civil, en el Madrid del desorden y el paseo,  llevar sombrero o corbata te podía costar caro: que te diesen el paseo. Eran prendas que se asimilaban a los señoritos burgueses o explotadores de los obreros como eran definidos por anarquistas y comunistas. <<…mientras en la calle no se vean monteras la revolución será nuestra>>, se anunciaba desde Solidaridad Obrera.

Los rojos no usaban sombrero

No serían uno ni dos los que sufrieron prisión y algo más por el simple hecho de llevar sombrero.

Como era lógico el gremio de sombrereros protestó porque aquello suponía su ruina. Pero llevar sombrero caló entre la gente de la calle como una prenda detestable usada por gente bien. Tal fue así que al finalizar la Guerra Civil una sombrerería muy conocida de Madrid, Brave, abrió sus puertas al público con el eslogan: <<Los rojos no usaban sombreros>>.  Aumentó de manera considerable el número de ventas. Al finalizar la Guerra Civil había en Madrid unas cuarenta sombrererías. Hoy no quedan más de doce.

En la vida militar no existe el término sombrero para definir a la prenda que sobre la cabeza se lleva sino algo mucho más generalizado aplicable a casi cualquier cosa que se lleve sobre la testa: prenda de cabeza. Sombrero militar, ros, gorra de plato, gorra de montaña, gorro, gorrillo, chambergo, gorro Lepanto, tarbuch, teresiana, chapiri, boina, casco, tricornio, bicornio, gorro isabelino, gorro de montaña, gorro ruso o ushanka…, en fin diversidad de nombres y modelos que cualquiera de ellos encaja como prenda de cabeza.

El chambergo, la capelina o sombrero de ala ancha, utilizados por nuestros Tercios, eran prendas muy acordes con la moda de la época. Protegían del sol, cubrían el rostro y protegía en los combates. El morrión fue el casco emblemático de nuestros Tercios, además de capacetes y borgoñetas. Prendas todas de útil protección en los combates.

Como parte del uniforme militar la prenda de cabeza no surge hasta el siglo XVII cuando se impone en los ejércitos para diferenciarse entre ellos y del resto de ciudadanos.

Era fácil por la prenda de cabeza distinguirse en combate y distinguir a la unidad que cada uno pertenecía. De ahí todo lo demás. Además de su sentido de protección en invierno, verano, o en combate, de distinguirse y ser distinguido, la prenda de cabeza es orgullo de pertenencia, historia, disciplina y clara expresión de pertenecer a una fuerza militar. Muchas veces, más que el uniforme, la prenda de cabeza define y marca, aunque son dos prendas íntimamente unidas, que hacen un inseparable conjunto. Por ello un soldado debe ir cubierto siempre, al menos casi siempre. Ya saben que cuando va armado no debe quitarse la prenda de cabeza ni en interiores. Descubrirse parece como relajarse, dejar la actividad, desprenderte de algo esencial para el cumplimiento de tu misión.

No sé si ustedes lo habrán notado. De un tiempo a esta parte el uso de la prenda de cabeza en los Ejércitos y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es cada vez menos visible. En cuanto hay ocasión nos desprendemos de ella. Vamos que se la quitan a la primera de cambio. Y la cosa cambia. Un soldado lo es con la cabeza cubierta… y con correaje. Pero las modas, que dicen más funcionales, cómodas e igualitarias, nos traen la de descubrirse  en cuanto se tiene la más mínima oportunidad.

Y no hay necesidad de ello; ante nada ni nadie. Tampoco descocarse.

Un soldado saluda y esa es suficiente norma de respeto. Es una muestra de disciplina, afecto y respeto a todos.

Para quitarse el sombrero

Es el significado del saludo militar que nuestro Ejército, lo hace con la cabeza cubierta, con la prenda de cabeza.

Por cierto los soldados, la tropa, no tiene reglamentada la gorra en el uniforme de paseo sino la boina. Ellos reivindican la gorra como prenda de cabeza como la llevan oficiales y suboficiales. Y tienen toda la razón.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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9 febrero 2018

 

CON EL BESO A LA BANDERA NO SE JUEGA. VISUS MILITIS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Puigdemont prófugo de la justicia. ¿Besar la Bandera de España?: Ni en broma.

Hace unos días era noticia de apertura del telediario y encabezaba los digitales y la prensa escrita la imagen de Puigdemont besando la Bandera de España.

No nos gusta que se juegue con los símbolos de España. El beso a la Bandera tiene para un soldado un significado transcendente; no permite bromas ni ser utilizado para reírse o que se ría un prófugo de la justicia. Ofende con su beso traidor y cobarde. A todos los españoles de bien.

Todo el que ama a España y está dispuesto a defenderla hasta sus últimas consecuencias tiene el derecho a besar la Bandera, sea quien sea, siempre que sea consecuente con el juramento o promesa. Es un beso comprometido. Quien encabeza la ruptura de España, amenaza su unidad y soberanía, su integridad territorial, y no guarda y hace guardar la Constitución no merece ese honor. Puigdemont no lo merece ni como broma mediática.

Nada hay más ofensivo para  a un buen español que no respetar sus símbolos y tradiciones. La Bandera es el más representativo y no debe ser motivo de ninguna broma. Bajo la Bandera han entregado y entregan su vida los soldados de España. Ni en broma se juega con ese compromiso.

Usted señor Puigdemont, como español, le guste o no, está en la obligación de respetar la Bandera de España, pero besarla usted no la besa.

Los bromistas que pretenden salir en la tele mejor que inventen otro jueguecito.

¿No estaría preparada semejante vileza?

Respetarla sí, pero besarla ¡no! para usted señor Puigdemont.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

“La Constitución no es ornamental. Las leyes se tienen que cumplir” (Felipe VI)

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28 enero 2018

 

Visus militis (2 de Julio de 2017) ¡OZÚ, QUE CALÓ! General de Brigada Adolfo Coloma Contreras (R.)

El soldado Veterano

La canícula veraniega, está siendo especialmente sofocante este año. Unos lo achacan al cambio climático que ya está aquí, madrugando de la mano del calentamiento global y esas cosas. Otros, que no, que es solo una sensación derivada de la pérdida de adaptación debido al extensivo uso del aire acondicionado en apenas un par de generaciones. Lo cierto es que el calor no solo es consecuencia de la subida de la temperatura, sino que, con el calor, aumentan también las tensiones y los conflictos de todo orden.

Y no es que al soldado le afecten de manera especial estos calores. Al contrario. Para prevenir el temido golpe de calor y los incendios forestales, en campos de instrucción y maniobras, se restringen al máximo las actividades. Circunstancia que es aprovechada por la mayor parte de los uniformados, para disfrutar con sus familias, cuando las condiciones del servicio lo permiten, de unos días de asueto.

Pero, en términos generales, hay una contumaz convergencia entre la ruptura de hostilidades y la canícula veraniega. Basta con darse un paseo por nuestra historia para hacerse una idea de la sangre derramada en torno al solsticio de verano. Sin retroceder en exceso en ella, vemos que el combate Naval de Santiago de Cuba (3 de Julio de 1898), la retirada de Annual (22 de Julio de 1921) o el asedio del Alcázar de Toledo (21 de Julio – 27 de septiembre de 1936) por ponerles algunos ejemplos, merodean por estas fechas.

En verano, sí, pero ninguno de ellos es ajeno a causas anteriores, que de forma más o menos directas condujeron a tales encuentros. ¿O no tiene influencia el abandono en que se encontraba la Armada Española en 1898 o el Ejército en 1921 por parte del Gobierno de la Nación, en el resultado militar adverso en ambas ocasiones?  ¿O no tuvo influencia el asesinato de José Calvo Sotelo, ¿Diputado en Cortes del partido Renovación Española, el 12 de Julio de 1936? ¿O la mismísima quema de conventos, que, desde Madrid, se propagó como la pólvora al sur y levante español en el mes de mayo de 1931 luego en el 34 y hasta en el 36, oiga?

  • “Pues eso”- piensa el soldado en esta canícula veraniega, – “habría de servir como un aviso a los navegantes ¡con la que está cayendo!” – y al mismo tiempo exclama:

“¡Ozú, que caló¡”

Otros se regodean en un “arderéis como en el 36”, queman capillas… y “aquí no pasa ná. Ná de ná “-

Adolfo Coloma

GB (R.) del ET

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2 julio 2017

VISUS MILITIS EL CUMPLIMIENTO DEL DEBER General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Soldados: ¿Juráis o prometéis… ?

Inspirado en el amor a España, en el honor, disciplina y valor, el cumplimiento del deber es el único motivo que lleva a un soldado a cumplir con su vocación hasta el extremo de dar su vida por ello, si necesario fuera.

El deber no es algo abstracto sino que se concreta en ese deber general, el primero y más fundamental, cuyo enunciado está en el juramento empeñado ante la Bandera de España:

‹‹¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?».  «Si cumplís vuestro juramento o promesa, España os lo agradecerá y premiará y si no, os lo demandará».

Hay deberes concretos, menos trascendentes, pero no de menor importancia. Son la respuesta diaria a la razón de ser soldado, el camino que cada día te lleva al cumplimiento del juramento. Cuando este deber concreto se separa de su dirección general, apuntando en direcciones muy loables pero distintas del juramento, el deber queda en entredicho.

El soldado dirige su mirada siempre donde el mando ordena, sin titubeos ni jactancias. Sabe para lo que está y cuál debe ser su comportamiento. Y eso es digno de admirar. Porque su estímulo y moral en el cumplimiento del deber  está por encima de todo elogio y muchas veces con la indiferencia generalizada.

Los viejos soldados miramos a diario a nuestros compañeros en activo y vemos cada día, con ilusión y esperanza, más fuerza si cabe para requerir el primer puesto, aquel que te lleva directamente a cumplir el juramento. No hay más estímulo que el cumplimiento del deber. Sin necesidad de convertirnos en algo distinto a lo que históricamente somos. Un legado que permite soñar con una Nación unida y siempre fuerte sin que exista la más mínima posibilidad de fractura.

Vocación. Cumplimiento del deber.

Permanece intacto.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

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18 junio 2017