“EN ESTE SALÓN HAY UN ESTAND MANCHADO DE SANGRE” ¡CABRONES! General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

“En este salón hay un estand manchado de sangre”. “Fuera el Ejército de la escuela”. Son algunas de las frases que se podían leer en las pancartas que portaban las viejas juventudes de Arran en el estand de las Fuerzas Armadas del Salón de la Enseñanza de Barcelona.

Conviene saberlo y divulgarlo. Darle la importancia que tiene y no mirar para otro lado. La libertad de expresión es hoy una cosa y mañana otra. Depende; todo depende. La justicia europea sentencia que quemar fotos de los reyes es libertad de expresión. El Tribunal Constitucional español lo vinculó con el discurso del odio y la violencia. Alguno de los magistrados faltó a clase el día que explicaban eso de la libertad de expresión. ¿Los del Constitucional español o los justicieros europeos? Por cierto estos justicieros a continuación han sentenciado que la marca de restauración española “La Mafia se sienta a la mesa” es contraria al orden público. Los mismos que acaban de condenar al Estado español a pagar por trato inhumano y degradante a unos etarras. Y  entre los justicieros un español.

Europa es así: “Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente…”.

Decía la pancarta de las repugnantes viejas juventudes de Arran: “En este salón hay un estand manchado de sangre”. Un escalofrío me ha roto el espinazo. Ese que jamás vamos a doblar.

¡Cabrones!… Me ha salido del alma. Espero que sea libertad de expresión, aunque me quedo corto con la expresión.

Roto el espinazo y el corazón cuando he recordado la sangre, sí, la sangre de nuestros soldados, entregada con nobleza y desinterés por un mundo en paz, por nosotros y por ellos, por los que les abrazan y por los que les rechazan e insultan. Mucha sangre derramada estos últimos años para que se pueda admitir un insulto de tanta bajeza, tan ruín, y que no se haga nada. No sé si es porque no se puede o porque no se debe, o quizá porque no se quiere. ¿Libertad de expresión? Nunca he oído un insulto tan feroz y que tanto me haya dolido. Si esto se permite es que ya da igual todo. Los jueces dirán lo que la ley les marque, pero: “En este salón hay un estand manchado de sangre”, no es un insulto, ni libertad de expresión, sino una ofensa inaguantable y por la que los servicios jurídicos del Ministerio de Defensa, los abogados del Estado o quien sea, debería estar -¡ya!- denunciando. Hay mucho sacrificio y vidas entregadas por nuestros soldados para que semejante villanía se permita. Los militares ajenos a los insultos seguían atendiendo a los miles de jóvenes que se han acercado a interesarse por la carrera militar y por sus misiones. ¡Viva España! Se les oía gritar ante los insultos.

Pero los soldados, que sienten el deber, la Patria, el sentimiento de su razón de ser, hoy estarán rotos de dolor e ira ante semejante ofensa a la que no pueden ni deben responder. Malo sería que esto quedase así y nadie responda por ellos. Ya se sabe que en tiempo de sedición hasta el malvado obtiene honores.

Mientras buscaba la frase adecuada para suavizar la ofensa y enderezaba mi roto pensamiento, he recordado una portada de ABC de hace unos años, 1983. Hubo unas tremendas inundaciones en Bilbao. Allí estaba el Ejército y la Guardia Civil. Más de 13.000 efectivos. Se cumplen en agosto 35 años.

El gran Mingote, militar, publicó una de sus viñetas que resumía la situación. Un guardia civil, podría ser un soldado, llevaba a la espalda en medio de las aguas a un ciudadano vasco al que estaba rescatando.

Esa misma viñeta fue portada del ABC cuando en octubre un guardia civil fue asesinado por ETA en Rentería. A la viñeta le acompañaba en esta ocasión un titular que lo decía y dice todo: “Han matado a este guardia civil”.

¿Cómo podemos soportar que alguien porte una pancarta de incendiario odio contra los militares en la que se lea?: “EN ESTE SALÓN HAY UN STAND MANCHADO DE SANGRE”.

Perdón, pero no puedo terminar de otra manera: ¡Cabrones!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

16 marzo 2017

Blog: generaldavila.com

 

 

 

 

POR LA PATRIA MORIR FUE SU DESTINO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Líbano 2007. La Muerte no es el Final

Hoy es San Juan Bautista. Ayer escribía para felicitar a la Guardia Real ya que es su festividad, su Patrón. Cosas de la razón y necesidad que siempre tiene un soldado a encomendarse a su Protector del alma que es lo que pone en juego cuando despide a un compañero en La Muerte no es el Final. La vida se entrega con generosidad por razones justas y siempre por los demás. Vemos a diario héroes anónimos, ciudadanos, que lo hacen por el impulso que su formación y espíritu les lleva a sentir en su vida el servicio a los demás, la defensa de las causas justas, dando un paso adelante, aunque les cueste la vida. La vida no vale nada si la vives acobardado y con miedo. Menos aún si la vives encerrado en tu egoísmo y huyendo del riesgo de defender tus principios cueste lo que cueste. El riesgo surge inesperado y sin planteamientos previos ni tácticas a emplear. Los héroes no le temen y  salen en defensa del otro, sea quien sea, con su actitud y entrega. ¡Héroes! Lo hemos visto hace unos días en Ignacio Echeverría; un ejemplo más, pero no el único.

De nuevo hoy recibo comunicación desde Besnayah (Irak). Allí están nuestros soldados en misión de riesgo para defender nuestra paz y tranquilidad. Héroes del día a día que sin políticas por medio sufren sus consecuencias de enfrentamientos y recelos. La muerte en cada esquina, el deber cumplido y bien hecho, el olvido casi siempre, los últimos a la hora de las consideraciones. Dicen con descaro, los de siempre, que ese es su trabajo ¿la muerte por ti? Su trabajo es todo lo contrario, que no haya muertes ni violencia; para nadie, porque nadie desea la paz más que un soldado.

Y es un soldado el que me recuerda a nuestros compañeros muertos hace ahora diez años. El Día de San Juan Bautista. El Precursor del Señor.

Lo demandó el Honor

24 de junio de 2007. Se cumplen diez años. Una patrulla perteneciente a la Segunda Bandera Paracaidista fue atacada con un artefacto explosivo en El Líbano al paso de su blindado BMR. Cumplían su misión integrados en ONU. Murieron en el ataque seis de ellos y dos fueron heridos de gravedad.

No fue una muerte baldía y a ellos les debemos muchas vidas. Esta mañana un soldado en Besmayah se acercaba al Páter a pedirle que la misa de hoy se dedicase en recuerdo de sus compañeros muertos hace diez años. El gesto de ese soldado les hace más grandes si cabe. Los nombres de aquellos héroes muertos en El Líbano son:

En homenaje a Juan Carlos Víllora Díaz

Jefferson Vargas Moya, 21 años; Jeyson Alejandro Castaño Abadía, 20 años; Yhon Edisson Posada Valencia, 20 años, todos colombianos. Johnattan Galea García 18 años, natural de Madrid; Juan Carlos Villora Díaz, 20 años, nacido en Ávila y Manuel David Portas Ruiz de 19 años, natural de Sevilla. ¡Dios mío! Qué jóvenes y qué grandeza y ejemplo en su corta vida. Son el fruto de la bondad humana que todavía se alza frente al egoísmo y la violencia, son el mejor discurso de paz y ejemplo. Por sus obras los conoceréis.

Me lo cuentan desde Besmayah, el recuerdo entre soldados. La muerte vencida cuando sigues entre sus filas, cuando tu ejemplo forma en primera fila, cuando estás ¡Presente! en sus corazones.

«Lo demandó el honor y obedecieron,/ lo requirió el deber y lo acataron./ Con su sangre la empresa rubricaron,/ con su esfuerzo la Patria redimieron./ Fueron grandes y fuertes, porque fueron/ fieles al juramento que empeñaron./ Por eso como valientes lucharon/ y como héroes murieron./ Por la patria morir fue su destino./ Querer a España, su pasión eterna./ Servir en los Ejércitos, su vocación y sino./ No quisieron servir a otra bandera,/ no quisieron andar otro camino, no supieron morir de otra manera».

En tu palabra confiamos
con la certeza que tú,

ya le has devuelto a la vida,
ya le has llevado a la luz.

 

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Blog: generaldavila.com

24 junio 2017