DISCIPLINA Y BORREGUISMO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Disciplina: <<Doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral>>. Debería ser suficiente la definición que nos da el Diccionario de la RAE. A la vista del espectáculo, no lo es.

Moral. ¿Qué es eso? Conocimiento para Sócrates. El conocimiento es exigente, no acepta el simple enunciado. Exige esfuerzo, tesón e instrucción. No el adoctrinamiento que ahora se impone. Convertir la escuela, la universidad, la calle, los medios de comunicación, en lugares de adoctrinamiento es todo lo contrario al conocimiento, es decir a la disciplina de someterse al esfuerzo individual, al sacrificio y tesón necesario para adquirir una sabiduría libre de imposiciones. ¡Con lo que eso supone!; con todas sus consecuencias. La principal se llama: libertad. Ese es el verdadero y único fin del conocimiento, porque sin entender nunca se conseguirá la libertad. De ahí que un pueblo indisciplinado sea inculto, bruto e incapaz de vivir en libertad, en respeto a la norma moral y por tanto sin respeto a la legal. Esa es nuestra situación, irreversible ya en ciertas generaciones acostumbradas al borreguismo (actitud de quien, sin criterio propio, se deja llevar por las opiniones ajenas).

Son numerosos los artículos de opinión, de personas que la tienen seria y fundamentada, que nos alertan del peligro que supone resucitar el odio que lleva al enfrentamiento. En palabras del escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando, Juan Van-Halen, <<el artífice de la resurrección del odio y del enfrentamiento fue el presidente Rodríguez Zapatero>> al que también acusa de <<dar oxígeno al independentismo catalán con aquella irresponsable promesa de que no se cambiaría ni una coma del proyecto de Estatuto de Cataluña que saliese del Parlament>>.

Nos señalan al hacedor y el hecho. Nosotros no somos académicos ni articulistas de opinión, pero en nuestra defensa de España y de sus Fuerzas Armadas hemos señalado una y otra vez, un día y otro también, el hecho y su hacedor. Seguimos haciéndolo porque la situación se agrava, porque no se nota la más mínima corrección de la deriva, porque ustedes dan síntomas de cansancio. Sobre todo porque a la hora de la verdad, cuando hay que expresar la voluntad de cada uno, no hay una respuesta contundente contra los graves problemas que nos enfrentan: independentismo, ley del enfrentamiento (Memoria Histórica) y auge de los terroristas de la ETA,

La disciplina no es virtud exclusiva del militar. Su exclusividad forma parte del conocimiento. Sin un espíritu que acepte que lo más importante del ser humano es aprender para entender, porque entender es ser libre (Baruch Spinoza) no lograremos salir del estado borreguil en el que nos encontramos.

Conocemos el hecho, el hacedor, y ahora nos están avisando de la causa: borreguismo.

Solo nos falta balar. La senda que nos marca el pastor, vigilados por los perros, la aceptamos sin rechistar. Si acaso balando. Eso no es disciplina sino todo lo contrario: necedad, desconocimiento y aburrimiento.

Y digo todo esto sin calificar, pero sí enfatizando, porque el necio, el inculto y sobre todo, el aburrido son sumamente peligrosos.

Destruyendo el conocimiento se destruye la libertad. Es necesaria la disciplina.

Ustedes dirán qué hacemos.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

2 septiembre 2019

1936-2018:LA GUERRA CIVIL General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

¿Nunca acabará el enfrentamiento?

Son días de repugnantes recuerdos de guerra junto a la profanación de algo más que la historia. Una deshonra y desprecio hacia todos los que lucharon por sus ideales, enjuiciados todavía con la violencia de la palabra, vacía, sin nada detrás, exclusivamente política. ¿A quién le interesa esa opinión? Los que andan en eso de la política deberían dedicar sus esfuerzos  a gestionar los recursos y no a ideologizar, imponer, y mucho menos a falsificar. Estamos en guardia frente a ellos que no dejan de meter sus narices incluso en lo más íntimo del sentir y pensar. Permanente autodefensa; y lo que es peor: se han convertido en jueces de los hombres, de la historia, de los sentimientos; ellos que ni sienten ni conocen, ni se juzgan.

Una tristeza, ¿impotencia?, invade nuestros corazones, algunos, al menos el mío.

La tristeza viene de la incapacidad para comprender: ¿por qué se empeñan en que la guerra continúe? Sí: la guerra, me refiero a la Guerra Civil. ¿Por qué quieren engañarnos con discursos pacifistas mientras su estado de ánimo no es pacífico sino vengativo, violento?

Paz: no saben lo que eso significa, desde luego no es la ausencia de guerra, más bien: <<Virtud, estado de ánimo, un estado mental, una disposición en pro de la benevolencia, la confianza, la justicia>> (Baruch Spinoza). No me cansaré de repetir sus palabras. Habrá que hacerlo hasta que llegue a encharcar los corazones. De benevolencia.

Pertenezco a la generación nacida de los jóvenes que estuvieron en el frente de batalla en la Guerra Civil. Que empezó hace más de ochenta años. No ha terminado. Hay quien no quiere acabar con las trincheras. Quedan francotiradores que componen ya batallones. Al mando de insensatos jefes.

Mi abuelo estuvo en la guerra; mi padre también. Nunca me contaron nada, jamás me hablaron de ella, ni les oí hablar entre ellos o entre amigos. Les parecía una tragedia para olvidar. Nunca conseguí que me contasen ni vi más allá de gestos de contrariedad. Una pelea trágica entre hermanos, decían. Tuve que leer, buscar, indagar, y así, alejado de contaminaciones de cualquier lado, hacerme una idea del conjunto. He terminado rechazando los juicios de unos y otros, me atengo a los datos rigurosos, sin orientación y sin intenciones, que no abundan. He leído mucho de lo que de ella se ha escrito y la he estudiado militarmente. No merece la pena entrar en calificaciones y, como cada vez se califica más y peor, he preferido guardar para más adelante mis conclusiones, puramente históricas. Hay que dejar distancia. Mucha distancia. Lo que si adelanto es que no debe estudiarse ni hablar de ella para seguir en la lucha ni para echarse en cara nada. Aquello pasó, ya es inevitable y evitable es enfrentarse por ello. Como si nada nuevo nos hiciese olvidar. Hay que buscar la paz en la benevolencia, la confianza, la justicia. Mientras haya corazones en guerra es que la guerra sigue.

Los que remueven la ira cuando ya no hay razones, buscan otra razón: mantener vivo el enfrentamiento del que obtienen rentabilidad. Son unos irresponsables de una gravedad difícil de imaginar, aunque tendrá sus consecuencias. Cuando haya perspectiva histórica serán juzgados y condenados.

En el mes de julio de 2016  la periodista Emilia Landaluce reunió a un grupo muy representativo de herederos de los que combatieron en la Guerra Civil en bandos enfrentados: Los Hijos de la Reconciliación tituló el trabajo. Con inteligencia y gran sensibilidad Emilia nos reunió  a todos sacando de cada uno de nosotros el resumen de años de silencio: la sinceridad.

Algo flotaba en el ambiente. Estábamos a gusto, pero no del todo. Ninguno quería revolver el pasado, solo olvidarlo -o recordarlo-, cada cual es muy libre, pero queríamos abrazarnos públicamente, ante todos y para todos. Aquello estaba colectivamente olvidado. Forma parte de cada uno; del que quiera que eso forme parta de él. Si aquel día, a la llamada de Emilia Landaluce, nos juntamos y hablamos, fue para exponer al público, para decir y gritar: aquello se acabó, os lo dice Franco, Rojo, Dávila, Moscardó, Líster, Yagüe, Varela,Vega, Gámir, Escobar…: Los hijos de la reconcialiación. Se acabó, olvidadlo y daros la mano: que cada cual olvide o conserve el recuerdo, pero no arenguéis a más y mayores enfrentamientos.

Creo que sobra hacer leyes, museos, mausoleos; queda la historia, para unos y otros, para bien y para mal, para que cada uno piense y medite, olvide o haga lo que le venga en gana, sin altavoces… Aquello en lo colectivo terminó.

Para el recuerdo y la memoria de los combatientes de uno y otro lado es una ofensa recordar el enfrentamiento desde ese puro enfrentamiento. Fue peor la retaguardia donde se escondían… Dejémoslo por ellos, por tantos héroes que en uno y otro bando regaron estos campos de España con su sangre. No lo hicieron, ni unos ni otros, para este violento recuerdo que se administra en dosis de interés partidista.

No sabemos aún de lo que hablamos. No son las armas sino el corazón del hombre el que engendra la guerra.

Tolerancia y bondad. Estética del alma. ¡Qué lejos estamos de ello!

Deseos que no provienen de la razón sino de las pasiones y ninguna de ella es el conocimiento. Estamos en guerra de nuevo y conviene recordar y enmarcar las palabras que antes les decía: <<La paz no es la ausencia de guerra. Es una virtud, un estado de ánimo, una disposición para la benevolencia, la confianza y la justicia>> (Baruch  Spinoza).

¿Llegará el día en que entendamos?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 septiembre 2018