ALMAS EN PENA O HIJOS DE. Rafael Dávila Álvarez

Pues no sé si son almas en pena o hijos de puta. No me lo tomen a mal. Únicamente releía la obra de Valle-Inclán Romance de lobos y comprendo que la duda es inevitable. No tengo (tenemos) respuesta a lo que viene a ser una duda existencial en esta vieja España. Claro que todo depende de donde estén unos y otros, arriba o abajo, aunque la mezcla es posible, no segura.

Solas, tristes y melancólicas hay muchas almas y con razones más que suficientes; hijos de puta en su acepción «mala persona» no hace falta que les dé números.

«¿Quién me habla? ¿Sois voces del otro mundo? ¿Sois almas en pena, o sois hijos de puta?».

Así transcurren las noticias que a diario nos llegan, sin poder reprimir la pregunta a cada instante, sin respuesta; ni siquiera Marte nos descubre sus misterios.

Cada mañana surge el mismo dilema ante el insoslayable panorama que nos entra al conocer el trajín que se traen con nuestras vidas y haciendas. El insulto no es solución, pero culmina una escalada de ira que, convertida en impotencia, no se sabe cómo ponerle fin.

Los unos no conocen los sufrimientos de los otros. En tiempos de penalidades, de ertes y eres, de quitas y quítate que me pongo yo, los unos deberían ponerse a dieta de dietas y dejar el todo gratis, sin vergüenza, y sentirse seres sufridores como el resto. Aquí, ahora, hay una España de almas en pena y otra de lo otro, sea dicho en tono valleinclanesco, y eso no está bien, sean de derechas, de izquierdas o revolucionarios de todo a un euro a cargo del presupuesto.

La Gran Cadena del Ser, si fuese científica, alcanzaría su cénit en el hijo de…

La evolución, gracias a Dios, es otra cosa, aunque veo que para mal, y por ello no hay progreso. Cuando se recorre el camino equivocado hay que volver atrás y empezar a andar de nuevo.

El admirado maestro Gustavo Bueno al oír que el hombre se había vuelto menos belicoso contestó:

—No. El hombre no se ha vuelto menos belicoso, sino más imbécil.

No hay mucha diferencia entre el término de Valle-Inclán y el utilizado por Gustavo Bueno.

Claro que antes estas cosas se pintaban en la pared, que está muy mal pintar en pared ajena: «Tonto el que lo lea», y nadie se daba por aludido, como si se refiriese a otro. En casa siempre hubo un plato que ponía «Viva mi dueño»; y tan contentos. Ahora, alcanzado el grado máximo, esos profundos pensamientos se escriben en una pantalla a la que se asoma todo el mundo y desde ellas se ven muchas almas en pena. De lo otro también: muchos.

Tengo que aclarar, aunque todo el mundo lo sabe, que esta de Valle-Inclán es una comedia bárbara que debe ser algo así como para no helenizados.

Disculpen por tanto la barbaridad tan real.

Rafael Dávila Álvarez

26 febrero 2021

Blog: generaldavila.com

 

 

 

 

 

 

TERRORISTAS Y COMUNISTAS ¿PERO HAY ALGUIEN MÁS? Rafael Dávila Álvarez

Ayer se cumplieron años de la muerte en combate de siete de nuestros militares destacados en Iraq. Pertenecían al CNI; en más de una ocasión he pedido que se estudie la posibilidad de investigar los hechos por si alguno fuese merecedor de la condecoración que se da a los héroes.

El pasado día 26 se cumplían 63 años de la muerte en combate, en Ifni ¿alguien sabe lo que allí pasó?, del teniente Antonio Ortiz de Zárate, Medalla Militar a su heroísmo.

Historia de nuestros ejércitos implicados en dos guerras olvidadas: Ifni e Irak. ¿Cosas distintas? Todas las guerras son iguales. Las provocan los políticos y culpan a los militares. Luego hay que olvidarlas o esconderse. Las guerras terminan y los soldados se retiran; los políticos siguen y miran para otro lado como si con ellos no fuese la cosa. Irak ni nombrarlo. Ifni no existió. Se entierran los muertos y se olvidan.

Los que llevan dentro la semilla de la guerra no descansan y se cuelan en el quehacer diario en cuanto el centinela retira su vigilancia; o se duerme.

«La paz no es la ausencia de guerra. Es una virtud, un estado de ánimo, una disposición para la benevolencia, la confianza y la justicia» (Baruch  Spinoza).

Pensaba estos días en las vidas sesgadas de tantos jóvenes soldados de los que ya pocos se acuerdan y de los motivos de su entrega y disposición a dar la vida por la patria. Pensaba que en estos tiempos de ertes y eres y empleos mal pagados, a nuestros soldados, dispuestos a dar la vida, a la obediencia consciente de su servicio, les echan sin contemplaciones a los 45 años de edad, en plena vida activa, y aún hay quien dice que ya lo sabían cuando firmaron y que hubiesen espabilado, que han tenido tiempo para colocarse.

¿Cómo hemos podido llegar a tratar con indecente política a los sectores más entregados y sensibles de la sociedad? ¿Cómo henos podido llegar a repudiar las virtudes que eran un referente en esta sociedad nuestra?

Los soldados se retiran después de la guerra; muchos no vuelven a casa y engrosan ese frío número de los que dieron su vida por la patria y la patria se olvidó de ellos. Los que nunca se retiran y están siempre al acecho, en guerra permanente, son los que la llevan dentro, en su corazón de violencia desde el poder, de constante búsqueda del enfrentamiento y la división entre los distintos sectores de la sociedad. Instituciones que siempre fueron referente en España se han visto acosadas por ese virus del que todos conocemos el nombre y el remedio, pero nadie lo aplica: comunismo y terrorismo. Dicen no estar en guerra, hablan de paz, y han matado más gente que ninguna guerra mundial.  No aciertan ni a contarlos. Siguen con sus estadísticas.

Esta es la guerra y ellos son sus héroes. Pongan los nombres de sus generales. Los conocen igual que yo.

Ustedes han sido derrotados; yo también, aunque a diario intento levantar la voz y decir: ¡Ahí están!

Debería haber una guardia, pero se ha quedado dormida. A la pregunta: ¿Hay alguien más? Empiezo a adivinar que no.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

30 noviembre 2020