EL JEFE DEL PELOTÓN Y EL CABO DE LA ESCUADRA. ATAQUE FALLIDO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La orden era clara. Se sabía dónde estaba el enemigo, quién era, la dirección de ataque, los apoyos a prestarse una escuadra a la otra, y solo faltaba decir: ¡Al ataque! La orden debería darla el sargento en el momento oportuno.

¡¿Está claro?! Repitió por tres veces el sargento. Tres veces que se llevó el viento. Hasta se oyó cantar al gallo.

El fuego enemigo arreciaba, cada vez más centrado, el tiempo pasaba en una desesperada espera por saltar de aquellos abrigos que casi no protegían.

En el fragor del intenso fuego, no se sabe si por el ruido de la artillería y de la aviación propia o por el del adversario, una escuadra se lanzó contra el enemigo, sin orden, sola, sin protección, sin apoyo del fuego. La dirección que llevaban era equivocada. Nadie había dado la orden de ataque ni ese era el camino del pelotón.

—¡¿Pero que hace ese loco?! Le gritaba el teniente al jefe del pelotón, lo que este repetía a su escuadra que se pegaba al terreno, alejada de sus abrigos, en un suicida salto, víctima del fuego enemigo que no les dejaba avanzar.

—¡Volved, volved! ¡Todavía no he dado la orden de ataque!, se desgañitaba el sargento.

No había marcha atrás.

No habían entendido nada y su arrojo y valor arrastró a la otra escuadra a salir en su defensa y morir en el combate. Todo el pelotón había caído bajo las ráfagas enemigas.

Hubo que retrasar el ataque de la Compañía y el capitán reunió a sus mandos. Estaban cabizbajos y desorientados.

—No quiero que nadie alardee inútilmente de valor. Más que a realizar deliberadamente actos de riesgo personal, comúnmente innecesarios, sabed que el valor auténtico ha de tender a conservar durante el mayor tiempo posible, y en el más alto grado, las energías físicas y morales de vuestros soldados para utilizarla al máximo y en toda su plenitud en el momento decisivo del ataque: el asalto. ¡¿Lo habéis entendido!? Ha muerto un pelotón y hemos roto la sorpresa. Habrá que cambiar todos los planes. El enemigo sabe nuestras intenciones y hemos dado un ejemplo de falta de coordinación; que aprovecharán.

Un sargento no debió entender bien las palabras del capitán.

—Mi capitán, pero el decaimiento moral de la tropa exige un acto de valor, de riesgo personal.

—Sargento, la moral de la tropa de su pelotón es su responsabilidad. ¿Está usted bajo de moral?

—¡¡¡No, mi capitán!!!

—Me alegro, porque esa sí que es mi responsabilidad. Cuando lo crea oportuno me verá ponerme delante de la compañía y avanzar el primero. Aquí todos tenemos mando, pero no vayan más allá del suyo y no interpreten, sino que obedezcan y cumplan con su misión sin más iniciativa que la de cumplirla a rajatabla. Nada hay tan fuerte como peligroso que el deseo de mando. Aquí cada uno debe saber cuánto manda, lo que manda y lo más importante: ¡que le obedezcan!

—¡¿Lo habéis entendido?! Repitió por tres veces el capitán. Tres veces que se llevó el viento.

Hasta que cantó el gallo.

Un gesto inútil, de valor, sí, pero que abortó el ataque principal.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

22 octubre 2020

 

 

EL OFICIO DE LAS ARMAS. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

2012071027afganista_intMandar soldados, mandar sobre los que tienen como primer y fundamental deber defender a España incluso con la entrega de la vida, no admite experimentos gaseosos sobre la formación y preparación de los que mandan. Mandar no es dar órdenes ni aplicar leyes y reglamentos sino liderar desde el ejemplo. No es servirse sino servir desde el espíritu de entrega a un objetivo y un ideal, España y los españoles

Mandar es también decir siempre la verdad, a los de arriba y a los de abajo.

Si la preparación técnica es importante más lo es la formación moral. El espíritu de un soldado no se forja con leyes y reglamentos sino fomentando las virtudes históricas y permanentes como el amor a la Patria, el honor, la disciplina y el valor.

Un soldado no vive exclusivamente por un salario, que gana con sangre, sudor y lágrimas, sino por el sustento moral que le lleva al sacrificio y que recibe de la sociedad a la que sirve y de las Instituciones que la gobiernan y dirigen. Ellos deben ser su ejemplo, apoyo y respaldo moral. Sí no, es preferible cambiar su primer y fundamental deber por otro y así no engañar a nadie.Cartel_p

Alguien debe preocuparse y ocuparse de atender las necesidades de nuestros soldados y darles forma con leyes y reglamentos. En el plazo de 20 años la política de personal de las Fuerzas Armadas ha estado regulada por tres leyes (1989-1999-2007), a las que hay que añadir la regulación de  nuevas Reales Ordenanzas y la Ley de Derechos y Deberes. Para tan corto tiempo es mucho cambio, sobre todo cuando este no es de procedimiento, sino que afecta  a la esencia de la vocación, a su motivación y a las expectativas de futuro de todos y cada uno de los que visten el uniforme; y lo más grave, a sus familias, base y sustento de esta profesión de las Armas.

Siempre la polémica ha rodeado las distintas legislaciones. La Ley de la Carrera Militar trajo el desencanto entre los que ejercen el oficio de las armas. La polémica y los recursos envejecieron en los tribunales mientras se sufren las consecuencias del tiempo perdido entre comisiones y  falsas promesas.

El sistema de ascensos y escalas cercenó las expectativas de carrera, enrarecido el tradicional compañerismo y dañado la esencia de cualquier cambio, la motivación.

El nuevo modelo de enseñanza para los oficiales abre interrogantes y dudas de su eficacia. Poco de historia militar, de humanidades y tradiciones, claves de la formación  militar, mientras se crea algo indefinido entre soldado e ingeniero. Ingeniería del alma es la necesaria para cumplir su primer deber de soldado.

Los suboficiales siguen sin tener un tratamiento acorde con sus capacidades y prestigio, y se les priva de la merecida promoción y  de sus legítimas expectativas. Hay una enorme deuda con ellos y no se les reconoce su valía y preparación. Son la clave, la infraestructura de nuestros ejércitos.

La tropa sigue con su permanente temporalidad y escasas perspectivas de dignificar su profesión y facilitar su reinserción en la vida civil. Su temporalidad debe ser resuelta asegurando, sin la menor incertidumbre, su futuro estable.

Hay cosas que no exigen comisiones ni sindicatos o juntas de gorriones. Cumplir con su deber y 4ac2106a482cef3d60707b537abb0869_extras_albumes_0obedecer hasta morir debe tener una obligada respuesta, una exigencia y responsable compromiso,  entre los que mandan desde ese Ministerio de Defensa, y hacerlo antes de que se suprima, o veamos materializada alguna otra brillante idea de las que, como consecuencia de la falta de liderazgo, ahora circulan por los medios.

Porque lo que se percibe es desamparo y poca valoración de unos profesionales, que amén de jugarse la vida, han renunciado a sus derechos ciudadanos en beneficio de España.

“…con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de corsarios…”, amigo Sancho.VELAZQUEZ---LA-RENDICION-DE-BREDA-O-LAS-LANZAS

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

6 agosto 2020

 

LA LEGIÓN CAMINO DEL CENTENARIO (II) 1920-2020 General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez “EL CAMINO DE LOS CABALLEROS”

EL CAMINO DE LOS CABALLEROS

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Valor, Honor… La Legión

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Cien años de Valor

Siguiendo con los artículos destinados a acompañar a la Legión en el Camino del Centenario hoy dedicamos un destacado espacio al Camino de los Caballeros, redactado por nuestro fundador en carta dirigida al caballero alumno del Arma de Infantería, Marcial Sánchez- Barcaiztegui Gil de Sola y recogida en el libro del general Carlos de Silva. Fue con motivo de que este alumno solicitara su ingreso en la Legión, cuando el coronel fundador le respondió con una carta que se convirtió en jalón y jornada del Camino de los Caballeros. Al dedicar este artículo al ‹‹Camino Legionario››, no descubro nada ni esa es mi intención. Solo pretendo divulgar lo más sagrado de la Legión. En cabeza están sus muertos, sus desaparecidos y heridos, héroes, reconocidos o no, incógnitos todos en un solo nombre: La Legión. Le sigue el Credo, base espiritual de la Legión, médula y nervio, alma y rito de ella. Y el Camino de los Caballeros, por donde todo legionario ha andado en su vida de sacrificio rendida al honor y al heroísmo. En esa labor de divulgación hoy quiero recordar las palabras del teniente coronel Millán-Astray a los cadetes de la Infantería española el 13 de diciembre de 1937 exponiéndoles la trayectoria a seguir por los que quieren abrazar ‹‹El Camino de los Caballeros››, el de los legionarios.

‹‹El Honor es: El cumplimiento del deber, es la honra, el mantener la palabra dada, la lealtad al jefe y al amigo, es el espíritu de sacrificio o renunciamiento del propio bien a favor ajeno, es generosidad. El honor es el aroma más puro y más fragante de la vida. ¡Infeliz de aquel que perdió su honor!

El Valor es: La condición esencial del soldado. Todos sentís lo que es el valor, todos lo tenéis en alto grado, la prueba: Que estáis aquí, de donde venís y a donde vais. Valor es cumplir, cueste lo que cueste, con el deber que nos impone la conciencia, la obediencia.

Las manifestaciones del valor son: la ecuanimidad, la bravura y el heroísmo.

La Ecuanimidad es: la serenidad ante el trastorno o el peligro, no exaltarse demasiado con la suerte, ni deprimirse con la desgracia: no temer al  enemigo  porque sea mucho, ni despreciarlo porque sea poco. El valor no ha de ejercerse más que para nobles actos; nada hay más ridículo que el valiente de oficio, el jactancioso de su valor o el que lo saca a relucir apresuradamente, con sus compañeros o con las otras personas, en los naturales razonamientos de la vida social. Ecuanimidad es aguantar, y aguantar es: Aguantar lo inaguantable, lo demás no es aguantar -dice el Samuray japonés-. Tenedlo esto muy presente, no lo olvidéis nunca: Aguantar lo inaguantable.

La Bravura: Que es el valor, ha de ser consciente. El que es bravo, al darse cuenta del peligro reflexiona brevemente y toma la decisión de arrostrarlo y de vencerlo, y la lleva a cabo a pesar de todos los riesgos y si es preciso, llegando hasta a sacrificar la vida. Bravura impetuosa para atacar, bravura tenaz para resistir.

El Heroísmo: Es el valor sublime, hombres valerosos hay muchos. Todos vosotros lo sois, y lo sabéis, pero el héroe no lo es a sabiendas, son los demás los que se lo reconocen, porque el héroe cree que no hizo más que cumplir su deber con honor y con valor, sin pensar que había llegado a las alturas, casi inaccesibles, del heroísmo. La virtud inseparable del héroe es: la modestia.

Las acciones valerosas  se han de llevar a cabo con firmeza de voluntad para mantenerse sin decaer ante la dificultad, con energía que es la fuerza para dominar y vencer la resistencia y llegado el momento decisivo y si es preciso, con ímpetu que es la violencia: Firmeza de voluntad, energía e ímpetu, son condiciones necesarias al valor.

La Cortesía: Es dominar nuestros instintos, nuestras pasiones o nuestros caprichos, en aras de la comodidad y del bienestar ajenos. La cortesía va siempre acompañada de la afabilidad y la sonrisa. Una franca y sencilla sonrisa, en todos los casos y principalmente ante las contrariedades, es la más elegante manifestación  de la cortesía que huye del empaque y del amaneramiento empalagoso. Cortesía es no darse importancia, ni hablar, aún cuando sea con inferiores, en tono campanudo y sentencioso, es una palabra: sencillez; lo contrario es fatuidad.

La cortesía la ofrecemos hasta a nuestros enemigos, ya que: lo cortés no quita lo valiente, según nos dicta nuestro castizo aforismo.

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Empieza la historia de la Legión… Jamás termina

La Patria: ¡Cadetes! La Patria es: ¡El amor que lleváis inundando vuestras almas! ¡A qué voy a pretender daros una definición! Es imposible definir por completo como se ama a la mujer amada. ¿Quién abarca a decir todo lo que se siente por su madre, por su mujer, o por la prometida, virginal y también enamorada? Eso y aún más es la Patria, en su amor se mezclan y confunden en un solo amor: el amor a Dios, el amor a la madre, el amor a la esposa y a los hijos. ¿Sabéis, Cadetes, por qué salisteis a luchar, por qué  habéis sufrido, por qué estáis dispuestos a sufrir, a padecer, a morir gozosos si es preciso? Por ella, por la Patria: por España; por la que querían que negase a Dios, por la que querían vender al extranjero ateo y sin honor, por la que es la dama de vuestros pensamientos, tan bella, tan pura y virginal, tan grande, que después de ella, no hay más que: el Cielo. ¡Vivir para la Patria, morir por la Patria!›› (General Millán-Astray. Fundador de la Legión).

Poco queda por decir. Una lección de vida y amor a España y a la Legión. No existiría la Legión sin un amor tan grande, sin una sensibilidad tan inteligente, sin que un hombre tan clarividente y noble la hubiese creado.

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Cristo de la Buena Muerte. El Cristo Legionario

No existiría España sin hombres decididos y amantes de su idea de grandeza hasta el final, hasta dar la vida por ello. Creadores y seguidores de la obra colosal de la historia desde la sencillez y el amor. Voluntades firmes dispuestas al sacrificio con Honor, Valor, Caballerosidad y Amor. Eso es todo. Es el Camino de los Caballeros, cien años de historia legionaria. Los que todavía caminamos y somos aprendices, junto a los que están a punto de llegar, tenemos una tarea pendiente. Solo acabamos de empezar. Si no estás atento el camino no te lleva a ninguna parte. Cumple con tu deber. Ama a España hasta sus últimas consecuencias. Repasa la historia legionaria, la de sus humildes legionarios, reza y cumple su Credo. Te llevará al cielo donde te espera el Cristo Legionario, el de la Buena Muerte. Es el verdadero sentido de El Camino de los Caballeros.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

(Jefe de la Legión entre 2001-2004)

Blog: generaldavila.com

1 marzo 2017

 

DEL VALOR Y LOS VALORES Coronel de Infantería (R.) Juan Ignacio Salafranca Álvarez

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Cruz Laureada de San Fernando

El Diccionario de la Real Academia Española, define en la cuarta acepción de su diccionario el valor como: “Cualidad del ánimo que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros”. A quienes un día entramos en los Ejércitos, desde ese momento se nos supuso el valor, en el primer concepto calificado en nuestra Hoja de Servicios (Valor: Se le supone). Algunos consiguieron acreditarlo a lo largo de sus años de servicio e incluso mejorar el concepto con Muy distinguido (Medalla Militar) o Heroico (Cruz Laureada de San Fernando).

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El Valor legionario

Todo ello tiene una lógica puesto que si a un militar no se le supusiera el valor, mejor sería prescindir de él ya que la falta de esta virtud en los momentos decisivos del combate, (nuestra razón de ser, aunque a alguno se le olvide), sería catastrófica para él, la Unidad en la que esté encuadrado y no digamos nada si la manda y, en definitiva para el conjunto de la operación en que esté implicado.

Ahora bien, el que al militar se le suponga el valor no quiere decir que todos lo posean, pues para ello deben vencer una tendencia natural del hombre, cual es el instinto de conservación que, si venciera sobre la voluntad, nos impediría arrostrar esos peligros de que habla la R.A.E. Llegados a este punto, cualquiera podría objetar que se trata de una virtud contra natura y ello sería cierto si no existiera una educación en valores que no niega, pero encauza, nuestros instintos naturales.

La propia R.A.E., afirma al hablar de los valores en plural, que tienen polaridad en cuanto que son positivos o negativos y jerarquía en cuanto son superiores o inferiores. En cada momento y lugar la sociedad considera algunos valores como positivos cuando en otro lugar o momento fueron considerados como negativos. Mayor dificultad tiene su jerarquización pues el poner por encima del derecho a la vida el derecho a la libertad individual sin límites, supondría, por ejemplo, justificar el aborto.

Por todo ello, resulta conveniente reflexionar sobre qué valores debemos considerar, cuáles son positivos y, dentro de ellos establecer su jerarquía, es decir, construir una escala de valores. Esto solo se consigue con la educación, formando, desde la cuna, a la persona de una forma integral y, al referirme a la educación, no hablo de la que se adquiere en la escuela, eso es enseñanza, que complementa pero no substituye a la educación cuyas bases deben venir establecidas desde la infancia para, sobre ellas, construir la personalidad de cada uno que le llevará a distinguir los verdaderos valores y a establecer prioridades entre ellos.

Al ser la milicia una actividad donde tendremos que arrostrar conscientemente peligros y, lo que es mucho más difícil hacer que se enfrenten a ellos los que han sido puestos bajo nuestro mando, es necesario que todo militar tenga claro cuáles son los valores que justifican esa exigencia para nosotros y nuestros subordinados y cuando debemos supeditar unos valores a otros.

Por ello, dando por supuesta, como el valor, una educación en valores, debe la enseñanza militar, completar esa educación, proporcionando una formación moral (qué poco se oye este concepto) que permita a cada uno, frente al peligro hacer gala de ese valor que, a su ingreso en filas se le ha supuesto.ejercito-español

Aún teniendo claro todo esto y sabiendo que la formación militar debe ser moral, intelectual y física, ha habido épocas en la Historia en que se ha puesto mayor acento en alguna de estas facetas y el objeto de estas líneas es hacer una llamada de atención sobre el hecho de que el ser conscientes de la importancia de alguna de ellas no debe apartarnos de cultivar las demás.

La complejidad y amplitud de los conocimientos necesarios a un militar actual entraña el peligro de que se abandone, aunque sea parcialmente, el cultivo de la formación en valores, lo que resultaría catastrófico en las circunstancias en que haya que demostrar el valor en singular, como lo sería el que las condiciones físicas de un soldado no le permitieran responder al esfuerzo que el combate requiriera en momento determinado.

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Formar en el Valor y el Honor

Como conclusión, quienes mandan y educan soldados deben estar vigilantes para evitar que, llegado el momento, pudiera faltarle al soldado el valor que se le supone.

Coronel de Infantería (R.) Juan Ignacio Salafranca Álvarez

A VUELTAS CON EL VALOR Y LA INTELIGENCIA General de División Adolfo Coloma Conteras (R.)

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El blocao de la Muerte

Este mes de Julio, prodigo en noticias y sucesos que han ido salpicando el panorama internacional en plena  la calorina que estamos padeciendo sea transitoria o debida al pretendido “calentamiento global” el ayuntamiento de la capital nos vuelve a incitar a la reflexión sobre el valor y la inteligencia que, como formas antagónicas se dan cita ante una expresión tan cierta como cierta como manipulada: ¡viva la muerte!

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Anuncio de SHAKLETON

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Cartel de reclutamiento de la Legión

Si bien es cierto que al grito de ¡viva la muerte! se lanzaban al asalto los legionarios en combates como Casabona, Peña Tahuarda, el Malmusi y tantos otros,  era la sublimación, en un momento decisivo – como lo es un asalto a pecho descubierto – de unos hombres congregados voluntariamente por el Teniente coronel José Millán Astray para formar un cuerpo militar de élite y resolutivo. Así lo ha sido La Legión  a lo largo de sus casi cien años de historia.  El fundador convocó a sus hombres con un lenguaje y con un espíritu muy similar al que desplegó el explorador antártico Ernst Shakleton unos años antes para reclutar  la  tripulación del Endurance  con el propósito de realizar la primera travesía antártica: “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”.

Si comparamos este anuncio con los primeros pasquines de los Banderines de enganche de La Legión, además de comprobar las evidentes similitudes en el lenguaje, concluiremos que ambas empresas no son para hombres llamémosles “convencionales” sino para gentes de una raza especial, capaces de darlo todo por la empresa –todos juntos formamos bandera, dirán los legionarios- en circunstancias en las que, unos por las extremas condiciones ambientales a las que se tendrían que exponer y los otros por el supremo momento de enfrentar al enemigo, suponen una afirmación personal, de renuncia a su propia vida en aras de un bien que se les antoja superior: el éxito en la empresa, el valor fundado en la camaradería de los que compartiendo peligros ciertos, saben que unos dependen de los otros.

Y es que el oficio de soldado hace de “el valor” uno de los valores – permítanme la redundancia – de la profesión, tal vez el más singular de ellos. En efecto, muchas otras ocupaciones profesionales requieren organización, disciplina compañerismo, amor a la profesión, pero solo al soldado le es exigible el valor. Claro que el valor no es una cosa que se improvisa, se cultiva, se practica, requiere una práctica constante. En otro artículo anterior en torno a la condición física del militar y a la superación de obstáculos, lamentaba la falta de actividades orientadas a ejercitar el valor, como la equitación, el salto de aparatos, los deportes de contacto etc. Ahora solo trato de poner en valor “el valor” – vuelvan a ser indulgentes con tanta redundancia –

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Las cargas del IGAN. Augusto Ferrer Dalmau

Pero el valor no ha de ser irracional sino reflexivo, basado en una estimación objetiva del riesgo y el compromiso moral con la misión y con la propia unidad y exige, no lo duden sacrificio. Todas las operaciones militares, ofensivas y defensivas requieren de unos esfuerzos realizados por unidades que asuman riesgos muy superiores: el asalto, la infiltración en las líneas enemigas, son un buen ejemplo de ello, pero también la defensa a toda costa de determinadas posiciones, o la protección de la retirada, como desempeñó con todo pundonor y heroísmo el Regimiento de Caballería de Alcántara tras la penosa jornada de Annual,  para sustraer los gruesos a la acción del enemigo, a costa del sacrificio de unos pocos. Suceso que acabamos de rememorar también en este mes de Julio y que constituye una de las expresiones más acertadas del concepto militar del valor.

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Lanzamiento paracaidistas

Y es que el miedo de ser un cobarde es el miedo del valiente. Eso lo sabemos muy bien los que nos hemos enfrentado al lanzamiento en paracaídas, cuando la mente te dice –“no lo hagas, ¿para qué?- pero el corazón te impulsa a no defraudar a los demás, a ser uno más. Con todo y con ello, no hay opción a decir –NO- porque cuando se abre la puerta del avión, estás alistado y se enciende  luz verde, no es una invitación a saltar, como si de una actividad deportiva se tratase. La luz verde significa “Imperativo de salto” Ya se sabe. Imperativo: deber, exigencia inexcusable. Me he valido de este ejemplo tan palpable, pero lo mismo podríamos aducir para la patrulla que está escalando una vía de montaña, la tripulación que ocupa sus puestos en un vehículo de combate  o el zapador que abre camino a base de explosivos por poner citar algunos otros envites.

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Unamuno y Millán-Astray

No, no se opone para nada el valor a la inteligencia por más que, torticeramente, se empeñen algunos en desdibujar el recurrente incidente protagonizado por el General Millán Astray, fundador de La Legión y el Rector de la Universidad de Salamanca, Miguel Unamuno, el día 12 de Octubre de 1936. Dos personajes singulares cada uno en lo suyo. Millán Astray había dejado jirones de su cuerpo al frente de sus legionarios en los campos de batalla. No era un hombre inculto, de hecho se había diplomado en Estado Mayor en un período en el que este diploma era accesible solo para unos pocos.  Pero se había distinguido por su culto al valor: “el morir en combate es el mayor honor dejó escrito en letras de oro a sus legionarios. Por su parte don Miguel Unamuno, se había sumado al Alzamiento Nacional sin ambages, lo que no le impidió criticar y denunciar, cuando vió motivo. Era desde luego un intelectual, pero no exento de valor. Unos días antes, el claustro de la Universidad de Salamanca bajo su rectorado había dirigido un “mensaje a las universidades y academias del mundo acerca de la guerra civil española” en la que trataba de “cómo la civilización cristiana occidental, constructora de Europa, está a punto de desaparecer a manos de un ideal oriental aniquilador” (Luis Togores, Millán Astray legionario, La esfera de los libros, 2003) ¿Les suena el discurso. Ha perdido actualidad?

Me es difícil pues comprender cómo pudo don Miguel en los primeros compases de aquel sangriento y fraternal conflicto pudo decir aquello de “Venceréis pero no convenceréis”. ¿Cómo se puede lanzar este mensaje a unos muchachos, lo más granado de la intelectualidad española que marchan voluntariamente al frente a dar testimonio de sus ideas con sus propias vidas? El resto ya lo conocen.

Aquel incidente, torticeramente interpretado como sostengo, ha servido sin duda para que la comisión de la memoria histórica establecida por el ayuntamiento de la capital en su afán revisionista, proponga la sustitución del nombre de una calle dedicada a la memoria de un gran soldado de España, el general Millán Astray, cuya lección de vida y servicio inspiró y sigue inspirando a los legionarios, por otro nombre “la inteligencia” oponiendo ésta al valor. No pueden en modo alguno molestar al propio general, que descansa en una sencilla sepultura en el Cementerio de La Almudena. Ofenden intencionadamente a los legionarios, a los que están en filas y a los que por cualquier motivo ya no forman en ellas pero sienten y viven La Legión como cosa propia, porque se ofende gratuitamente a su fundador.

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Adolfo Suárez

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La Legión camino de los cien años

Qué distinta interpretación la de esta “comisión” si la comparamos con alguien nada dado a veleidades histriónicas, un hombre que supo mirar al futuro aunar esfuerzos y superar diferencias.  Me estoy refiriendo al Presidente del Gobierno Adolfo Suárez quien, en una visita que nos hizo a los legionarios del 3ª Tercio de La Legión en Fuerteventura, el 23 de Abril de 1978, nos dirigió estas inteligentes palabras: “- Caballeros legionarios. Pienso que ese desprecio vuestro por la muerte es quizás el más bello canto de amor a la vida, a una vida libre, a una vida que se ofrece al servicio de los demás-“ Ya ven que diferente interpretación del grito “viva la muerte” por alguien que bien poco tenia de militarista y si una visión de futuro.  Claro, que para eso se requiere inteligencia, conocimiento, reflexión y no vesania y provocación a unos soldados cuyo único afán es prepararse para defender a España y a los españoles.

Adolfo Coloma

General de Brigada (R) del Ejército