IRAK 29 NOVIEMBRE 2003. HÉROES ESPAÑOLES SIN LAUREADAS. EN RECUERDO A SU ENTREGA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Comandante Alberto Martínez González, Comandante Carlos Baró, Comandante José Carlos Rodríguez Pérez, Comandante José Merino Olivera, Brigada Alfonso Vega, Brigada José Lucas Egea, Sargento primero Luis Ignacio Zanón. ¡Presentes!

Se cumplen 15 años de la muerte en combate en Irak de siete de nuestros mejores soldados. Murieron combatiendo, combatiendo sí, después de sufrir un ataque armado cuando viajaban en sus vehículos y cumplían su delicada misión como agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en servicio a nuestras tropas allí destacadas. Evitaban muertes por la espalda, traidores ataques de un enemigo que no se quiso reconocer, en una guerra que vergüenza tiene que darle a  aquellos que aún la niegan. Nuestros siete valientes soldados combatieron hasta el final, sabiendo que iban a morir, por España, que la muerte no es tan horrible como parece cuando se entrega por una causa, por otras vidas que salvas, por España, y cumplieron con la máxima de nuestros valientes: <<Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo, hasta perecer todos>>. Hasta perecer todos, hasta perecer todos, hasta perecer todos… No abandonar jamás, jamás, jamás, a un hombre en el campo hasta perecer todos. Repetidlo ¡soldados! Cada día, cada hora, cada minuto: ese es el deber y la honra, el honor de ser soldado: morir por los demás.

Allí en Irak hubo héroes y actos que merecen como mínimo abrir un expediente para determinar si alguno de ellos es digno de la máxima condecoración al valor: la Laureada de San Fernando o la Medalla Militar, individual o colectiva. Estamos esperando. Allí sí hubo y estuvo el valor, el honor distinguido, excepcional.

Laureada de San Fernando

¿Es que ya no hay héroes? ¿Quiénes son los jueces que determinan la heroicidad?

No olvidemos el relato de lo que ocurrió en Irak. Solos frente a la muerte, sin ningún medio para defenderse, solo el valor, sin rendiciones, sin salvación. Todos muertos. No se ha levantado acta al valor sobre aquella actuación, sobre hasta dónde llegó su heroísmo. <<No poder hacer nada, no poder hacer nada, no poder hacer nada>>. Han quedado grabadas esas palabras en el Centro Nacional de Inteligencia español donde escucharon en directo los disparos, donde sonaba alto y claro el valor. ¡Se oye a los valientes, los matan ¿qué podemos hacer?!

En combate, en ese combate que no les querían reconocer, que ninguna medalla de guerra había para entregar sobre su féretro, que aquello no era la guerra, ¿qué era aquello?, ¿dónde estaban?

Conteste quien sepa, si es que alguno sabe algo. Hoy sobre la milicia cunde el dolor, por la ingratitud, dónde ya no se condecora a los héroes distinguidos; y me pregunto: ¿qué hicimos?, ¿por qué aguantamos aquellas humillaciones de los que no saben que la guerra es algo que no debe avergonzar a quienes la hacen porque ellos no son el por qué de esa guerra que otros declaran mientras miran para otro lado. Los soldados se limitan a deshacer lo mal hecho, con su vida, nada más, sin preguntar y sin reprochar.

Yo no soy ningún héroe, pero los he conocido y sé como son. Por eso pido algo más para ellos. Merecer estar en ese libro de oro que llenan los que han alcanzado la virtud en la milicia, los santos soldados que lucen la medalla del valor y del honor, unos, ya casi ninguno, en el pecho, otros sobre su tumba. ¿Es que nadie va a dejar de esconder su mirada?

¿Preferimos mirar a otro lado porque un héroe se asimila a guerra? Sí, hay guerras y nuestros soldados llevan años en ellas, combatiendo, enseñando a combatir y evitando los combates. Y en todos estos años ha habido y habrá héroes sin laureadas.

Todavía estamos a tiempo de enmendar nuestro desagradecimiento.

Hay que estar más atentos.

Comandante Alberto Martínez González, Comandante Carlos Baró, Comandante José Carlos Rodríguez Pérez, Comandante José Merino Olivera, Brigada Alfonso Vega, Brigada José Lucas Egea, Sargento primero Luis Ignacio Zanón. ¡Presentes!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

28 noviembre 2018

EFEMÉRIDE SEMANA DEL 9 AL 15 DE ENERO (13 DE ENERO DE 1958 “COMBATE DE EDCHERA”)

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El Caballero Legionario Maderal Oleaga

A las 7 de la mañana de aquel día la XIII Bandera sale del Aaiun hacia Edchera con misión de obtener información de contacto. A escasos kilómetros de la zona objetivo, la segunda Compañía, en vanguardia, recibe fuego intenso que la inmoviliza y dificulta la posibilidad de maniobrar. La situación obliga a la Bandera a emplearse al completo en la acción, incluso a recibir refuerzo de la IV Bandera desde el Aaiun, hasta que el enemigo se retira antes de ser copado.

Este escueto relato rememora aquel combate, casi desconocido fuera del ámbito legionario como lo es, en general, la guerra de Ifni-Sahara en la que se enmarca.

Sin embargo, en escasas cuarenta y ocho horas la XIII Bandera sufrió 87 bajas (37 muertos y 50 heridos) más un muerto y un herido de la IV Bandera.

Pero por encima de todo, sus legionarios hicieron Honor y derrocharon Sacrificio en el cumplimiento de su CREDO, sobresaliendo sus Espíritus de Disciplina y Compañerismo.

Porque todos ellos como valientes lucharon y como héroes murieron, solo nombraré al Brigada  FADRIQUE CASTROMONTE y al Legionario MADERAL OLEAGA, como últimos soldados distinguidos, a título póstumo, con la CRUZ LAUREADA DE SAN FERNANDO.

                          ¡HONOR Y GLORIA A TODOS ELLOS!        

 

                               Emilio Pérez Alamán Teniente General (R)

DEL VALOR Y LOS VALORES Coronel de Infantería (R.) Juan Ignacio Salafranca Álvarez

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Cruz Laureada de San Fernando

El Diccionario de la Real Academia Española, define en la cuarta acepción de su diccionario el valor como: “Cualidad del ánimo que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros”. A quienes un día entramos en los Ejércitos, desde ese momento se nos supuso el valor, en el primer concepto calificado en nuestra Hoja de Servicios (Valor: Se le supone). Algunos consiguieron acreditarlo a lo largo de sus años de servicio e incluso mejorar el concepto con Muy distinguido (Medalla Militar) o Heroico (Cruz Laureada de San Fernando).

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El Valor legionario

Todo ello tiene una lógica puesto que si a un militar no se le supusiera el valor, mejor sería prescindir de él ya que la falta de esta virtud en los momentos decisivos del combate, (nuestra razón de ser, aunque a alguno se le olvide), sería catastrófica para él, la Unidad en la que esté encuadrado y no digamos nada si la manda y, en definitiva para el conjunto de la operación en que esté implicado.

Ahora bien, el que al militar se le suponga el valor no quiere decir que todos lo posean, pues para ello deben vencer una tendencia natural del hombre, cual es el instinto de conservación que, si venciera sobre la voluntad, nos impediría arrostrar esos peligros de que habla la R.A.E. Llegados a este punto, cualquiera podría objetar que se trata de una virtud contra natura y ello sería cierto si no existiera una educación en valores que no niega, pero encauza, nuestros instintos naturales.

La propia R.A.E., afirma al hablar de los valores en plural, que tienen polaridad en cuanto que son positivos o negativos y jerarquía en cuanto son superiores o inferiores. En cada momento y lugar la sociedad considera algunos valores como positivos cuando en otro lugar o momento fueron considerados como negativos. Mayor dificultad tiene su jerarquización pues el poner por encima del derecho a la vida el derecho a la libertad individual sin límites, supondría, por ejemplo, justificar el aborto.

Por todo ello, resulta conveniente reflexionar sobre qué valores debemos considerar, cuáles son positivos y, dentro de ellos establecer su jerarquía, es decir, construir una escala de valores. Esto solo se consigue con la educación, formando, desde la cuna, a la persona de una forma integral y, al referirme a la educación, no hablo de la que se adquiere en la escuela, eso es enseñanza, que complementa pero no substituye a la educación cuyas bases deben venir establecidas desde la infancia para, sobre ellas, construir la personalidad de cada uno que le llevará a distinguir los verdaderos valores y a establecer prioridades entre ellos.

Al ser la milicia una actividad donde tendremos que arrostrar conscientemente peligros y, lo que es mucho más difícil hacer que se enfrenten a ellos los que han sido puestos bajo nuestro mando, es necesario que todo militar tenga claro cuáles son los valores que justifican esa exigencia para nosotros y nuestros subordinados y cuando debemos supeditar unos valores a otros.

Por ello, dando por supuesta, como el valor, una educación en valores, debe la enseñanza militar, completar esa educación, proporcionando una formación moral (qué poco se oye este concepto) que permita a cada uno, frente al peligro hacer gala de ese valor que, a su ingreso en filas se le ha supuesto.ejercito-español

Aún teniendo claro todo esto y sabiendo que la formación militar debe ser moral, intelectual y física, ha habido épocas en la Historia en que se ha puesto mayor acento en alguna de estas facetas y el objeto de estas líneas es hacer una llamada de atención sobre el hecho de que el ser conscientes de la importancia de alguna de ellas no debe apartarnos de cultivar las demás.

La complejidad y amplitud de los conocimientos necesarios a un militar actual entraña el peligro de que se abandone, aunque sea parcialmente, el cultivo de la formación en valores, lo que resultaría catastrófico en las circunstancias en que haya que demostrar el valor en singular, como lo sería el que las condiciones físicas de un soldado no le permitieran responder al esfuerzo que el combate requiriera en momento determinado.

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Formar en el Valor y el Honor

Como conclusión, quienes mandan y educan soldados deben estar vigilantes para evitar que, llegado el momento, pudiera faltarle al soldado el valor que se le supone.

Coronel de Infantería (R.) Juan Ignacio Salafranca Álvarez