ESPAÑA A SUS HÉROES. HÉROES DE ESPAÑA (REAL Y MILITAR ORDEN DE SAN FERNANDO) Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Banderas Laureadas

La Real y Militar Orden de San Fernando, primera Orden española de carácter militar, tiene por objeto honrar el reconocido valor heroico y el muy distinguido, como virtudes que, con abnegación, inducen a acometer acciones excepcionales o extraordinarias, individuales o colectivas, siempre en servicio y beneficio de España.

<<El valor heroico es la virtud sublime que, con relevante esfuerzo de la voluntad, induce a acometer excepcionales acciones, hechos o servicios militares, bien individuales o colectivos, con inminente riesgo de la propia vida y siempre en servicio y beneficio de la Patria o de la paz y seguridad de la Comunidad Internacional>>.

<<El valor muy distinguido es la virtud que, sin llegar a tener la consideración de valor heroico según se define en el apartado anterior, sobresale muy significativamente del valor exigible a cualquier militar en el desarrollo de operaciones armadas, llevando a acometer acciones, hechos o servicios militares, individuales o colectivos, de carácter extraordinario que impliquen notables cambios favorables y ventajas tácticas para las fuerzas propias o para la misión encomendada>>.

SM. el Rey visita la R. y M. Orden de San Fernado

<<La Cruz Laureada de San Fernando y la Medalla Militar son las recompensas que integran la Real y Militar Orden de San Fernando>> (Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernado).

ESPAÑA A SUS HÉROES

España a sus héroes dice el Escudo de la Orden. Pero ya no hay héroes y la Orden se muere. Lo hace no solo por la edad, porque desaparecen sus laureados, sino también por la ley, por tener que ocultarlos.

Parece que los actos heroicos se han terminado en los Ejércitos de España. ¿Ya no hay héroes? Les aseguro que en los años recientes, en las misiones de mantenimiento de paz y en las de combate en las que han participado nuestras tropas, ha habido héroes, anónimos muchos, otros han sido conocidos, pero… silencio para reconocer los méritos heroicos. ¡Silencio! ¡No hay guerras, no hay héroes! Que nadie pronuncie esas malditas palabras. Podría contar más de un caso… A cambio, en ese tiempo cercano, que aún duele, se escatimaban las condecoraciones, se ocultaba a los héroes caídos y se enterraba a los muertos con prisa, con nocturnidad. El escándalo hizo que con precipitación se cambiase el reglamento de concesión de condecoraciones, pero ¡ojo!, sin pasarse y de héroes ni hablar. No hay soldados héroes en esta paz ficticia que el mundo se ha dado. Es sinónimo de desasosiego, de inquietud; es mejor vender la imagen pacifista. Aquí no pasa nada y lo de allí son cosas de soldados.

El Rey Don Juan Carlos impone la Laureada de San Fernando al Regimiento Alcántara

Estaba encima de la mesa, en discusión, la Laureada Colectiva al Regimiento de Caballería Alcántara por su acción heroica en la retirada de Annual (1921). El ministerio de Defensa dijo: ¡No! Tuvo que cambiar el Gobierno y el titular de Defensa para que se dijese: ¡Sí!

Los héroes metidos indecentemente en rencores y luchas ideológicas. No se pueden olvidar estas hostilidades, con mucho de traición, porque pasan, pero vuelven. Vuelven reforzadas, con más inquina y traición.

La Real y Militar Orden de San Fernando se muere y no por la edad sino por la Ley. Es una Orden cuya misión principal es conservar y predicar, en el ejemplo de los historiales que custodia, el valor y el honor.

En la R. y M. Orden se entra por el valor y el honor. Y no se puede salir de ella por capricho del legislador sino solo, solo, por haber faltado al honor o al valor. Esa es la responsabilidad de los que custodian los expedientes, administran el legado de los héroes, y les corresponde la relación Institucional.

Ya no queda ningún Laureado con vida. Medallas Militares, según mis últimos datos, quedan seis a los que deseamos vivan muchos años más.

Pero, aunque no quede ninguno con vida, es la misión de la Real y Militar Orden, la de todos, conservar su recuerdo y ejemplo. Todos estarán y deben estar presentes, siempre, en esa institución cuya misión no es solo administrativa sino mucho más importante: espiritual. Porque son los héroes de España, y España se debe a sus héroes, sin más, sin preguntar, sin analizar más allá del valor y el honor, lo que la historia concedió al que su vida como héroe le entregó.

Regulares la unidad más condecorada del Ejército español.

Y aquí viene el gran interrogante.  En la Guerra Civil se concedieron –y ruego a la Real y Militar Orden de San Fernando me corrija el dato si hay error- alrededor de 70 Laureadas Individuales y 1214 Medallas Militares Individuales. A esos números hay que sumar los de Laureadas y Medallas Militares Colectivas que lucen las banderas de las unidades que las obtuvieron, aunque muchas de ellas han desaparecido y, lo que aún es peor, sus historiales duermen en la oscuridad de la historia olvidada con alevosía.

¿Qué se va a hacer con esas banderas, con esos hombres, con esos héroes a los que el capricho, la maldad, la inquina de un partido que vuelve a las andadas, quiere borrar a golpe de leyes? Hubo una primera ley llamada de Memoria Histórica, que se ha hecho dueña y señora de una falsa historia. Por ella, por la tibieza de muchos, también de algunos uniformados, se han borrado nombres de héroes de las calles de los Regimientos y retirado de las efemérides sus acciones ¿Por qué? ¿Qué calificación le da la ley a esos hechos? ¿Qué calificación le da la Asamblea de la Real y Militar Orden?

¿Habrá que destruir sus historiales? ¿Desprender de las banderas las corbatas Laureadas? ¿Borrar de la historia militar a miles de héroes?

Son cerca de dos mil expedientes de los héroes de España. ¿Qué va a pasar con ellos a raíz de la nueva propuesta que ha tenido entrada en el Congreso de los Diputados y que a tenor de lo que oímos y vemos será aprobada?

Guardo con fervor, como ejemplo y honor, con devoción, la Medalla Militar Individual de mi padre ganada en Ciempozuelos al frente de una Sección de Regulares, la unidad más condecorada del Ejército español.

Nunca me habló de aquello y tuve que enterarme de lo que protagonizó leyendo a hurtadillas su hoja de servicios. Nunca hablé con mi padre de la Guerra Civil porque me decía que aquello había que olvidarlo y seguir caminando. Pero yo leía su acción, con fervor, sin rencor, sin enemigo al que señalar porque una bala le llevó al depósito de cadáveres de donde un milagroso médico le recuperó.

No hay rencor en mis palabras. Ni siquiera para los que pretenden revivir aquello que nos ancló en el dolor y el enfrentamiento.

Si la historia se escribe o se relata con rencor, no es historia sino dolor. Y dolor es lo que siento al ver como un viento inoportuno, presagio de otros males, se levanta en España dejando al descubierto heridas pasadas.

Los campos, aquellos de la guerra, están ahora sobrecogedoramente solitarios. Allí han quedado los de un bando y los del otro. En el fondo eran los mismos, en un bando y en el otro.

Dejad que los héroes, de uno y otro lado, todos, permanezcan con honor y el merecido respeto; y se les recuerde sobre el campo de batalla. Allí estarán sus historiales, en la tierra ardiente que ahora brota de plenitud. No habrá ley que impida recordar lo que en esas soledades ocurrió. Soledades que nadie tiene derecho a emponzoñar. Solo a meditar, a recordar con respeto y fervor; a un lado el rencor.

Lucirán las cunetas de jaramagos y amapolas. No volvamos a encenderlas.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

Publicado el 22 febrero 2018

IRAK 29 NOVIEMBRE 2003. HÉROES ESPAÑOLES SIN LAUREADAS. EN RECUERDO A SU ENTREGA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Comandante Alberto Martínez González, Comandante Carlos Baró, Comandante José Carlos Rodríguez Pérez, Comandante José Merino Olivera, Brigada Alfonso Vega, Brigada José Lucas Egea, Sargento primero Luis Ignacio Zanón. ¡Presentes!

Se cumplen 15 años de la muerte en combate en Irak de siete de nuestros mejores soldados. Murieron combatiendo, combatiendo sí, después de sufrir un ataque armado cuando viajaban en sus vehículos y cumplían su delicada misión como agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en servicio a nuestras tropas allí destacadas. Evitaban muertes por la espalda, traidores ataques de un enemigo que no se quiso reconocer, en una guerra que vergüenza tiene que darle a  aquellos que aún la niegan. Nuestros siete valientes soldados combatieron hasta el final, sabiendo que iban a morir, por España, que la muerte no es tan horrible como parece cuando se entrega por una causa, por otras vidas que salvas, por España, y cumplieron con la máxima de nuestros valientes: <<Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo, hasta perecer todos>>. Hasta perecer todos, hasta perecer todos, hasta perecer todos… No abandonar jamás, jamás, jamás, a un hombre en el campo hasta perecer todos. Repetidlo ¡soldados! Cada día, cada hora, cada minuto: ese es el deber y la honra, el honor de ser soldado: morir por los demás.

Allí en Irak hubo héroes y actos que merecen como mínimo abrir un expediente para determinar si alguno de ellos es digno de la máxima condecoración al valor: la Laureada de San Fernando o la Medalla Militar, individual o colectiva. Estamos esperando. Allí sí hubo y estuvo el valor, el honor distinguido, excepcional.

Laureada de San Fernando

¿Es que ya no hay héroes? ¿Quiénes son los jueces que determinan la heroicidad?

No olvidemos el relato de lo que ocurrió en Irak. Solos frente a la muerte, sin ningún medio para defenderse, solo el valor, sin rendiciones, sin salvación. Todos muertos. No se ha levantado acta al valor sobre aquella actuación, sobre hasta dónde llegó su heroísmo. <<No poder hacer nada, no poder hacer nada, no poder hacer nada>>. Han quedado grabadas esas palabras en el Centro Nacional de Inteligencia español donde escucharon en directo los disparos, donde sonaba alto y claro el valor. ¡Se oye a los valientes, los matan ¿qué podemos hacer?!

En combate, en ese combate que no les querían reconocer, que ninguna medalla de guerra había para entregar sobre su féretro, que aquello no era la guerra, ¿qué era aquello?, ¿dónde estaban?

Conteste quien sepa, si es que alguno sabe algo. Hoy sobre la milicia cunde el dolor, por la ingratitud, dónde ya no se condecora a los héroes distinguidos; y me pregunto: ¿qué hicimos?, ¿por qué aguantamos aquellas humillaciones de los que no saben que la guerra es algo que no debe avergonzar a quienes la hacen porque ellos no son el por qué de esa guerra que otros declaran mientras miran para otro lado. Los soldados se limitan a deshacer lo mal hecho, con su vida, nada más, sin preguntar y sin reprochar.

Yo no soy ningún héroe, pero los he conocido y sé como son. Por eso pido algo más para ellos. Merecer estar en ese libro de oro que llenan los que han alcanzado la virtud en la milicia, los santos soldados que lucen la medalla del valor y del honor, unos, ya casi ninguno, en el pecho, otros sobre su tumba. ¿Es que nadie va a dejar de esconder su mirada?

¿Preferimos mirar a otro lado porque un héroe se asimila a guerra? Sí, hay guerras y nuestros soldados llevan años en ellas, combatiendo, enseñando a combatir y evitando los combates. Y en todos estos años ha habido y habrá héroes sin laureadas.

Todavía estamos a tiempo de enmendar nuestro desagradecimiento.

Hay que estar más atentos.

Comandante Alberto Martínez González, Comandante Carlos Baró, Comandante José Carlos Rodríguez Pérez, Comandante José Merino Olivera, Brigada Alfonso Vega, Brigada José Lucas Egea, Sargento primero Luis Ignacio Zanón. ¡Presentes!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

28 noviembre 2018

ESPAÑA A SUS HÉROES. HÉROES DE ESPAÑA (REAL Y MILITAR ORDEN DE SAN FERNANDO) Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Banderas Laureadas

La Real y Militar Orden de San Fernando, primera Orden española de carácter militar, tiene por objeto honrar el reconocido valor heroico y el muy distinguido, como virtudes que, con abnegación, inducen a acometer acciones excepcionales o extraordinarias, individuales o colectivas, siempre en servicio y beneficio de España.

<<El valor heroico es la virtud sublime que, con relevante esfuerzo de la voluntad, induce a acometer excepcionales acciones, hechos o servicios militares, bien individuales o colectivos, con inminente riesgo de la propia vida y siempre en servicio y beneficio de la Patria o de la paz y seguridad de la Comunidad Internacional.

El valor muy distinguido es la virtud que, sin llegar a tener la consideración de valor heroico según se define en el apartado anterior, sobresale muy significativamente del valor exigible a cualquier militar en el desarrollo de operaciones armadas, llevando a acometer acciones, hechos o servicios militares, individuales o colectivos, de carácter extraordinario que impliquen notables cambios favorables y ventajas tácticas para las fuerzas propias o para la misión encomendada.

SM. el Rey visita la R. y M. Orden de San Fernado

La Cruz Laureada de San Fernando y la Medalla Militar son las recompensas que integran la Real y Militar Orden de San Fernando>> (Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernado).

ESPAÑA A SUS HÉROES

España a sus héroes dice el Escudo de la Orden. Pero ya no hay héroes y la Orden se muere. Lo hace no solo por la edad, porque desaparecen sus laureados, sino también por la ley, por tener que ocultarlos.

Parece que los actos heroicos se han terminado en los Ejércitos de España. ¿Ya no hay héroes? Les aseguro que en los años recientes, en las misiones de mantenimiento de paz y en las de combate en las que han participado nuestras tropas, ha habido héroes, anónimos muchos, otros han sido conocidos, pero… silencio para reconocer los méritos heroicos. ¡Silencio! ¡No hay guerras, no hay héroes! Que nadie pronuncie esas malditas palabras. Podría contar más de un caso… A cambio, en ese tiempo cercano, que aún duele, se escatimaban las condecoraciones, se ocultaba a los héroes caídos y se enterraba a los muertos con prisa, con nocturnidad. El escándalo hizo que con precipitación se cambiase el reglamento de concesión de condecoraciones, pero ¡ojo!, sin pasarse y de héroes ni hablar. No hay soldados héroes en esta paz ficticia que el mundo se ha dado. Es sinónimo de desasosiego, de inquietud; es mejor vender la imagen pacifista. Aquí no pasa nada y lo de allí son cosas de soldados.

El Rey Don Juan Carlos impone la Laureada de San Fernando al Regimiento Alcántara

Estaba encima de la mesa, en discusión, la Laureada Colectiva al Regimiento de Caballería Alcántara por su acción heroica en la retirada de Annual (1921). El ministerio de Defensa dijo: ¡No! Tuvo que cambiar el Gobierno y el titular de Defensa para que se dijese: ¡Sí!

Los héroes metidos indecentemente en rencores y luchas ideológicas. No se pueden olvidar estas hostilidades, con mucho de traición, porque pasan, pero vuelven. Vuelven reforzadas, con más inquina y traición.

La Real y Militar Orden de San Fernando se muere y no por la edad sino por la Ley. Es una Orden cuya misión principal es conservar y predicar, en el ejemplo de los historiales que custodia, el valor y el honor.

En la R. y M. Orden se entra por el valor y el honor. Y no se puede salir de ella por capricho del legislador sino solo, solo, por haber faltado al honor o al valor. Esa es la responsabilidad de los que custodian los expedientes, administran el legado de los héroes, y les corresponde la relación Institucional.

Ya no queda ningún Laureado con vida. Medallas Militares, según mis últimos datos, quedan seis a los que deseamos vivan muchos años más.

Pero, aunque no quede ninguno con vida, es la misión de la Real y Militar Orden, la de todos, conservar su recuerdo y ejemplo. Todos estarán y deben estar presentes, siempre, en esa institución cuya misión no es solo administrativa sino mucho más importante: espiritual. Porque son los héroes de España, y España se debe a sus héroes, sin más, sin preguntar, sin analizar más allá del valor y el honor, lo que la historia concedió al que su vida como héroe le entregó.

Regulares la unidad más condecorada del Ejército español.

Y aquí viene el gran interrogante.  En la Guerra Civil se concedieron –y ruego a la Real y Militar Orden de San Fernando me corrija el dato si hay error- alrededor de 70 Laureadas Individuales y 1214 Medallas Militares Individuales. A esos números hay que sumar los de Laureadas y Medallas Militares Colectivas que lucen las banderas de las unidades que las obtuvieron, aunque muchas de ellas han desaparecido y, lo que aún es peor, sus historiales duermen en la oscuridad de la historia olvidada con alevosía.

¿Qué se va a hacer con esas banderas, con esos hombres, con esos héroes a los que el capricho, la maldad, la inquina de un partido que vuelve a las andadas, quiere borrar a golpe de leyes? Hubo una primera ley llamada de Memoria Histórica, que se ha hecho dueña y señora de una falsa historia. Por ella, por la tibieza de muchos, también de algunos uniformados, se han borrado nombres de héroes de las calles de los Regimientos y retirado de las efemérides sus acciones ¿Por qué? ¿Qué calificación le da la ley a esos hechos? ¿Qué calificación le da la Asamblea de la Real y Militar Orden?

¿Habrá que destruir sus historiales? ¿Desprender de las banderas las corbatas Laureadas? ¿Borrar de la historia militar a miles de héroes?

Son cerca de dos mil expedientes de los héroes de España. ¿Qué va a pasar con ellos a raíz de la nueva propuesta que ha tenido entrada en el Congreso de los Diputados y que a tenor de lo que oímos y vemos será aprobada?

Guardo con fervor, como ejemplo y honor, con devoción, la Medalla Militar Individual de mi padre ganada en Ciempozuelos al frente de una Sección de Regulares, la unidad más condecorada del Ejército español.

Nunca me habló de aquello y tuve que enterarme de lo que protagonizó leyendo a hurtadillas su hoja de servicios. Nunca hablé con mi padre de la Guerra Civil porque me decía que aquello había que olvidarlo y seguir caminando. Pero yo leía su acción, con fervor, sin rencor, sin enemigo al que señalar porque una bala le llevó al depósito de cadáveres de donde un milagroso médico le recuperó.

No hay rencor en mis palabras. Ni siquiera para los que pretenden revivir aquello que nos ancló en el dolor y el enfrentamiento.

Si la historia se escribe o se relata con rencor, no es historia sino dolor. Y dolor es lo que siento al ver como un viento inoportuno, presagio de otros males, se levanta en España dejando al descubierto heridas pasadas.

Los campos, aquellos de la guerra, están ahora sobrecogedoramente solitarios. Allí han quedado los de un bando y los del otro. En el fondo eran los mismos, en un bando y en el otro.

Dejad que los héroes, de uno y otro lado, todos, permanezcan con honor y el merecido respeto; y se les recuerde sobre el campo de batalla. Allí estarán sus historiales, en la tierra ardiente que ahora brota de plenitud. No habrá ley que impida recordar lo que en esas soledades ocurrió. Soledades que nadie tiene derecho a emponzoñar. Solo a meditar, a recordar con respeto y fervor; a un lado el rencor.

Pronto lucirán las cunetas de jaramagos y amapolas. No volvamos a encenderlas.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

22 febrero 2018

LA REAL Y MILITAR ORDEN DE SAN FERNANDO Rafael Dávila Álvarez General de División (R.)

La más importante recompensa al valor militar existente en España es la Orden Nacional de San Fernando, primer nombre que tomó y que inicialmente estaba destinada escuetamente a premiar el heroísmo, sin prodigar grados ni ascensos. Se creó el 31 de Agosto de 1811 por Decreto LXXXVIII que estableció “un orden regular para excitar el noble amor patriótico” para “que sólo el distinguido mérito sea convenientemente premiado y que nunca pueda el favor ocupar el lugar de la injusticia”. Fue refrendada por Real Decreto de S. M. el Rey Don. FernandoVII el 28 de Noviembre de 1814. En Enero de 1815, la Orden cambió su nombre por el de Real y Militar, y en el reverso de la cruz se puso la frase “El Rey y la Patria”. Volvió a haber cambios, y en 1820 regresó a la denominación inicial para volver a ser Real y Militar en 1823. Con la aparición de otras condecoraciones  la de San Fernando había decaído, revitalizándose en 1856 con la imposición de normas muy estrictas para su concesión y evitando que cayese en el descrédito. El laurel con el que estaba orleada fue lo que le dio popularidad, convirtiéndose en el símbolo de la Orden, e hizo que se conociese como “Laureada”.

Al reservarse la Orden de San Fernando para actos heroicos, se creó otra nueva condecoración para acciones de valor y mérito que no llegasen al grado máximo, fundándose la Orden del Mérito Militar el 3 de Agosto de 1864, y la del Mérito Naval dos años después. Valor heroico una, valor distinguido la otra.

Medalla Militar

En 1920 el reglamento de la Cruz Laureada de San Fernando depuró de nuevo la Orden de intromisiones políticas y la dedicó exclusivamente al servicio del heroísmo. La Medalla Militar surgió para sustituir a las desaparecidas Cruces de San Fernando de primera y tercera clases, que eran las que no llevaban el laurel. Ambas podían concederse a título individual o colectivo y sólo en tiempo de guerra. La Medalla Naval apareció en 1921.

En 1937 el Gobierno del General Franco estableció un Reglamento de Recompensas en el que el “ascenso por méritos  de guerra”, por primera vez, se consideraba antes que la Laureada.

La ley General de Recompensas de las Fuerzas Armadas de Agosto de 1970, emprendió la tarea de unificar las recompensas dejando claro que la máxima condecoración en guerra era la Cruz Laureada de San Fernando, por encima de cualquier otra recompensa.

Por RD.2091/1978, de 3 de Junio se aprobó el Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando.

Finalmente por Real Decreto 899/2001, de 27 de Julio, se aprueba el Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando actualmente en vigor. Como principal innovación y ante el riesgo cierto de desaparición de los Caballeros Laureados, base fundamental  de la existencia de tan gloriosa Orden, se opta por incorporar a ella a los Caballeros, Damas y Unidades, Centros y Organismos militares recompensados con la Medalla Militar.

Constituyen principios del Reglamento, reafirmar el carácter de primera Orden Militar española de la Real y Militar Orden de San Fernando; mantener inalterada su finalidad; revitalizarla; adaptar la terminología y léxico del Reglamento al derecho vigente y a las definiciones admitidas y utilizadas internacionalmente; y designar los diversos tipos de conflictos armados y operaciones militares que pueden dar lugar a la concesión de estas recompensas.

Su artículo 1 dice:

“La Real y Militar Orden de San Fernando, primera Orden española de carácter militar, tiene por objeto honrar el reconocido valor heroico y el muy distinguido, como virtudes que, con abnegación, inducen a acometer acciones excepcionales o extraordinarias, individuales o colectivas, siempre en servicio y beneficio de España.

Regulares la unidad más condecorada del Ejército español

Dichas acciones tendrán tales consideraciones cuando se produzcan durante intervenciones de sus Fuerzas Armadas, o cuando éstas participen en misiones de fuerzas multinacionales, bajo mandato de Organizaciones Internacionales o Alianzas de las que España forme parte”.

Las Unidades más condecoradas del Ejército español son los Grupos de Fuerzas Regulares Indígenas, “Los Regulares”, que vemos desfilar todos los años el 12 de Octubre en Madrid. Cuentan en su conjunto con 56 Laureadas Individuales, 17 colectivas; 194 Medallas Militares Individuales y 61 colectivas. Fueron fundados en 1911. La Bandera del Grupo de Regulares de Ceuta nº 54 es la más Laureada de todas las que existen en el Ejército de Tierra español. Luce las corbatas de 10 Laureadas colectivas y 29 de Medallas Militares colectivas.

Le sigue La Legión que cuenta con 22 Laureadas Individuales, 7 colectivas; 211 Medallas Militares individuales y 22 colectivas. Fue fundada en 1920.

El Teniente General Adolfo Esteban Ascensión fue el último superviviente de los Caballeros Laureados y fallecía el 7 de Noviembre de 2007.

Placa Laureada de Madrid

Placa laureada de Madrid

El 5 de Marzo de 1937 el Gobierno de la República (Azaña Presidente y es Largo Caballero el del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra) se publica un Decreto en la Gaceta de la República que determina las recompensas que con motivo de “la actual campaña” podían concederse.

Así se crean las siguientes recompensa: “Medalla de la Libertad”, honorífica; la “Placa Laureada de Madrid”, honorífica; el ascenso al empleo inmediato; y la “Medalla de Sufrimientos por la Patria”, honorífica. En su artículo transitorio se prohíbe el uso de las antiguas condecoraciones. Posteriormente la Placa Laureada de Madrid pasó a ser pensionada.

Las condecoraciones en vigor hasta esa fecha no se suprimieron, sino simplemente se prohibió su uso hasta que, una vez terminada la campaña, o antes si se consideraba oportuno, resolviese el Gobierno sobre ese particular.

El 25 de Mayo del mismo año se publica otro Decreto en el que se aprueba el Reglamento de la “Placa Laureada de Madrid” en el que figura la medalla, que consta de la tradicional corona de laurel en esmalte verde, la estrella de cinco puntas en esmalte rojo y un medallón central, de soldado con casco, en el que se lee, “La República a sus Héroes”.

La publicación de estos decretos tiene aspectos que suscitan algunos comentarios.

El primer Decreto está firmado en Barcelona y el segundo en Valencia como consecuencia del abandono o huida del Gobierno republicano de la Capital, dejando solo en Madrid a Miaja, que se hace cargo de su defensa al frente de la Junta de Defensa.

La condecoración “Placa Laureada de Madrid” provocó numerosas críticas pensando que alguno de los “huidos” pudiese concederse tan alta condecoración sin dar la cara en el lugar y el momento que las circunstancias lo requerían. De hecho en el Diario ABC de  Madrid, entonces republicano, el 27 de Mayo de 1937, su Director Elfidio Alonso escribe su habitual editorial firmado con el seudónimo de Sagitario (La Flecha en el Blanco), en el que se alegra de la creación de esta condecoración, pero critica duramente al Gobierno republicano por abandonar la Capital. “Unos se fueron, y otros se quedaron. Entre los que se quedaron, están los futuros poseedores de la Placa Laureada de Madrid…No es admisible que con esta condecoración ocurra lo que con tantas otras cosas está ocurriendo; es decir, que vuelvan ahora a Madrid a presumir de héroes los que se fueron el 7 de Noviembre”. Mal empezaba esta condecoración que a lo largo de su breve historia fue concedida a los Generales Miaja y Rojo, al Mayor del Arma de Aviación Leocadio Mendiola y al Capitán de Corbeta Luis González de Ubieta. A este último se le concedió por el hundimiento del Crucero “Baleares” en el que murieron cerca de 800 hombres del otro bando.

Fueron propuestos también para la Placa el Mayor de Caballería Manuel Fontela Frois, el Teniente Coronel de Infantería de Marina Ambrosio Ristori de la Cuadra, el Mayor Comandante Domiciano Leal y el también Mayor Comandante Manuel Álvarez Álvarez.

El Rey impone la Laureada al Regimiento de Caballería Alcántara

Todas las historias de estos héroes tienen un denominador común: EJEMPLO, VALOR Y SACRIFICIO y ocurrieron en ambos bandos aunque en el republicano no se reconociesen por desidia o desorganización. La creación de la Placa Laureada de Madrid impidió que la tradicional Laureada de 1811 fuese concedida a los que lucharon en ese bando. Y que hubo héroes merecedores de ella nadie lo duda. Aquí se trata de premiar el valor con riesgo de la vida, condecoración al servicio del heroísmo, sin intromisiones políticas y sin odios ni revanchismos. Se exalta el valor en un acto concreto, normalmente ejecutado por gente sencilla y humilde. Cuando termina la contienda los buenos soldados se saludan y se rinden honores y si ha sido entre hermanos, se abrazan sin olvidar la culpa de cada uno ni los motivos que provocaron el enfrentamiento, siempre con la verdad por delante y sin imposiciones doctrinales de los que teorizan mucho, saben poco y no han sufrido nunca.

Sin la injerencia de tantos intelectuales de la nada, los españoles de a pie hace tiempo tendrían olvidado el rencor y el odio que provocan estas confrontaciones y estarían fundidos en un abrazo; sin exaltación por parte de los enfrentados; que otros provocan. Un héroe, por definición, nunca puede ser un provocador ni un exaltado y menos hacer gala de sus méritos.

El último Laureado del Ejército español: Caballero Legionario Juan Maderal Oleaga

¡Que sólo el distinguido mérito sea convenientemente premiado y que nunca pueda el favor ocupar el lugar de la injusticia! Decía el Decreto de fundación de la Real y Militar Orden de San Fernando.

“Porque aquí a la sangre excede

el lugar que uno se hace

y sin mirar cómo nace

se mira como procede”.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Blog: generaldavila.com

23 octubre 2017