EL RESCATE DE UN PILOTO DEL EJÉRCITO DE LOS ESTADOS UNIDOS EN IRÁN. CON EL SAGRADO JURAMENTO DE NO ABANDONAR JAMÁS A UN HOMBRE EN EL CAMPO HASTA PERECER TODOS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez.

Estos días de guerra. ¿Quién lo diría? Calles llenas, terrazas y restaurantes, rezos y cuaresmas, ritos y milagros. Lo es que el mundo viva guerra y paz con la misma frialdad y desinterés. Cuaresma y fiesta.

Liturgias en la calle que tanto sabe de táctica y estrategias de supervivencia.

Guerra en Irán. ¿Dónde?

Un piloto derribado está perdido por tierra hostil. La operación de rescate se pone en marcha.

Las unidades de Operaciones Especiales de cualquier nación ensayan con gran rigurosidad y sacrificio una de las maniobras más difíciles que se les pueden asignar: Evasión y escape. Se trata de recuperar a un hombre propio caído en territorio enemigo. Puede ser miembro de una tripulación o cualquier otra circunstancia por la que haya que recuperarlo y extraerlo del territorio enemigo. La operación es de máximo riesgo y se debe tener preparada con antelación para así contar con una red secreta de colaboradores que faciliten la extracción.

Estados Unidos ha dado un ejemplo de eficacia al recuperar a dos pilotos desde territorio enemigo sobre todo la del coronel del F-15 Strike Eagle herido durante el proceso de eyección en el sur de Irán, que pudo escapar por su propio pie y mantenerse escondido hasta ser localizado y rescatado.

Al margen de las dificultades, éxito y ejecución impecable, hay que ofrecer el verdadero valor, el profundo significado de este rescate.

Cualquier soldado bien instruido y adiestrado sabe que su destino es morir si necesario fuese y que esa posibilidad le acompaña sin que pueda bajo ningún concepto ser una rémora en su misión, sino todo lo contrario. Asumido el riesgo, detrás viene un concepto sagrado. Es el del compañerismo. En el Credo de la Legión está escrito y cada legionario lo tiene grabado a fuego en su corazón: “Con el sagrado juramento de no abandonar jamas a un hombre en el campo hasta perecer todos”.

Así puede uno encaminarse al combate, a la muerte, cuando sabes que todos morirán contigo, que jamás tu cuerpo quedará en manos enemigas, que nunca quedarás solo aún muerto, aunque para ello deban morir todos. Por eso la vida militar no está hecha para todos. Por eso es admirable ese juramento, esa religión de hombres honrados cuyo espíritu les  lleva a ir más allá del sacrificio: ¡Hasta morir todos!

Un Ejército no son masa, es compañía, espíritus forjados en la virtud, en pequeñas cosas casi inentendibles, absurdas para muchos, detalles forjados en la vida diaria del sacrificio, de estar juntos muchas horas, de riesgos en común, de disciplina, cumplimiento y una soledad que solo se llena con la del que está a tu lado, que ni uno ni otro sabe cual es mayor y más honda, pero comparten como una sola.

Un solo hombre en su soledad y riesgo, se enfrenta a todo el enemigo junto mientras espera. Confía. Sabe que su Ejército, entero, desde su presidente hasta el último soldado ayer ingresado están en marcha para liberarlo. Lo sabe, espera, no desespera, oye cada rumor del viento, se sabe libre aun acosado, perseguido y amenazado, pero sin miedo. No hay nada desconocido en un Ejército de soldados.

Eso hace una nación grande y a su Ejército invencible.

Salvar a un compañero es una victoria superior a la guerra. La moral de un Ejército está en el compañerismo auténtico, el que exige dar la vida.

En la guerra surgen las reacciones más humanas, todas, buenas y malas, nos acompañan en guerra y paz, aunque tenga que ser ese momento en el que la muerte se vislumbra necesario para que lo humano se eleve a lo sagrado. «Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos».

No me pidas que te lo explique. No sabría más allá del hombre.  En días de guerra. Guerra y paz. Cuaresma y fiesta.

General de División (R.)  Rafael Dávila Álvarez.

Blog: generaldavila.com

6 abril 2026

 

IRAK 29 NOVIEMBRE 2003. HÉROES ESPAÑOLES SIN LAUREADAS. EN RECUERDO A SU ENTREGA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Comandante Alberto Martínez González, Comandante Carlos Baró, Comandante José Carlos Rodríguez Pérez, Comandante José Merino Olivera, Brigada Alfonso Vega, Brigada José Lucas Egea, Sargento primero Luis Ignacio Zanón. ¡Presentes!

Se cumplen 15 años de la muerte en combate en Irak de siete de nuestros mejores soldados. Murieron combatiendo, combatiendo sí, después de sufrir un ataque armado cuando viajaban en sus vehículos y cumplían su delicada misión como agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en servicio a nuestras tropas allí destacadas. Evitaban muertes por la espalda, traidores ataques de un enemigo que no se quiso reconocer, en una guerra que vergüenza tiene que darle a  aquellos que aún la niegan. Nuestros siete valientes soldados combatieron hasta el final, sabiendo que iban a morir, por España, que la muerte no es tan horrible como parece cuando se entrega por una causa, por otras vidas que salvas, por España, y cumplieron con la máxima de nuestros valientes: <<Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo, hasta perecer todos>>. Hasta perecer todos, hasta perecer todos, hasta perecer todos… No abandonar jamás, jamás, jamás, a un hombre en el campo hasta perecer todos. Repetidlo ¡soldados! Cada día, cada hora, cada minuto: ese es el deber y la honra, el honor de ser soldado: morir por los demás.

Allí en Irak hubo héroes y actos que merecen como mínimo abrir un expediente para determinar si alguno de ellos es digno de la máxima condecoración al valor: la Laureada de San Fernando o la Medalla Militar, individual o colectiva. Estamos esperando. Allí sí hubo y estuvo el valor, el honor distinguido, excepcional.

Laureada de San Fernando

¿Es que ya no hay héroes? ¿Quiénes son los jueces que determinan la heroicidad?

No olvidemos el relato de lo que ocurrió en Irak. Solos frente a la muerte, sin ningún medio para defenderse, solo el valor, sin rendiciones, sin salvación. Todos muertos. No se ha levantado acta al valor sobre aquella actuación, sobre hasta dónde llegó su heroísmo. <<No poder hacer nada, no poder hacer nada, no poder hacer nada>>. Han quedado grabadas esas palabras en el Centro Nacional de Inteligencia español donde escucharon en directo los disparos, donde sonaba alto y claro el valor. ¡Se oye a los valientes, los matan ¿qué podemos hacer?!

En combate, en ese combate que no les querían reconocer, que ninguna medalla de guerra había para entregar sobre su féretro, que aquello no era la guerra, ¿qué era aquello?, ¿dónde estaban?

Conteste quien sepa, si es que alguno sabe algo. Hoy sobre la milicia cunde el dolor, por la ingratitud, dónde ya no se condecora a los héroes distinguidos; y me pregunto: ¿qué hicimos?, ¿por qué aguantamos aquellas humillaciones de los que no saben que la guerra es algo que no debe avergonzar a quienes la hacen porque ellos no son el por qué de esa guerra que otros declaran mientras miran para otro lado. Los soldados se limitan a deshacer lo mal hecho, con su vida, nada más, sin preguntar y sin reprochar.

Yo no soy ningún héroe, pero los he conocido y sé como son. Por eso pido algo más para ellos. Merecer estar en ese libro de oro que llenan los que han alcanzado la virtud en la milicia, los santos soldados que lucen la medalla del valor y del honor, unos, ya casi ninguno, en el pecho, otros sobre su tumba. ¿Es que nadie va a dejar de esconder su mirada?

¿Preferimos mirar a otro lado porque un héroe se asimila a guerra? Sí, hay guerras y nuestros soldados llevan años en ellas, combatiendo, enseñando a combatir y evitando los combates. Y en todos estos años ha habido y habrá héroes sin laureadas.

Todavía estamos a tiempo de enmendar nuestro desagradecimiento.

Hay que estar más atentos.

Comandante Alberto Martínez González, Comandante Carlos Baró, Comandante José Carlos Rodríguez Pérez, Comandante José Merino Olivera, Brigada Alfonso Vega, Brigada José Lucas Egea, Sargento primero Luis Ignacio Zanón. ¡Presentes!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

28 noviembre 2018