LA REAL Y MILITAR ORDEN DE SAN FERNANDO Rafael Dávila Álvarez General de División (R.)

La más importante recompensa al valor militar existente en España es la Orden Nacional de San Fernando, primer nombre que tomó y que inicialmente estaba destinada escuetamente a premiar el heroísmo, sin prodigar grados ni ascensos. Se creó el 31 de Agosto de 1811 por Decreto LXXXVIII que estableció “un orden regular para excitar el noble amor patriótico” para “que sólo el distinguido mérito sea convenientemente premiado y que nunca pueda el favor ocupar el lugar de la injusticia”. Fue refrendada por Real Decreto de S. M. el Rey Don. FernandoVII el 28 de Noviembre de 1814. En Enero de 1815, la Orden cambió su nombre por el de Real y Militar, y en el reverso de la cruz se puso la frase “El Rey y la Patria”. Volvió a haber cambios, y en 1820 regresó a la denominación inicial para volver a ser Real y Militar en 1823. Con la aparición de otras condecoraciones  la de San Fernando había decaído, revitalizándose en 1856 con la imposición de normas muy estrictas para su concesión y evitando que cayese en el descrédito. El laurel con el que estaba orleada fue lo que le dio popularidad, convirtiéndose en el símbolo de la Orden, e hizo que se conociese como “Laureada”.

Al reservarse la Orden de San Fernando para actos heroicos, se creó otra nueva condecoración para acciones de valor y mérito que no llegasen al grado máximo, fundándose la Orden del Mérito Militar el 3 de Agosto de 1864, y la del Mérito Naval dos años después. Valor heroico una, valor distinguido la otra.

Medalla Militar

En 1920 el reglamento de la Cruz Laureada de San Fernando depuró de nuevo la Orden de intromisiones políticas y la dedicó exclusivamente al servicio del heroísmo. La Medalla Militar surgió para sustituir a las desaparecidas Cruces de San Fernando de primera y tercera clases, que eran las que no llevaban el laurel. Ambas podían concederse a título individual o colectivo y sólo en tiempo de guerra. La Medalla Naval apareció en 1921.

En 1937 el Gobierno del General Franco estableció un Reglamento de Recompensas en el que el “ascenso por méritos  de guerra”, por primera vez, se consideraba antes que la Laureada.

La ley General de Recompensas de las Fuerzas Armadas de Agosto de 1970, emprendió la tarea de unificar las recompensas dejando claro que la máxima condecoración en guerra era la Cruz Laureada de San Fernando, por encima de cualquier otra recompensa.

Por RD.2091/1978, de 3 de Junio se aprobó el Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando.

Finalmente por Real Decreto 899/2001, de 27 de Julio, se aprueba el Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando actualmente en vigor. Como principal innovación y ante el riesgo cierto de desaparición de los Caballeros Laureados, base fundamental  de la existencia de tan gloriosa Orden, se opta por incorporar a ella a los Caballeros, Damas y Unidades, Centros y Organismos militares recompensados con la Medalla Militar.

Constituyen principios del Reglamento, reafirmar el carácter de primera Orden Militar española de la Real y Militar Orden de San Fernando; mantener inalterada su finalidad; revitalizarla; adaptar la terminología y léxico del Reglamento al derecho vigente y a las definiciones admitidas y utilizadas internacionalmente; y designar los diversos tipos de conflictos armados y operaciones militares que pueden dar lugar a la concesión de estas recompensas.

Su artículo 1 dice:

“La Real y Militar Orden de San Fernando, primera Orden española de carácter militar, tiene por objeto honrar el reconocido valor heroico y el muy distinguido, como virtudes que, con abnegación, inducen a acometer acciones excepcionales o extraordinarias, individuales o colectivas, siempre en servicio y beneficio de España.

Regulares la unidad más condecorada del Ejército español

Dichas acciones tendrán tales consideraciones cuando se produzcan durante intervenciones de sus Fuerzas Armadas, o cuando éstas participen en misiones de fuerzas multinacionales, bajo mandato de Organizaciones Internacionales o Alianzas de las que España forme parte”.

Las Unidades más condecoradas del Ejército español son los Grupos de Fuerzas Regulares Indígenas, “Los Regulares”, que vemos desfilar todos los años el 12 de Octubre en Madrid. Cuentan en su conjunto con 56 Laureadas Individuales, 17 colectivas; 194 Medallas Militares Individuales y 61 colectivas. Fueron fundados en 1911. La Bandera del Grupo de Regulares de Ceuta nº 54 es la más Laureada de todas las que existen en el Ejército de Tierra español. Luce las corbatas de 10 Laureadas colectivas y 29 de Medallas Militares colectivas.

Le sigue La Legión que cuenta con 22 Laureadas Individuales, 7 colectivas; 211 Medallas Militares individuales y 22 colectivas. Fue fundada en 1920.

El Teniente General Adolfo Esteban Ascensión fue el último superviviente de los Caballeros Laureados y fallecía el 7 de Noviembre de 2007.

Placa Laureada de Madrid

Placa laureada de Madrid

El 5 de Marzo de 1937 el Gobierno de la República (Azaña Presidente y es Largo Caballero el del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra) se publica un Decreto en la Gaceta de la República que determina las recompensas que con motivo de “la actual campaña” podían concederse.

Así se crean las siguientes recompensa: “Medalla de la Libertad”, honorífica; la “Placa Laureada de Madrid”, honorífica; el ascenso al empleo inmediato; y la “Medalla de Sufrimientos por la Patria”, honorífica. En su artículo transitorio se prohíbe el uso de las antiguas condecoraciones. Posteriormente la Placa Laureada de Madrid pasó a ser pensionada.

Las condecoraciones en vigor hasta esa fecha no se suprimieron, sino simplemente se prohibió su uso hasta que, una vez terminada la campaña, o antes si se consideraba oportuno, resolviese el Gobierno sobre ese particular.

El 25 de Mayo del mismo año se publica otro Decreto en el que se aprueba el Reglamento de la “Placa Laureada de Madrid” en el que figura la medalla, que consta de la tradicional corona de laurel en esmalte verde, la estrella de cinco puntas en esmalte rojo y un medallón central, de soldado con casco, en el que se lee, “La República a sus Héroes”.

La publicación de estos decretos tiene aspectos que suscitan algunos comentarios.

El primer Decreto está firmado en Barcelona y el segundo en Valencia como consecuencia del abandono o huida del Gobierno republicano de la Capital, dejando solo en Madrid a Miaja, que se hace cargo de su defensa al frente de la Junta de Defensa.

La condecoración “Placa Laureada de Madrid” provocó numerosas críticas pensando que alguno de los “huidos” pudiese concederse tan alta condecoración sin dar la cara en el lugar y el momento que las circunstancias lo requerían. De hecho en el Diario ABC de  Madrid, entonces republicano, el 27 de Mayo de 1937, su Director Elfidio Alonso escribe su habitual editorial firmado con el seudónimo de Sagitario (La Flecha en el Blanco), en el que se alegra de la creación de esta condecoración, pero critica duramente al Gobierno republicano por abandonar la Capital. “Unos se fueron, y otros se quedaron. Entre los que se quedaron, están los futuros poseedores de la Placa Laureada de Madrid…No es admisible que con esta condecoración ocurra lo que con tantas otras cosas está ocurriendo; es decir, que vuelvan ahora a Madrid a presumir de héroes los que se fueron el 7 de Noviembre”. Mal empezaba esta condecoración que a lo largo de su breve historia fue concedida a los Generales Miaja y Rojo, al Mayor del Arma de Aviación Leocadio Mendiola y al Capitán de Corbeta Luis González de Ubieta. A este último se le concedió por el hundimiento del Crucero “Baleares” en el que murieron cerca de 800 hombres del otro bando.

Fueron propuestos también para la Placa el Mayor de Caballería Manuel Fontela Frois, el Teniente Coronel de Infantería de Marina Ambrosio Ristori de la Cuadra, el Mayor Comandante Domiciano Leal y el también Mayor Comandante Manuel Álvarez Álvarez.

El Rey impone la Laureada al Regimiento de Caballería Alcántara

Todas las historias de estos héroes tienen un denominador común: EJEMPLO, VALOR Y SACRIFICIO y ocurrieron en ambos bandos aunque en el republicano no se reconociesen por desidia o desorganización. La creación de la Placa Laureada de Madrid impidió que la tradicional Laureada de 1811 fuese concedida a los que lucharon en ese bando. Y que hubo héroes merecedores de ella nadie lo duda. Aquí se trata de premiar el valor con riesgo de la vida, condecoración al servicio del heroísmo, sin intromisiones políticas y sin odios ni revanchismos. Se exalta el valor en un acto concreto, normalmente ejecutado por gente sencilla y humilde. Cuando termina la contienda los buenos soldados se saludan y se rinden honores y si ha sido entre hermanos, se abrazan sin olvidar la culpa de cada uno ni los motivos que provocaron el enfrentamiento, siempre con la verdad por delante y sin imposiciones doctrinales de los que teorizan mucho, saben poco y no han sufrido nunca.

Sin la injerencia de tantos intelectuales de la nada, los españoles de a pie hace tiempo tendrían olvidado el rencor y el odio que provocan estas confrontaciones y estarían fundidos en un abrazo; sin exaltación por parte de los enfrentados; que otros provocan. Un héroe, por definición, nunca puede ser un provocador ni un exaltado y menos hacer gala de sus méritos.

El último Laureado del Ejército español: Caballero Legionario Juan Maderal Oleaga

¡Que sólo el distinguido mérito sea convenientemente premiado y que nunca pueda el favor ocupar el lugar de la injusticia! Decía el Decreto de fundación de la Real y Militar Orden de San Fernando.

“Porque aquí a la sangre excede

el lugar que uno se hace

y sin mirar cómo nace

se mira como procede”.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Blog: generaldavila.com

23 octubre 2017