DEL VALOR Y LOS VALORES Coronel de Infantería (R.) Juan Ignacio Salafranca Álvarez

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Cruz Laureada de San Fernando

El Diccionario de la Real Academia Española, define en la cuarta acepción de su diccionario el valor como: “Cualidad del ánimo que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros”. A quienes un día entramos en los Ejércitos, desde ese momento se nos supuso el valor, en el primer concepto calificado en nuestra Hoja de Servicios (Valor: Se le supone). Algunos consiguieron acreditarlo a lo largo de sus años de servicio e incluso mejorar el concepto con Muy distinguido (Medalla Militar) o Heroico (Cruz Laureada de San Fernando).

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El Valor legionario

Todo ello tiene una lógica puesto que si a un militar no se le supusiera el valor, mejor sería prescindir de él ya que la falta de esta virtud en los momentos decisivos del combate, (nuestra razón de ser, aunque a alguno se le olvide), sería catastrófica para él, la Unidad en la que esté encuadrado y no digamos nada si la manda y, en definitiva para el conjunto de la operación en que esté implicado.

Ahora bien, el que al militar se le suponga el valor no quiere decir que todos lo posean, pues para ello deben vencer una tendencia natural del hombre, cual es el instinto de conservación que, si venciera sobre la voluntad, nos impediría arrostrar esos peligros de que habla la R.A.E. Llegados a este punto, cualquiera podría objetar que se trata de una virtud contra natura y ello sería cierto si no existiera una educación en valores que no niega, pero encauza, nuestros instintos naturales.

La propia R.A.E., afirma al hablar de los valores en plural, que tienen polaridad en cuanto que son positivos o negativos y jerarquía en cuanto son superiores o inferiores. En cada momento y lugar la sociedad considera algunos valores como positivos cuando en otro lugar o momento fueron considerados como negativos. Mayor dificultad tiene su jerarquización pues el poner por encima del derecho a la vida el derecho a la libertad individual sin límites, supondría, por ejemplo, justificar el aborto.

Por todo ello, resulta conveniente reflexionar sobre qué valores debemos considerar, cuáles son positivos y, dentro de ellos establecer su jerarquía, es decir, construir una escala de valores. Esto solo se consigue con la educación, formando, desde la cuna, a la persona de una forma integral y, al referirme a la educación, no hablo de la que se adquiere en la escuela, eso es enseñanza, que complementa pero no substituye a la educación cuyas bases deben venir establecidas desde la infancia para, sobre ellas, construir la personalidad de cada uno que le llevará a distinguir los verdaderos valores y a establecer prioridades entre ellos.

Al ser la milicia una actividad donde tendremos que arrostrar conscientemente peligros y, lo que es mucho más difícil hacer que se enfrenten a ellos los que han sido puestos bajo nuestro mando, es necesario que todo militar tenga claro cuáles son los valores que justifican esa exigencia para nosotros y nuestros subordinados y cuando debemos supeditar unos valores a otros.

Por ello, dando por supuesta, como el valor, una educación en valores, debe la enseñanza militar, completar esa educación, proporcionando una formación moral (qué poco se oye este concepto) que permita a cada uno, frente al peligro hacer gala de ese valor que, a su ingreso en filas se le ha supuesto.ejercito-español

Aún teniendo claro todo esto y sabiendo que la formación militar debe ser moral, intelectual y física, ha habido épocas en la Historia en que se ha puesto mayor acento en alguna de estas facetas y el objeto de estas líneas es hacer una llamada de atención sobre el hecho de que el ser conscientes de la importancia de alguna de ellas no debe apartarnos de cultivar las demás.

La complejidad y amplitud de los conocimientos necesarios a un militar actual entraña el peligro de que se abandone, aunque sea parcialmente, el cultivo de la formación en valores, lo que resultaría catastrófico en las circunstancias en que haya que demostrar el valor en singular, como lo sería el que las condiciones físicas de un soldado no le permitieran responder al esfuerzo que el combate requiriera en momento determinado.

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Formar en el Valor y el Honor

Como conclusión, quienes mandan y educan soldados deben estar vigilantes para evitar que, llegado el momento, pudiera faltarle al soldado el valor que se le supone.

Coronel de Infantería (R.) Juan Ignacio Salafranca Álvarez

9 pensamientos en “DEL VALOR Y LOS VALORES Coronel de Infantería (R.) Juan Ignacio Salafranca Álvarez

  1. Mi Coronel la acepción de la blanca “Valor se le supone” concepto esté que debería desparecer sin perjuicio del arma en la que sirva un soldado, unos más que otros demuestran el valor constantemente, desde que se incorporan al ejército, ¿o no es una demostración del valor, los entrenamientos de especialidad en combate? ¿o en todas las misiones exteriores en las que participa un soldado?.

    Otra bien distinta sería la recompensa cuando se acredita por una acción de valor individual de dicho soldado del grado que sea.

    En combate ¿quién no ha tenido miedo? cuando oyes silbar esas balas cerca de ti, o esas granadas de mortero que te explotan cerca, entre otras.

    Pero el miedo que todos hemos padecido en combate, no sería superable si no fuera por los entrenamientos recibidos, en donde entre estos entrenamientos, está la fortaleza física y moral, sin ellos sería imposible superar el miedo que a todos “se les supone”.

    Quedo a su orden Mi Coronel

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  2. Mi Coronel, al tiempo que le felicito por su exposición sobre el valor y sus clasificaciones aprovecho para saludarle y hacer una mención en honor a Hernán Cortés, ya que estoy a tiro de piedra de su gloriosa estatua.

    Siempre a la orden de aquellos que en el altar del valor y en defensa de España hacen valer los nobles ideales.

    Atentamente: Ramón Lencero Nieto

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  3. Estimado Don Juan Ignacio: en primer lugar quiero felicitarlo por su interesante artículo-reflexión en el ámbito de las Fuerzas Armadas; y en segundo lugar permítame que aproveche la ocasión, que ello me da, para aplicarlo al ámbito de la vida civil.

    De su excelente artículo se deduce que cuando los valores están claros y son precisos, las decisiones valientes se vuelven más fáciles, porque el valor vivido es la fuerza de la decisión; y sin valores no hay decisiones valientes ya que quedamos bloqueados y somos incapaces de emprender caminos arduos. Por tanto, no podemos vivir sin valores, porque las decisiones que a lo largo de la existencia debemos tomar provienen de los principios y valores que hemos asimilado y vivido.
    Y es por ello que sin esos principios y valores básicos no se pueden emprender caminos difíciles, porque el recorrido de la adversidad solo es posible a través de la vivencia de los grandes valores. Por tanto, ante una sociedad cada vez más superficial, debido a una deficiente información que nos satura y desorienta, se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores.

    Por otro lado, la valentía es el coraje de no arrugarse ante el peligro, la dificultad o la adversidad, sabiendo afrontar las amenazas con serenidad y temple, y sin perder nunca el recto juicio. Por eso mismo, para encarar la vida actual, llena de trampas, se hace necesaria la virtud de la valentía, porque sin ella se pierden muchas batallas y nos quedamos arrugados en la comodidad egoísta.
    Por lo tanto, seamos valientes con lucidez para conseguir las metas difíciles que se nos presenten; de lo contrario, el desánimo se apoderará de nuestra existencia y nuestro único refugio será la cobardía, quedando inmovilizados y bloqueados.

    Nos asombraría comprobar los actos y las actitudes heroicas que se dan cotidianamente y en las circunstancias más ordinarias. Porque el heroísmo tiene una perspectiva moral que lleva a las personas a cumplir con su deber, más allá de lo que el deber exige, y es en ese “más allá” donde el deber deja de serlo para convertirse en heroísmo.
    En ambas situaciones, la de la vida militar o la de la vida civil, subyace la misma idea, el heroísmo, sin egolatría, dice razón del cumplimiento de los deberes que implican una cierta entrega a los demás, por encima de lo exigible. En ese camino se recorren una serie de etapas, que no es otra cosa sino una vocación de servicio a los demás.
    Y la pregunta que nos podemos hacer a estas alturas es, refiriéndonos a la situación política actual,… ¿son héroes los políticos?
    No lo son quienes van a la política para satisfacer su ego o su afán de protagonismo o popularidad; quienes van a la política porque no saben hacer otra cosa y no tienen dónde ir; los que van a la política sin preparación; y los que van a la política a enriquecerse y a corromperse.
    Pero sí lo son los que van a la política con el objetivo de servir a la comunidad, de ayudar a resolver los problemas de los ciudadanos, de colaborar con competencia y lealtad en la ejecución de un programa electoral; sí lo son los políticos que aportan su preparación profesional y su experiencia para abordar y conseguir los objetivos del bien común; y lo son los políticos que sacrifican su tiempo de descanso y convivencia familiar, su patrimonio y, en ocasiones, su salud.
    Deseando perdone mi extensión, debida al entusiasmo y oportunidad que me ha producido su artículo.
    Reciba un fuerte abrazo.
    Pedro Motas

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  4. Muy concisas y didácticas las consideraciones del coronel Salafranca.
    Deja muy clara la necesidad de que en la formación militar se preste atención a los valores. Sin valores un ejército no puede ser eficaz. Deberían saberlo quienes se empeñan en lograr un ejército “muy profesional”, “con muchos conocimientos” pero desprovisto de los valores tradicionales del soldado. Aunque el ejército sea profesional, no debe olvidarse que la guerra, como el amor, si se hace por dinero, desvirtúa el objeto que dignifica a ambos… y hasta el nombre de quien ejerce una u otra de las “más antiguas profesiones de la humanidad”.
    A los que se mofan de la escala de valores que se inculca en el ejército -la progresía- y en contraposición “cacarean” la suya (que no voy a explictar) Bueno sería decirles aquello de que su “escala de valores” es como la de los gallineros: Corta y llena de mierda.
    Y en cuanto a la importancia de los conocimientos -que es imprescindible complete la formación en valores del soldado- quiero recordar unas sabias palabras que un día me dijo el entonces coronel jefe del RIAT Isabel la Católica Nº 29 D. Antonio Muñoz Manero: Navarro, el soldado de un ejército moderno tiene que saber muchas cosas…. pero tres siguen siendo fundamentales; tirar, marchar y obedecer.
    Trascurridos los años y ya fallecido el general Antonio Muñoz Manero quise que tan sabias palabras presidieran el campo de tiro y maniobras de Parga (Lugo)

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  5. MI CORONEL,

    Punto estratégico hoy, el concepto de valor militar. Gracias.

    El valor está citado como una constante en las Ordenanzas Militares desde las proclamadas por el rey Carlos III de 1768, que en el artículo quinto referido al soldado decía: «Desde que se le sienta su plaza, ha de enterársele de que el valor, prontitud en la obediencia, y grande exactitud en el servicio, son objetos que nunca han de faltar y el verdadero espíritu de la profesión».

    Todo proceso de cambio ante la adversidad o supervivencia en entorno hostil debe comenzar con una decisión y debe ser progresivo en el tiempo, sin marcha atrás, esfuerzo creciente y continuo. La complacencia es el enemigo número uno del valor.

    El valor, igual que el tiempo, por su importancia estratégica es extremadamente crítico y valioso, es uno de los activos que se maneja con menor cuidado dado que no es tangible y porque parece ser gratis o se le supone. Activo que hoy se desprecia y si se dilapida pone en peligro la mejor de las empresas; si se utiliza cuidadosamente hace que la consecución de objetivos sea efectiva y menos inquietante. Pero con prudencia.

    Reiteradamente, al igual que el tiempo, si ha malgastado, nadie tiene una segunda oportunidad para demostrarlo. Y hay que sustentarlo en valores morales.

    A LA ORDEN DE USÍA,
    – Francisco de Javier

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  6. Acertada exposición. Es necesaria Ia educación, que incluye la enseñanza y la formación, en todos los aspectos que tienes en cuenta. Ello es necesario en todas las actividades que impliquen responsabilidad, pero más aún en la carrera militar. Y ahora es muy necesario recordarlo y hacerlo recordar. Un abrazo. Gabriel.

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  7. Nunca he tenido que combatir, gracias a Dios. Mis únicos tiros han sido al blanco en una cancha. Pero por Dios, por la Patria y por la Justicia se puede y se debe empeñar la vida. Hay un valor adquirido y entrenado en la preparación y la formación militar (que es fundamental), pero creo que hay también un valor innato que sale de las convicciones más profundas del ser humano cuando se rebela contra la indignidad, la injusticia o la opresión: es decir las motivaciones más íntimas que mueven la conducta del hombre, Cuando veo a la gente rodeando el Congreso (y otras), movilizadas por los odiadores profesionales, me da pena por España y por ellas, y pido a Dios que les abra los ojos para dirigir su alma a las motivaciones correctas. Doy gracias a Dios porque creo tenerlas y cada días procuro evaluarlas.
    ¡¡ Todo por España !!

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