EL JEFE DEL PELOTÓN Y EL CABO DE LA ESCUADRA. ATAQUE FALLIDO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La orden era clara. Se sabía dónde estaba el enemigo, quién era, la dirección de ataque, los apoyos a prestarse una escuadra a la otra, y solo faltaba decir: ¡Al ataque! La orden debería darla el sargento en el momento oportuno.

¡¿Está claro?! Repitió por tres veces el sargento. Tres veces que se llevó el viento. Hasta se oyó cantar al gallo.

El fuego enemigo arreciaba, cada vez más centrado, el tiempo pasaba en una desesperada espera por saltar de aquellos abrigos que casi no protegían.

En el fragor del intenso fuego, no se sabe si por el ruido de la artillería y de la aviación propia o por el del adversario, una escuadra se lanzó contra el enemigo, sin orden, sola, sin protección, sin apoyo del fuego. La dirección que llevaban era equivocada. Nadie había dado la orden de ataque ni ese era el camino del pelotón.

—¡¿Pero que hace ese loco?! Le gritaba el teniente al jefe del pelotón, lo que este repetía a su escuadra que se pegaba al terreno, alejada de sus abrigos, en un suicida salto, víctima del fuego enemigo que no les dejaba avanzar.

—¡Volved, volved! ¡Todavía no he dado la orden de ataque!, se desgañitaba el sargento.

No había marcha atrás.

No habían entendido nada y su arrojo y valor arrastró a la otra escuadra a salir en su defensa y morir en el combate. Todo el pelotón había caído bajo las ráfagas enemigas.

Hubo que retrasar el ataque de la Compañía y el capitán reunió a sus mandos. Estaban cabizbajos y desorientados.

—No quiero que nadie alardee inútilmente de valor. Más que a realizar deliberadamente actos de riesgo personal, comúnmente innecesarios, sabed que el valor auténtico ha de tender a conservar durante el mayor tiempo posible, y en el más alto grado, las energías físicas y morales de vuestros soldados para utilizarla al máximo y en toda su plenitud en el momento decisivo del ataque: el asalto. ¡¿Lo habéis entendido!? Ha muerto un pelotón y hemos roto la sorpresa. Habrá que cambiar todos los planes. El enemigo sabe nuestras intenciones y hemos dado un ejemplo de falta de coordinación; que aprovecharán.

Un sargento no debió entender bien las palabras del capitán.

—Mi capitán, pero el decaimiento moral de la tropa exige un acto de valor, de riesgo personal.

—Sargento, la moral de la tropa de su pelotón es su responsabilidad. ¿Está usted bajo de moral?

—¡¡¡No, mi capitán!!!

—Me alegro, porque esa sí que es mi responsabilidad. Cuando lo crea oportuno me verá ponerme delante de la compañía y avanzar el primero. Aquí todos tenemos mando, pero no vayan más allá del suyo y no interpreten, sino que obedezcan y cumplan con su misión sin más iniciativa que la de cumplirla a rajatabla. Nada hay tan fuerte como peligroso que el deseo de mando. Aquí cada uno debe saber cuánto manda, lo que manda y lo más importante: ¡que le obedezcan!

—¡¿Lo habéis entendido?! Repitió por tres veces el capitán. Tres veces que se llevó el viento.

Hasta que cantó el gallo.

Un gesto inútil, de valor, sí, pero que abortó el ataque principal.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

22 octubre 2020

 

 

NUESTRAS PATRONAS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

La próxima semana se reúnen en tres fechas la síntesis del hondo sentir y la fuerza interior de, ni más ni menos, la Infantería española, la Artillería y el Ejército del Aire. No hay día más importante en el calendario de un soldado que el de su patronazgo, el de su santo protector.

Es diciembre un mes con sabor familiar, entrañables días que para un pueblo como el nuestro se centran en la Navidad, festividad en la que se conmemora el nacimiento de Jesucristo. <<Ya huele a Navidad>> solemos decir cuando comienza diciembre.

Para infantes, artilleros, aviadores, estos días de Patrona son un baño de sentimientos, recuerdo para los que nos dejaron cumpliendo el deber y celebración jubilosa centrada en la historia de sus armas.

4 de diciembre: Santa Bárbara, Patrona del Arma de Artillería.

8 de diciembre: la Inmaculada Concepción, Patrona del Arma de Infantería, Cuerpo Jurídico y Capellanes Castrenses.

10 de diciembre: Nuestra Señora de Loreto, Patrona del Ejército del Aire.

Patronazgo incrustado en la vocación, en el rombo distintivo del Arma de cada uno, en el corazón uniformado de cada infante, artillero o aviador. Es algo congénito, heredado a lo largo de generaciones y que nada ni nadie puede extraer del inseparable recorrido de las Armas españolas junto a sus protectores. Nuestra Madre Santa en sus múltiples advocaciones, el Señor en su Cruz, hasta legionario en la Buena Muerte, Santos que nos protegen y cuidan en este caminar de riesgo y fatiga que a cada instante te recuerdan  que pase lo que pase están a tu lado. Para siempre.

Son muchas las cosas que se le acumulan al recluta que se viste por primera vez de soldado. Pero hay tres que aprende de manera innata y de una vez para siempre: su himno, su patrón y el nombre de su capitán.

Cualquier unidad que se traslada fuera de su acuartelamiento, sea por unos días de maniobras o lejos en arriesgadas misiones, lleva consigo la imagen de su patrón que presidirá ese lugar santo que las Armas españolas durante toda su historia han elegido como el centro de sus vidas.

Suena el cañón que canta Patria, Gloria y Amor… Por España levanta su estandarte con un viva Velarde y un viva Daoiz.

Vuelan las alas gloriosas de España que dejaron escritas sobre el viento la hazaña, la gloria infinita de ser español.

Saber morir, saber vivir. No es posible lo uno sin lo otro. Vida de fe y servicio. Por el camino del Santo Patronazgo llegamos a la Navidad.

Desde esta semana de las Patronas vaya nuestra anticipada felicitación a infantes, artilleros y aviadores. Todos en la misma senda de la entrega sin límites a España, tras el sueño permanente que resumen las estrofas del himno de los infantes que, a la postre, por tierra, mar o aire, todos servimos a pie, somos infantes:

<<El esplendor y gloria de otros días tu celestial figura ha de envolver, que aún te queda la fiel infantería que por saber morir sabe vencer>>.

Que nadie lo dude. Todos somos infantes, da igual el arma, el destino o el Ejército donde caminas, navegas o vuelas; gente de a pie y de bien, que tienen a España como pasión y devoción. La vida a ella le fue entregada con un beso a su Bandera. Gente de bien que camina con la seguridad del buen hacer y confiada en la protección y bendición de sus Santos Patrones.

Bendita sea nuestra Virgen Inmaculada, del Loreto, y Santa Bárbara bendita nos protejan.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 diciembre 2017