TEODORO GARCÍA EGEA. EL LANZADOR DE HUESOS DE ACEITUNA Y EL DE CHINCHETAS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

En la política no hay amigos… ¿O sí?

Teodoro García Egea es el nuevo secretario general del partido popular y un hombre que, desconocido hasta ahora, va a dar en breve mucho que hablar. Por lo pronto ha traído a la política una sonrisa, una refrescante historia que nos acompañará mientras despedimos este mes de julio viendo sus atardeceres rojos desde el chiringuito.

El nuevo secretario general del Partido Popular presenta un currículo digno de destacar. Un auténtico todoterreno; después de leerlo dudamos si le queda tiempo para dormir. Doctor ingeniero industrial, yudoka, maratoniano, toca el piano, el clarinete y el tambor, monta en bicicleta y realiza travesías por la nieve. Eso que sepamos y haya contado o han contado. Parece ser que también tiene algún máster… (?), pero además se dedica a la política y ha sido el jefe de campaña, es decir jefe de Estado Mayor, del flamante vencedor en la guerra pepera, Pablo Casado. Pero la sonrisa no la provoca su envidiable dinamismo. Toda esa frenética actividad queda ensombrecida al lado de su gran habilidad: el lanzamiento con la boca de huesos de aceituna, aceituna mollar chafá de Cieza, lo que le valió un título mundial en el año 2009. Nos alegramos. Ya iba siendo hora de que alguien, de la política, supiese hacer algo que le catapultase a la esfera internacional y que además fuese digno de una sonrisa.

Teodoro García Egea: lanzador de huesos de aceituna

Cuando yo realizaba mi curso de Estado Mayor, en aquel sombrío edificio de Santa Cruz de Marcenado compartíamos las duras enseñanzas con oficiales de distintos ejércitos del mundo. Hice gran amistad con un oficial americano, un boina verde que luchó en Vietnam con el que sigo manteniendo estrechos vínculos, y con un Mayor perteneciente al Ejército de Corea del Sur. Mi amigo Yun tenía una rara habilidad que por mucho que lo intenté jamás conseguí aprender. Las paredes de aula de la Escuela estaban forradas de corcho y Yun, mi amigo, cada mañana clavaba una diana en aquella pared para a continuación coger una caja de chinchetas y lanzarlas una a una, desde una distancia de 6 metros, contra la diana. Ninguna caía al suelo y todas quedaban entre los círculos del 10 o 9. Asombroso; pretendí que alguna chincheta fuese al culo gordo de alguno de los profesores, muchos años de táctica de salón, pero temíamos que se rompiesen por ello las relaciones amistosas entre el Ejército coreano y el español. Nada de lanzamientos a la retaguardia de nadie, pero delante de aquel hombre bajito e inteligente mejor no ponerse al alcance de sus chinchetas. Me decía que en su Ejército solo era necesaria una orden: “Follow me…” Sus soldados eran disciplinados y ejemplares… ante el ejemplo.

Lo que nunca he averiguado es si hay un campeonato internacional de lanzadores de chinchetas, pero he de enterarme.

El caso es que para este verano, en esos chiringuitos playeros, me veo al personal del botellín, no digo mi marca preferida, que bien lo sabe mi amigo Antonio Burgos, y las olivas, lanzando  los huesos en concurso de méritos a ver quién paga la ronda. ¡Como se ponga de moda, vamos a tener un problema! Y eso que son huesos de aceituna. Lo que les ruego es que no hagan la prueba con las chinchetas de mí amigo Yun y menos contra ninguna retaguardia andante. Usen las chinchetas como arma disuasoria si es que alguno es capaz de lanzarlas. Las prácticas solo en casa.

Desde luego a partir de ahora el secretario general del Partido Popular, Teodoro García Egea, será un hombre a tener en cuenta y a observar detenidamente cuando hable, no vaya a ser que entre palabra y palabra se coja un rebote y te lance un hueso de aceituna mollar chafá que lleve escondido entre sus mofletes.

A lo mejor era bueno darle el cargo de portavoz en el Congreso. Seguro que le tendrían más respeto y se andarían con mucho cuidado cada vez que abriese la boca… para replicar. La distancia de seguridad son 16,8 metros. Por si acaso mantenganla.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

28 julio 2018

 

 

SOLDADOS O MARINEROS: EMBAJADORES DE ESPAÑA (Visus Militis) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

El buqe-escuela Juan Sebastián de Elcano rinde honores a sus compañeros de la Armada Argentina

No es solo buque-escuela, es buque-escuela… diplomática. Embajada de España flotante. Así se expresaba don Antonio Burgos en su insuperable Recuadro  del diario ABC. Y nos recuerda el Almirante de las Letras, que presume de Cabo de la Topográfica, mi querido Antonio Burgos, el gesto de nuestros marinos a bordo del Juan Sebastián de Elcano rindiendo honores de ordenanza por los marinos argentinos allí donde tuvo lugar la última comunicación con el submarino ARA San Juan de la Armada Argentina. La muerte no es el final…

Honores de Ordenanza con la oración a la Estrella de los Mares, salvas que huelen a humo y manzanilla para nuestros hermanos argentinos.

Y Dios le ha dicho a la Virgen

En su trono de amatista:

-A marisma huele el humo.

A marisma y manzanilla:

cañones de Cádiz son

los que disparan a María.

Allí quedó el gesto. En la mar. En la que se forman los guardiamarinas de España en ese complejo mundo de a bordo. En la eterna complejidad del alma. En aquel instante en el que nuestros marinos rezaban, mientras rendían honores a sus compañeros de la Armada Argentina, aprendieron una lección eterna que no se aprende en las aulas. El Comandante del buque, don Ignacio Paz García, acababa de abrir el aula de la mar a los guardiamarinas de España.

Es cierto, maestro Burgos, ¿cómo no va a ser embajador El Juan Sebastián de Elcano siendo de Cádiz?, hijo querido que siempre vuelve en algarabía de las calles mientras el capitán dice, en el puente, lleno  de asombro y de risa:

-¿Para qué tanto ruido

si somos de la familia?

Esta mirada de soldado que recorre cada semana buscando el lugar del acontecimiento y la enseñanza, se ha detenido en El Recuadro del que vigila la bocana del Mar de Gades, en las palabras de un Cabo de los mapas que llegó a Almirante de tanto mirar las olas de la Caleta. Hoy nuestra mirada, don Antonio, se ha detenido en su recuadro, y se ha trasladado a todos esos rincones del mundo en sobresalto donde nuestros marineros y soldados, como usted bien dice, son embajadores de España y que presentan y representan los valores de la sabia y vieja tradición de los soldados españoles, siempre embajadores de valores.

Cuando el buque- escuela de guardiamarinas, el buque-escuela diplomática, regrese al abrazo de su madre Cádiz seguro que:

La punta de San Felipe

a su encuentro, en la bahía,

se adelanta con un ramo

de algas verdes y coquillas.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

(Como habrán adivinado, las estrofas corresponden a un Romance escrito por don José María Pemán en 1931).

Blog: generaldavila.com

13 mayo 2018