LA GUERRA (I) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

China está dispuesta a lanzar un ataque sin precedentes contra todo aquello que interfiera su dominio o suponga un mínimo obstáculo en su lento y pesado caminar.

Las guerras señoriales constan en sus antecedentes y entrañas, pero para la educación en la virtud cada civilización tiene sus métodos y sus parámetros que la definen. Tan válidos como virtuosos son unos como otros, para el león comerse su presa, otros siempre víctimas huyendo. Siempre fue, es y será.

“Dejad que huya gimiendo el ciervo herido

y el corzo siga retozando.

Cuando uno vela, el otro está dormido,

y de este modo el mundo va marchando”. (Hamlet)

Lo importante en cualquier guerra es la victoria; que supone imponer algo más que tu voluntad. No se trata de una victoria temporal, ni generacional sino que va más allá. Las guerras se juegan para asegurarse el futuro, no para una temporal victoria y volver al punto inicial.

Hoy el equilibrio se ha roto y la guerra no se juega en campos abiertos y al descubierto. Los contendientes combaten en la oscuridad y el resultado será la victoria de una nueva civilización. China juega con ventaja. Le sobra cantidad y está cerca de la calidad. Oscuridad la tiene toda.

Un detalle nuevo y de enorme importancia: las religiones han pasado a un segundo plano; o inexistente. No se combate por creencias más allá del presente, de la vida y la muerte hoy, ahora, sin trascender a planos donde en otras épocas esperaban los dioses. Ahora es la economía el dios de la guerra, un dios que domina e ilumina a una raza, una cultura, un régimen, una disciplina aceptada, aun no aceptable. La libertad entendida como el sometimiento asumido, riguroso a unas severas normas. Es cuestión de tiempo. De victoria e imposición. El tiempo se encarga del resto.

La libertad en su amplio concepto es inexistente cuando somos demasiados y todos relacionados.

En la guerra actual, ya en juego, no va a vencer la moral, ni la libertad, sino la rígida disciplina, obedecer a rajatabla; someterse para someter al enemigo.

Un ejército, dominada su voluntad libre, su sentido de libertad, está armado de una potencia incalculable. Vivirá y morirá disciplinado, y dispuesto a todo por un sistema que no le ha permitido -ni quiere ya su conciencia- conocer otra forma de vida en la que él tenga que pensar, decidir, y libremente organizar su vida. Todo eso le resultará inconcebible, duro, incapaz de llevarlo a cabo. Se lo darán hecho mediante órdenes y él se limitará a la cómoda obediencia al Estado que le dirige. Flavio Vegecio se sorprendería de lo fácil que hoy resulta la elección y entrenamiento de los reclutas.

Este experimento del nuevo reclutamiento e instrucción está hace tiempo en marcha. Pudo en algún momento fracasar. Ahora insisten, pero con una diferencia: son miles de millones. Oleadas que dominan la tecnología y en sus manos tienen casi todo lo que los otros, sus enemigos, necesitan.

No es tiempo de hablar de moral, sino de analizar cuál es la nueva moral. ¿La de siempre? Fácil es comprobar que nada tiene que ver ayer y hoy. Nada.

<<La confrontación estratégica entre China y Estados Unidos ha entrado en un periodo de alto riesgo>>, dice el ministro de Defensa Chino.

<<China debe fortalecer su espíritu de lucha, atreverse a luchar y ser bueno luchando>>.

Todo es <<made in China>>, pero lo suyo <<es la esfera cibernética, la espacial, la de aguas profundas y la biológica>>.

Dicen en el Ejército Chino que han aprendido a superar las dificultades y a convertir el peligro en una oportunidad.

Nada temen, nada les asusta, nada piden, nada necesitan, a nadie rezan, nada esperan, saben que vencerán.

Miren en un mapa donde está Taiwan. Le llamaba McArthur un insumergible portaviones.

Independencia significa guerra. Ellos no hablan el idioma del diálogo.

Todos los tratadistas militares del Arte de la Guerra van perdiendo vigencia en tanto que están atados a una época. Sun Tsé ha quedado para siempre porque la consideró un fenómeno inevitable.

Destructor americano en el Estrecho de Taiwan

Y dijo: <<Por regla general, hacer la guerra no es lo mejor. Solo la necesidad debe obligar a emprenderla. Una vez que un soberano justo ha decidido emprenderla, su obligación es ganarla>>.

De ello y de ellos, hoy, pendemos y dependemos. Si la emprenden ganarán. Solo esperan la orden. Su religión les impone obediencia total al grupo, su dios. En oleadas.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog:generaldavila.com

12 junio 2020