ESPÍRITU OLÍMPICO ORGULLO NACIONAL General de Brigada Adolfo Coloma Contreras (R.)

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El pebetero

Cuando escribo estas letras, acaba de ser apagada la llama que, durante los diecisiete días que han durado los Juegos Olímpicos de Río, ha presidido de forma simbólica el desarrollo de esta cita universal con el deporte.  A la extinción de la llama, han seguido las candilejas que han brillado en el impresionante Estadio de Maracaná en la ciudad carioca y con ella muchas esperanzas, alegrías y decepciones, pero sobre todo esfuerzos. Y es de eso de lo que hoy quiero hablar, del esfuerzo. Del esfuerzo individual y colectivo que representa el deporte en general y los Juegos Olímpicos en particular.

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Carolina Martín

Gracias a los Juegos Olímpicos, hemos recordado que hay otros deportes además del fútbol y el baloncesto, como el rugby a siete, esgrima, hockey,  halterofilia o el bádminton, que si no llega a ser por Carolina Martín, nuestra campeona mundial (y olímpica) quizás no lo recordaríamos ni como deporte. Deportes minoritarios algunos de ellos y seguramente con pocas licencias federativas, pero que son como los deportes de masa, auténticas escuelas de esfuerzo y de superación.

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Craviotto

Porque el deporte es ante todo esfuerzo. “citius, altius, fortius (Más rápido, más alto, más fuerte) ha sido el lema de los juegos desde que el Barón de Cubertain, fundador de los juegos Olímpicos de la era moderna pronunciara estas palabras en la ceremonia inagural de los Juegos de Atenas en 1896.  Nada mejor que el atletismo para encarnar tal lema, pero que, en definitiva, podría aplicarse a cualquier otro deporte. 

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Samuel Carmona

Y el esfuerzo necesita la competición. En primer lugar compitiendo contra uno mismo, por ser más veloz, por elevarse a mayor altura o por ser más fuerte mental y físicamente. Requiere constancia, superación y técnica; disciplina en definitiva. Pero requiere también de los demás. Por un lado los entrenadores y cuerpo técnico que orientan al deportista, lo preparan y lo ponen en las mejores condiciones competir. Por otro lado están los propios competidores, adversarios a batir. Estimulan al propio deportista para tratar de ser mejor que el resto de los competidores en cada disciplina. Pero también el deporte es escuela de respeto hacia los demás competidores, especialmente los deportes de contacto y en particular los de de lucha. Adviertan si no el respeto con el que se saludan y despiden los esgrimistas, los boxeadores o lo judocas, por poner algún ejemplo.

Porque otro de los valores que aporta el deporte, es el de ofrecer a todos oportunidades por igual. El valor del esfuerzo y el sueño por conseguir la gloria a todos nos unifica. No importa que seas alto o bajo, rico o pobre, guapo o feo. Con esfuerzo, tesón y con una dirección adecuada puedes lograr tu sueño. Me dirán que, bueno, que hasta cierto punto, que las oportunidades no son igual para todos. Y debo admitir que, fuera de la mera competición así es. Hay un mundo de promotores, sponsors, en definitiva ayudas, que de alguna manera marcan la diferencia. Tal vez sea esta una de las cruces del deporte olímpico. En su momento los Juegos Olímpicos fueron la palestra del deporte amateur, es decir, no profesional. El permitir la participación de profesionales, fue tal vez fue la decisión más difícil que hubo de tomar el Presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch en los años 80, tal vez con el propósito de sacar al movimiento olímpico de la difícil situación económica en la que se encontraba. Ganaron los juegos en nivel y en espectáculo, pero hemos de reconocer que a cambio de una merma del propio espíritu olímpico.

Hay otras muchas manifestaciones deportivas: ligas, critériums, campeonatos, combates profesionales, en los que los logros deportivos, parecen íntimamente ligados a la “bolsa” que reciben los contendientes y el mundo que rodea a la práctica deportiva: apuestas, tongos, “maletines”, que poco tienen que ver con ese espíritu de sana competición  que ha llegado a  impregnar a los propios juegos olímpicos. El tema de la especulación medicinal, popularmente conocida como “dopaje”  no es ajeno a ello. Pero tengo para mí que  no está tan extendida como parece y que la gran mayoría de los deportistas se mantienen en la pureza de conseguir sus logros a base de esfuerzo.

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El Equipo español

¡Por la gloria del deporte, por ellos mismos y por su equipo! Si el deporte individual muestra la grandeza del esfuerzo y la competición en solitario, el deporte de equipo suma a los muchos valores del anterior los de especialización, complementariedad, renuncia, generosidad y un buen número matices que lo hacen de estos deportes aún más valiosos. Pero unos y otros, deportes individuales o colectivos al final son parte de un único equipo: El país al que representan los deportistas y la nación que está detrás. Y en esto los Juegos Olímpicos son el mejor escaparate de cada comunidad en el ámbito internacional.  Hemos visto desfilar contentos y orgullosos a las diferentes delegaciones nacionales agrupadas tras su bandera nacional manifestando su compromiso de luchar deportivamente por ella ¡qué imagen de unidad y compromiso! 

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Pau Gasol

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Rafa Nadal

Es también momento para hacer un balance de la participación española.  Cierto es que la delegación nacional no se presentaba a la cita en las mejores condiciones. La retirada del palista David Cal, y la inoportuna caída de triatleta Javier Gómez Noya por ejemplo, privaron  a nuestra participación de opciones seguras de medalla.  La Selección nacional de Baloncesto, falta de una preparación adecuada sufrieron de los lindo los primeros embates. Ya lo sabemos, lo que no se ensaya no suele salir bien. No obstante, hay que poner en valor  la furia, el coraje de nuestros baloncestistas, que, capitaneados por Pau Gasol y reinventándose a sí mismos, nos llevaron al Olimpo de las semifinales y finalmente sufriendo hasta lo indecible, alzarse con la medalla de bronce ¿Y qué decir de Rafa Nadal y su lesión de muñeca?

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Ruth Beitia

Diecisiete metales, de los que nada menos que siete han sido dorados,  no es un magro botín para la delegación española. Según manifestó en cierto tono de crítica Alejandro Blanco, Presidente del Comité Olímpico Español, – “con el presupuesto de que disponemos…”- Ya se sabe, poderoso caballero es Don dinero. Podemos pues sentirnos más que orgullosos de la actuación de los olímpicos españoles, que nos han dejado en el 14º puesto entre las 208 delegaciones participantes. 209, si incluimos la de los “refugiados”  Aquellos que han dejado una patria y todavía no han sido aceptados por la de adopción. Una prueba más de que el deporte trata de superar las confrontaciones políticas, aunque no sea ajeno del todo a ellas.

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Mireia

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Orlando Ortega

Hagan otros las valoraciones por deportes, por costes, por resultados. Yo – y me atrevo a creer que la mayoría de la mayoría de los españoles-  estoy muy satisfecho y más que agradecido al espectáculo que en estos Juegos Olímpicos de Rio, nos ha brindado. El esfuerzo de tantos deportistas españoles, de su compromiso con su equipo, con su federación, en definitiva con su nación, con España, por encima de intentos manipuladores. –“Ante todo soy española”- sentenciaba Mireia Belmonte. –“Yo soy español”- coreaba la mayoría. Me quedo por tanto con la diversidad de la procedencia regional. Me quedo con la imparable pujanza de nuestras féminas en el deporte olímpico, y del origen foráneo de alguno de nuestros deportistas, que en conjunto, no son más que un reflejo de la sociedad plural en que vivimos.

Pero me quedo por encima de todo con el valor del esfuerzo tanto en el deporte como  en la vida, por encima de la recompensa del pódium. No he querido ilustrar estas reflexiones con fotografías de triunfos, sino del esfuerzo, del tremendo esfuerzo de nuestros deportistas.  Y me quedo con el orgullo que han manifestado de representar los colores de España, sin renunciar a sus raíces, pero pasando por encima de estúpidos localismos para hacernos gritar a la mayoría de los que los hemos seguido y apoyado en Río, en España o en cualquier lugar del mundo:

¡¡¡YO SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL, ESPAÑOL!!!

¡¡¡YO SOY ESPAÑOL ESPAÑOL, ESPAÑOL!!!

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La Delegación española con SM. el Rey

Adolfo Coloma

General de Brigada (R.) del Ejército