¿QUIERES SER SOLDADO? AÑO 2016 (General de División Rafael Dávila Álvarez)

maxresdefaultPara terminar el año escogí como destacado entre los artículos escritos en 2015 el titulado: ‹‹¿Quieres ser soldado?›› Ser soldado es un bello oficio cuyas virtudes heredadas de los Tercios de  Flandes han llegado intactas hasta nuestros días. La legislación actual, a pesar de los partidistas esfuerzos de acomodar este oficio a la particular  y efímera ideología del partido gobernante, siempre sin consenso, no ha logrado -camino de ello van- acabar con la norma espiritual militar de todos los tiempos, con el espíritu nacido de aquellos versos de un humilde soldado de Infantería: ‹‹Aquí la más principal hazaña es obedecer…››. Recogido en las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, estas se modificaron recientemente sin respetar  lo propuesto por la Comisión Militar que redactó su actualización. Fue una injerencia más de la política en la esencia del espíritu militar, rebajando su categoría e importancia a niveles tan preocupantes que, de seguir así, en pocos años habrán desaparecido nuestras Reales Ordenanzas y, lo más grave, el espíritu que las adornaba.2008-09-07_IMG_2008-08-31_00.10.22__arc_afganistan2.jpg

He querido terminar y empezar el año hablando de milicia y del bello oficio de soldado antes de que desaparezca y pase a ser una profesión más, ajena al espíritu y sujeta a las leyes del mercado de trabajo como otra cualquiera. Todavía tengo en mi mente unas palabras que en cierta ocasión leí a un periodista cuando se empezaba a hablar de la profesionalización del servicio militar: «En lugar de que los ricos paguen por no incorporarse a la milicia, serán los pobres quienes cobren por ir››. Terrible y dañina sentencia que ofende a una de los oficios más nobles y duros que existen y que todavía siguen desde la Administración sin regular su prestigio y futuro. Nadie da salida a unos soldados que al cumplir los 42 años ven su futuro en el paro. Insegura vida en el frente y tanto o más al regresar a la retaguardia.

b2b94ba68671d4a7acd9d1fe301fd6beVivimos momentos convulsos en los que hasta las estructuras del Estado y los cimientos de la historia de la Nación española no parecen lo suficientemente sólidos para soportar los vaivenes del movimiento sísmico que padecemos. La milicia no es algo ajena a lo que la sociedad vive. Recientemente la afiliación a un partido político del que fue Jefe de Estado Mayor de la Defensa ha provocado miles de comentarios y una cierta, llamémosla extrañeza, en el seno de los ejércitos. Nada que objetar a la elección política que cada uno y dentro de la ley –el exjemad todavía estaba obligado a mantener neutralidad política- escoja. Sea un partido u otro, si son legales. Lo que extraña es que un soldado que ha alcanzado la máxima jerarquía en las Fuerzas Armadas, que debe ser ejemplo de virtudes y llevar la norma espiritual de la historia militar como bandera de comportamiento, acepte el independentismo, comparta mesa y mantel con partidos que luchan por romper la unidad de España y además, como en Navarra, llegan a vetar la presencia de los Reyes de España o que suene el himno nacional en la ceremonia de los premios Príncipe de Viana. Sin duda que abogan muchos de ellos por la acción sindical y las urnas en los cuarteles y todos sabemos la ideología de compañeros de viaje como Bildu.

Zaragoza 08 de abril de 2014 maniobras de la Brigada Acorazada Guadarrama XII en San Gregorio foto Fabián Simón archdc

Zaragoza 08 de abril de 2014 maniobras de la Brigada Acorazada Guadarrama XII en San Gregorio foto Fabián Simón archdc

‹‹Cuanto es más eficaz mandar con el ejemplo que con mandato,
Más quiere llevar el soldado, los ojos en las espaldas de su capitán
que tener los ojos de su capitán a sus espaldas.
Lo que se manda, se oye.
Lo que se ve, se imita.
Quien ordena lo que no hace,
deshace lo que ordena››.

Rotundas son las palabras del juramento o promesa a la Bandera:

«¡Soldados! ¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?».

descargaConciencia y honor, la Constitución, el Rey, ¡España!… y entregar la vida.

Dice la Ley de Carrera Militar: ‹‹La disposición permanente para defender a España, incluso con la entrega de la vida cuando fuera necesario, constituye su primer y más fundamental deber, que ha de tener su diaria expresión en el más exacto cumplimiento de los preceptos contenidos en la Constitución, en la Ley Orgánica de la Defensa Nacional y en esta ley››.

Y así una ley y otra. Podríamos seguir, ley tras ley, reglamento tras reglamento, espíritu tras espíritu. Entregar la vida. Esto no es un juego que permita veleidades.

En lo colectivo, las Fuerzas Armadas deben ser imparciales y profesionales en el cumplimiento de sus funciones. La imparcialidad se consigue por la vía del apartidismo, y la profesionalidad mediante la jerarquía y la disciplina. El deber es el deber y además es ley. Lo dice también el espíritu del soldado.

Uno de los Siete Sabios de Grecia, Solón de Atenas, dejó escrita una máxima: ‹‹Que los ciudadanos obedezcan a sus superiores y éstos a las Leyes». Está claro que la ley debe primar sobre la autoridad ya que esta precisamente se fundamente en el propio ordenamiento jurídico.

Independencia, Constitución, soberanía, monarquía, obedecer y respetar al Rey… Entregar la vida por ello.

PO16 FIGUEIRIDO (PONTEVEDRA), 11/11/08.- Los compañeros de Rubén Alonso Ríos y Juan Andrés Suárez García, los militares españoles fallecidos el pasado domingo en un ataque suicida en Afganistán, portan los féretros durante el funeral celebrado esta mañana en la sede de la Brigada Ligera Aerotransportable (Brilat), en Figueirido (Pontevedra). EFE/Salvador Sas

Preguntas de soldado que mira atónito su misión y la legislación. “Aquí la más principal hazaña es obedecer, y el modo cómo ha de ser es ni pedir ni rehusar. Aquí, en fin, la cortesía, el buen trato, la verdad, la fineza, la lealtad, el honor, la bizarría; el crédito, la opinión, la constancia, la paciencia, la humildad y la obediencia, fama, honor y vida son, caudal de pobres soldados; que en buena o mala fortuna, la milicia no es más que una religión de hombres honrados”.

‹‹Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir››, dice el Credo de la Legión.

Y se cierra nuestro juramento a la Bandera con la rotundidad de estas palabras:

«Si cumplís vuestro juramento o promesa, España os lo agradecerá y premiará y si no, os lo demandará».

Muchos interrogantes.

Claro que podría ser que yo ya sea un soldado anclado en viejas añoranzas y debiera quedarme en la cuneta dando paso a otro estilo, otra forma de ser y vivir la milicia.

8095_tropas_espanolas_afganistanEl caso es que conozco y me escriben muchos jóvenes soldados que a pesar de sus dudas siguen con ese espíritu que aquí hemos explicado en más de una ocasión y que expusimos en un vibrante artículo de uno de nuestros colaboradores:

“Mi teniente con usted hasta la muerte”.

Eso es para mí ser soldado, ayer hoy y siempre.

Aquí la más principal hazaña es obedecer, dice Calderón.

Remata Quevedo, quien ordena lo que no hace…

El espíritu de los soldados de Flandes y de los soldados de España. Ayer y hoy. Esperemos que también mañana.

Son “Nuestro Soldado”:1363436803_0

Roto, descalzo, dócil a la suerte,
cuerpo cenceño y ágil, tez morena,
a la espalda el morral, camina y llena
el certero fusil su mano fuerte.
Sin pan, sin techo, en su mirar se advierte
vívida luz que el ánimo serena,
la limpia claridad de un alma buena
y el augusto reflejo de la muerte.
No hay a su duro pie risco vedado;
sueño no ha menester; treguas no quiere;
donde le llevan va; jamás cansado
ni el bien le asombra ni el desdén le hiere:
sumiso, valeroso, resignado
obedece, pelea, triunfa y muere. (Amós de Escalante)
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

1 de enero de 2016

12 pensamientos en “¿QUIERES SER SOLDADO? AÑO 2016 (General de División Rafael Dávila Álvarez)

  1. Buena elección de artículo para reflexionar en los comienzos de este nuevo año, mi querido General; sobre todo, porque muchos españoles desconocen lo que son nuestras Fuerzas Armadas. Aprovecho esta circunstancia para manifestar mi propia experiencia como soldado que fui y como civil que continué hasta nuestros días.
    Como bien sabe usted, yo fui voluntario profesional en Unidad de Élite de nuestro Ejército, fui con mi carrera civil acabada, por eso era algo mayor que mis compañeros de milicia; no solo me formé como soldado de élite, durante los años que estuve allí, sino que fue la ocasión de ejercer plenamente mi carrera en mi Unidad Madre.
    Cuando me licencié encontré trabajo de inmediato y a un buen nivel, porque la experiencia realizada y vivida en la milicia me sirvió y fue fundamental en mi currículum; a mis compañeros los he conservado durante 47 años que hace desde que compartí maniobras, literas, sacrificios, y alegrías con ellos. Y cuando visité al que fue mi querido, respetado y añorado General, antes de su fallecimiento, me dijo: “Pedro, me alegro que triunfes en tu carrera y profesión, pero creo que en tu interior te sientes frustrado por no continuar como militar…”. Fue la última vez que estuve con el y esas palabras las tengo grabadas en mi interior, porque tenía razón. El espíritu militar siempre ha estado presente en mi, a pesar del tiempo.
    Decir que todos somos iguales en dignidad es fácil. Lo difícil es no mirar con lástima al que cae o con desdén al que despunta. Lo verdaderamente difícil es romper el hielo de la indiferencia en el que vivimos atrapados, consumiendo información como quien ve amanecer sobre un suelo helado. Los telediarios se abren cada día con las cifras de la temperatura económica y se cierran con las noticias meteorológicas. Durante los años que fue mi General, fue alguien a quien recordé y recordaré siempre, con cariño y respeto, por su mirada, su ejemplo, su integridad y su espíritu militar, legionario y paracaidista.
    En todo ello he visto mi dignidad, mi espíritu de sacrificio y de superación. Es fácil, insisto, reconocer la dignidad universal. Lo difícil es reconocérsela a cada uno cuando ya no está entre nosotros. Es más fácil querer a todo el mundo que respetar a uno solo, diferente de todos los demás. Basta creer que se quiere para querer, siquiera un poco. Respetar, en cambio, es otra cosa. No es una manera de querer sino una manera de ser. El General y el hombre, supo ejercer los valores que corresponden a esas condiciones. Con humildad y sencillez, pero con firmeza y autoridad, hizo posible que muchos creciéramos en dureza, autodominio y disciplina.
    A los personajes se les suele recordar por sus obras. A mi General se le recuerda por algo diferente: su saber estar, equilibrio, humanidad, entrega,… Él ha hecho diferente muchos instantes, muchos encuentros. No por sus palabras sino por algo anterior a las palabras, algo que ha inspirado no solo las suyas sino también las mías. Algunos, tal vez, nunca habríamos tomado la palabra si hombre como él no nos hubieran dicho sin palabras esas dos que todos necesitamos oír para descubrir nuestra dignidad: “animo” y “adelante”, porque tú puedes… Pocos son los que saben hablar sin palabras mejor que con ellas. Y menos aún quienes saben expresar lo que sienten cuando les oyen: ¡qué diferencia!. Descansa en paz, mi General, y que Dios te tenga en su Gloria.
    Por todo ello puedo manifestar que los miembros de las Fuerzas Armadas juran dar su vida (“hasta la última gota de su sangre”) en el cumplimiento de las misiones que se les confían. Esto parecerá algo simbólico o virtual, pero se equivocan. Es algo real y sucede. Ahora recordarán que entre sus miembros hay quien muere, incluso, en las misiones llamadas de paz, o víctimas del terrorismo.
    ¿Se conoce alguna profesión que haga tal juramento? El humanismo siempre se ha interesado por la vida de las personas, especialmente cuando la pierden en servicio a los demás. Si el compromiso, el comprometerse, es la expresión esencial del humanismo, entregar la propia vida es la sublimación de ese compromiso.
    Si nunca se ha tenido contacto con miembros de las Fuerzas Armadas sugiero que se busque y que se conozca, por ejemplo, a un oficial superior. Se encontrará a persona formada, preparada para ejercer su profesión, con varios cursos de especialización además de su carrera, con dominio de idiomas, con experiencia en misiones internacionales, que saben mandar y dirigir a otras personas, que tienen virtudes poco frecuentes en nuestra sociedad actual como la responsabilidad, el respeto, la austeridad de vida, el compañerismo, la solidaridad, el amor a España y a su bandera y la capacidad de sacrificio, entre otras. Estos hombres se retiran y pasan a la reserva en plena madurez y constituye un auténtico despilfarro para nuestro país que no puedan aprovecharse sus capacidades en la vida civil. No ocurre así en otros países.
    El comportamiento de las Fuerzas Armadas en la transición política española fue ejemplar, sin que ello se vea empañado por acontecimientos puntuales. La aceptación de la autoridad política civil, sea del partido político que sea, es prueba de madurez y modernidad y al mismo tiempo de disciplina. Está por hacer el homenaje nacional que merece tal comportamiento.
    Ahora nuestras Fuerzas Armadas son profesionales, pero ello no evita recordar que cuando no lo eran, además de sus misiones esenciales, cumplieron una importantísima de alfabetización. Muchos españoles han aprendido a leer y a escribir haciendo la “mili”.
    La misión tradicional de las Fuerzas Armadas de defender nuestro país de las agresiones exteriores, ha sido trascendida por las misiones de paz y seguridad en el seno de organizaciones supranacionales. Estas misiones les permiten, además, compartir con las Fuerzas Armadas de otros países el objetivo de llevar la paz y garantizar la seguridad a países o zonas en conflicto. Tienen la oportunidad de compararse y en tal comparación siempre las nuestra han salido beneficiadas.
    Tanto en las misiones de paz, como ante cualquier desastre natural, las Fuerzas Armadas son las mejores, más rápidas y más eficaces en la prestación de ayuda humanitaria.
    Sí, mi querido General, nuestras Fuerzas Armadas merecen el reconocimiento de los ciudadanos y que se superen y olviden las campañas mediáticas de desprestigio a que se vieron sometidas. En ese reconocimiento debe incluirse la necesidad de dotaciones suficientes en personal y material para cumplir sus misiones. Pero por encima de todo es preciso transmitir a los ciudadanos que un país no es respetado si no tiene unas Fuerzas Armadas respetables.
    En nuestro mundo, y en España, azotado por la crisis económica, social y moral, sin cohesión en torno a valores básicos, sin apenas sociedad civil, en donde se constata la insuficiencia de las formas políticas, sometida a tendencias disgregadoras, y sin instituciones públicas irreprochables, las Fuerzas Armadas aparecen como un reducto de seguridad, confianza, estabilidad y permanencia.
    En fin, mi querido General, creo que esta vez me he pasado en extensión, pero no he podido controlar mis recuerdos, experiencia y sentimiento; por ello ruego me disculpe y, como siempre, un fuerte y afectivo abrazo.
    Pedro Motas

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  2. Mi General,

    Permítame, en su mención de Amós de Escalante y Prieto, y como post datum, transcribir unos bellos párrafos de su obra ´Costas y montañas: diario de un caminante‘, como frontispicio de sufrimiento e incomprensión histórica del soldado en nuestra, tan ingrata, tierra. Como madrastra con sus mejores hijos.

    — Ayudaron nuestros templarios gallardamente a la reconquista, y es gloria de su Orden en Castilla haber salido limpia de toda abominación del proceso que la condenó a exterminio en todos los reinos cristianos; si tenían pecados de orgullo y prepotencia que expiar, la expiación fue dura y completa. Su historiador español Garibay los pinta, y es tristísima pintura, arrojados de sus conventos y encomiendas, expuestos a la insolencia de pecheros y villanos, acosados por campos y aldeas, mendigando asilo, escondiendo sus gloriosas divisas, despedidos de la hueste, negado a su desesperación el campo de batalla y la gloriosa tumba del soldado muerto por armas, necesitados de solicitar amparo del rey Fernando IV, para salvar su inerme y desconsolada vida. Al morir obscurecidos, pobres y odiados, purificados por el martirio, podían ofrecerse a Dios, repitiendo la letra escrita en sus estandartes, letra de los humildes y resignados: NON NOBIS, DOMINE, NON NOBIS, SED NOMINI TUO DA GLORIAM. —

    — ¡ A la orden de vuecencia !

    Francisco de Javier

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  3. Muy buen artículo.

    La vida del soldado (soldado profesional de tropa y marinería) en España a día de hoy, prácticamente no tiene futuro. De hecho apenas sacan convocatorias, cosa que hace 10 años no se veía ni de cerca.

    En la época de Aznar (y hablo del 2003/2004) la gente se alistaba sin problemas, y normalmente siempre había 1 convocatoria como mínimo.

    Recuerdo a personas que por entonces aborrecían todo lo relacionado con lo militar, dejándose las entrañas por alistarse en las convocatorias del año 2009, cuando ya era prácticamente imposible para algun@s que le asignasen plaza, debido a la gran demanda por la escasez de trabajo. Hasta gente diplomada realizaba las pruebas para entrar a tropa, lo que hacía el baremo imposible para los que no daban la nota o carecían de ese nivel de formación. A partir de ahí las convocatorias se redujeron a 1/2 por año, y ha habido algún que otro año desde el 2009, que no han sacado más de 1.

    En éste país no se aprecia para nada ni al ejército ni a sus soldados. Hace muchos años que llevamos viendo como lo degradan cada vez más.

    Saludos

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  4. Apruebo su carta, que a continuación borraré, para su propia vergüenza. Queda usted definido en ella. Su rencor, amargura, odio, nivel intelectual y cultura, no merecen mas contestación. Siento que sea tan desdichado.

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  5. Para el tal Lur: se ve que poco conoce la vida militar, que su ideología no le permite mirar más allá de sus narices, que el respeto y educación brilla por su ausencia, que más allá de sus palabras se puede adivinar su tendencia y doctrina… Y mire, yo ya no soy militar, lo fui en mi juventud varios años como humilde y sencillo soldado de élite, donde la disciplina es más rígida, donde se sufre por superar los propios límites, donde se arriesga la vida; desde hace 46 años que me licencié, y le puedo asegurar que, en parte, gracias a los valores adquiridos triunfé en la vida civil, me superé en mi profesión y en mis dos carreras universitarias, superé una dura oposición a la Administración Pública llegando a alto funcionario como Jefe de Servicio, y continué como profesor universitario pos grado, hasta hace poco que me jubilé; mis jefes fueron un ejemplo de honradez, saber estar, compañerismo, dedicación y ética profesional. Y conservo la amistad de mis jefes y compañeros de entonces. Como podrá observar, si quiere observar, eso quiere decir algo. Nadie es perfecto, pero eso ocurre en todos los colectivos de la sociedad. Y sin ánimo de ofender, le recomiendo que, sobre todo, procure tratar con más respeto, humildad y educación a alguien que no se dedica a poner zancadilla a nadie.
    Pedro Motas

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