PACIFISTAS Y BUENISTAS, NO SON PACIFICADORES Enrique Alonso Marcili Coronel de Infantería (R)

5742ba5bb3299Dimitri Malinovski, que había sido secretario de la Komintern finalizó su discurso en el año 1949 en la Escuela de Guerra política de Moscú diciendo: “Hoy no somos bastante fuertes para atacar. Nuestra hora llegara dentro de veinte o treinta años. Los estados capitalistas serán felices colaborando a su propia destrucción… Lanzaremos el más espectacular movimiento por la paz que se haya conocido en la historia del mundo. Aprovecharemos todas las ocasiones para hacernos amigos. Y cuando hayan bajado la guardia, los aplastaremos con nuestro puño cerrado”.

Durante los años 50 y 60 del pasado siglo, el magnífico aparato de propaganda soviético apoyado en las teorías gramscianas (1) provocó serias convulsiones sociales tanto en los Estados Unidos de América como en Europa. Inevitablemente han dejado como residuo una difusa mentalidad según la cual no hay mayor valor que la propia vida haciendo fácil presa a las sociedades afectadas de las campañas pacifistas. No es cuestión de incidir en ello, pero de aquellos lodos, sin duda, queda barro, y no poco barro.

Tal es así, que vivimos en España una situación de permanente confrontación política y en consecuencia de incertidumbre, que el esperpento parece haberse generalizado. Este blog, ha dejado reflejo de ello en la pluma del general Chicharro “una ignorante quiere declarar las Islas Canarias territorio de paz y que se vayan de allí las FAS”

Aunque la guerra entraña violencia, no es precisamente la guerra la que la produce. No es la guerra en nuestro concepto occidental de base cristiana (aunque muchos hagan abstracción de ello) la que provoca la violencia. La violencia está implícita en la falta de justicia y de dignidad, en la opresión, en el sometimiento de un pueblo por la fuerza, porque, aunque situaciones como estas se mantengan por un tiempo dentro de un cierto equilibrio, siempre terminan violentando la paz.

descargaLa paz no es posible sin justicia, sin libertad, sin dignidad y sin seguridad, y los ejércitos son tan solo corresponsables de la seguridad. Hoy, además, operan solidariamente con otros para establecerla u obtenerla en función de criterios políticos que se establecen mediante alianzas.

La paz es pues, un concepto dinámico que exige en el tiempo y de manera continuada garantizar la libertad, la justicia, la dignidad y la seguridad de los pueblos, conceptos estos contenidos todos en el preámbulo de la Constitución española vigente en los términos  “garantizar  y proteger” que son sinónimos de Seguridad. Y en esa labor de seguridad están las Fuerzas Armadas españolas.

Los ejércitos de España constituyen la fuerza legal de la nación para garantizar su libertad y seguridad, están sometidos al DERECHO (en mayúsculas) tanto nacional como internacional. Este último en función de los acuerdos de España con otras organizaciones o naciones. Y a pesar de ser poseedoras de la fuerza, no tienen iniciativa por sí para su empleo – esa es una de las facetas de la disciplina –808996_1

Los pacifistas que no pacificadores, interesados en anular la conciencia de defensa, utilizan la demagogia para captar sensibilidades inocentes aprovechando arteramente dos circunstancias que se dan inevitablemente en las sociedades de nuestro entorno.

En primer lugar, suele ocurrir que en las sociedades avanzadas, no se tiene conciencia de que la indiferencia ante ciertos beneficios (la seguridad) puede poner en peligro el disfrute de otros beneficios que se consideran imprescindibles (la paz). Se cae en el error de creer que los beneficios que se disfrutan son inatacables y se ignoran los riesgos que amenazan o pueden amenazar, su evolución en el tiempo, las necesidades que pueden generar y las posibles formas de atender a esas necesidades llegado el momento (la defensa).

Y en segundo lugar, porque dicho lo anterior, no es fácil mover en la opinión pública la conciencia de que acepte el sacrificio y esfuerzo económico consecuente, capaz de dotar en la medida necesaria a sus Fuerzas Armadas a fin de proporcionar al sistema defensivo, las dotaciones,  equipamiento, instrucción y adiestramiento necesario. Es decir la conciencia de la necesidad de la defensa.

Ante estas dos premisas previas conviene distinguir de manera neta entre quienes procuran la paz, y quienes buscan alterar el orden o imponer un orden determinado, sin importarles la justicia, la libertad y la dignidad.

n014p02aY en este sentido, equivocan a terceros, aquellos que guiados de ideas filosófico/religiosas se declaran objetores y pacifistas. Y equivocan porque esa es una opción individual y libre que se relaciona con la libertad personal cuando lo que se haya en juego es el propio “yo”. Pero cuando, lo que se agrede o pisotea está por encima de nosotros mismos, algo cuya defensa nos incumbe porque afecta a todos, entonces no cabe hacer dejación de esa responsabilidad de defenderla. Sería tanto como confundir la paz con el mantenimiento generalizado de la injusticia y la indignidad.

Se equivocan ellos mismos y también equivocan a terceros, aquellos que argumentan el dispendio que produce el mantenimiento de las Fuerzas Armadas en época de paz. Estos hacen abstracción de la naturaleza humana y no tienen en cuenta el concepto de sistema abierto que tiene este universo, cuyas reacciones no siempre son de aceptación o conformidad, circunstancias que ponen en riesgo  el beneficio de la armonía de la paz.
Y por último, aquellos que proponen la coexistencia pacífica de Malinosvki,  jugando con un idioma ambivalente, de dos caras, un lenguaje equivoco, en suma,  con el que pretenden conseguir y de hecho lo están consiguiendo, el desarme moral de la sociedad anulando la conciencia de defensa que todo pueblo que quiera progresar libre y en paz necesariamente ha de tener. Un desarme moral del que son cómplices también los “buenistas”, tibios o reacios al empleo de la fuerza legal para defender el derecho. Estos quiebran la autoridad y permiten a los arribistas aprovechar las grietas que toda norma tiene.

El DERECHO (en mayúsculas) y la fuerza que dimana de la autoridad son un binomio imprescindible, porque la fuerza ajena al derecho seria tiránica imposición y el derecho sin la fuerza para imponerlo, promueve la injusticia que hiere dignidades.  301307_476247122408350_781884793_n

No nos dejemos engañar. Los que se declaran “pacifistas antimilitaristas”  o los llamados “buenistas” no son pacificadores. Unos por falta de valores o incapaces de reflexión; y otros, que con turbia intención, abocan a la violencia como señalaba Hobbes: “Sin ejércitos disciplinados y sometidos a la ley el choque de las masas sería inevitable”.

Enrique Alonso Marcili Coronel de Infantería (R)

  • (Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci)

8 pensamientos en “PACIFISTAS Y BUENISTAS, NO SON PACIFICADORES Enrique Alonso Marcili Coronel de Infantería (R)

  1. Muy bien Enrique,estupendo artículo..Me quedo con tu último párrafo:” los que se declaran pacifistas antimilitaristas,o los llamados buenitas no son pacificadores”.El paradigma gráfico de este párrafo,es ver a estos pacifistas rindiendo culto con sus vestimentas al Che Güevara.
    Un fuerte abrazo

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  2. Querido Juan, mi general, hay cosas que después de una vida, visto lo que hemos visto y lo que inevitablemente vemos, tenemos muy claritas. El problema es que los engañados les hacen el agua a los mal intencionados.
    Un abrazo y a tus ordenes

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  3. Decía un pensador Españolísimo:
    “que cuando se ofende a la Patria o a la Justicia, no queda más dialéctica que la de los puños y las pistolas.
    Y bastante que ha sido atacado por el comentario, tanto, que asesinarlo , les pareció poco, así que no paran de falsear y tergiversar la Historia.
    Sin embargo, hasta un Sr.que al parecer es poco amigo de la independencia , ayer iba de la mano de los inpendentistas. No es por nada, pero continuamente se les ve la “patita”.
    Mi Coronel, un abrazo y a sus órdenes siempre.

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  4. Una verdadera lección de mucha altura intelectual.
    El ensayo es fácil de comprender porque cada párrafo es un correlato del anterior. La idea fuerza fluye fácilmente de las palabras.
    No hay mucha gente, que se tienen por intelectuales, que sea capaz, aquí y ahora, de escribir y describir tan bien.
    Magnífico, Quique.

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  5. Me preocupa y me indigna la canallesca actitud de los que vestidos con el disfraz de inocente oveja -pero por dentro son lobos rapaces-, y enarbolando por bandera el pacifismo trasnochado del que habla el coronel Alonso, han dado en hacer creer a todos que los muchos problemas de España -y quién no los tiene?- se pueden solucionar mediante la convocatoria de referéndums, dizque democráticos, en los distintos territorios para posibilitar el derecho a decidir -decidir ellos-, que no es otra cosa que consentir en la ruptura de España y la disolución de la Nación.
    Algún periodista avezado, algún político nuevo o viejo, algún catedrático de derecho, algún profesor asociado de alguna facultad de ciencias políticas, algún constitucionalista, algún consejero de Estado, algún expresidente o exministro, algún magistrado, debería decir a los que propugnan esto, que la legalidad no permite ni la Nación representada por sus instituciones -y en último término por el Ejército- consiente ni va a consentir jamás que este disparate se pueda perpetrar. Dentro de la Ley todo, fuera de la Ley nada.
    La Constitución española puede reformarse en todo su contenido, al contrario que otras, que se dotan de una parte de la misma que es intocable.
    A determinados capítulos de la Constitución, que se consideran especialmente importantes para la estructura constitucional, se les ha dotado de una rigidez especial cuyo procedimiento de reforma es tan restrictivo como la aprobación de una nueva Constitución. La Constitución considera de especial trascendencia la reforma del Título Preliminar -relativo a la Nación, la soberanía del pueblo español, la unidad territorial, etc-, del Título II -relativo a la Corona-, o de la sección I del Capítulo II del Título I -que establece los derechos fundamentales y libertades públicas de los arts. 15 a 29-. Por ello, su modificación exige la utilización de un procedimiento agravado de reforma, cuya aprobación requiere mayoría cualificada de dos tercios en ambas Cámaras, con su inmediata disolución, y tras las consiguientes elecciones generales, las nuevas Cortes deberían de volver a aprobar la modificación por una nueva mayoría de dos tercios, debiendo ser finalmente aprobada si obtiene su ratificación mediante referéndum nacional.
    Supongo que si mañana se me fuera la cabeza y fundara un partido político cuyo programa incluyera la ocurrencia de encarcelar a todos los zurdos de este país, ni el Ministerio del Interior me lo inscribiría ni la Junta Electoral Central me permitiría concurrir a las elecciones por manifiesta ilegalidad. Siguiendo este razonamiento, ¿por qué se permite que agrupaciones como Podemos y otros partidos políticos puedan concurrir a la pugna democrática por el poder con propuestas que son absolutamente antidemocráticas? Usar y abusar de la democracia para atentar contra la democracia desde dentro, desde el poder. Eso nos recuerda algo a todos. Creo sinceramente que estamos dejando hacer demasiado. Un cáncer “in situ” o en estadío inicial es fácilmente curable, pero en estadío avanzado o es incurable o la curación, si se produce, es con graves perjuicios y con cirugía radical.
    Me gusta recordar a Miguel de Unamuno que dijo que España no es una mera sociedad mercantil que pueda disolverse a petición de una de la partes, y que apostilló que en la hora crítica del dolor de España sabía que tenía que seguir a los soldados.
    Soldados de España: jefes retirados, en la reserva o en activo, oficiales y suboficiales, tropa, reservistas voluntarios y civiles (todos cuantos habéis jurado defender a España hasta la última gota de vuestra sangre), si llegado el momento de la hora crítica del dolor de España hubiera una defección de los poderes del Estado, la Nación ha de levantarse subsidiariamente como un solo hombre contra la tiranía y la traición. Si así lo hiciereis, que Dios y la Patria os lo premien; y si no, que con todo rigor os lo demanden!!
    ¡¡ Dios, Patria y Justicia !!
    ¡¡ Arriba España !!

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  6. El primero que no quiere la guerra es el militar porque sabe lo que significa dicho concepto.
    Los políticos meten a las sociedades y las naciones en las guerras y los militares las resuelven.
    Si no quieres la guerra vigila a los politicos

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