LOS VERSOS DEL CORONEL (II-2) Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

 

 

 

 

 

 

VELÁZQUEZ

FRANCISCO PACHECO (?) Antes de 1623
Museo de el Prado

En 1621 muere Felipe III y el nuevo monarca Felipe IV favorece a un noble de familia sevillana, Gaspar de Guzmán, luego conde-duque de Olivares, que habría de convertirse en poco tiempo en el todopoderoso valido del rey, y que abogó porque la corte estuviera integrada mayoritariamente por andaluces.

Pacheco debió de entender que esta circunstancia podría suponer una gran oportunidad para Diego, ya casado con su hija Juana,  y procurándole los contactos oportunos, Velázquez viajó a Madrid con el  pretexto de conocer las colecciones de pintura de El Escorial.  Este primer viaje tuvo lugar en la primavera de 1622 y Velázquez debió de ser presentado al conde-duque, pero según relata el mismo Pacheco «no se pudo retratar al rey aunque se procuró», por lo que el pintor regresó a Sevilla antes de fin de año.

Vuelto a Sevilla parece ser que pinta este retrato de su suegro, si bien es cierto que así como a otros retratos realizados por el artista en la misma época, Pacheco sí que hace referencia, no la hace con éste, lo cual parece extraño. De todas formas, doctores tiene la Iglesia, y la obra fue atribuida a Velázquez en el primer inventario del Prado.

Se puede datar la fecha de su realización como anterior a 1623, porque el personaje lleva el cuello con gorguera en lechuguilla; prenda cuyo uso por pomposa y por lujosa fue abolido en dicho año por las normas de austeridad dictadas por Felipe IV.

EL PATRÓN

 (Soneto)

 Personaje al pintor caro y cercano:

-si cierto este retrato suyo fuera-,

pues oficio aprendió, modo y manera,

do el taller que rigiera el sevillano;

 

 que allí continuó su andar temprano,

cansado que quedó “del viejo Herrera”:

y de Juana, su esposa y compañera,

al patrón, tuvo a bien pedir la mano.

 

Controlando las luces con destreza,

plateado el mostacho y la perilla,

moviendo los pinceles con soltura

 

 lo eterniza maduro y con viveza,

al cuello la aún pomposa lechuguilla,

 sobre un fondo absoluto de negrura.

 

 

VIEJA FRIENDO HUEVOS, 1618. National Gallery. Edimburgo

 Uno de los cuadros más conocidos del pintor y uno de los más famosos de la pintura barroca       española en el que Velázquez se mantiene absolutamente fiel a los parámetros de su época sevillana: el uso de los tonos ocres y pardos que contrasta con el blanco, haciendo reafirmar ese contraste con la utilización de tonalidades negras.

También aquí los personajes, posiblemente muy próximos al autor, mantienen una relación independiente, no vinculados en la representación de la escena.

Pero lo verdaderamente novedoso de esta obra es el motivo, que si trivial en la concepción, le permite alcanzar un hito difícilmente superable en la pintura tanto en el dominio de la perspectiva en el plano de la mesa que nos permite contemplar el bodegón, como en el tratamiento de los materiales del mismo (sólo la sombra del cuchillo situado sobre el cuenco de loza ya es un portento en sí) según recojo en el soneto.

Y  los protagonista principales que dan título a la obra, sobre cuya controversia (si la vieja los fríe, los cuece o los escalda) me inclino por la primera opción: en abundante aceite, ahora y siempre en la cocina, el más modesto (y suculento):

 

ICONO

(Soneto)

 Difícil de encontrar, pienso sería,

hallar en tan trivial el escenario,

en tan simple motivo culinario,

tanto arte como aquí se mostraría.

 

Pues nadie sino él se atrevería

al barro así tratar, y ese el rosario

de brillos y de sombras; un muestrario

que ni antes ni después se lograría.

 

 Magistral de sus pardos es el tono,

de sus ocres, sus negros; blanco el paño

donde hasta lo mugriento es bien tratado.

 

Y en el fuego, el más modesto icono

de hoy en la cocina como antaño,

se fríe, por el genio sublimado.

 

 

EL AGUADOR DE SEVILLA (Detalle) 1620 h.
Wellington Museum. Londres

 

Posiblemente sea la obra maestra de su etapa sevillana.

En ella aparecen dos figuras en primer plano, un aguador y un niño, y al fondo un hombre bebiendo en un jarro, personajes muy del gusto del pintor en esta época.

Velázquez sigue destacando por su acusado realismo, reflejado en la copa entre las dos figuras principales que se recortan sobre un fondo neutro, donde la transparencia del cristal nos permite ver en su interior un higo para dar sabor al agua, o en los efectos en el barro del jarro de la izquierda, y juega con los acostumbrados contrastes de luz y sombra.

El colorido que utiliza sigue la ya conocida gama oscura de colores terrosos, ocres y marrones.

Ante una tan descomunal obra de arte he preferido, en lo que ya es una costumbre, destacar lo más sutil y más difícil.

 

LÁGRIMAS

 (Soneto)

 Destaca su figura, “mal vestido”

pues luce “vil y roto” su tabardo

la de un viejo aguador, y el color pardo

inunda sabiamente compartido

 

el espacio do un blanco deslucido

la réplica le da; pero me guardo,

no queriendo en contarlo ser muy tardo,

los matices que da al barro cocido,

 

de la loza imposible la textura,

finísimo el cristal en sus reflejos,

del cántaro palpable ese frescor;

 

 que al llorar por sus poros agua pura

– y esas gotas dejáronnos perplejos –

sus lágrimas nos muestra sin rubor.

(Continuará)

8 pensamientos en “LOS VERSOS DEL CORONEL (II-2) Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

  1. Buenos dias mi general..estoy maravillada, sabe Vd. de todo y en profundidad..si, como dije alguna vez..voy a aprender mucho y de todo en su blog.. ! gracias..!
    Un cordial saludo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s