MEDALLA MILITAR AL ALFÉREZ CAPELLÁN DE LA LEGIÓN. D. JOSÉ CABALLERO GARCÍA. EFEMÉRIDE: 20 FEBRERO

Misa de campaña. Frente de Madrid

Durante los combates librados en el frente del Jarama el día 20 de febrero de 1937, se destaca la actuación del alférez capellán José Caballero García de la I Bandera de la Legión. Uno de sus legionarios cae gravemente herido fuera de las trincheras propias y tras varios intentos por retirarlo, dos legionarios que habían acudido a su auxilio caen también heridos.

El capellán acude a ejercer su sagrada misión despreciando todo el peligro, atravesando una zona muy batida por el fuego; tras asistir a uno de los legionarios en sus últimos momentos, es herido en un brazo y en el pecho.

A pesar de ello logra evacuar a otro de sus legionarios hasta la trinchera, mientras el tercero llega a la misma por sus propios medios, dejándose arrastrar por una cuerda que le lanzaron sus compañeros.

El capellán se negó a ser evacuado, alegando que más importante que sus heridas eran los auxilios espirituales que podría seguir prestando.

Por su actuación heroica se le concede la Medalla Militar Individual.

19 febrero 2018

Blog: generaldavila.com

 

11 pensamientos en “MEDALLA MILITAR AL ALFÉREZ CAPELLÁN DE LA LEGIÓN. D. JOSÉ CABALLERO GARCÍA. EFEMÉRIDE: 20 FEBRERO

  1. Cualquier acto heroíco es digno de admiración.
    Y no solamente los que implican arriesgar la vida en combate… también el hacerlo sin armas para socorrer a un prójimo.
    Cuando el segundo supuesto se da en el primer “escenario” la ofrenda de la propia vida tiene igual o mayor mérito.
    Por ello es tan merecida la Medalla Militar individual de ese heroíco “pater”.
    A sus órdenes mi general con un respetuoso saludo.

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  2. Estoy seguro que cuando se presentase ante el Altísimo, sería condecorado con la Laureada celestial ante sus queridos legionarios. Heroico y magnífico ejemplo.

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  3. Tuve la suerte de conocer al pater Caballero, impresionaba por su figura austera y por su Medalla Militar sobre la sotana

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  4. Buenas tardes, mi General:
    Todos aquellos Páter qué con sus hábitos deciden completar su andadura por el camino militar son, sin duda, dignos de mención: ya sea honorífica o representativa. Cierto es que al hacerlo dentro de la milicia, que menos que tener muy en cuenta sus comportamientos heroicos y reconocer sus hazañas o sus cualidades. Leer su artículo, mi General, hizo que recordara aquel Páter, Capitán Paracaidista, en aquellos meses maravillosos de noviembre y diciembre del año 1989 que pasé en el Batallón de Instrucción Paracaidista, BIP, en Murcia. Siempre acompañaba de manera humilde, con palabras, hechos y demás ocurrencias, aquellos reclutas que formamos el curso 538/539, en esa angustia por el riesgo de saltar desde un avión. Siempre atento a nosotros sin escapársele ni un momento las inquietudes del soldado que, lejos de su hogar, formaba parte de aquella campaña de instrucción paracaidista dando ánimos y fuerza espiritual. Estudié mi bachiller, junco con un hermano mayor, en el Seminario. Él se hizo sacerdote, yo me hice militar; pero nunca olvidaré aquellas palabras que él tuvo cuando me fui al ejército y emprendí mi viaje a lugares desconocidos. Me ayudaron, lógicamente. Le estoy muy agradecido. Como agradecido estoy de mi capitán, aquel Páter, Paracaidista valiente y decidido. En la División Azul también los hubo, alguno falleció en la campaña de una bala de algún «paco» –creo recordar–. Siempre ayudando y dejándose la piel e, incluso la vida. Como aquél Páter en nuestra guerra civil en la sierra madrileña cuando hombres y mujeres, jóvenes y viejos armados con fusiles que cogieron en los cuarteles para no dar “cuartel” a ninguno del otro bando. Fueron a por aquel Páter del pueblo, pero este se encaramó a la torreta del campanario haciendo fuego con su carabina. Ya de día, cuando los milicianos consiguieron subir a la torre se apoderaron de él y lo lanzaron al aire…

    Bien merecida la condecoración, mi General. Sin duda, este Pater, fue, como tantos otros, un hombre valiente que supo estar en ese momento a la altura de las circunstancias.

    Para la ocasión, deseo añadir a mi comentario unas palabras de un veterano divisionario: Dionisio Ridruejo. Suyas fueron dentro de un refugio, en horas de fuego artillero Ruso, que fue especialmente notorio.
    «He aprendido a rezar el Padrenuestro, a comprender su perfección, su suficiencia. Nada queda fuera de esta oración divina. Nada es necesario añadir, nada falta. Todo cuanto el alma puede decir y pedir a Dios está en estas palabras»

    Sin otro particular, quedó a sus órdenes.
    Víctor Fraga, guardia civil y soldado.

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  5. Buenas tardes mi General:

    heroica historia del sacerdote alférez de la legión y capellán, con su muy merecida medalla individual militar, de D. Jose Caballero Garcia.

    Hoy he conocido algo mas de todo ello. Infinitas gracias.

    Un afectuoso saludo.

    Josefa Lopez del Moral Beltran.

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  6. A las órdenes de V.E., mi General.

    Otra muerte gloriosa en plena acción de un Pater , fue la del Padre Huidobro, Capellán de la Legión, cuya vida fue segada por un proyectil o granada antitanque mientras ejercía su ministerio atendiendo espiritualmente a sus legionarios en primera línea de fuego en la zona de Aravaca, Madrid. El entonces Capitán que mandaba la Compañía, luego Tte. General Iniesta Cano, ante lo complicada que se estaba poniendo la situación, y ya con algunas bajas mortales, le pidió que se retirase a retaguardia y allí continuase atendiendo a los que heridos que evacuaban hacia atrás. Obedeció de inmediato, y a los pocos pasos cayó fulminado por el impacto en la cintura. Probablemente no se enteró de la muerte, pero fue una pérdida muy llorada entre los Legionarios. Ignoro si fue recompensado con alguna condecoración a título póstumo. Pero si tenía en el lugar de su muerte un pequeño y sencillo monolito con su nombre esculpido en la piedra. Estaba en un pequeño montículo en el borde derecho de la antigua carretera de la Coruña. No sé si al convertirla en autovía se respetaría ese recuerdo y se le daría una ubicación cercana. Hace años que pasé por allí por última vez, ya por la autovía, y no pude localizarlo.

    Pero lo que sí es seguro, es que permanecerá en el recuerdo de todos los que de una u otra forma conocimos su heroica muerte y el lugar y las circunstancias en que se produjo, y no habrá muerto mientras quede alguno que lo recuerde.

    ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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  7. Tengo la suerte de conocer a algunos Paters, Eloy, Juan Carlos, Laurentino, dos de ellos Legionarios, si con mayúscula, y aunque no han participado, todavía, en acciones de guerra su labor merece un gran reconocimiento. ¡ Viva La Legión ! ¡ Arriba España !. Julio de Felipe

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  8. El diario de campaña del P. Caballero SJ es uno de los más impresionantes testimonios que de nuestra guerra nos han sido transmitidos. Tiene el valor además de una fuente primaria, por la inmediatez de las entradas y por la narración sin tapujos de actos y acontecimientos propios del frente de batalla y del comportamiento en él de una unidad de combate de primera línea como fue la I Bandera de La Legión, en la que sirvió ¡prácticamente toda la campaña! anotada en su diario con entradas día tras día. Algunas breves, otras reflexivas, otras de queja por lo que para él era ambiente poco religioso cuando se combatía, como decía, por Dios y por España, otras de regocijo espiritual o de cruda realidad; en ninguna, escatima la narración de los actos los hechos que, en documentos parecidos, otros callan ante lo crudelísimo de su realidad. Siempre guiado por su sentido del deber, aparece precisamente por eso de una rigidez dogmática que no le impide sin embargo el humor a su debido tiempo, o sobre todo, la caridad y la misericordia, como cuando atiende en contra de los consejos de quienes le dicen: “es un caso perdido”, a un legionario que a la vuelta del servicio en su puesto ha matado a otro creyendo en la oscuridad que era su sargento, al que buscaba para acabar con él como le había anunciado públicamente, y al que en consejo sumarísimo se ha condenado a muerte. El diálogo en capilla, al raso, que tienen a las puertas de la muerte, simplemente sobrecoge y sólo alguien con la Fé del padre Caballero, puede narrarlo como lo hace sin tremendismos dramáticos y dando testimonio de la grandeza del espíritu humano, a semejanza de Dios nuestro Señor y creador. Gracias por recordarlo.
    Desde centroeuropa le mando un cordial saludo español.
    Patricio.

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